c. Por qué se descartará a los que solo desean ver señales y prodigios

Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días

Hoy, debería quedar claro para todos vosotros que, en los últimos días, Dios cumple principalmente el hecho de “la Palabra se hace carne”. A través de Su obra práctica en la tierra, hace que el hombre lo conozca, y esté en contacto con Él, y vea Sus hechos prácticos. Hace que el hombre vea claramente que Él es capaz de exhibir señales y maravillas, y que también hay momentos en los que es incapaz de hacerlo, y esto depende de la era. A partir de esto puedes ver que Dios no es incapaz de mostrar señales y prodigios, sino que cambia Su modo de obrar de acuerdo con la obra que hay que hacer y a la era. En la etapa actual de la obra, Él no muestra señales y maravillas; que lo hiciera en la era de Jesús se debió a que Su obra en esa era fue diferente. Dios no hace esa obra hoy, y algunas personas creen que es incapaz de exhibir señales y maravillas, o piensan que si no lo hace, no es Dios. ¿No es esto una falacia? Dios es capaz de mostrar señales y maravillas, pero está obrando en una era diferente, y por eso no hace esa obra. Como es una era diferente, y una etapa distinta de la obra de Dios, los hechos revelados por Dios también lo son. La creencia del hombre en Dios no es la creencia en señales y maravillas ni en milagros, sino en Su obra práctica durante la nueva era. El hombre llega a conocer a Dios a través de la manera en que Él obra, y este conocimiento produce en él la creencia en Dios, es decir, la creencia en la obra y los hechos de Dios. En esta etapa de la obra, Él principalmente habla. No esperes ver señales y maravillas; ¡no las verás! Esto se debe a que no naciste durante la Era de la Gracia. De haberlo hecho, podrías haberlas visto, pero naciste durante los últimos días y por eso solo puedes ver la practicidad y la normalidad de Dios. No esperes ver al Jesús sobrenatural durante los últimos días. Solo eres capaz de ver al Dios encarnado práctico, que no es diferente a cualquier ser humano normal. En cada era, Dios revela diferentes hechos. En cada era, Él revela parte de Sus hechos, y la obra de cada era representa una parte del carácter de Dios y una parte de los hechos de Dios. Los hechos que Él revela varían con la era en la que obra, pero todos dan al hombre un conocimiento de Él que es más profundo, una creencia en Dios más verdadera y más sólida. El hombre cree en Dios por todos Sus hechos, y porque Él es tan maravilloso, tan grande, porque es todopoderoso e insondable. Si crees en Dios porque es capaz de llevar a cabo señales y maravillas y puede sanar a los enfermos y echar fuera demonios, tu opinión es errónea, y algunas personas te dirán: “¿No pueden también los espíritus malignos hacer estas cosas?”. ¿No constituye esto confundir la imagen de Dios con la de Satanás? Hoy, la creencia del hombre en Dios se debe a Sus muchos hechos y a la gran cantidad de obra que Él lleva a cabo y a las muchas formas en las que Él habla. Dios usa Sus declaraciones para conquistar al hombre y perfeccionarlo. El hombre cree en Dios por Sus muchos hechos, no porque pueda mostrar señales y prodigios; las personas solo llegan a conocer a Dios al contemplar Sus hechos. Solo conociendo los actos prácticos de Dios, cómo obra, los sabios métodos que utiliza, cómo habla y cómo perfecciona al hombre, solo conociendo estos aspectos puedes comprender la practicidad de Dios y entender Su carácter; sabiendo lo que le gusta, lo que aborrece, cómo obra en el hombre. Sabiendo lo que le gusta a Dios y lo que aborrece, puedes diferenciar entre lo positivo y lo negativo, y a través de tu conocimiento de Dios hay progreso en tu vida. En resumen, debes obtener un conocimiento de la obra de Dios, y debes rectificar tus opiniones acerca de creer en Dios.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Conocimiento de la obra presente de Dios

