Cómo perseguir la verdad (30)
En la reunión anterior, hablamos sobre el problema de las nociones y figuraciones que tienen las personas sobre el Dios encarnado, lo cual está relacionado con “desprenderse de las barreras entre uno mismo y Dios y de la propia hostilidad hacia Él”, una de las formas de practicar el “desprenderse” incluida en el tema “Cómo perseguir la verdad”, ¿verdad? (Sí). Hablamos sobre cómo deberían tratar las personas al Dios encarnado. Entonces, ¿qué verdades relativas a la encarnación de Dios compartimos la vez anterior? (En la reunión anterior hablamos sobre el hecho de que Dios no habla de manera imprecisa, lo cual forma parte de que Dios no seduce a las personas, así como de la actitud de Dios hacia el estatus). Hablamos sobre el tema de no equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta, lo cual implica que Dios no seduce a las personas, y también hablamos sobre cómo el Dios encarnado trata el estatus. ¿Qué compartimos respecto a este tema? Decidme qué entendimiento habéis obtenido. (En el pasado, sentía que la identidad de Dios era la del Creador y que Su estatus era muy alto. Por medio de la enseñanza de Dios, me he dado cuenta de que Dios nunca se comporta como si tuviera un estatus ni se complace jamás en este estatus. Tampoco es debido a este estatus que Dios paga un precio para salvar a la especie humana; más bien, al hacerlo, Él está cumpliendo Su responsabilidad hacia esta. Además, en el pasado, yo pensaba que, si alguien tenía un alto estatus, tenía poder. Únicamente por medio de la enseñanza de Dios me he dado cuenta de que, en realidad, el estatus solo representa un título y que el hecho de que una persona sea líder u obrero en la casa de Dios equivale a que Dios le dé a esa persona una comisión y una responsabilidad. Este es el entendimiento que he obtenido después de escuchar la enseñanza de Dios). Comparta lo que comparta, por un lado, la finalidad es permitir a las personas conocer con mayor claridad y precisión cuáles son los puntos de vista y los principios de Dios respecto a toda clase de cosas y qué manifestaciones y revelaciones verdaderas existen de la esencia-carácter de Dios; esto es lo que la gente necesita saber. Por otro lado, hablar sobre este contenido hace que las personas obtengan algunos puntos de vista correctos para tratar toda clase de cosas, lo que les permite entender los principios para tratarlas y lidiar con ellas. Tomemos como ejemplo la manera en la que Dios trata el estatus. Por un lado, hablar sobre esto te ayuda a entender cómo son los pensamientos y opiniones de Dios sobre el estatus y cómo son Sus principios para lidiar con este cuando Él se hace carne y viene a la tierra para convertirse en un miembro de la especie humana; es decir, cuando Él vive dentro de la humanidad normal. Esto es algo que las personas deben entender. Por otro lado, hablar sobre cómo trata Dios el estatus no solo tiene como finalidad que las personas entiendan estas verdades que deberían conocer, sino que, lo más importante, tengan pensamientos y opiniones correctos y principios de práctica para abordar este problema y lidiar con él, una vez que hayan entendido la verdad. En resumen, no importa sobre qué clase de problema hablemos, la finalidad es, por un lado, hacerte saber los puntos de vista correctos para tratar esta clase de problema y, por otro, darte a conocer los principios de práctica y la senda de práctica para lidiar con esta clase de problema.
Aunque el Dios encarnado tiene la identidad de Dios y también tiene estatus entre el pueblo escogido de Dios, este estatus es completamente diferente del estatus del que hablan los humanos corruptos. Para Dios, por un lado, este estatus es meramente una formulación que implica la verdad; por otro lado, en lo que respecta a la vida y la esencia del Dios encarnado, este estatus no es una clase de posición, sino que se expresa en términos de la esencia-vida que posee el Dios encarnado. En esencia, pues, el estatus del que hablan los humanos corruptos es en realidad diferente de este estatus del Dios encarnado. ¿Qué es el estatus entre la especie humana corrupta? (Un símbolo de poder). Entre la especie humana corrupta, el estatus no tiene nada que ver con la identidad y la esencia de una persona; es meramente un título. Por ejemplo, entre la especie humana corrupta, algunas personas son directores ejecutivos, gerentes o tienen cierto estatus social. Esto es solo un título o una división de clase y rango entre las personas; no tiene nada que ver con la verdadera identidad y esencia de uno. Por tanto, el denominado “estatus” del Dios encarnado entre las personas no es el mismo que el de los gobernantes en la sociedad humana; Él no es un gobernante ni tampoco es alguien con intereses particulares. Entre las personas, el estatus de Dios se expresa meramente en términos de Su esencia e identidad, y de la identidad y esencia de Dios solo se habla debido a la vida de Dios y a Su autoridad, poder y carácter. El estatus de Dios no es una clase de título entre las personas. Por tanto, la gente no puede equiparar al Dios encarnado con las personas con estatus de las diversas clases sociales. A las personas con estatus de las diversas clases sociales, con independencia de a qué clase pertenezcan, se las denomina colectivamente clase dominante. La esencia de la clase dominante es que, por un lado, tienen un trabajo que se corresponde con su estatus; por otro lado, con independencia del periodo o del entorno social, esta clase dominante consiste básicamente en los líderes, las figuras destacadas, aquellos con intereses particulares y demás, de entre las personas. Este era el caso especialmente hace más de cien años: la gran mayoría de la clase dominante con estatus y prestigio en la sociedad eran aquellos con intereses particulares. Entonces, ¿qué se entiende por “aquellos con intereses particulares”? Se refiere a las personas que usan su poder y estatus para buscar beneficios para sí mismas. ¿Por qué medios buscan beneficios? Por medio de su influencia política y su poder, gobiernan a sus súbditos; bajo su dominio y gobierno, estos súbditos les pagan tributo o, más concretamente, pagan impuestos. Sin embargo, existe una diferencia en esencia entre el estatus del Dios encarnado y el estatus de la clase dominante. Con independencia de qué clase de gobernantes o individuos con poder y estatus puedan ser en la sociedad o entre los grupos de personas, el estatus de la clase dominante es meramente una posición y un título. Solo gobiernan de manera sencilla a las personas sobre las que dominan o a aquellas dentro del ámbito de su gobierno y administración; en términos generales, a esto se le llama dominar y, en un sentido más estricto, se le llama gobernar y administrar. Al dominar, gobernar y administrar, obtienen el poder y los diversos beneficios que les confiere su estatus. Aunque el Dios encarnado posee la identidad y la esencia de Dios y tiene Su estatus, la obra que Él hace, la esencia de Su obra y la esencia de Su estatus mismo son diferentes de las de las diversas clases dominantes en la sociedad y entre la especie humana. La obra que el Dios encarnado hace en las personas no consiste en dominarlas o administrarlas, sino más bien en liderarlas, proveerlas, guiarlas, apoyarlas, ayudarlas, podarlas, juzgarlas y castigarlas. El objetivo de Dios al hacer toda esta obra es permitir a las personas despojarse de sus actitudes corruptas y liberarse de ellas. En toda la obra que Él hace en las personas, su naturaleza más básica es la de proveerlas de la verdad y vida, a fin de llevarlas ante Dios. Esta es la obra que Él hace. Él toma la obra y las palabras que Dios quiere llevar a cabo y pronunciar en la tierra, y realiza esa obra en las personas y les dice esas palabras, de modo que puedan escuchar y entender, tengan una senda de práctica y, en última instancia, se despojen de sus actitudes corruptas, se sometan a Dios y se conviertan en personas que adoran a Dios de verdad. En este proceso, lo que los humanos corruptos obtienen del Dios encarnado es principalmente la provisión de la verdad, la provisión de la vida y la provisión del camino. En última instancia, son capaces de someterse a Dios de verdad, convertirse en auténticos seres creados —seres creados acordes al estándar— y llegar a satisfacer a Dios, obtener el reconocimiento y la aceptación de Dios y convertirse en seres humanos que adoran a Dios. Estas son las cosas que los seres humanos obtienen del Dios encarnado. Aunque el Dios encarnado tiene este estatus y ha hecho esta obra, Él no disfruta de los tributos de la especie humana. Aunque el Dios encarnado tiene estatus, no disfruta de los beneficios del estatus de los que disfruta cualquier miembro de la clase dominante, como tampoco lo hace de los diversos tipos de trato generoso que le confiere Su estatus. Por tanto, aunque el Dios encarnado tiene el estatus del Dios encarnado, Él no es alguien con intereses particulares ni forma parte de la clase explotadora. Al hacer Su obra —al igual que el Dios en el cielo, el Espíritu de Dios, guía a toda la especie humana—, el Dios encarnado provee, guía, apoya y ayuda a la especie humana, y nunca le exige cosas materiales ni inmateriales. Por tanto, cuando el Dios encarnado viene entre las personas para obrar, aunque tenga el estatus que los humanos ven con sus ojos o el estatus que Él ostenta según sus pensamientos y nociones, no disfruta de los tributos de la gente. La obra que Él hace y Su provisión para la especie humana son gratuitas; Él no le exige cuotas, impuestos ni remuneración a la especie humana. Hasta ahora, ¿le habéis dado un solo céntimo? (No). ¿Habéis pagado alguna vez por escuchar sermones? (No). Nuestros lugares de reunión no requieren tarjetas de acceso, no tenéis que comprar entradas para asistir a las reuniones ni pagar un solo céntimo. Además, los libros que leéis, los vídeos que veis y las grabaciones de sermones que escucháis son todos gratuitos. Nunca se os ha cobrado un solo céntimo. ¿No es así? (Sí). A nadie se le ha cobrado un solo céntimo; todo es gratuito. Algunas personas preguntan: “¿Las ofrendas personales tienen que ser un porcentaje fijo de los ingresos de uno?”. Ese no es el caso; todas las ofrendas se dan voluntariamente. El diezmo es simplemente lo que los creyentes deberían ofrendar, pero, con independencia de si alguien ofrenda una décima o una quinta parte de sus ingresos, es totalmente voluntario. Además, muchas personas que creen en Dios nunca han ofrendado lo que deberían y, aun así, asisten a las reuniones y pueden leer las palabras de Dios y escuchar sermones de igual manera. A ni una sola persona se le ha privado de su derecho a escuchar sermones, de su derecho a asistir a las reuniones o de su derecho a hacer su deber solo porque nunca haya ofrendado; esto no le ha pasado a nadie, ¿verdad? (Sí).
Desde la Era de la Ley hasta la actual Era del Reino, Dios ha provisto constantemente a la especie humana. Desde que el Espíritu de Dios empezó a hablar a la especie humana hasta la primera encarnación de Dios, y luego hasta Su segunda encarnación, Dios ha pronunciado innumerables palabras y también ha hecho más obra en la especie humana de la que se puede calcular. Ha pronunciado muchísimas palabras y ha provisto abundantemente a la especie humana; ya es incalculable. ¿Y acaso Dios ha exigido alguna vez un solo céntimo a los humanos? Nunca lo ha hecho. Ni siquiera les ha exigido nunca un solo saco de grano a los humanos; Él simplemente provee a las personas así, de manera inagotable y de forma gratuita. Ya sea el Dios encarnado o Dios Mismo, aunque posee un estatus supremo, no obstante, provee a la especie humana de forma gratuita. Además, el Dios encarnado interactúa con las personas en pie de igualdad, provee a los seres humanos de corazón a corazón y cara a cara, y la manera en la que los lidera es aún más práctica. Dios lidera cada paso del camino y encabeza personalmente cada aspecto de la obra. Es más, Dios no usa un sustituto al hacer Su obra; Dios Mismo la hace en persona. En términos humanos, a esto se le llamaría acercarse a los dignos con cortés humildad o moverse de incógnito entre la gente. Dios viene personalmente entre las personas para hablar y obrar, vive entre ellas y está cara a cara con ellas. Las personas pueden oír la voz de Dios con sus propios oídos, ver la obra que Dios hace con sus propios ojos y experimentar personalmente dicha obra por sí mismas. Aunque las personas sienten que Dios tiene estatus y que hay distancia entre ellas y Dios, para Dios no existe esa distancia que las personas ven o sienten. Dios no se comporta como si tuviera la identidad de Dios, mirando a la especie humana por encima del hombro desde lo alto, sino que más bien habla y obra en pie de igualdad con los humanos. ¿Acaso no ha sido esta la manera en la que he hablado y compartido en las reuniones con vosotros a lo largo de los años? No soy condescendiente y nunca he sentido que tenga un gran poder y un alto estatus; no tengo tal sentimiento y tampoco he obrado de esta manera. Aunque los humanos corruptos están llenos de corrupción, rebosantes de hostilidad hacia Dios y son Sus enemigos, al obrar para salvar a las personas, Dios está lleno de paciencia, tolerancia, misericordia y benevolencia hacia los humanos. Cuando Él obra en los humanos y les habla, está lleno de amor; se podría decir incluso que lo hace con meticulosa seriedad. Sea lo que sea lo que necesiten los humanos, Dios se lo provee generosamente. Él no les habla a las personas con acertijos ni las mantiene en vilo, sino que dice todo lo que tiene en Su mente. Él provee las verdades que deberíais entender sin omitir ni una sola frase. Mientras sea algo que podáis captar, Él no se guarda nada en absoluto. Él os permite obtener estas verdades y hace que os queden claras y las entendáis. En especial cuando se trata de asuntos que no entendéis y os resultan confusos, los repasa más aún una y otra vez con meticulosa seriedad y los enfatiza repetidas veces todavía más, hasta que los entendéis. Por tanto, la obra hecha por el Dios encarnado y la realizada por el Espíritu de Dios siempre han sido la misma. Aunque es a la especie humana corrupta a la que Dios salva, Él nunca la ha desdeñado. Aunque el hombre y Dios, en esencia y en vida, son distintos y completamente diferentes, en cuanto a la actitud de Dios hacia el hombre, Dios nunca ha tratado al hombre como Su enemigo, como una especie humana verdaderamente corrupta o como un objetivo al que desdeñar. Al contrario, Dios trata al hombre como el destinatario de Su obra y salvación. Además de esto, un punto más importante es que, en cuanto a la actitud y el estado de ánimo de Dios al hablarle al hombre, así como a Sus expectativas con respecto a él, Dios trata al hombre como familia. Así pues, no importa cómo vea el hombre mismo el estatus de Dios, Dios nunca ha asumido una posición de superioridad para contemplar a la especie humana a través de la lente de un alto estatus, sino que, en su lugar, se ha puesto en pie de igualdad con el hombre e incluso puede tener largas charlas de corazón a corazón con él; no hay distancia entre Él y el hombre ni distinciones de estatus. Al observar la actitud de Dios hacia la especie humana y toda la obra que Dios ha hecho, es precisamente porque el Dios encarnado tiene la esencia de Dios y la vida de Dios por lo que, aunque de cara al exterior parece ser una persona corriente, no obstante, puede tratar a la especie humana con una mentalidad diferente a la de cualquier miembro de la clase dominante. Solo el Dios encarnado puede hacer esto; ningún ser humano puede hacerlo, y mucho menos alguien de la clase dominante. No importa qué palabras le haya dicho Dios al hombre o qué obra haya hecho en él, aparte de no exigirle ningún beneficio, lo que es aún más importante es que Dios le ha otorgado al hombre más de las verdades que debería entender, las sendas que debería practicar y la dirección para avanzar que debería comprender. Al mismo tiempo, Dios también le ha otorgado al hombre las cosas que necesita para su vida diaria en términos de necesidades básicas. Dios no solo es la fuente de la vida del hombre, sino también la fuente de su sustento. ¿No es así? (Sí). Algunas personas siempre piensan: “He seguido a Dios Todopoderoso a lo largo de estos años y he renunciado a mis perspectivas personales, a mis estudios y a mi matrimonio para hacer mi deber y, sin embargo, hasta ahora no he obtenido nada”. Entonces sienten arrepentimiento y se quejan. Esto es particularmente cierto en el caso de algunas personas a las que han echado y de aquellas que han sido arrestadas y encarceladas; creen que no han obtenido nada de creer en Dios durante todos estos años. Decidme, ¿es correcto este punto de vista? (No). ¿En qué sentido es erróneo? No saben qué es lo que verdaderamente deberían obtener de creer en Dios. Piensan que deberían obtener cosas que puedan ver y a las que puedan aferrarse, como dinero, fama y provecho, y estatus, y que, si no han obtenido estas cosas, entonces no han obtenido nada. En realidad, Dios le otorga al hombre muchísimas verdades; la razón por la que esas personas no han obtenido nada es que no han perseguido la verdad ni la han aceptado. Si, en el transcurso de hacer su deber a lo largo de estos años, hubieran sido capaces de perseguir la verdad, aceptarla y someterse a los entornos que Dios dispuso para ellas, entonces seguramente habrían entendido algunas verdades y obtenido algo de conocimiento de Dios. Aunque puede que no hayan obtenido cosas materiales, habrían conseguido cosas de mayor valor, las cosas más preciadas del mundo humano; cosas que no se pueden intercambiar por ninguna cantidad de dinero ni de beneficios materiales.
Al hacer Su obra entre las personas, aunque el Dios encarnado tiene estatus a los ojos de la gente, Él no disfruta de los beneficios del estatus, de los tributos de las personas, del poder ni de ninguna forma de trato favorable que Su estatus pudiera conferirle, como harían las personas con estatus entre la especie humana. Tampoco se comporta con aires de grandeza, da órdenes ni disfruta de este estatus desde una posición de superioridad, como harían las personas con estatus entre la especie humana. Es exactamente lo opuesto: no solo no asume una posición de superioridad, sino que también trata a las personas en pie de igualdad, viviendo entre ellas para proveerlas de sus necesidades. Aparte de proveer a las personas de necesidades en términos de entrada en la vida, Él también las provee de algunas necesidades adicionales en su vida diaria. El Dios encarnado también se involucra en la vida diaria y el trabajo de las personas cuando es apropiado o cuando es necesario, ayudándoos a vivir con normalidad y regularidad, y dirigiéndoos y ayudándoos a realizar bien vuestros deberes. Así pues, se mire por donde se mire, aunque el Dios encarnado posee un estatus especial, la manera en la que trata el estatus no es la misma que la de cualquier ser humano con estatus. Aunque posee este estatus, en la obra que hace, en Su vida diaria y en Sus principios sobre cómo trata a las personas, Él meramente está cumpliendo Su responsabilidad. Para el Dios encarnado Mismo, Él está desempeñando Su ministerio, y para la especie humana, Él está cumpliendo Su responsabilidad. Él cumple la responsabilidad del Dios encarnado hacia la especie humana sobre la base de poseer el estatus del Dios encarnado. Por un lado, Su responsabilidad hacia la especie humana es proveer la verdad que los humanos más necesitan en términos de su vida; por otro lado, es compensar lo que les falta en términos de su humanidad normal, guiar a las personas para que puedan vivir de acuerdo con los principios que aquellos con una humanidad normal deberían poseer. Esta es la responsabilidad que Yo debería cumplir. Pero cuando algunas personas me oyen decir estas cosas, piensan en su corazón: “Todos somos adultos y entendemos todas estas cosas que surgen en nuestra vida diaria. ¿De veras necesitamos Tu guía?”. Aunque todos sois adultos, exhibís demasiadas deficiencias en vuestra vida diaria y os quedáis muy cortos respecto a los estándares de la humanidad normal. Sin entrar siquiera en nada más, ya os resulta bastante difícil simplemente comer de una manera sana y adecuada en vuestra vida diaria. A veces, cuando por casualidad veo que tenéis un problema a este respecto, ofrezco un poco de guía y doy algún consejo para que lo consideréis. Además, en lo que se refiere a cómo manejáis los asuntos que tienen que ver con la vida humana, si veo u oigo que tenéis problemas a este respecto —o entro en contacto con esos problemas vuestros—, entonces también os daré algún consejo, os ayudaré a revisar las cosas, corregiré vuestros puntos de vista y prácticas equivocados, os daré algunos principios y os diré cómo comportaros y cómo manejar estos asuntos. Aunque hay algunos asuntos especiales que Yo no he experimentado o manejado, cuando me encuentro con tales cosas, puedo captar los principios. Yo sé qué hacer; os ayudaré a revisar las cosas y os daré algunas indicaciones y consejos, de modo que también podáis actuar de acuerdo con los principios y estándares de la humanidad normal en los diversos asuntos que surgen en la vida. No vayáis en contra de vuestra conciencia y no crucéis el límite de la moralidad. Debéis ser racionales en lo que hacéis; no os comportéis de manera indisciplinada como los no creyentes, sino más bien ateneos a las reglas, manejando los asuntos sobre la base del principio más básico de no ir en contra de vuestra conciencia ni cruzar el límite de la moralidad. Cuando vea estas situaciones, también os daré indicaciones y os ayudaré a revisar las cosas, regulando las necesidades básicas de vuestra vida diaria. Esto es beneficioso para vosotros a la hora de regular vuestro comportamiento y la conciencia y razón de vuestra humanidad normal. Algunas personas podrían decir: “Tú no tienes un nivel alto de educación, no has participado en muchos asuntos del mundo exterior y no entiendes las reglas del juego en la sociedad. ¿Qué te da el derecho a regularnos?”. Yo digo que, en efecto, estoy cualificado para regularte. Aunque Yo no participo en esas cosas del exterior, en lo que respecta a la senda que uno recorre, la búsqueda de uno y los asuntos relacionados con los principios-verdad, os puedo ayudar con ello. Conozco los principios y sé dónde debería estar el límite de la conducta propia de uno. Sé claramente en Mi corazón si tú has cruzado este límite o vulnerado los principios. Yo lo sé, pero tú no. ¿Por qué no lo sabes? Porque vives inmerso en tus actitudes corruptas y estás profundamente influenciado por las diversas tendencias malvadas del mundo. Además, la mayoría de las personas no tienen una conciencia y razón sólidas, así que siempre les gusta aprovecharse, siempre intentan ser evasivas, tomar atajos oportunistas y explotar las lagunas. Incluso bordean los límites de la ley con el fin de aprovecharse, siempre pensando en cómo hacer algunas cosas despreciables y sórdidas. Cuando vea que quieres hacer tales cosas, te daré algunas indicaciones, haré algunas revisiones por ti y te instaré a abstenerte de actuar de esa manera. Si no te insto o no llevo a cabo revisiones por ti, siempre sentirás que lo que estás haciendo está justificado. ¿De dónde proviene tu justificación? De tu creencia de que “Todos los no creyentes lo hacen, así que ¿por qué no podemos nosotros? ¿Por qué tendríamos que sufrir una pérdida?”. A eso no se le llama sufrir una pérdida; a eso se le llama atenerse a las reglas. Atenerse al límite de la conciencia al comportarse es lo que uno debería hacer; esto no es sufrir una pérdida. Este es Mi principio. Siempre tienes miedo de sufrir una pérdida y, no solo eso, sino que también intentas de manera proactiva aprovecharte y explotar las lagunas. Esto requiere regulación y corrección. Así que, cuando veo que alguien muestra indicios de manejar las cosas de esta manera, rápidamente lo insto a no hacerlo; actuar así es repugnante. Te sientes orgulloso y satisfecho en tu corazón cuando obtienes esa pequeña ventaja, pero ¿qué vendes al hacerlo? Tu conciencia y tu integridad, lo cual te hace ganarte una “mala crítica” de parte de Dios. ¿Sabes cuántas buenas obras puede anular esta única mala crítica? No lo sabes y no lo sientes. Debido a que no lo sabes y no eres consciente de ello, debo instarte. En los momentos y asuntos críticos, debo dar un paso al frente y decirte que no actúes de esa manera, que debes atenerte a las reglas y no aprovecharte. En estos asuntos, no estoy usando Mi estatus para constreñirte, sino que más bien estoy compartiendo los principios contigo, ayudándote a regular tu comportamiento, haciendo que tu conciencia se dé cuenta, logrando que tengas un estándar de conciencia y racionalidad, y permitiéndote ver cuáles deberían ser la meta y la dirección correctas de uno en la vida. Entonces, cuando pienses en actuar de esa manera de nuevo, no podrás justificarlo ante tu conciencia; se te pondrá la cara roja y la idea de hacer algo así te hará sentir avergonzado. De esta manera, Mi propósito al decirte esto se logra y tiene el efecto deseado. A esto se le llama regulación.
Por lo general, no intervengo en asuntos menores que no están relacionados con el trabajo de la iglesia, pero en el caso de algunos asuntos que tienen que ver con el bienestar físico y mental del pueblo escogido de Dios, de vez en cuando digo unas pocas palabras y ofrezco algún consejo. Entonces, ¿con qué identidad y con qué clase de estatus intervengo en estos asuntos? ¿Es como padre? ¿Como cabeza de un clan? ¿Como pastor? ¿Como líder? ¿O es como tu jefe? No creo que sea nada de esto. ¿Qué papel desempeño en tales asuntos, entonces? Para empezar, no hay distinción de estatus; hablo y actúo por sentido de la responsabilidad. Ocurra lo que te ocurra, siempre que lo note y sea consciente de ello, te guiaré hacia la senda correcta, permitiéndote actuar de acuerdo con tu conciencia y sobre la base de este límite más básico y fundamental, lo cual regulará tu comportamiento y corregirá tus intenciones, y permitiéndote establecer una perspectiva correcta de la vida, y manejar esta clase de cosas y contemplar esta clase de problemas desde el punto de vista y la perspectiva correctos. Te ayudaré a revisar las cosas. Aunque sientas que tu autoestima y orgullo sufren un golpe mientras te reviso las cosas, no te mimo ni te consiento; te ayudo por un sentido de responsabilidad hacia ti, situándome en pie de igualdad contigo. ¿Qué te parece este enfoque? (Es bueno). No te suelto ideas grandilocuentes ni grito consignas; solo te digo cómo hacer cierta cosa y cómo hacerla adecuadamente, explicándote con claridad los pros y los contras. Desde tu perspectiva, las palabras que digo son sencillas y corrientes. Son solo lenguaje llano, que no contiene ningún conocimiento profundo, filosofía ni teoría. Pero después de escucharlas, tienes una senda y sabes cómo actuar. Aunque el Dios encarnado tiene un estatus único a los ojos de las personas, y aunque es un estatus muy alto, el ámbito de lo que Él hace no está restringido por este alto estatus. Al contrario, Él se ocupa de todo, sin importar lo grande o pequeño que sea. Con independencia de qué clase de problemas o dificultades tengas, siempre que los note, hablaré contigo sobre ellos y no asumiré una posición de superioridad; si estás dispuesto a escuchar, entonces escucha, y si no lo estás, no te obligaré. Si es un asunto crucial, uno relacionado con el trabajo de la iglesia y los principios-verdad, te diré cómo practicar y haré un seguimiento de ello después; si es un asunto de tu vida personal, tendré una charla de corazón a corazón contigo en la que compartiré Mis opiniones sinceras sin soltar ideas grandilocuentes; si estás dispuesto a escuchar, puedes aceptarlo, y si no lo estás, no te reprenderé ni te constreñiré. Si eres capaz de aceptarlo, veré que eres una persona decente que puede aceptar palabras adecuadas y correctas, y entonces estaré dispuesto a hablar más contigo; si veo que no aceptas palabras adecuadas y que no escucharás lo que digo, entonces no te hablaré en el futuro, o te hablaré menos. Tengo Mis propias elecciones y Mis propios principios al relacionarme con las personas. ¿Creéis que hablo y actúo como alguien con estatus? (No). Por ejemplo, en reuniones anteriores, ya hubiera de treinta a cincuenta personas o de ochenta a cien, nunca usé micrófono; simplemente hablaba directamente y las personas podían oírme. Hoy en día, en algunos lugares, incluso con solo veinte o treinta personas en una reunión, algunos oradores siguen usando micrófono; ¿es eso necesario? ¿Acaso las palabras que dices edifican de alguna manera a los demás? Y, sin embargo, debes usar micrófono para hablar; ¿no es eso darse aires de grandeza? Eso es emular a los funcionarios mundanos. Como ves, Yo también charlo y comparto a menudo con los hermanos y hermanas; a veces, simplemente nos sentamos en el patio a hablar, con unas veinte personas presentes. Hay ruido de fondo, pero todos me oyen con claridad sin que Yo use micrófono. Lo que sea que necesite compartirse se comparte con claridad y nada se queda en el tintero. ¿Sigue siendo necesario usar micrófono? ¿Qué sentido tiene recurrir a tales formalidades? Esa es una costumbre mundana; a todo el mundo le gusta hacer un gran despliegue y darse aires de grandeza, y todos son exigentes con el estilo y la ostentación. Si las personas corrientes pueden actuar de esta manera, entonces, si uno tuviera un poco de estatus, se creería el centro del universo, ¿verdad? Mi objetivo al deciros estas cosas es haceros saber un hecho: aunque el Dios encarnado tiene estatus a los ojos del hombre, Mis sentimientos respecto a este estatus son diferentes a los vuestros. Simplemente siento que soy una persona corriente, y charlar con vosotros y compartir la verdad es cumplir Mi responsabilidad. Entonces, ¿qué os exijo? Que seáis capaces de aceptar las cosas positivas, aceptar la verdad y hacer las cosas de acuerdo con los principios-verdad; no os exijo que hagáis nada más. Primero, no os exijo que os postréis en adoración; segundo, no os exijo que me saludéis de manera servil cuando nos encontremos; actuar de manera normal y natural es suficiente. ¿Es necesario que los miembros de la familia se saluden siempre cuando se encuentran? Si no se ven a menudo, es normal que se digan hola al cruzarse; esto es ser educado, y es algo que la racionalidad de la humanidad normal debería poseer; ¡incluso los animales saben saludarse, y mucho más los humanos! Sin embargo, no hay necesidad, solo porque Yo tenga estatus, de que te inclines y hagas reverencias y preguntes educadamente cómo estoy cuando me ves. Esta es una formalidad innecesaria, y no es algo que Yo te exija. Las exigencias que os hago son muy razonables y apropiadas. Si poseéis una humanidad normal y amáis y perseguís la verdad, seréis capaces de cumplir todas estas exigencias, porque no son vacías ni altas en absoluto; todas son cosas que las personas normales pueden lograr. Si habéis entendido y asimilado los diversos aspectos de la verdad que he compartido con vosotros a lo largo de los años, y tenéis conocimiento vivencial y entrada en la vida, entonces seréis capaces de actuar de acuerdo con los principios-verdad cuando os sucedan toda clase de cosas. Seréis capaces de practicar de acuerdo con los principios-verdad en vuestro trato hacia las personas, vuestro trabajo, vuestros deberes, los anticristos, los falsos líderes, la cooperación armoniosa, toda clase de cosas que no son de vuestro agrado y mucho más; esto es lo que se os exige. Todas las exigencias que os hago son cosas que están dentro del ámbito de lo que podéis lograr con una humanidad normal. Después de que termine de hablar, exijo que practiquéis de acuerdo con estas palabras para lograr los resultados que deberían lograrse.