En la obra de los últimos días, el poder de la palabra es mayor que el de la manifestación de señales y maravillas, y la autoridad de la palabra sobrepasa la de las señales y las maravillas. La palabra expone todas las actitudes corruptas enterradas en lo profundo del corazón del hombre. No tienes forma de descubrirlas por ti mismo. Cuando sean expuestas por medio de la palabra, llegarás a descubrirlas de forma natural; tendrás que concederles tu reconocimiento, y estarás totalmente convencido. ¿No es esta la autoridad de la palabra? Este es el resultado alcanzado por la obra actual de la palabra. Por tanto, el hombre no puede salvarse totalmente de sus pecados por medio de la curación de la enfermedad y la expulsión de los demonios, y no puede ser hecho totalmente completo por medio de la manifestación de señales y maravillas. La autoridad para sanar enfermedades y expulsar demonios solo le otorga gracia al hombre, pero la carne del hombre sigue siendo propia de Satanás y el carácter satánico corrupto permanece dentro del hombre. En otras palabras, lo que no se ha purificado sigue perteneciéndole al pecado y la inmundicia. Solo después de que el hombre se haya purificado por medio de la palabra podrá ser ganado por Dios y ser santificado. Cuando expulsaron a los demonios del hombre y lo redimieron, esto solo significó que él fue arrebatado de las manos de Satanás y devuelto a Dios. Sin embargo, al no haberlo purificado ni cambiado Dios, sigue siendo un hombre corrupto. Dentro del hombre todavía existen la inmundicia, la resistencia y la rebeldía; el hombre solo ha vuelto a Dios por medio de Su redención, pero no tiene el más mínimo conocimiento de Él y todavía es capaz de resistirse a Él y traicionarle. Antes de que el hombre fuera redimido, muchos de los venenos de Satanás ya habían sido plantados en su interior, y, después de miles de años de ser corrompido por Satanás, el hombre ya tiene dentro de sí una naturaleza que se resiste a Dios. Por tanto, cuando se redimió al hombre, no se trataba más que de un caso de redención. Es decir, se compró al hombre a un alto precio, pero la naturaleza venenosa en su interior no se eliminó. El hombre que es tan inmundo debe pasar por un cambio antes de volverse digno de servir a Dios. Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Solo así, el hombre puede ser digno de regresar delante del trono de Dios.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (4)

De lo que se habla en la actualidad es de la entrada en la realidad, no de ascender al cielo o de reinar como reyes; lo único de lo que se habla es de buscar la entrada en la realidad. No hay búsqueda más práctica que esta, y hablar de gobernar como reyes no es práctico. El hombre posee gran curiosidad y sigue midiendo la obra de Dios hoy según sus nociones religiosas. Habiendo experimentado tantos métodos usados por Dios para obrar, el hombre sigue sin conocer la obra de Dios, aún sigue buscando señales y prodigios, y sigue observando para ver si las palabras de Dios se han cumplido. ¿No es esto una completa ceguera? Sin el cumplimiento de las palabras de Dios, ¿seguirías creyendo que Él es Dios? Hoy, muchas personas de la iglesia que son así esperan contemplar señales y prodigios. Dicen que si se cumplen las palabras de Dios, es que Él es Dios; de lo contrario, no es Dios. ¿Crees, pues, en Dios por el cumplimiento de Sus palabras o porque Él es Dios mismo? ¡La opinión que el hombre tiene sobre creer en Dios debe corregirse! Cuando ves que las palabras de Dios no se han cumplido, sales corriendo. ¿Es esto creer en Dios? Cuando crees en Él debes dejarlo todo a Su merced y someterte a toda Su obra. Él pronunció muchas palabras en el Antiguo Testamento. ¿Cuáles de ellas has visto cumplirse con tus propios ojos? ¿Puedes afirmar que Jehová no es el verdadero Dios porque no viste su cumplimiento? Aunque puedan haberse cumplido muchas palabras, el hombre es incapaz de verlo claramente porque no posee la verdad y no entiende nada. […] Hoy, Él ha venido a la tierra para proveerle vida al hombre. Él no te persuade —como las personas imaginan— mostrando señales y prodigios para asegurar una apacible relación entre Dios y el hombre. ¡Todos aquellos cuya concentración no esté en la vida y que, en su lugar, se centren en hacer que Dios muestre señales y prodigios, son fariseos! Y fueron los fariseos los que clavaron a Jesús en la cruz. Si mides a Dios según la opinión que tienes sobre la fe en Él, y crees en Él si Sus palabras se cumplen y dudas y hasta blasfemas contra Él si no es así, ¿no estás clavándole en la cruz? ¡Este tipo de personas no se ocupan de las tareas que les corresponden y codician la comodidad!