Algunas personas han escuchado sermones durante muchos años, pero nunca han hecho ninguna ofrenda. ¿Acaso la casa de Dios presiona con este asunto? No, no lo hace. Yo tampoco pregunto nunca quién no ha hecho jamás ninguna ofrenda o quién está siempre pidiendo a la casa de Dios gastos de manutención. No pregunto sobre estos asuntos y tampoco me importan. Lo que me importa es cómo haces tu deber, si puedes pagar un precio y si puedes aceptar consejos correctos; si puedes rebelarte contra ti mismo y desprenderte de tus ambiciones y deseos cuando te suceden cosas; si puedes cumplir tus responsabilidades y tratar a las personas con justicia cuando tienes estatus; si buscas los principios y los tienes presentes en tu corazón al hacer las cosas; si actuarías de acuerdo con tu propia voluntad en asuntos en los que no entiendes los principios; si, después de actuar de acuerdo con tu propia voluntad, puedes aceptarlo, sentir remordimiento y cambiar de rumbo cuando alguien te lo señala; si odiarías, reprimirías o atormentarías a aquellos que te critican; cuáles son tus estándares requeridos respecto a los asuntos que están dentro del ámbito de la vida humana normal —hablar y actuar, así como las necesidades básicas para vivir— y si tienes un límite. Me importan asuntos como estos que están relacionados con la verdad, los principios que tiene una persona para comportarse, la perspectiva de alguien sobre la vida y la senda que uno recorre. Además, también pregunto e investigo sobre asuntos que tienen que ver con las ofrendas. Si algún líder, al hacer un trabajo relacionado con el gasto de las ofrendas, no se atiene a los principios, sino que más bien gasta de manera exagerada, participa en el despilfarro de las ofrendas y, después de ser desenmascarado y podado, no tiene ningún remordimiento, como tampoco confiesa sus pecados ni se arrepiente, y no solo se niega a compensar las pérdidas, sino que también intenta argumentar y justificarse —en algunos casos incluso falsificando cosas y fabricando pruebas falsas, o en casos graves incluso destruyendo pruebas, y demás—, preguntaré e investigaré sobre estos asuntos. ¿Acaso no tienen que ver todos estos asuntos con cómo se comporta uno y con la senda que recorre en su creencia en Dios? (Sí). ¿Dirías que está justificado que me preocupe por estos asuntos? (Sí). Algunas personas forman parte de familias muy buenas y son bastante ricas; ¿crees que pregunto cuánto gana su familia al año, si han hecho ofrendas o si han ofrendado diezmos? Nunca he dicho tales cosas mientras predicaba en las reuniones. Algunas personas dicen: “¿Es que no hablas de esto en entornos públicos, pero les preguntas por ello a ciertas personas en secreto?”. Puedes preguntar a los hermanos y hermanas que han interactuado y se han relacionado Conmigo si alguna vez he preguntado sobre estos asuntos; no lo he hecho. Dime, ¿es que no estoy dispuesto a preguntar, o es que no me interesa? (No te interesa). No me interesa, lo que significa que Mi mente no contiene estas cosas; estas cosas no están en Mi mente. Eso por un lado. Por otro lado, verdaderamente no sé cuáles son las condiciones económicas y el estatus social de las familias de los hermanos y hermanas. ¿Por qué no lo sé? Porque no tengo curiosidad por ellas y no pregunto al respecto. Incluso si conozco casos individuales, es solo por haberos oído mencionar que su familia es rica; solo conozco ese pequeño fragmento de información básica. En cuanto a qué clase de trabajo hacen o cuánto ganan al año, verdaderamente no lo sé. Nunca pregunto ni me preocupo por la situación económica de ninguna de vuestras familias, por cuántos ingresos tenéis o por si sois ricos o pobres; no me preocupan estas cosas. Algunas personas, después de interactuar con los hermanos y hermanas unas cuantas veces, se enteran bastante bien de la situación básica de sus familias: a qué se dedican estas, cuáles son ricas, cuáles son pobres y cuánto poseen las familias en términos de bienes. Solo les falta investigar a qué se dedicaron las tres últimas generaciones de sus antepasados para ganarse la vida. Están particularmente interesadas en estos asuntos y se enteran de ellos con especial rapidez. ¿Diríais que tales personas están descuidando las tareas que les corresponden? (Sí). Después de interactuar con alguien o de verlo una sola vez, saben cuánto gana esta persona al mes, qué nivel de comida y ropa suele tener y con qué personas con posición y estatus en la sociedad se relaciona e interactúa; son capaces de saber todas estas cosas. Incluso después de que Yo interactúe con alguien varias veces, no sé estas cosas. Solo si toman la iniciativa de decirme qué trabajo hacen en el mundo y cuál es su salario anual sabré un poco, pero no me acordaré después. Algunas personas dicen: “Tú haces la obra de salvar al hombre; ¿está bien que no sepas sobre muchos asuntos del mundo exterior?”. Dime, ¿es necesario saber sobre esos asuntos que no están relacionados con la verdad? (No lo es). Solo investigo sobre asuntos que están relacionados con la verdad; solo investigo sobre problemas que tienen que ver con tu carácter, tu humanidad, tu conducta propia y la senda que recorres. No investigo sobre cuánto dinero tienes ni sobre dónde proviene tu dinero. No quiero preguntar ni saber sobre estas cosas, y no es una afición Mía. Cuando digo que conozco al hombre como la palma de Mi mano, quiero decir que entiendo el carácter del hombre, entiendo la esencia y la condición real de su corrupción, y entiendo la humanidad de toda clase de personas; eso por un lado. También significa entender qué clase de esencia está involucrada en las actitudes reveladas por toda clase de personas, qué problemas están implicados en los diversos estados que revelan las personas y cómo compartir, proveerles y ayudarlas con el fin de resolver sus problemas y permitirles salir del estado en el que se encuentran. En resumen, solo investigo sobre asuntos que están relacionados con Mi obra y relacionados con la verdad.
Al hacer Mi obra, la responsabilidad que cumplo hacia vosotros es resolver vuestros problemas. A pequeña escala, eso significa resolver los problemas relacionados con lo que vuestra humanidad vive en vuestra vida diaria; a gran escala, significa resolver los problemas de vuestras actitudes corruptas y señalaros claramente la senda de salvación. Por tanto, el Dios encarnado ha venido entre las personas no para disfrutar de los tributos, la adulación o el seguimiento de la especie humana, ni para disfrutar de los placeres del mundo humano, sino para cumplir Su responsabilidad. Él posee la identidad de Dios y posee la vida de Dios; ha venido entre las personas para hacer la propia obra de Dios y cumplir la responsabilidad hacia el hombre que Dios Mismo debería cumplir. Con independencia de qué etapa se trate o entre qué grupo de personas sea, el objetivo básico de la obra que Dios hace al interactuar con las personas es ayudarlas a resolver toda clase de problemas. Aunque a veces hablo sobre algunos asuntos triviales de la vida diaria y podríais sentir que solo estáis escuchando algunas historias, de hecho, estos asuntos triviales sobre los que hablo con vosotros incluyen problemas que tenéis y verdades que deberíais entender, los cuales son cosas que deberíais resolver y en las que deberíais entrar. Después de escuchar, aquellos que se centran en buscar los principios-verdad y en practicar la verdad llegarán a entender algunas verdades y a comprender algunos principios para comportarse y actuar sin siquiera ser conscientes de ello. Sin embargo, las personas que no tienen comprensión espiritual no entenderán ni siquiera después de escuchar, e incluso sentirán que la enseñanza solo trata sobre asuntos caseros triviales. En realidad, también deberías ser capaz de extraer lecciones de estos asuntos triviales en muchas ocasiones. Esto se debe a que, no importa sobre qué aspecto de las cosas estemos hablando —ya sea algo que tenga que ver con la vida diaria, algo relacionado con el deber de uno o concerniente a la entrada en la vida—, los principios y el entendimiento sobre los que hablamos no tienen como objetivo resolver ningún enigma ni desvelar ningún misterio; más bien, nuestra enseñanza usa un lenguaje cotidiano para explicar un hecho, resolver los problemas relacionados con los pensamientos y opiniones de uno y aquellos que tienen que ver con cómo alguien contempla toda clase de cosas y trata a toda clase de personas. Tomemos como ejemplo la elección del estilo y el color de la ropa. Ya sea para vestir a diario o para hacer programas, Mis principios y motivos para elegir el estilo y el color de la ropa son diferentes a los vuestros. ¿Cuáles son vuestros principios y motivos? Consisten en arreglaros para parecer hermosos o apuestos; mientras parezcáis encantadores y atraigáis la atención, estáis satisfechos. ¿Cuáles son Mis intenciones y motivos originales? Hacer que parezcáis modestos, honrados y poseedores de semejanza humana y dignidad, de modo que las personas os tengan en cierta estima y no se atrevan a menospreciarte, a jugar contigo ni a albergar ideas torcidas o pensamientos inapropiados sobre ti. Al hacerlo, no te estoy privando de la oportunidad de presumir, sino que más bien te estoy protegiendo, haciendo que poseas semejanza humana y que parezca que tienes una presencia honrada, de modo que aquellos con malas intenciones no encuentren la oportunidad de explotarte y que esas personas perversas no se atrevan a aprovecharse de ti ni a tratarte como un juguete. Tendrán que respetarte. De esta manera, ¿acaso no se protege tu integridad? (Sí). En un asunto tan sencillo como elegir el estilo y el color de la ropa, podríais pensar que lo hago para salvaguardar los intereses y la reputación de la casa de Dios, pero, de hecho, este no es realmente el propósito principal; el propósito principal es protegeros. Ya solo en este asunto menor, Mis puntos de vista son completamente diferentes a los vuestros. En lo que concierne a cómo os vestís y os arregláis en vuestra vida personal, os doy espacio y os permito elegir libremente para satisfacer vuestra vanidad. Estos asuntos dependen de que las personas lleguen a poseer una humanidad normal después de que se haya hablado sobre la verdad y hayan entendido esta, de modo que puedan lograr el autocontrol y lleguen a ser modestas, honradas y tengan semejanza humana. Sin embargo, cuando aparecéis en entornos públicos, tengo que revisar las cosas por vosotros. Esto es puramente para protegeros, no para controlaros ni constreñiros. No importa lo que penséis, así es simplemente como son Mis principios para hacer las cosas, y en este asunto, Yo tengo la última palabra. Incluso si algunos individuos están un poco insatisfechos, se sienten algo irritados en su interior o tienen reservas sobre este asunto, no importa; lo entenderás en el futuro. Además, Mis elecciones respecto al color, la tela y el estilo de la ropa no son conservadoras ni se rigen por viejas convenciones; no tengo pensamientos ni nociones desfasados. Si eres mayor, te doy un estilo para que parezcas más vivaz, escogiendo ropa de colores intensos para ti de modo que parezcas más joven pero no coqueto. Esto es algo bueno para ti; cuando las personas vean que, aunque eres mayor, todavía pareces tener algo de vitalidad y que luces bastante arreglado y presentable, te respetarán y te tendrán en cierta estima, lo que garantizará la plena protección de tu dignidad. Esto es algo en lo que no pensaríais. Es posible que unos pocos individuos hayan pensado en ello, pero ¿quién puede atenerse a este principio y quién puede dominarlo? Realmente no podéis dominarlo, ¿verdad? (Sí). Algunos de vosotros decís: “Soy viejo, y las personas viejas deberían parecer viejas. Tengo que dar ejemplo a los jóvenes y conseguir que me tengan en cierta estima”. No te tiñes el pelo canoso, no te maquillas un poco a pesar de tu tez pálida, no te repones los dientes delanteros que te faltan, lo que hace que el aire te silbe entre los huecos de los dientes cuando hablas, y no usas ropa de colores vivos, sino solo gris y negra. Como resultado, a las personas les parece que no tienes absolutamente nada de color en las mejillas; simplemente pareces enfermizo. Dime, ¿cómo se sienten los jóvenes cuando te ven? Cuando se dirigen a ti, tienen que añadir la palabra “viejo”, así que te llaman “viejo hermano” o “vieja hermana”. ¿Te hace sentir cómodo eso? Eres reacio a aceptarlo, pensando para tus adentros: “Aunque soy un poco mayor que vosotros, ¿de veras soy tan viejo?”. ¿Quién te dijo que lucieras tan viejo? ¿No estaría bien elegir ropa con colores que realcen tu tez? Arréglate un poco para que las personas puedan ver que tienes vitalidad, y vean que, aunque eres viejo en edad, no eres viejo en tu mentalidad; ¿no te haría eso ganar el respeto? Había una mujer de unos cuarenta años que cuando le pedí que usara un traje rosa para una actuación, dijo: “Vestir de rosa a mi edad, ¿no sería eso intentar hacerme pasar por más joven de lo que soy?”. Su punto de vista era diferente al Mío. Le dije: “No es hacerte pasar por más joven de lo que eres; estar ante la cámara lo requiere. Te doy consejos y te ayudo a arreglarte para que parezca que tienes algo de color en las mejillas y te veas presentable y arreglada. Si sientes que eso es intentar hacerte pasar por más joven de lo que eres y esa es la manera en la que lo ves, entonces no te lo pongas. Si optas por un traje desaliñado, inmediatamente parecerás diez años mayor”. Si le dices que parece diez años mayor, no está contenta con ello, pero tampoco puede aceptar que intentes hacer que parezca un poco más joven. ¿Acaso no es bastante difícil lidiar con esta persona? (Sí). Solo en estos asuntos sencillos, si las personas tienen pensamientos y opiniones correctos, serán capaces de manejarlos de manera adecuada, apropiada y de acuerdo con los principios. Sin embargo, los pensamientos y opiniones de la mayoría de las personas respecto a estos asuntos son muy distorsionados, conservadores o radicales, y algunas hasta se ponen una careta. Incluso si Mis pensamientos y opiniones sobre estos asuntos no pueden llamarse la verdad, son al menos adecuados, apropiados y están dentro del ámbito de la humanidad normal. Así que, a veces, incluso en estos asuntos menores, os doy algunas indicaciones y consejos en mayor o menor medida. Si estás atento y puedes aceptar pensamientos y opiniones correctos, llegarás a captar estas cosas sin siquiera darte cuenta. Si estás distraído o siempre tienes tus propias opiniones e ideas, o si todavía albergas muchos pensamientos y opiniones viejos, tradicionales, necios y obstinados en tu interior, entonces puede que no seas capaz de asimilar o encontrarle sentido a lo que digo. Pero pase lo que pase, e independientemente de los aspectos implicados, siempre que se trate de estos asuntos que se pueden encontrar dentro del ámbito de la obra que llevo a cabo, hago todo lo posible para permitiros beneficiaros, dirigiros hacia la dirección correcta, ayudaros a corregir vuestros pensamientos y opiniones falaces y establecer toda clase de pensamientos y opiniones correctos. Esta es Mi responsabilidad. Solo en este punto de cumplir la responsabilidad, la naturaleza de la obra hecha por el Dios encarnado es completamente diferente de la realizada por cualquier persona con estatus entre la especie humana, ¿verdad? (Sí).
A Mi modo de ver, el trabajo que hacen los humanos respecto al estatus consiste básicamente en dos cosas: una es salvaguardar su estatus y la otra es exigir beneficios personales. Estas son las necesidades y exigencias de los humanos respecto al estatus. Sea cual sea el trabajo en el que participe cualquier persona con estatus, no consiste en proveer la verdad ni en proveer vida, y mucho menos en señalar la dirección y la senda de la vida a las personas. Más bien, participan en un trabajo material o inmaterial, gestionando o controlando a las personas, y haciendo que la gente acepte su liderazgo en lo que respecta a algún ámbito profesional o algún aspecto del conocimiento, a la producción de cosas o a otros diversos campos. Después, usan su poder para establecer su autoridad y consolidar su estatus, a través del cual buscan beneficios personales. Estos beneficios se dividen en dos tipos: económicos y de reputación. Por tanto, la naturaleza del trabajo que hace cualquier persona con estatus entre la gente es completamente diferente a la de la obra que hace el Dios encarnado. Ni proveen a las personas ni las ayudan, y mucho menos se abstienen de hacerles exigencias. A juzgar por el estatus y los beneficios económicos que obtienen después de conseguir estatus y hacer trabajo desde una posición de estatus, cualquier persona con estatus entre la gente se convertirá, en última instancia e inevitablemente, en alguien con intereses particulares. Esto se debe a que el estatus que poseen les sirve personalmente, y todo lo que hacen es por el estatus y los beneficios; no es para proveer a las personas ni ayudarlas. A este respecto, es completamente diferente de lo que hace el Dios encarnado. Además, sin importar lo que cualquier persona con estatus le diga o le haga a la gente, su objetivo final es exigirles lealtad emocional y contribuciones económicas y de estatus. Es decir, si habla y actúa bien y se gana el corazón de las personas, lo que hace que estas la tengan en alta estima y la aprueben, conseguirá que la gente tenga una buena opinión de ella en su corazón; tendrá más prestigio, más voz y mayor renombre, y serán más las personas que se agruparán a su alrededor y a las que conquistará. Esta es la lealtad emocional que estos individuos exigen de la gente. Es decir, las personas los idolatrarán y admirarán más en su corazón, y les atraerán y conquistarán más su actitud de liderazgo, su forma de hablar y proceder, y su porte y manera de comportarse y actuar. De esta manera, su estatus se vuelve más alto y más seguro, y esto consolida plenamente su estatus entre las personas. Una vez que su estatus en el corazón de las personas está asegurado, al mismo tiempo, los beneficios económicos y materiales que obtienen son todavía más abundantes. En realidad, trabajan para asegurar su estatus en el corazón de las personas a fin de poder obtener más beneficios materiales y económicos. Esto es completamente diferente del estatus que el Dios encarnado posee entre las personas y de la obra que Él hace. La gente debe ver esto con claridad. ¿Hay alguna diferencia aquí? (Sí). Como ves, una vez que alguien posee estatus y tiene admiradores, hace muchas cosas por el bien de su estatus. Pule su imagen, aprende retórica y oculta por completo su vida privada, incluida su elección en cuanto a pareja, su estado civil e incluso su residencia personal y otros detalles. Oculta todas estas cosas y no permite que los demás las sepan. Hace todo esto para salvaguardar su estatus e imagen entre las personas. Tiene muchos asuntos privados que se mantienen ocultos, que no se revelan abiertamente y que nadie más conoce. En público, se arregla para parecer particularmente noble, magnífico, honorable y hermoso, y su forma de hablar es especialmente amable y considerada; dice lo que la gente quiere oír y hace lo que la gente quiere ver. Se prepara a fondo y hace todo tipo de cosas para forjar su imagen personal. Cuando se filtre un escándalo o algo malo que hizo y llegue a oídos de sus admiradores, hará todo lo posible para justificarse y construirse una fachada, ideando todos los medios posibles para encubrir el asunto. Algunas de estas personas incluso se reinventan por completo, diseñando todos los medios posibles para mantener su imagen en el corazón de la gente. Su objetivo al hacer todo esto es mantener su estatus entre las personas; una vez que se mantiene su estatus entre la gente, entonces las cosas materiales, el dinero y los placeres que persiguen también se conservan. Por tanto, sin importar lo que hagan —y ya sea en público o en privado—, todo es sumamente engañoso. Nunca sabrás lo que piensan en su corazón, cómo son su humanidad y su calidad humana, ni cuáles son verdaderamente sus puntos de vista y elecciones respecto a diversas cosas. Nunca oirás lo que piensan de verdad. Incluso si hacen muchos cambios y sacrificios por sus admiradores y su público, lo hacen en contra de sus verdaderas intenciones. ¿Por qué actúan en contra de sus verdaderas intenciones de esta manera? Para mantener su estatus. Es porque saben que, si revelan públicamente su verdadero rostro para que la gente lo vea, perderán a muchos admiradores y estos también las desdeñarán y maldecirán. Cuando pierdan a sus admiradores, su estatus sufrirá un declive desastroso e, inmediatamente después, el dinero, los beneficios, los placeres y las cosas materiales que persiguen, e incluso cualquier condición favorable y trato generoso que les brinde su estatus, desaparecerán. Por tanto, todas hacen todo lo posible para salvaguardar su imagen y mantener su estatus. Pagarán cualquier precio y recurrirán a cualquier medio para mantener su estatus e imagen: algunas cambian de sexo, otras se someten a cirugía plástica, algunas ocultan su matrimonio y otras incluso cometen asesinatos en secreto; harán cualquier cosa. Y, sin embargo, entre las personas, lo que les hacen a los demás —y lo que los demás pueden obtener de ellas— carece prácticamente de cualquier guía o provisión positivas. El papel que desempeñan entre las personas es meramente el de satisfacer la vanidad de estas y saciar sus ambiciones y deseos, reuniendo a la gente bajo sus nombres y su poder, para luego desorientar y privar a las personas de manera despiadada a nivel emocional, mental y económico. Por eso digo que cualquiera con estatus es, básicamente, alguien con intereses particulares. Esta es una forma amable de decirlo; no quiero decir nada más duro que eso. Podéis deducirlo por vosotros mismos. Así pues, tal vez cuando veas a cualquiera que tenga estatus, sientas que su estilo de discurso es extraordinario y que es cortés, elegante y carismático, y quizás lo idolatres enormemente. En particular, algunos individuos del sexo opuesto podrían incluso querer entregarse a esa persona. Todos estos son signos de que te han desorientado y lavado el cerebro. No hablemos de su vida entre bastidores, de su verdadera humanidad ni de su actitud hacia las cosas positivas; no hay necesidad de averiguar sobre estas cosas. Si de verdad quisieras entregarte a esa persona, una vez que empezaras a vivir con ella, te quedarías estupefacto. Para entonces, sabrías que no es tan elevada y extraordinaria como creías en tu corazón; ya no lo idolatrarías y la tratarías como a una persona corriente. Con vuestra estatura actual, ¿es necesario llegar a ese extremo? (No).
Cuando las personas con estatus en la sociedad aparecen en público, en sesiones de firmas, conferencias de prensa o actuaciones en vivo, la gente las aclama y deposita grandes esperanzas en ellas. Algunas personas incluso les dan la mano una vez y no quieren volver a lavarse las manos por el resto de su existencia, y otras las abrazan una vez y deciden no casarse jamás en su vida. ¿No creéis que esas personas son muy estúpidas? (Sí). Decides no casarte nunca por ellas, pero si un día te las encuentras por la calle y las saludas, ¿te prestarían alguna atención? (No). Son personas con estatus, gente honorable, individuos de clase alta; a sus ojos, no eres nada. ¿De verdad crees que les agradas cuando te firman, te dan la mano y te abrazan? Te equivocas; ¡eres demasiado ingenuo! Cuando te necesitan, eres un tesoro para ellas; cuando no te necesitan, solo eres mala hierba o, se podría decir, no eres nada. Cualquiera con estatus en la sociedad —incluso el funcionario de menor rango— está fuera de tu alcance como ciudadano corriente. No importa si eres adulto o si eres capaz, a sus ojos, solo eres un don nadie; no te toman en serio en absoluto. Este es el verdadero rostro de las personas con estatus en la sociedad. Por tanto, al observar su esencia-naturaleza, las personas en el mundo humano que pertenecen a la clase de aquellos con poder y estatus son, básicamente, todas personas con intereses particulares. No depositan grandes esperanzas en ti ni asumen responsabilidad alguna, y mucho menos dan nada o hacen contribuciones de forma gratuita; huelga decir que no te proveen de nada. Solo quieren exigirte cosas: que las idolatres, las admires y las sigas a nivel emocional, y luego obtener beneficios económicos y materiales de ti. Una vez que han obtenido beneficios y su estatus está asegurado, si quieres ser su colega, ser su amigo y estar en igualdad de condiciones con ellas, ¿accederán? (No). Si intentas obligarlas a acceder, ¿qué crees que harán? (Se volverán abiertamente en tu contra). Al ver que ya no les eres de utilidad, te darán de lado, te dirán que te largues e incluso te insultarán, diciendo que eres un mendigo asqueroso. Te quedarías estupefacto, ¿verdad? (Sí). Es precisamente porque los humanos contemplan el estatus de esta manera y porque el estatus les aporta diversas condiciones ventajosas o abundantes beneficios por lo que consideran que el estatus es muy importante y lo atesoran enormemente. Sin embargo, lo que hace cualquiera con estatus entre la especie humana no es cumplir con una responsabilidad hacia esta, no es una forma de provisión y no es gratuito; más bien, tiene propósitos y exigencias. Cada palabra que dicen desde su posición de estatus tiene un propósito, y todo lo que hacen es también para lograr un cierto objetivo; por supuesto, es para obtener mayores beneficios de ti, incluso para dejarte seco. Lo que te hacen es, básicamente, desorientarte, adormecerte y explotarte. Para decirlo de la manera más simple y directa, es hacer que te vacíes los bolsillos. ¿Vaciarte los bolsillos para qué? Para que compres sus entradas, sus productos y sus artículos y les des las cosas que más necesitan. Así pues, una vez que una persona tiene estatus, los beneficios llegan de forma natural. Cuando las personas tienen estatus y se encuentran en una posición de estatus, les resulta fácil desorientar a los demás, así como también usar su estatus en su propio beneficio para hacer cosas. Como miembro de la especie humana, debido a que idolatras el estatus, es muy fácil que las personas poseedoras de este o aquellas que se encuentran en una posición de estatus te desorienten, te controlen y te instiguen, que te inciten a hacer esto y aquello. Especialmente esas estrellas y celebridades de gran renombre en la sociedad, cuando gritan desde el escenario: “¿Cómo estáis todos? ¡Cuánto tiempo sin veros!”, sus admiradores entre el público agitan varitas luminosas, y gritan y chillan, volviéndose locos. ¿Hasta qué punto se vuelven locos? A algunas personas las lágrimas les caen por el rostro en ese mismo instante, y otras se desmayan en el acto y tienen que llevarlas a urgencias. Solo por oír esas pocas palabras, solo por escuchar esas cuantas canciones y ver esa única actuación, pierden la cabeza de esta manera, actuando como si estuvieran enfermas de la cabeza. ¿Dirías que estas personas son necias? (Sí). Entonces, ¿seguirán asistiendo a estas actuaciones después? (Lo harán). ¿No es esto que te desorienten? Las entradas para ese tipo de actuación probablemente sean bastante caras. Pagas todo ese dinero, y ellas solo cantan unas cuantas canciones y dan unos cuantos saltos por el escenario. ¿Vale la pena gastar todo ese dinero? ¿Acaso no te están estafando? Algunas personas incluso obligan a sus padres a desembolsar dinero para comprar entradas para el concierto de su celebridad favorita o para adquirir sus productos. Si su familia es pobre y no puede permitírselo, llaman a sus padres inútiles e incompetentes. Sus padres no pueden hacer nada al respecto; esta es simplemente la tendencia en esta sociedad. Después de ser reprendidos de esta manera por sus hijos, algunos padres incluso se sienten bastante inferiores y no se atreven a admitir delante de los demás que son los padres de fulanito. ¿Acaso la causa de esto no son las tendencias sociales? (Sí). Entonces, ¿cómo se formó esta tendencia? Se formó como resultado de que los pensamientos y puntos de vista de la especie humana sobre el estatus, la fama y el provecho se volvieran cada vez más perversos, y en última instancia se desarrollaran junto con esta tendencia malvada hasta el día de hoy, perjudicando a generación tras generación de personas. ¿Qué es lo que esas personas con estatus les hacen a los demás? ¿Cuáles son las palabras que le gritan a la gente desde su alta posición? ¿Qué le transmiten a la gente? Transmiten pensamientos y puntos de vista falaces y perversos; transmiten tendencias malvadas; todo lo que transmiten son cosas negativas. Al final, sigues dispuesto a hacer lo que sea por gastar tu dinero en sus entradas y productos, y si no puedes comprarlos, incluso lloras a escondidas y te sientes inferior. ¿Acaso no es esto rebajarte por voluntad propia? (Sí). Así es como es realmente el mundo; así es como es realmente la especie humana. Entre la especie humana, las tendencias malvadas siempre prevalecen, y estas tendencias malvadas también se desarrollan y evolucionan constantemente. Por mucho que evolucionen, siempre hay un grupo de personas con estatus, poder y prestigio cabalgando a la vanguardia de las tendencias malvadas. ¿Qué les pasará en última instancia a aquellos que están a la cabeza de esta vanguardia? No lo diré; podéis reflexionar sobre ello vosotros mismos.