Por una parte, el mayor problema del hombre es que no conoce la obra de Dios. Aunque su actitud no es de negación, sí es de duda. El hombre no niega, pero tampoco reconoce plenamente. Si las personas conocen a fondo la obra de Dios, no saldrán huyendo. El otro problema es que el hombre no conoce la realidad. Hoy, cada persona ha tenido contacto con la palabra de Dios; de hecho, en el futuro no deberías pensar en ver señales y prodigios. Te lo digo claramente: Durante la etapa actual, lo único que puedes ver son las palabras de Dios, y, aunque no hay hechos, Su vida aún puede forjarse en el hombre. Esta obra es la principal del Reino Milenario, y si no puedes desentrañarla, te irás debilitando y caerás; descenderás entre las pruebas y, más grave aún, Satanás te tomará cautivo. Dios ha venido a la tierra principalmente a decir Sus palabras; es con Su palabra con lo que estás en contacto. Lo que lees y lo que oyes, aquello que acatas y lo que experimentas es la palabra de Dios, y al hacerse carne esta vez, Dios usa la palabra, principalmente, para perfeccionar al hombre. No muestra señales y prodigios y, en especial, no lleva a cabo la obra que Jesús realizó en el pasado. Aunque Ellos son Dios y ambos son carne, no tienen el mismo ministerio. Cuando Jesús vino, también llevó a cabo parte de la obra de Dios y pronunció algunas palabras, pero ¿cuál fue la obra principal que realizó? Principalmente, fue la obra de la crucifixión. Se volvió la semejanza de la carne pecaminosa para completar la obra de la crucifixión y redimir a toda la humanidad, y fue en aras de los pecados de toda la humanidad que sirvió como ofrenda por el pecado. Esta es la obra principal que realizó. En última instancia, proporcionó la senda de la cruz para guiar a los que vinieran después. Cuando Jesús vino, fue principalmente para completar la obra de la redención. Redimió a toda la humanidad y trajo al hombre el evangelio del reino de los cielos. Además, trajo la senda que lleva al reino de los cielos. Como resultado, todos los que vinieron después dijeron: “Debemos caminar por la senda de la cruz y sacrificarnos por la cruz”. Por supuesto, al principio Jesús también llevó a cabo un poco de otra obra y habló algunas palabras para hacer que el hombre se arrepintiera y confesara sus pecados. Pero Su ministerio seguía siendo la crucifixión, y los tres años y medio que pasó predicando el camino fueron en preparación para la crucifixión que vino después. Las diversas ocasiones en las que Jesús oró también fueron en aras de la crucifixión. La vida de humano normal que llevó y los treinta y tres años y medio que vivió en la tierra fueron, principalmente, para completar la obra de la crucifixión; fueron para darle fuerza para asumir esta obra, y, como resultado, Dios le encomendó la obra de la crucifixión. ¿Qué obra realizará el Dios encarnado hoy? Hoy, Dios se ha encarnado principalmente para completar la obra de “la Palabra manifestada en carne”. Él usa la palabra para perfeccionar al hombre y hace que el hombre acepte la poda de la palabra y el refinamiento de la palabra. En Sus palabras Él hace que obtengas provisión y vida, así como te hace ver Su obra y Sus hechos. Dios usa la palabra para castigarte y refinarte; por tanto, incluso si padeces dolor, también es por la palabra de Dios. Hoy, Dios no obra con hechos, sino con palabras. Solo después de que Su palabra ha venido sobre ti puede el Espíritu Santo obrar dentro de ti y hacer que sufras dolor o que disfrutes de la dulzura. Solo la palabra de Dios puede llevarte a la realidad, y solo ella es capaz de perfeccionarte. Así pues, como mínimo debes entender esto: la obra realizada por Dios durante los últimos