El propósito de compartir estas palabras es, por un lado, permitirte saber qué es el estatus y, por otro, hacerte saber y entender la diferencia entre el estatus que posee el Dios encarnado y el que poseen los humanos. Estos son de una naturaleza y esencia completamente diferentes. El estatus del Dios encarnado está determinado por Su esencia y vida; no es una posición, no le es otorgado por la especie humana y no es algo que Él haya obtenido de la exaltación de los humanos por haber adquirido conocimiento y teorías y haber ganado suficiente experiencia de vida en la sociedad. El estatus del Dios encarnado está determinado por Su identidad, y Su identidad está determinada por Su vida y Su esencia. A pesar de tener tal identidad y esencia, Él no actúa con aires de grandeza, no oprime a las personas, no las atrae hacia sí, no le hace exigencias a la especie humana ni actúa con prepotencia, como hacen aquellos que tienen un estatus prominente entre la especie humana. Por supuesto, el Dios encarnado no es alguien con intereses particulares. Él nunca ha exigido ningún beneficio a quienes lo siguen, incluidos los económicos y materiales. Naturalmente, Él tampoco ha exigido ninguna remuneración a Sus seguidores. Más bien, Él cumple sistemáticamente con Su responsabilidad y hace Su obra con Su identidad y desde Su posición, proveyendo de todas las verdades que necesitan quienes lo siguen. Por supuesto, durante el periodo en el que el Dios encarnado hace Su obra y cumple con Su responsabilidad, Él no llama a las personas desde una posición elevada como hacen las supuestas personas con estatus entre la especie humana, ni se sitúa en una posición elevada para crear un cierto ambiente, hacer un gran despliegue o alardear de las cosas, con el fin de ganarse el corazón de las personas y hacer que lo elogien, etcétera. Dios, en Su identidad como el Dios encarnado, no hace ninguna de estas cosas. Su identidad y estatus están determinados por Su propia esencia; no surgieron como resultado del elogio de los humanos, ni son producto de ninguna votación por parte de la especie humana. Entonces, ¿cómo surgieron? El hombre llega a saber que esta carne es Dios Mismo, poseedora de la identidad y el estatus de Dios, únicamente porque Dios expresa la verdad y desvela estos misterios. Algunas personas dicen: “¿Por qué da Dios testimonio de Sí Mismo?”. Se debe a que la especie humana no conoce a Dios y solo es capaz de resistirse a Él y condenarlo, por lo que únicamente mediante la expresión de la verdad por parte de Dios se puede dar testimonio de Su propia identidad y estatus. Aunque una persona reciba un poco de esclarecimiento del Espíritu Santo, puede que no sea necesariamente capaz de dar testimonio de ello con claridad; Dios debe dar testimonio de Sí Mismo para lograr el resultado deseado. ¿Puede lograrse el resultado deseado confiando en que la especie humana dé testimonio de Dios? (No). ¿Por qué no? (El hombre simplemente no conoce a Dios). Así es; porque la especie humana no conoce a Dios; nadie lo conoce. Por tanto, Dios se hizo carne, se convirtió en el Hijo del hombre y comenzó a aparecer y obrar, llamando a la especie humana para que todos escuchen las declaraciones y palabras de Dios. El Espíritu Santo comenzó entonces a obrar, reuniendo a las personas, y luego Dios comenzó a hablarle a la gente y a obrar entre ellos. Al principio, unos pocos individuos no podían aceptarlo; tenían nociones sobre el Dios encarnado y no lo conocían ni lo entendían. Sin embargo, el Espíritu Santo hace una gran obra, y Dios Mismo sostiene Su propia obra. A lo largo de estos años en los que ha hablado y obrado, ¿acaso no han llegado las personas a reconocer la identidad y el estatus de Dios hasta cierto punto? (Sí).
Muchas personas llevan muchos años creyendo en Dios, pero siguen sin tener conocimiento de Él, al tiempo que tienen muchas nociones y figuraciones, o adulteraciones de la voluntad humana, respecto a Su identidad y estatus, en particular. Sin embargo, a partir de las palabras y la obra de Dios y de cómo ha cumplido Su responsabilidad hacia las personas y se ha entregado por ellas a lo largo de todos estos años, ya se puede ver un resultado. ¿Sabéis cuál es este resultado? (Creo que este resultado es que las personas han sido conquistadas por las palabras de Dios y han tenido que reconocer la esencia de Dios). Es correcto que las personas han sido conquistadas. Aunque a las personas todavía les queda camino por recorrer antes de ser ganadas por Dios, ya han sido conquistadas por Él. Entonces, ¿cuál es la prueba de que las personas han sido conquistadas? Al principio del todo, cuando Dios dio testimonio de que esta persona es el Dios encarnado, muchas personas tenían nociones, se sentían reacias y no estaban dispuestas a reconocer ni aceptar este hecho. Sin embargo, ahora vosotros —incluidos aquellos que al principio no queríais reconocer en absoluto que esta persona es Dios, el Dios encarnado— sois capaces de sentaros, llenos de paciencia y expectación, y escucharme en silencio y con seriedad mientras comparto. Solo esto basta para demostrar que las personas han sido conquistadas por Dios, ¿verdad? (Sí). Hace más de diez años, en Mis reuniones y enseñanzas con vosotros, después de haber estado hablando durante unos cuarenta minutos, había muchas personas que ya no podían quedarse quietas. Algunas iban al baño, otras bebían agua, algunas susurraban entre sí y otras bostezaban y se desperezaban. Prácticamente más del sesenta por ciento de las personas se ponían nerviosas. No podían entender lo que Yo decía, captarlo ni asimilarlo. Decidme, ¿acaso no era agotador para Mí compartir con vosotros? Veía que vuestra estatura era demasiado pequeña y que no podíais quedaros quietos para escuchar los sermones. ¿No erais como niños de preescolar que no podían asimilar lo que la gente les decía? Así que tenía que ser paciente y compartir y guiaros con paciencia. Más tarde, a medida que la gente escuchaba más, entendía algunas cosas y empezaba a interesarse por la verdad, poco a poco, había cada vez menos personas susurrando entre sí, bostezando y desperezándose. Durante las reuniones, la mayoría de la gente ya podía escuchar los sermones con suma atención; podía quedarse quieta y asimilarlos, y captar los conceptos básicos del camino de la vida. También hay otro buen indicador: cuando hablo sobre algún aspecto de los principios-verdad, muchas personas se apresuran a tomar notas. Al escuchar palabras importantes y cruciales, las anotan rápidamente para poder meditar sobre ellas después. ¡Esto es maravilloso! Estas personas verdaderamente tienen capacidad de comprensión; han empezado a dedicarle esfuerzo a la verdad y saben centrarse en la realidad. Ya sea en Mi enseñanza habitual o al charlar con las personas, siempre que el contenido está relacionado con los principios-verdad, la gente escucha y toma notas con seriedad; este es un buen indicador. Como ves, a lo largo de este trayecto, paso a paso, el estado de las personas ha ido mejorando cada vez más. Además, como se ve en los vídeos y películas de testimonios vivenciales que produce la casa de Dios, muchas personas han tenido algunas experiencias genuinas desde que empezaron a hacer sus deberes hasta ahora. Entonces, ¿cuál ha sido la mayor ganancia de las personas? Que pueden contemplar y experimentar toda clase de cosas basándose en las diversas verdades que he compartido a lo largo de los años. Todas han entendido algunas verdades y son capaces de resolver algunos problemas; han obtenido cierta comprensión y entendimiento de las intenciones de Dios, han llegado a someterse a Dios y ha habido cambios en su carácter-vida. ¿No son estas cosas lo que han obtenido? (Sí). En el pasado, cuando empezasteis a escuchar sermones, no podíais quedaros quietos. Algunos decían que podía deberse a que erais jóvenes. En realidad, ese no era el caso; incluso las personas de cuarenta y cincuenta años no podían quedarse quietas, porque no podían entender y estaba fuera de su alcance. Sentían que cada palabra que escuchaban era correcta, pero en cuanto oían algo que no concordaba con sus nociones, no podían aceptarlo en su interior, y entonces empezaban a encorvarse, a balancearse o a susurrar entre sí, sin la más mínima semejanza humana normal. Así que tuve que hablar con paciencia. Hablé durante muchos años, hablando poco a poco sobre todo tipo de cuestiones, permitiendo que todos captaran los conceptos básicos. Aunque muchas personas no tienen mucha experiencia respecto a la entrada en la vida ahora, y en muchas ocasiones no tienen entrada en la vida, como mínimo, ¿cuál es el sentimiento que tienen? Se han interesado por la verdad y tienen conciencia de ella, y han desarrollado cierto afecto por la verdad en su corazón. Tienen más o menos un concepto de la verdad y de las cosas positivas, de cómo comportarse, actuar de acuerdo con los principios-verdad y alcanzar la salvación. Por tanto, pueden quedarse quietas y asimilarlo cuando escuchan sermones. Tener un concepto de estas cosas significa que han sido conquistadas por estas palabras y estas verdades. Han reconocido que estas palabras son la verdad, que hay una diferencia entre las cosas positivas y las negativas y que todo lo que Dios dice y hace es la verdad y por el bien de salvar al hombre. Como ves, para que las personas pasen de ser incapaces de quedarse quietas a ser capaces de hacerlo y reconocer que las palabras de Dios son la verdad y que todo lo que Él hace es salvación, ¿cuántos años hicieron falta para dar un paso tan grande? ¿Cuántas palabras tuve que decir y cuánta obra tuve que hacer? Solo en términos de la obra que he hecho en el hombre —desenmascarar su esencia corrupta, cambiar sus pensamientos y puntos de vista, resolver sus actitudes corruptas, ayudarlo a entender la verdad y lograr que se someta a Dios, llevarlo por el camino correcto de alcanzar la salvación—, ¿cuántas palabras tuve que decir para lograr estos resultados? Dime, ¿podría un humano haber hecho esta obra? ¿Quién de entre aquellos con estatus podría hacer esta obra? (Nadie podría hacerla). Por un lado, el hombre no puede hacerla. Por otro, aunque alguna persona hablara y actuara, y todas las palabras que dijera fueran correctas y los demás estuvieran interesados en ellas, si el Espíritu Santo no obrara, ¿podría el hecho de que hubiera tanta gente escuchando y predicando las palabras de esta persona lograr los resultados que tenemos ahora? (No podría; no podría conmover el corazón de las personas). Las palabras de Dios y el Espíritu de Dios están obrando en tándem para hacer esta obra. El Dios encarnado habla y obra en coordinación con el Espíritu de Dios, mientras que el Espíritu de Dios se coordina simultáneamente con las palabras expresadas por el Dios encarnado para guiar y esclarecer a las personas en su vida diaria. La combinación de estos dos aspectos ha logrado los resultados que tenemos ahora, así como los que se lograrán en el futuro. Dime, ¿es el estatus de esta persona corriente —el Dios encarnado— meramente un estatus? No lo es. Este estatus Suyo no es una especie de posición. No es un símbolo de la imagen elevada o el poder de alguien, como podrían entenderlo los humanos. ¿Qué es, entonces? (Es un símbolo de la esencia de Dios). Su estatus es un símbolo de que Él posee la verdad, el camino y la vida. Dime, cuando cualquier ser humano corrupto con estatus hace cosas, ¿cuenta con la cooperación de Dios en el cielo? (No). Por tanto, el estatus del Dios encarnado no es estatus en un sentido simple, sino más bien un símbolo de la identidad, la esencia y la vida de Dios. ¿Qué quiero decir con esto? Que no deberías tratar al Dios encarnado como tratarías a cualquier persona con estatus en el mundo. Cuando tratas a personas con estatus en el mundo, usas las filosofías para los asuntos mundanos para relacionarte con ellas. Tienes que hacerles reverencias y ser servil, leer entre líneas y observar su expresión, y decir cosas agradables para complacerlas; no puedes hablar con honestidad, mostrar ninguna fortaleza, robarles el protagonismo, etcétera; de lo contrario, te reprimirán o te harán sufrir. Sin embargo, cuando te relacionas e interactúas con el Dios encarnado, a lo que deberías atenerte es a los principios-verdad. Si te relacionas e interactúas con Él de acuerdo con los principios-verdad y puedes tratarlo correctamente, entonces, aunque no te tomes Su estatus en serio, no lo tengas en alta estima, no lo reverencies ni lo admires y no lo adules ni lo halagues, Él te seguirá tratando correctamente, ¿verdad? (Sí). Decís “Sí”, pero ¿podéis verdaderamente lograr tratar al Dios encarnado de acuerdo con los principios-verdad? (Siento que aún no puedo lograrlo; solo puedo esforzarme por ello). Debes trabajar duro para esforzarte por ello. El punto más importante es que debes perseguir la verdad y buscar los principios-verdad en todas las cosas; entonces, poco a poco serás capaz de lograrlo. Si te centras en la verdad, sentirás que, aunque el Dios encarnado posee este estatus especial, Él es completamente diferente de las personas con estatus entre la especie humana corrupta. Cuando te des cuenta de esto y reconozcas que Él es alguien con esencia divina y la identidad de Dios, lo tratarás de acuerdo con los principios-verdad. Tendrás amor y respeto por Él en tu corazón y lo tratarás de manera sincera y honesta. Al mismo tiempo, también serás obediente y sumiso desde la posición de un ser creado; desearás ser así y tendrás tales manifestaciones. Si no te das cuenta de esto, siempre pensarás: “Mira cuánto estilo tienen las personas con estatus en la sociedad; dondequiera que van, están rodeadas de gente. Tienen educación y hablan de manera refinada. Su apariencia, su forma de vestir y su arreglo personal les dan un aire de distinción, y su expresión y su forma de caminar son elegantes. Con solo mirarlas se nota que no son personas corrientes. Y mira la organización que tienen: tienen asistentes personales para ayudarlas con la vida y el trabajo, equipos de chefs personales para sus necesidades de alimentación, equipos de secretarios personales que les redactan sus artículos y equipos de asesores y grupos de expertos con los que debatir asuntos importantes. Tienen chóferes personales para cuando salen y pilotos personales para cuando necesitan volar, y se alojan en hoteles de muchas estrellas dondequiera que van. Todos estos son arreglos de primera clase. Puesto que Dios tiene estatus, ¿por qué no recibe tal trato? Si Él recibiera tal trato, ¿acaso no ganaríamos prestigio también nosotros, los seguidores? Que le desplieguen una alfombra roja en cualquier país al que vaya, y que muchas personas hagan fila para darle la bienvenida en cualquier lugar que visite, ¡qué prestigioso sería eso!”. Cuando obtengas conocimiento de Dios, ya no tendrás estas exigencias ni estos pensamientos.
Aunque el Dios encarnado vive entre la especie humana corrupta, Él no es miembro de esta, por lo que no tiene las necesidades que tienen los humanos corruptos respecto a cosas como lo que llaman posición y estatus. ¿Por qué Él no tiene las necesidades que tienen los humanos corruptos? Porque no comparte los mismos puntos de vista que los humanos corruptos respecto al estatus y la supuesta “valía” de uno. Él no ha pasado por el mismo proceso ni ha sido corrompido como los humanos corruptos, y no comparte los mismos pensamientos y puntos de vista que ellos respecto a la jerarquía y el disfrute del estatus. Así que, en Mi caso personal, Yo no tengo estas cosas en Mi corazón en lo que respecta al estatus y la valía de uno. Todo lo que hay en Mi corazón es simplemente el gusto de estar junto a las personas como una familia, hablar sobre asuntos de la vida y el trabajo, así como sobre las diversas dificultades de las personas. No me gusta hacer grandes ostentaciones y menos aún la denominada elegancia. Os lo he dicho muchas veces, y esto es algo que tal vez recordéis: en Mi propia vida, Yo no tengo empleadas domésticas, asistentes ni secretarios personales. Yo no tengo nada de esto. Fijaos en esas figuras de alto rango de la sociedad; tienen personas que se dedican solo a lavarles la ropa, personas únicamente para cocinarles y hacerles pasteles, y chóferes personales. No necesitan ocuparse de nada en su vida; hay personas que gestionan las cosas especialmente para ellas. Cuanto mayor es el rango de alguien, más amplio es su despliegue. Incluso un alcalde o gobernador provincial corriente tiene una residencia oficial, por no hablar de los que están aún más arriba. ¿Tiene el Dios encarnado una residencia oficial? (No). Entonces, ¿le he pedido Yo a la iglesia que me proporcione una? (No). Yo no le he pedido a la iglesia que me proporcione una residencia oficial ni he solicitado que se me asigne un séquito o guardias, y mucho menos he hecho ninguna otra exigencia. Lo único que he pedido es que las personas del equipo de corrección de textos pulan la redacción de Mis sermones y Mi enseñanza, los compilen en texto y los distribuyan. Se les puede considerar personal especializado en el trabajo, pero están haciendo su deber; no están haciendo cosas para Mí personalmente. Este es el trabajo de la iglesia. Así que, ¿os he molestado Yo alguna vez con Mis asuntos personales? (No). Lavar Mi ropa, cocinar para Mí, limpiar Mi habitación, los viajes personales... ¿os he molestado Yo alguna vez con estas cosas? ¿Le he pedido Yo alguna vez a la iglesia que me proporcione empleadas domésticas o asistentes personales? Yo nunca he hecho tales exigencias. Decidme, ¿me molesta no tener tales cosas? ¿Me entristece? ¿Debería Yo reprocharos y deciros que carecéis de conciencia? Yo nunca os he reprochado tales asuntos, y mucho menos os he hecho ninguna exigencia. Yo me ocupo de Mi propia alimentación, atuendo, alojamiento y transporte. Por lo general, visto con ropa informal, y durante las reuniones llevo un traje formal; es lo más sencillo posible. Rara vez llevo Mi ropa a la tintorería; básicamente toda se lava a mano o a máquina. Cuando tengo un perro, este no es de ninguna raza de lujo. La mayoría de la gente sigue e imita lo que comen, visten y usan las figuras de renombre y las personas con estatus en el mundo. ¿Te parezco Yo igual que ellos? Cuando algunas personas ven la raza de perro que tiene un famoso, quieren conseguir la misma. Todos los no creyentes tienen este punto de vista; incluso al tener un perro, siguen las tendencias y tienen que conseguir una raza de lujo, la clase de perro que poseen los famosos. El perro que Yo tengo es solo un perro normal y corriente. Mientras el perro tenga buena personalidad, sea cariñoso y leal, obediente, entienda las cosas, se lleve bien con las personas y no se entregue a la comodidad, está bien. Algunas personas dicen: “¿No te resultaría muy fácil tener una raza de lujo?”. Me resultaría muy fácil, pero no me gustaría. Yo nunca pregunto sobre lo que visten o usan las personas famosas ni me esfuerzo en buscarlo. Yo no soy como algunas personas que, una vez que tienen estatus, piensan: “Yo también soy una figura de renombre ahora. Tengo que copiar todo lo que comen, visten y usan las figuras de renombre, y los coches en los que van cuando salen. No me puedo quedar atrás”. Yo nunca he dedicado esfuerzo a estas cosas. No sé si soy una figura de renombre ni me importa. En cualquier caso, en todo lo que hago —en todos los aspectos, como en lo que respecta a Mi vida diaria y a Mis gastos de trabajo—, tengo Mis propios principios, Mis propias necesidades, Mi propio abanico de opciones y Mi propio estándar. Este estándar es simplemente ser muy corriente y muy sencillo; con ser promedio basta. Mientras Mi forma de vestir, Mi arreglo personal y Mi alimentación, alojamiento y transporte sean tales que las personas me concedan respeto al verlos y como mínimo Yo parezca una persona digna y honrada, es suficiente; es así de sencillo. En cuanto a si las personas me tendrán en alta estima y qué estatus tendré Yo en sus corazones, después de que vean la forma en que visto, me arreglo y luzco, nada de esto me importa. ¿Creéis que tengo alguna exigencia desmedida respecto al estatus? (No). Esto es algo que no podéis concebir y que no podéis desentrañar. En resumen, Yo solo requiero que logréis creer lo que os digo. Esto en sí mismo te resulta muy difícil. Tú mismo sabes lo que hay en tu propia cabeza y lo que estás pensando. Ser capaz de creer estas palabras que Yo he dicho y aceptarlas como la verdad y como un hecho te resulta muy difícil. ¿Sobre qué base debe construirse esto? Debe construirse sobre la base de la confianza, ¿verdad? (Sí). Estos son Mis pensamientos y puntos de vista hacia el estatus, y estas son Mis correspondientes manifestaciones. Aunque no tengo los adornos habituales del estatus de los que se alardea a los ojos del hombre o que el hombre exige, esto no afecta en absoluto a la obra que Yo hago ni me afecta al cumplir Mi responsabilidad hacia vosotros. Yo nunca me embellecería para conseguir que vosotros me tengáis en alta estima en aras del estatus. Resulta que habéis estado escuchando sermones hasta ahora y todavía lo estáis haciendo bastante bien, y a juzgar por vuestras manifestaciones actuales, todos os estáis desarrollando en una dirección positiva. Por tanto, perseguir el estatus, la imagen y los adornos del estatus es inútil. Solo la verdad puede conquistar al hombre, y solo la verdad puede cambiar al hombre. Las palabras de Dios pueden cambiar a la especie humana y también pueden crearlo todo. Por un lado, este es el resultado que logran el poder de las palabras de Dios y la autoridad de estas. Por otro lado, también es el producto de la obra del Espíritu de Dios. El hombre no tiene nada de lo que valga la pena jactarse; lo que ocurre es que las palabras de Dios son buenas, la verdad es buena, y la obra de Dios y la obra que el Espíritu de Dios ha hecho en el hombre son simplemente demasiado buenas. Al obrar Dios de esta manera y lograr este resultado en el hombre, ¿podéis ver entonces que la frase “las palabras de Dios son salvación para el hombre” es cierta? (Sí). Dios es fiel, las palabras de Dios nunca se quedan cortas, y Dios también es todopoderoso. Por muy insignificante que parezca ser el Dios encarnado o por muy poca fuerza que parezca tener, no importa, nada de esto puede afectar al hecho de que Él expresa la verdad, así como tampoco a los resultados que Sus palabras logran en el hombre. Aunque el Dios encarnado pueda parecer muy insignificante de cara al exterior, tener un aspecto normal y práctico y ser objeto del menosprecio del hombre —y este pueda incluso desarrollar nociones y hostilidad hacia Él en cualquier momento—, debido a que Él posee la esencia de Dios y la vida de Dios, la verdad que Él expresa es totalmente capaz de conquistar al hombre. En última instancia, Él también es capaz de llevar al hombre ante Dios, y librarlo de sus actitudes corruptas para que pueda ser ganado por Dios, cumpliendo el plan de gestión de seis mil años de Dios y llevando este plan a su fin. Por tanto, el estatus, la imagen y otras cosas semejantes que involucran al Dios encarnado no son importantes. ¿Qué es importante? (Que el Dios encarnado tiene la esencia de Dios; que Él es la verdad, el camino y la vida, y que puede expresar las palabras de Dios). Lo importante es que este Dios encarnado no solo tiene el estatus de Dios, sino que también posee la identidad y esencia de Dios. Él puede expresar las palabras de Dios, y Sus palabras son capaces de conquistar al hombre, salvarlo y perfeccionarlo, para permitirle ser ganado por Dios por completo. Esto es lo más importante.