días consiste, principalmente, en usar Su palabra para perfeccionar a todas las personas y guiar al hombre. Toda la obra que lleva a cabo es a través de la palabra; Él no usa hechos para castigarte. Hay veces que algunos se resisten a Dios. Él no te causa gran incomodidad, no se castiga tu carne ni esta padece dolor alguno, pero en cuanto Su palabra viene sobre ti y te refina, te resulta insoportable. ¿No es así? Durante la época de los servidores, Dios dijo que se lanzara al hombre al abismo sin fondo. ¿Realmente acabó el hombre allí? Simplemente a través del uso de las palabras para refinar al hombre, este entró en el abismo sin fondo. Por tanto, durante los últimos días, cuando Dios se hace carne, usa principalmente la palabra para llevarlo todo a cabo y revelarlo todo. Solo en Sus palabras puedes ver lo que Él es; solo en Sus palabras puedes ver que Él es Dios mismo. Cuando Dios encarnado viene a la tierra no realiza ninguna otra obra que no sea pronunciar palabras. Por tanto, no hay necesidad de hechos; basta con las palabras solas. Esto se debe a que ha venido principalmente a llevar a cabo esta obra, a permitirle al hombre observar Su gran poder y supremacía en Sus palabras, a ver en ellas Su humildad y ocultación, y a conocer en ellas Su totalidad. Todo lo que Él tiene y todo lo que Él es está en Sus palabras. Su sabiduría y todo lo maravilloso de Él están en Sus palabras. En esto puedes ver los numerosos métodos mediante los cuales Dios pronuncia Sus palabras. Dios ha obrado durante largo tiempo; principalmente ha sido para proveer al hombre, para dejarlo en evidencia o podarlo. Él no maldice a una persona a la ligera, y, cuando lo hace, utiliza la palabra para ello. Así, en esta era en que Dios se hace carne, no intentes verle sanar a los enfermos ni echar fuera demonios otra vez, y deja de buscar señales constantemente; ¡no sirve de nada! ¡Esas señales no pueden perfeccionar al hombre! Hablando claramente: hoy, el Dios práctico mismo de la carne no actúa; solo habla. ¡Esta es la verdad! Usa las palabras para perfeccionarte, para alimentarte y para regarte. También las usa para obrar, y las usa en lugar de los hechos para darte a conocer Su practicidad. Si eres capaz de desentrañar este tipo de obra de Dios, es difícil que seas negativo. En vez de que os centréis en cosas negativas, deberíais enfocaros solamente en lo positivo; esto quiere decir que, independientemente de que las palabras de Dios se cumplan o no, o de que se produzcan hechos, Dios hace que el hombre obtenga vida de Sus palabras, y esta es la mayor señal de todas; aún más, es un hecho indiscutible. Esta es la mayor prueba a través de la cual se puede conocer a Dios, y es una señal incluso mayor que las señales. Solo estas palabras pueden perfeccionar al hombre.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Todo se lleva a cabo por la palabra de Dios

Dios realiza Su obra en todo el universo. Todos los que creen en Él deben aceptar Su palabra, y comerla y beberla; nadie puede ser ganado por Dios mediante la contemplación de señales y prodigios manifestadas por Dios. A lo largo de las eras, Dios siempre ha usado la palabra para perfeccionar al hombre. Por tanto, no deberíais dedicar toda vuestra atención a señales y prodigios, sino que deberíais buscar ser hechos perfectos por Dios. En la Era de la Ley del Antiguo Testamento, Dios pronunció algunas palabras, y, en la Era de la Gracia, Jesús también habló muchas palabras. Después de que Jesús hablara tantas palabras, los apóstoles y discípulos posteriores guiaron a las personas a practicar según los mandamientos decretados por Jesús y experimentaron según las palabras y principios hablados por Él. En los últimos días, Dios usa, principalmente, la palabra para perfeccionar al hombre. No usa señales ni prodigios para oprimir o convencer al hombre. Esto no puede revelar el gran poder de Dios. Si Él solo mostrara señales y prodigios, sería imposible revelar Su practicidad y, por tanto, sería imposible perfeccionar al hombre. Dios no hace al hombre perfecto con señales y prodigios, sino que usa la palabra para regarlo y pastorearlo, tras lo cual se logra la completa sumisión del ser humano y su conocimiento de Dios. Este es el objetivo de la obra que Él lleva a cabo y de las palabras que pronuncia. Dios no usa el método de la demostración de señales y prodigios para perfeccionar al hombre, sino que usa palabras y muchos métodos diferentes en Su obra para tal menester. Ya sea el refinamiento, la poda o la provisión de palabras, Dios habla desde muchas perspectivas diferentes para hacer al hombre perfecto y darle un mayor conocimiento de la obra, la sabiduría y la maravilla de Dios. Cuando el hombre sea hecho completo en el momento en el que Dios concluya la era en los últimos días, entonces estará calificado para contemplar señales y prodigios. Cuando llegues a conocer a Dios y seas capaz de someterte a Él, haga lo que haga, ya no tendrás ninguna noción sobre Él cuando veas señales y prodigios. Por el momento, eres corrupto e incapaz de someterte por completo a Dios. ¿Acaso piensas que estás calificado para ver señales y prodigios en este estado? Cuando Él muestra señales y prodigios, ahí es cuando castiga al hombre, y también cuando se produce el cambio de era y, además, cuando la era concluye. Cuando la obra de Dios se lleva a cabo con normalidad, Él no muestra señales ni prodigios. Mostrar señales y prodigios es extremadamente fácil para Él, pero no es el principio de la obra de Dios ni tampoco el objetivo de Su gestión del hombre. Si el hombre viera señales y prodigios, y el cuerpo espiritual de Dios también se le apareciera al hombre, ¿no creería todo el mundo en Dios? Ya he dicho antes que un grupo de vencedores es ganado de Oriente: vencedores que salen de la gran tribulación. ¿Qué significan estas palabras? Significan que estas personas que han sido ganadas solo se someten de verdad después de pasar por el juicio, el castigo y la poda, y tras todo tipo de refinamiento. La fe de estas personas no es vaga, sino práctica. No han visto señales ni prodigios ni milagros; no pueden hablar de palabras y doctrinas elevadas ni expresar percepciones profundas, sino que tienen realidad y las palabras de Dios, y un conocimiento práctico y verdadero de Él. ¿Acaso un grupo así no es más capaz de revelar el gran poder de Dios? La obra de Dios durante los últimos días es obra práctica. Durante la era de Jesús, Él no vino a perfeccionar al hombre, sino a redimirlo y, por tanto, manifestó algunos milagros para hacer que las personas le siguieran. Y es que Él vino principalmente a completar la obra de la crucifixión, y mostrar señales no formaba parte de la obra de Su ministerio. Realizó tales señales y prodigios para que Su obra fuera más eficaz; era trabajo extra y no representaba la obra de toda la era. Durante la Era de la Ley del Antiguo Testamento, Dios también mostró algunas señales y prodigios, pero la obra que Dios realiza hoy es obra práctica, y, definitivamente, no manifestaría señales y prodigios ahora. Si mostrara señales y prodigios, Su obra práctica se desordenaría, y Él no podría hacer más obra. Si Dios dijera que se usara la palabra para perfeccionar al hombre, pero también mostrara señales y prodigios, ¿sería eso capaz de revelar si el hombre cree de verdad en Él o no? Dios no hace, pues, tales cosas. En el hombre hay