¿Ayuda el hecho de hablar sobre estos temas relativos al Dios encarnado a que el hombre conozca a Dios? (Sí). Sea cual sea el tema sobre el que Yo hable con vosotros, incluidos los diversos temas relativos al Dios encarnado, nunca es para hacer que me admiréis y me reverenciéis, y luego obligaros a aceptar la soberanía de Dios y Su control, constriñéndoos para que hagáis lo que Dios dice. Debéis entender Mi actitud hacia vosotros. Siempre que Yo os proveo de algún aspecto de la verdad, hablo claramente sobre ello para que podáis entenderlo y luego meditarlo y experimentarlo por vosotros mismos. Aquellos que tienen disposición para aceptar la verdad y que aman las cosas positivas intentarán aceptar poco a poco estos puntos de vista y declaraciones que Yo comparto, y luego practicarán de acuerdo con estas palabras para resolver las dificultades y problemas en sus propias vidas. Si alguien no está dispuesto a aceptar la verdad y las cosas positivas y simplemente siente en su corazón que estas palabras son buenas pero nunca las practica realmente, sino que solo las guarda en su cabeza como una especie de teoría y las deja ahí, nosotros no condenamos a tales personas. ¿Cuál es la razón por la que no las condenamos? Por un lado, las personas tienen el derecho de elegir qué senda recorrer. Por otro lado, puede ser que algunas personas sean verdaderamente jóvenes en ese momento, con una estatura pequeña y una base superficial. Tienen que pasar por un gran refinamiento y tribulación, así como sufrir algunas dificultades importantes en la vida, antes de poder reflexionar sobre las cosas positivas y sobre la vida humana. En el caso de otras personas, el motivo podría no ser su juventud, sino el no haber experimentado suficientes cosas y no haber despertado aún. No tienen concepto alguno de las cosas positivas y las cosas negativas, ni de perseguir la verdad para alcanzar la salvación. En otras palabras, su mente aún no se ha abierto, y no conocen el propósito y el significado de creer en Dios. Simplemente piensan que creer en Él es una forma de ceremonia religiosa, que es algo bueno, que solo significa ser buena persona y no hacer cosas malas, y que también les permite tener un buen destino y un buen desenlace; así de simple creen que es. Por tanto, no tienen ningún concepto de perseguir la verdad ni de las cosas positivas y las cosas negativas. Tal vez una parte de estas personas dé un paso al frente después de experimentar algunos asuntos especiales y sea capaz de aceptar la verdad y las cosas positivas, así como de dar un verdadero giro a su vida. Mientras tanto, hay otra parte de personas que nunca han experimentado ninguna dificultad importante o que siguen siendo particularmente intransigentes incluso después de experimentarlas; nunca dan un verdadero giro a su vida, siguen siendo incapaces de aceptar la verdad y las cosas positivas, y continúa gustándoles seguir su propia voluntad y hacer lo que les plazca en su forma de actuar, satisfaciendo únicamente sus propios deseos. En consecuencia, este grupo de personas al final no lograrán dar un paso al frente ni obtendrán la verdad. Independientemente de lo que la gente experimenta durante el tiempo en el que cree en Dios, aquellos que pueden aceptar la verdad al final serán capaces de alcanzar la salvación. Aquellos que no pueden aceptar la verdad, en última instancia, nunca se arrepentirán de verdad y nunca aceptarán ni se someterán realmente a la verdad. Tales personas creen en vano y al final no serán capaces de alcanzar la salvación. Puede que realicen buenas obras al hacer sus deberes durante este periodo; en ese caso, a lo sumo solo serán capaces de sobrevivir al final. En cuanto a Mí, Mi actitud hacia vosotros es que Yo haré todo lo posible por hablaros sobre diversos aspectos de la verdad, incluida la verdad relativa al Dios encarnado, desde múltiples ángulos y perspectivas. La verdad relativa a cómo abordar el estatus, de la que acabamos de hablar, tiene como fin ayudaros a entender cómo deberíais abordar el estatus y a adoptar los pensamientos y puntos de vista correctos sobre el estatus. Mis pensamientos y puntos de vista respecto al estatus, así como Mi estilo de vida, surgen debido a Mi identidad especial. Entonces, ¿son Mis pensamientos y puntos de vista sobre el estatus, los cuales son resultado de Mi identidad especial, la verdad? ¿Son cosas positivas? ¿Son lo que los humanos corruptos deben poseer para alcanzar la salvación? ¿Son lo que los seres creados deberían poseer? (Sí). Dado que aquello de lo que he hablado son verdades y cosas positivas, entonces, sin importar la identidad con la que Yo aborde este estatus y sea cual sea Mi actitud, deberíais aceptar estas palabras como la verdad. Estos son Mis pensamientos y puntos de vista, pero son la verdad, así que deberíais aceptarlos, asimilarlos y abordar el estatus de acuerdo con los puntos de vista correctos. Mi objetivo al hablar de estos temas y compartir este contenido con vosotros es permitiros entender un aspecto de la verdad. Yo no hablo de estas cosas como una forma de justificarme o defenderme, y mucho menos lo hago para haceros saber que soy diferente al resto o que soy una persona extraordinaria. Si simplemente os dais cuenta de que el Dios encarnado no tiene corrupción, de que no es un miembro corriente de la especie humana y de que es una persona especial, entonces esta no es la verdad íntegra que quiero que entendáis. Independientemente del contenido sobre el que Yo hable y de los ejemplos específicos que se den, en última instancia todo se reduce a ayudaros a entender la verdad. Todo lo que Yo os proveo y comparto con vosotros involucra puntos de vista sobre cómo abordar toda clase de cosas. Mi requerimiento para vosotros es que seáis capaces de entender y aceptar los pensamientos y puntos de vista correctos, así como de reconocer y renunciar a aquellos pensamientos y puntos de vista incorrectos. Es decir, debéis ser capaces de discernir las cosas positivas y también las negativas, aceptar las cosas positivas y desprenderos de las negativas. A juzgar por los temas relativos a cómo abordar el estatus sobre los que he hablado, ¿diríais que Mis pensamientos, puntos de vista, principios y métodos concernientes al estatus son cosas positivas? ¿Concuerdan con la verdad? ¿Son principios-verdad a los que deberíais ateneros? (Sí). Si me habéis entendido, entonces Yo no he dicho estas palabras en vano. ¿Cuáles son los pensamientos y puntos de vista de los no creyentes respecto al estatus? ¿Hay algún aspecto de ellos que concuerde con la verdad o con la humanidad? ¿Cuál es la esencia de sus pensamientos y puntos de vista respecto al estatus? ¿Es despreciable y perversa? (Sí). Todos sus pensamientos y puntos de vista son egoístas, despreciables y perversos; son corruptores y devastadores para todos. Independientemente de si tienes estatus entre las personas o no, si lo que aceptas son estos pensamientos y puntos de vista falaces, entonces, aunque tengas estatus, eres una de las víctimas de estos pensamientos y puntos de vista; aunque seas alguien con intereses particulares, eres una de sus víctimas; aunque pertenezcas a la clase dominante, eres una de sus víctimas. ¿Qué significa ser una víctima de estos pensamientos y puntos de vista? Significa que también eres alguien que ha sido corrompido y devastado por tales pensamientos y puntos de vista y por tales tendencias malvadas. Debido a que lo que aceptas son pensamientos y puntos de vista falaces y perversos, y debido a que no solo los aceptas sino que también los aplicas, eres una de sus víctimas. Entonces, ¿cómo puede uno salir de esta corrupción y devastación y evitar sufrir más daño por ellas? Solo hay una manera, y es aceptar los pensamientos y puntos de vista correctos. ¿Qué pensamientos y puntos de vista correctos? Pensamientos y puntos de vista sobre cómo abordar el estatus correctamente: no permitir que el estatus te controle ni te ate, no usar el estatus para buscar beneficio personal ni para devastar y corromper a otros o explotarlos, y no obligar a los demás a hacer nada. Cuando tienes estatus, en todo lo que haces, eres capaz de buscar los principios-verdad, desprenderte de tus intereses personales e incluso rebelarte contra las comodidades y condiciones favorables que te aporta el estatus y rechazarlas. En lugar de disfrutar de los beneficios del estatus, eres capaz de cumplir con tus responsabilidades, cumpliendo con aquellas que te corresponden de acuerdo con el estatus que ostentas. Aunque el contenido de estas pocas frases no es mucho, ponerlas en práctica no es tarea fácil para los humanos corruptos. Cuando no tienes estatus, sientes que “no disfrutar de los beneficios del estatus” es solo cuestión de hacer lo que se dice, y es fácil de lograr. Pero cuando posees estatus, “no disfrutar de los beneficios del estatus” ya no es solo cuestión de seguir una instrucción. Requiere que renuncies a cosas, que te rebeles, que te desprendas de cosas y que practiques de acuerdo con los principios de práctica correctos, tratando a todos con justicia y cada asunto de manera justa y objetiva. Cuando necesitas poner este dicho en práctica, eso afecta tus intereses. Cuando no tienes estatus, dices: “Yo no disfruto de los beneficios del estatus; no estoy dispuesto a disfrutar de ellos”. Cualquiera puede decir estas palabras. Pero cuando estás en posición de disfrutar de los beneficios del estatus, desprenderte de ellos y buscar únicamente realizar bien tu deber para retribuir el amor de Dios ya no es tan sencillo, ¿verdad? (Sí). Esto se reduce a si amas la verdad y si puedes rebelarte contra la carne.
Lo que acabamos de compartir concernía al tema de cómo el Dios encarnado trata el estatus. Ahora que hemos terminado de hablar sobre cómo se debería contemplar el estatus, hablemos sobre cómo se debería contemplar el sufrimiento. Este es un tema del que las personas hablan a menudo entre sí. El modo en el que uno contempla el sufrimiento implica los pensamientos y puntos de vista de esa persona, así como sus principios de práctica. ¿Cómo contemplan las personas el sufrimiento? El sufrimiento es algo con lo que las personas se encuentran y que experimentan con frecuencia en su vida o a lo largo de su creencia en Dios, y también es un tema que debaten a menudo. La mayoría de la gente asocia el sufrimiento con su capital personal, su posición y su estatus, así como con su destino futuro. Por tanto, en su mayoría, las personas tienen ciertos pensamientos cuando sufren, y conceden gran importancia al sufrimiento. Los temas que preocupan enormemente a las personas son, en particular: qué adversidades han sufrido, qué clase de sufrimiento han padecido, cuánto tiempo han sufrido y cuántas otras personas conocen su sufrimiento, lo han visto y lo reconocen. Además, otras cosas en las que las personas también se centran en su corazón son: cómo pueden usar el sufrimiento para ganar estatus en el corazón de otras personas, cómo pueden usarlo para conseguir las cosas que desean, tales como beneficios, prestigio, estatus, la alta estima de los demás y gloria personal, e incluso cómo ganarse el afecto, el reconocimiento, la aceptación y el recuerdo de la casa de Dios o de Dios por medio del sufrimiento. Por tanto, la cuestión del sufrimiento tiene más peso en el corazón de las personas que practicar la verdad. Entonces, ¿cómo se debería contemplar exactamente el sufrimiento de una manera que sea correcta y concuerde con los principios-verdad? ¿Cómo contemplo Yo el sufrimiento? A lo largo de los años, cuando he hablado con vosotros —y durante las interacciones cotidianas que hemos mantenido—, ¿he hablado alguna vez sobre qué adversidades he sufrido, cuánto tiempo he sufrido, cuál era el propósito y el significado de Mi sufrimiento o cuáles eran Mis sentimientos después de sufrir? Que vosotros recordéis, ¿he hablado Yo alguna vez sobre estos temas? ¿Hay algún registro de esto por escrito, en las grabaciones de audio de los sermones o en las palabras que habéis oído? (No, que nosotros recordemos). En el pasado, oí que circulaba entre vosotros que un año, durante el Año Nuevo chino, Yo no tenía adónde ir y me encontraba sin un hogar al que regresar, que los hermanos y hermanas no me acogieron y que, más tarde, vagué por las calles; se decía que Yo había padecido este sufrimiento. ¿Sucedió esto realmente? (Dios dijo en un sermón anterior que Tú nunca experimentaste esto. Esta fue una historia que hizo circular la gente). Yo Mismo ni siquiera sabía de esto. ¿Cómo podría Yo saber de algo que nunca experimenté? Lo que hice fue aclarar este asunto, ¿verdad? Esta situación simplemente nunca sucedió. Así que, por lo que podéis recordar, Yo básicamente no hablo sobre el sufrimiento, ¿verdad? (Sí). Respecto a la cuestión del sufrimiento, la mayoría de las personas creen que el sufrimiento es una muy buena forma de práctica para ganar capital personal, obtener la alta estima de los demás y conseguir que tengan una impresión favorable de uno mismo; creen que es la práctica más básica que implica el hecho de creer en Dios. Independientemente de cómo lo contemplen las personas, escuchad ahora cuáles son Mis pensamientos y puntos de vista sobre la cuestión del sufrimiento.
Hay varias clases de sufrimiento. La clase más común es el que padecen las personas para salvaguardar su propio estatus, para mantener su prestigio entre los demás y para tener buenas perspectivas y un buen destino. Esto incluye quedarse despierto hasta tarde y levantarse temprano al hacer los deberes, y no comer buena comida ni vestir bien. También hay algunas personas que renuncian a sus familias y carreras para predicar el evangelio y hacer sus deberes. No solo el gobierno las arresta y persigue, sino que además sus familias no las entienden e incluso las persiguen y les ponen trabas. Algunos cónyuges incluso las amenazan con el divorcio, y también están los cotilleos, las calumnias y la propagación de rumores de sus parientes. Han padecido una gran cantidad de sufrimiento. Sin embargo, con el fin de tener buenas perspectivas y un buen destino y para preservar su estatus y prestigio, por mucho que sufran o por muy grande que sea su sufrimiento, las personas que sufren de esta manera continúan haciendo el trabajo como siempre, sin rendirse nunca. En resumen, las personas así sufren en aras de su estatus y prestigio y en aras de sus perspectivas y destino. Se pasan largos periodos de tiempo yendo de un lado para otro, lejos de casa, recibiendo la indiferencia de los demás y siendo rechazadas e incomprendidas por ellos, soportando mucho sufrimiento que las personas corrientes no padecen. Decidme, ¿hay algún valor en sufrir en aras del estatus y prestigio de uno o en aras de las perspectivas y el destino de uno? (No). ¿Recuerda Dios esto? (No). Su único propósito al sufrir es hacer que los líderes y obreros, así como los hermanos y hermanas, las tengan en alta estima y las admiren, de modo que los hermanos y hermanas continúen eligiéndolas como líderes en las próximas elecciones. Tratan el sufrimiento como el objetivo de su búsqueda. Para preservar su estatus, pueden padecer cualquier clase de sufrimiento. Renuncian a sus perspectivas y carreras mundanas, e incluso abandonan unos entornos de vida superiores, padeciendo una gran cantidad de sufrimiento. Después de padecer este sufrimiento, las personas de este tipo alardean por todas partes y, durante las reuniones o al podar a otros, a menudo hablan de cómo sufrieron. Su propósito al hacerlo es muy simple: es solo salvaguardar su propio orgullo, estatus y vanidad. Por tanto, el sufrimiento que padecen no tiene ningún valor. No llegan a conocerse a sí mismas a través de este sufrimiento, y mucho menos logran ser capaces de practicar la verdad. Esta clase de sufrimiento ni siquiera vale la pena mencionarla. Algunas personas solo sufren en aras de su estatus y reputación y por sus perspectivas y destino. Pueden soportar toda clase de fatigas para salvaguardar su estatus y reputación y pueden padecer cualquier clase de sufrimiento con el fin de ganar bendiciones. Sin embargo, nunca dan un paso al frente para hacer un poco de trabajo o decir una sola palabra para salvaguardar el trabajo de la casa de Dios, los intereses de esta o los intereses de los hermanos y hermanas. Aunque hacerlo no les supusiera ningún sufrimiento o solo requiriera una frase, no pueden hacerlo. Por tanto, todo el sufrimiento padecido por las personas de este tipo es en vano, y Dios no lo aprueba. Los individuos de este tipo son puramente fariseos hipócritas; son personas que desorientan a otros y Dios los desdeña. En aras de su estatus, pueden levantarse temprano y quedarse despiertos hasta tarde para hacer sus deberes y pueden padecer sufrimiento y fatiga. Pueden trabajar durante largas horas sin detenerse o incluso no tomarse días libres en todo