demasiado de religión; Dios ha venido durante los últimos días a expulsar todas las nociones religiosas y las cosas sobrenaturales que hay en el hombre, y a hacer que este conozca la practicidad de Dios. Ha venido a quitar la imagen de un Dios que es vago e imaginario y que se puede decir que no existe en absoluto. Así pues, ¡lo único valioso ahora es que tengas conocimiento de la practicidad! La verdad lo supera todo. ¿Cuánta verdad posees hoy? ¿Acaso es Dios todo lo que muestra señales y maravillas? Los espíritus malignos también pueden manifestar señales y prodigios; ¿son, todos ellos, Dios? En su fe en Dios, lo que el hombre busca es la verdad, y lo que persigue es la vida y no señales y prodigios. Este debería ser el objetivo de todos los que creen en Dios.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Todo se lleva a cabo por la palabra de Dios

Con anterioridad dije que “Todos los que se enfocan en contemplar señales y prodigios serán abandonados; no son ellos los que serán perfeccionados”. He pronunciado muchas palabras; sin embargo, el hombre no tiene el menor conocimiento de esta obra, y, llegado este punto, la gente sigue pidiendo señales y prodigios. ¿Acaso tu fe en Dios consiste solo en la búsqueda de señales y prodigios, o es para obtener vida? Jesús también pronunció muchas palabras y algunas de ellas todavía tienen que cumplirse. ¿Puedes afirmar que Jesús no es Dios? Dios dio testimonio de que Él era el Cristo y el amado Hijo de Dios. ¿Puedes negar esto? Hoy, Dios solo pronuncia palabras, y si no tienes conocimiento pleno de esto, no puedes permanecer firme. ¿Crees en Él porque es Dios, o lo haces basándote en si Sus palabras se han cumplido o no? ¿Crees en señales y prodigios, o en Dios? Hoy Él no muestra señales y prodigios. ¿Es, realmente, Dios? Si las palabras que pronuncia no se cumplen, ¿es, realmente, Dios? ¿Queda Su esencia determinada por el hecho de que las palabras que pronuncia se cumplan o no? ¿Por qué algunos están siempre esperando el cumplimiento de las palabras de Dios antes de creer en Él? ¿No significa esto que no lo conocen? Todos los que poseen este tipo de nociones son los que niegan a Dios. Usan nociones para medir a Dios; si Sus palabras se cumplen, creen en Él, y, si no, no creen en Él, y siempre buscan señales y prodigios. ¿Acaso no son estas personas los fariseos de los tiempos modernos? Que seas capaz de permanecer firme depende de que conozcas al Dios práctico. ¡Esto es crucial! Cuanto mayor sea la realidad de la palabra de Dios en ti, mayor será tu conocimiento de la practicidad de Dios, y más capaz serás de permanecer firme durante las pruebas. Cuanto más te enfoques en ver señales y prodigios, menos capaz serás de permanecer firme y caerás en medio de las pruebas. Las señales y los prodigios no son el fundamento; solo la practicidad de Dios es la vida. Algunos no conocen los efectos que la obra de Dios tendrá. Pasan los días desconcertados, sin buscar el conocimiento de la obra de Dios. El objetivo de su búsqueda consiste solo en hacer que Dios cumpla sus deseos, y solo entonces serán serios en su creencia. Dicen que buscarán la vida si las palabras de Dios se cumplen, pero que, si no lo hacen, no hay posibilidad de que busquen la vida. Las personas piensan que la fe en Dios consiste en buscar contemplar señales y prodigios, y buscar ascender al cielo y al tercer cielo. Ninguno de ellos afirma que su fe en Dios consista en la búsqueda de la entrada en la realidad, la búsqueda de la vida y la búsqueda de ser ganado por Dios. ¿Qué valor tiene una búsqueda así? Los que no buscan el conocimiento y la satisfacción de Dios son los que no creen en Él; ¡los que blasfeman contra Él!

¿Entendéis ahora lo que es creer en Dios? ¿Acaso significa contemplar señales y prodigios? ¿Significa ascender al cielo? Creer en Dios no es, para nada, fácil. Esas prácticas religiosas deben ser eliminadas; buscar la sanación de los enfermos y la expulsión de demonios, enfocarse en señales y prodigios, codiciar más de la gracia, la paz y el gozo de Dios, buscar las perspectivas y comodidades de la carne, estas son prácticas religiosas, y esas prácticas religiosas son una forma vaga de creencia. ¿Qué es, hoy, creer realmente en Dios? Es aceptar Su palabra como tu realidad-vida y conocer a Dios a partir de Su palabra para lograr un amor verdadero hacia Él. Para decirlo con claridad: creer en Dios tiene como propósito que puedas someterte a Él, amarle y cumplir el deber que debe cumplir un ser creado. Este es el objetivo de creer en Dios. Debes obtener el conocimiento de la hermosura de Dios, de cuán digno de veneración es Él, de cómo Él lleva a cabo la obra de salvación y perfeccionamiento en Sus seres creados; estos son los fundamentos esenciales de tu fe en Dios. Creer en Dios es, principalmente, el cambio de una vida de la carne a una vida de amar a Dios; de vivir dentro de la corrupción a vivir dentro de la vida de las palabras de Dios. Es liberarse del poder de Satanás y vivir bajo el cuidado y la protección de Dios; es ser capaz de lograr someterse a Dios y no a la carne; es permitir que Él gane la totalidad de tu corazón, permitirle que te perfeccione y liberarte del carácter satánico corrupto. Creer en Dios tiene como objetivo, principalmente, que Su gran poder y Su gloria puedan ponerse de manifiesto en ti, que puedas seguir Su voluntad, que cumplas Su plan y seas capaz de dar testimonio de Él delante de Satanás. La fe en Dios no debe tener el propósito de contemplar señales y prodigios ni debe ser para el beneficio de tu carne. Debe tener el objetivo de perseguir el conocimiento de Dios y ser capaz de someterse a Él, y, como Pedro, someterse a Él hasta la muerte. Estas son las metas principales de la fe en Dios. Se come y bebe la palabra de Dios para conocerle y satisfacerle. Comer y beber la palabra de Dios te proporciona un mayor conocimiento de Él y solo después de esto puedes someterte a Él. Solo teniendo conocimiento de Dios puedes amarle, y esta es la meta que el hombre debería tener en su fe en Dios. Si, en tu fe en Dios, siempre deseas contemplar señales y prodigios, el punto de vista de tu creencia en Dios es erróneo. Creer en Dios es, sobre todo, la aceptación de Su palabra como la realidad-vida. El objetivo de Dios se alcanza cuando las personas ponen en práctica todas las palabras que salen de la boca de Dios y las llevan a cabo en sí mismas. En su fe en Dios, el hombre debería buscar que Dios lo perfeccione, ser capaz de someterse a Él y alcanzar la completa sumisión a Dios. Si puedes someterte a Dios sin quejarte, ser considerado con Sus intenciones, alcanzar la estatura de Pedro y, como dijo Dios, poseer el estilo de Pedro, ese será el momento en el que habrás tenido éxito en tu fe en Dios, y esto significará que has sido ganado por Dios.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Todo se lleva a cabo por la palabra de Dios

Vuestra lealtad es solo de palabra, vuestro conocimiento consiste en pensamiento y nociones, vuestros esfuerzos son para obtener las bendiciones del cielo y, por tanto, ¿cómo debe ser vuestra fe? Incluso hoy, seguís haciendo oídos sordos a todas y cada una de las palabras de la verdad. No sabéis qué es Dios, qué es Cristo, cómo temer a Jehová, cómo entrar en la obra del Espíritu Santo ni cómo distinguir entre la obra de Dios mismo y la desorientación del hombre. Solo sabes condenar cualquier palabra de la verdad expresada por Dios que no se conforma a tus propios pensamientos. ¿Dónde está tu humildad? ¿Y tu sumisión? ¿Y tu lealtad? ¿Y tu actitud de buscar la verdad? ¿Y tu corazón temeroso de Dios? Esto os digo, aquellos que creen en Dios por las señales pertenecen sin duda a la categoría que será destruida. Los que son incapaces de aceptar las palabras de Jesús, que ha vuelto a la carne, son sin duda la progenie del infierno, los descendientes del arcángel, la categoría que será destruida para siempre. A muchas personas puede resultarle indiferente lo que digo, pero aun así quiero decirle a cada uno de estos supuestos santos que siguen a Jesús que, cuando lo veáis descendiendo del cielo sobre una nube blanca con vuestros propios ojos, este será el momento de la aparición pública del Sol de justicia. Quizás será un momento de gran entusiasmo para ti. No obstante, deberías saber que el momento en el que veas a Jesús descender del cielo será también el momento en el que irás al infierno para ser castigado, el momento en el que se habrá proclamado el final del plan de gestión de Dios, así como cuando Él recompense a los buenos y castigue a los malvados. Porque Su juicio habrá terminado antes de que el hombre vea señales, cuando solo exista la expresión de la verdad. Aquellos que acepten la verdad y no busquen señales, y por tanto hayan sido purificados, habrán sido llevados ante el trono de Dios y entrado en el abrazo del Creador. Solo aquellos que persisten en la creencia de que “El Jesús que no cabalgue sobre una nube blanca es un falso cristo” se verán sometidos al castigo eterno, porque solo creen en el Jesús que realiza señales, pero no reconocen al Jesús que expresa un juicio severo y revela la vida y el camino verdadero. Y por tanto, solo puede ser que Jesús trate con ellos cuando Él vuelva abiertamente sobre una nube blanca. Son demasiado tozudos, confían demasiado en sí mismos, son demasiado arrogantes. ¿Cómo podría recompensar Jesús a semejante escoria? El regreso de Jesús es una gran salvación para aquellos que son capaces de aceptar la verdad, pero para los que son incapaces de hacerlo es una señal de condenación. Debéis elegir vuestra propia senda y no blasfemar contra el Espíritu Santo ni rechazar la verdad. No debéis ser personas ignorantes y arrogantes, sino quienes se someten a la guía del Espíritu Santo, tienen sed de la verdad y la buscan; solo así os beneficiaréis. Os aconsejo que andéis con cuidado por la senda de la creencia en Dios. No saquéis conclusiones arbitrarias; más aún, no seáis despreocupados y descuidados en vuestra creencia en Dios. Deberíais saber que, como mínimo, los que creen en Dios deben poseer un corazón humilde y temeroso de Dios. Los que han oído la verdad pero la miran con desdén son insensatos e ignorantes. Los que han oído la verdad pero sacan conclusiones precipitadas o la condenan son personas arrogantes. Nadie que crea en Jesús es apto para maldecir o condenar a otros. Todos deberíais ser personas que poseen razón y aceptan la verdad. Quizás, habiendo oído el camino de la verdad y leído la palabra de vida, creas que solo una de cada diez mil de estas palabras está en sintonía con tus puntos de vista y con la Biblia, y entonces deberías seguir buscando en esa diezmilésima parte de esas palabras. Sigo aconsejándote que seas humilde, no te confíes demasiado y no te exaltes mucho. Con este poco de corazón temeroso de Dios que posees, obtendrás mayor luz. Si examinas detenidamente y contemplas repetidamente estas palabras, entenderás si son o no la verdad, y si son o no la vida. Quizás, habiendo leído solo unas pocas frases, algunas personas condenarán ciegamente estas palabras, diciendo: “Esto no es nada más que algún esclarecimiento del Espíritu Santo”, o “Este es un falso cristo que ha venido a desorientar a la gente”. ¡Los que dicen tales cosas están cegados por la ignorancia! ¡Entiendes demasiado poco de la obra y de la sabiduría de Dios, y te aconsejo que empieces de nuevo desde cero! No debéis condenar ciegamente las palabras expresadas por Dios debido a la aparición de falsos cristos durante los últimos días ni ser personas que blasfeman contra el Espíritu Santo, porque teméis que os desorienten. ¿No sería esto una gran lástima? Si, después de mucho examen, sigues creyendo que estas palabras no son la verdad, no son el camino ni la expresión de Dios, entonces serás castigado en última instancia y te quedarás sin bendiciones. Si no puedes aceptar esa verdad hablada de forma tan llana y clara, ¿no eres indigno entonces de la salvación de Dios? ¿No eres alguien que no está suficientemente bendecido como para regresar ante el trono de Dios? ¡Piensa en ello! No seas imprudente e impetuoso, y no trates la creencia en Dios como un juego. Piensa en el bien de tu destino, en el bien de tus perspectivas, en el bien de tu vida, y no juegues contigo mismo. ¿Puedes aceptar estas palabras?

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. En el momento en que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá hecho nuevos el cielo y la tierra

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