el año. Corren de un lado a otro afanosamente solo por su propio estatus, y todo lo que dicen es para salvaguardar su propio estatus, orgullo y reputación. Cuando alguien hace algo que verdaderamente va en contra de los arreglos del trabajo de la casa de Dios, nunca lo critican y mucho menos lo detienen. Así que, su sufrimiento es puramente en aras de su propia reputación y estatus y por sus intereses personales. Esto no solo es algo que Dios no recuerda, sino que además lo condena. En particular, usan el sufrimiento como capital personal con el que sermonear frecuentemente a otros e intentar negociar con Dios, esperando que Él vea su sufrimiento y les dé una buena evaluación. También ponen a prueba a Dios con frecuencia para ver si Él está satisfecho con su sufrimiento y si pueden ganar bendiciones por el sufrimiento que han padecido. Por tanto, basándose en la naturaleza del sufrimiento de tales personas, este no solo no es recordado, sino que incluso es condenado; y no solo no es una clase de buena obra, sino que es una clase de hecho malvado. Las personas de este tipo frecuentemente se jactan de lo lejos que han viajado y de cuánto han sufrido en aras de hacer el trabajo de la iglesia y sus deberes, así como de las graves enfermedades que contraen y de cuántos medicamentos tienen que tomar. Cuando se medican, a menudo lo hacen delante de los hermanos y hermanas para que las vean hacerlo. Idean formas de que más personas sepan cuánto trabajo han hecho, cuánto han sufrido y qué alto precio han pagado, y que solo toman medicamentos después de enfermar por exceso de trabajo. Hacen esto para que las personas las tengan en alta estima, las admiren y las idolatren. ¿No son repugnantes las personas de este tipo? (Sí). Así que, el sufrimiento de personas como estas no vale ni un céntimo; es nauseabundo. Incluso se da el caso de que una gran parte de las personas de este tipo no pueden hacer ningún trabajo real. Solo hacen trabajo para aparentar, para crear una fachada de cara a los demás. No dicen una sola palabra ni hacen una sola cosa que pueda ofender a nadie. Cuando se trata de asuntos que tienen que ver con salvaguardar el trabajo de la iglesia, no dicen ni pío ni hacen la más mínima cantidad de trabajo. Cuando se encuentran con alguien que causa trastornos y perturbaciones en el trabajo de la iglesia, no tratan a esa persona de acuerdo con los principios, sino que actúan basándose en los sentimientos. Si ven que alguien que no les gusta está causando trastornos y perturbaciones en el trabajo, dirán algo y harán alguna cosa, aprovechando la oportunidad para lucirse y acumular capital personal, y cuando llegue el momento intentarán atribuirse el mérito y ser recompensadas. Pero si quien causa trastornos y perturbaciones en el trabajo es alguien que les agrada o las apoya, no solo no lo desenmascaran ni lo detienen, sino que también lo complacen, lo protegen y lo encubren, usando la excusa que suena bien de que “su estatura es pequeña, así que debemos ejercer paciencia y apoyarlo”. En realidad, es en aras de salvaguardar su propio estatus por lo que intentan no ofender a nadie. Aun así, quieren igualmente hacer uso de su sufrimiento para conseguir que la gente las tenga en alta estima y para salvaguardar su propio estatus. Algunas personas suelen fingir estar muy ocupadas. Al comer, remojan a propósito un poco de arroz o un panecillo al vapor en agua hervida sin más y lo acompañan con algunas verduras encurtidas, y justo después de terminar de comer van a una reunión, para que los hermanos y hermanas vean que realmente pueden soportar las adversidades. Siempre llevan la misma prenda de vestir, sin lavarla ni siquiera cuando está sucia, y les dicen a los demás: “¡Mira, estoy tan ocupado que ni siquiera tengo tiempo para comer o lavarme la ropa!”. Algunas personas charlan ociosamente con otros y pierden el tiempo mientras hacen sus deberes, y sin embargo fingen que están teniendo una reunión y hablando con ellos. Parece como si estuvieran ocupadas haciendo sus deberes desde la mañana hasta la noche, e incluso se quedan dormidas desplomadas sobre la computadora por la noche cuando deberían estar descansando. Hacen esto para que la gente vea cuánto sufren y qué alto precio pagan al hacer sus deberes. A menudo llevan el pelo alborotado y la cara sucia, e incluso pasan largos periodos sin cambiarse, lavarse la ropa o ducharse, solo para que la gente sepa cuánto sufren y qué alto precio pueden pagar. Decidme, ¿qué valor hay en padecer este sufrimiento? ¿Acaso no es todo pura fachada? (Sí). Parte del trabajo en la casa de Dios es un poco ajetreado, pero no hasta el punto de dejar a las personas con el pelo alborotado, la cara sucia y sin semejanza humana, ¿verdad? Algunas iglesias tienen unas condiciones de vida relativamente precarias, pero no tanto como para que allí las personas solo coman panecillos al vapor y verduras encurtidas todos los días, ¿no? Tal vez este sea el caso en unos pocos lugares concretos, pero no es posible que la mayoría de los lugares sean así. Por muy frenético que se vuelva el trabajo de la casa de Dios, como mínimo, debes mantener ocho horas de sueño reparador; no es el caso de que ni siquiera puedas dormir ocho horas, ¿verdad? Esto no incluye las circunstancias especiales ocasionales que podrían prolongarse durante un día o dos. En China continental, algunos de los miembros del pueblo escogido de Dios huyen para evitar el arresto y la persecución por parte del régimen de Satanás. A veces duermen y descansan en cuevas, pajares y establos. Estas son circunstancias especiales. Después de venir al extranjero, si las personas crean deliberadamente algunos “entornos de sufrimiento” y se “entrenan” deliberadamente en cómo sufrir, ¿no son básicamente monjes ascetas? ¿Por qué las llamaríamos así? Porque todo lo que están haciendo no es más que padecer deliberadamente algún sufrimiento, atenerse a algunos preceptos y disciplinar sus cuerpos, después de lo cual sienten que han cambiado. Luego se jactan frente a otros sobre cuánto han sufrido, esperando conmover tanto al Cielo como a la gente común, y así buscar prestigio y beneficios para sí mismas y obtener el buen destino que desean. Esta senda es inviable. Cuando Dios determina el desenlace de alguien, Él nunca mira cuánto ha sufrido esa persona o si se ha esforzado y ha hecho grandes contribuciones, como tampoco mira nunca su edad. ¿En qué basa Dios Su determinación de los desenlaces de las personas? La basa en si las personas tienen o no la verdad. Si tú solo te centras en sufrir pero no has obtenido la verdad, entonces, por mucho que hayas sufrido, ha sido en vano. Si sufres sin principios y también creas adversidades para ti mismo y sufres deliberadamente, entonces simplemente estás destinado a sufrir. Tu sufrimiento no es digno de piedad; tú te lo buscaste. Dios no le ha pedido al hombre que sufra. Dios juzga y castiga al hombre, lo pone a prueba y lo refina, no para hacerle sufrir, sino para salvarlo de sus actitudes corruptas. Gran parte del sufrimiento que padece el hombre es causado por sus actitudes corruptas; nunca ha sido la intención de Dios hacer sufrir al hombre.
Dios creó los cielos, la tierra y todas las cosas para la especie humana: el sol, la luna y las estrellas, la luz del sol, el aire, la tierra, el agua, las cuatro estaciones, así como toda clase de cosas materiales necesarias para la vida y supervivencia de la especie humana. Hay cosas para comer, beber, usar y mirar; durante las cuatro estaciones, abundan toda clase de seres vivos, ¿no es así? (Sí). Hay cereales, verduras, frutas y frutos secos, cosas que crecen en los árboles y en la tierra; hay gran abundancia de toda clase de cosas materiales diferentes, con una gran variedad de sabores y colores. Dios quiere que el hombre disfrute de la provisión que proviene de Él; la provisión que el hombre recibe de Dios es rica y abundante, y el hombre se nutre de ella. Como puedes ver, lo que los seres creados reciben del Creador es rico y abundante, infinito e inagotable. Dios está perfectamente dispuesto a dejar que el hombre disfrute de todo esto, y los seres creados deberían disfrutar por derecho de todo esto provisto por el Creador. Lo que los seres creados disfrutan de Dios son bendiciones, no sufrimiento. La intención original de Dios al crear a la especie humana no era hacer sufrir al hombre, sino que este disfrutara de la provisión que proviene de Dios mientras experimenta el viaje de la vida. Las diversas clases de criaturas vivientes y seres vivos creados por Dios se encuentran en abundancia; no falta de nada. Esto incluye cosas para escuchar; fíjate en cómo Dios ha pensado incluso en el canto de los pájaros y de los grillos para disfrute del hombre. Es decir, Dios ha pensado en todo lo que aporta satisfacción, consuelo y tranquilidad al mundo interior del hombre. Lo que Dios ha preparado para los seres creados abunda. Cuando los seres creados disfrutan de todo lo que Dios ha otorgado, están disfrutando de bendiciones. Esas personas que son como monjes ascetas creen que Dios solo quiere hacer sufrir al hombre, que Él simplemente no quiere que el hombre disfrute de bendiciones, que incluso si las condiciones lo permiten, Él no deja que el hombre las disfrute, sino que solo hace sufrir al hombre. Creen que Dios está feliz, satisfecho y ha logrado Su objetivo cuando el hombre se enfrenta a un sufrimiento y fatiga extremos. Decidme, ¿no albergan malas intenciones las personas de este tipo? ¿No es esto una interpretación distorsionada de las intenciones de Dios? (Sí). ¿De dónde surgió esta idea? Surgió de Satanás, ¿no es así? (Sí). Dios creó todas las cosas, pero Satanás no lo reconoce. No sabe cómo gestionarlas o mantenerlas, y no quiere que todos estos seres vivos continúen existiendo. Por tanto, las arruina y destruye para que el hombre no pueda disfrutar de todo lo que Dios ha creado. Desorienta y corrompe al hombre con el fin de hacer que este tenga una buena impresión de él, lo idolatre y lo tenga en alta estima. Satanás hace lo suyo y se opone a Dios en todo. Dios permite que la especie humana disfrute de todo esto, mientras que Satanás priva a la especie humana del derecho a disfrutarlo, no la deja disfrutar de ello y solo hace sufrir al hombre. Dios deja que la especie humana gestione todas las cosas y disfrute de ellas, mientras que Satanás las arruina. Este último ignora, desprecia y condena la existencia de todas las cosas, y deliberadamente hace que el hombre busque el sufrimiento. Fíjate en las leyes que Dios ha ordenado para el hombre: cuando el sol se pone y oscurece por la noche, uno debería descansar el cuerpo. La fatiga de un día de trabajo se alivia mediante el descanso. Después de descansar durante una noche, la fuerza física se restaura y uno está lleno de energía. Al día siguiente, cuando sale el sol, uno se siente renovado y comienza otro día de trabajo. ¡Esta es una ley tan maravillosa! Algunas personas no se atienen a esta ley. Solo empiezan a trabajar cuando oscurece por la noche y se quedan despiertas hasta las cuatro o cinco de la mañana antes de irse a dormir, queriendo invertir el horario de trabajo y descanso. Dios dice que cuando el sol se pone y la luna sale, el hombre debería terminar su jornada de trabajo, relajarse gradualmente y empezar a descansar; debería trabajar o descansar de acuerdo con las leyes que rigen el movimiento del sol, la luna y las estrellas, y no ir en contra de esta ley. Estas personas que “sufren” insisten en hacer exactamente lo contrario. Cuando deberían estar descansando, no duermen; se quedan despiertas a propósito hasta tarde e incluso están especialmente activas. Cuando otros duermen más profundamente es cuando están más ocupadas, sufriendo y agotándose. Luego, cuando es hora de trabajar durante el día, ¿siguen teniendo energía? ¿Les queda energía suficiente para aguantar una jornada de trabajo? (No). No tienen más remedio que dormir una o dos horas para luego levantarse y continuar trabajando. Por la mañana, cuando otros están comiendo, ellas están durmiendo. Durante el día, cuando otros están trabajando normalmente, ellas están dando cabezadas y aturdidas. Pero por la noche, cuando otros están descansando, se animan y empiezan a trabajar y a ocuparse de las cosas. ¿No es esto invertir el horario de trabajo y descanso? ¿No es esto anormal? (Sí). Y, sin embargo, se sienten bastante satisfechas de sí mismas, pensando que nadie más puede soportar tanto sufrimiento como ellas, que las demás personas son solo gente del montón. A medianoche, cuando otros están a punto de descansar, ellas incluso preguntan: “¿Descansas tan temprano?”. La otra persona dice: “Es medianoche; ya es muy tarde. Además, no me queda energía; la eficiencia de mi trabajo se resentirá y no obtendré buenos resultados. Cuando es hora de descansar, tenemos que descansar”. Ellas dicen: “¡Irse a dormir a medianoche es demasiado temprano! Yo empiezo a trabajar a medianoche y no me voy a dormir hasta las cuatro o cinco de la mañana”. Hay algo que les falla en la cabeza, ¿no es así? No solo se atormentan a sí mismas, sino que también constriñen a los demás. Cuando otros descansan a medianoche, ellas incluso los juzgan, diciendo: “Tú disfrutas de la comodidad carnal y no tienes la determinación de sufrir. Dado que Dios te ha dado una comisión tan importante, debes trabajar hasta altas horas de la noche y sufrir; debes quedarte despierto hasta al menos las dos de la mañana antes de irte a dormir. Solo esto es ser devoto a tu deber”. Si alguien se queda despierto hasta las dos de la mañana antes de irse a dormir, ¿le seguirá quedando energía para hacer sus deberes durante el día? (No). De acuerdo con las leyes naturales que rigen el cuerpo humano, si alguien se va a dormir a las dos de la mañana, no podrá levantarse hasta las siete u ocho de la mañana. Después de levantarse, estará físicamente exhausto, aturdido a nivel mental, tendrá las piernas hinchadas y sentirá malestar general. Incluso si se echa una siesta por la tarde, su cuerpo seguirá sin recuperarse porque fue en contra de las leyes ordenadas para el hombre por Dios, ¿verdad? (Sí). No solo sufren así ellos mismos, sino que también exigen que otros sufran igual que ellos. Si los demás no hacen las cosas a su manera, idean una base teórica para condenarlos. Las personas atolondradas que son de pequeña estatura y no tienen discernimiento se ven así constreñidas; siguen su ejemplo, obligándose a mantenerse despiertas poco a poco, llegando gradualmente al punto en que descansan después de las dos. Incluso piensan: “Tener la determinación de sufrir no es verdaderamente fácil. Debemos aprender a soportar, a depender de la pura perseverancia, a rebelarnos contra la carne y a ir en contra de las leyes naturales. Si de verdad tenemos un sueño insoportable, deberíamos prácticamente torturarnos para evitar que nuestra carne duerma. ¡Solo esto es ser devoto a la comisión de Dios y tener la determinación de sufrir, y solo las personas que hacen esto pueden alcanzar la salvación!”. Fijaos, ¿no es este impulso suyo más o menos el mismo que el de los monjes y monjas en los templos? (Sí). Al igual que los monjes ascetas, solo saben soportar el sufrimiento; entender la verdad, practicar la verdad y alcanzar la salvación son cosas que no existen en absoluto en su corazón. ¿Pueden tales personas alcanzar la salvación, entonces? ¿No están arruinadas? (Sí). ¿Cómo se ha llegado a esto? Es el resultado de que les hayan lavado el cerebro con pensamientos y puntos de vista erróneos y de haber sido influenciadas y devastadas por ellos. Todo esto se debe a que las personas no entienden la verdad; se debe a que están profundamente perjudicadas por pensamientos y puntos de vista erróneos y a que son incapaces de practicar de acuerdo con los principios-verdad. Así que, en última instancia, ¿son otras personas las que te están desorientando y corrompiendo, o es Satanás el que lo está haciendo? En resumen, los pensamientos y puntos de vista erróneos que el hombre acepta provienen de Satanás, no de Dios; son cosas negativas, no la verdad. De cara al exterior, parece que has aceptado ciertos pensamientos y puntos de vista de otras personas. Sin embargo, en realidad estos pensamientos y puntos de vista no provienen de Dios, sino de Satanás. Externamente, parece que otras personas te están hablando, pero de hecho, es Satanás quien te inculca estos puntos de vista. ¿Acaso los puntos de vista inculcados en el hombre por Satanás no se propagan también a través del hombre? Si no entiendes la verdad y no puedes defender los principios-verdad, al final acabarás desorientado. Una vez desorientado, serás igual que los monjes ascetas, solo sabiendo cómo sufrir y atenerte a los preceptos todos los días, mientras sigues pensando que estás practicando la verdad. Al final, serás castigado y morirás sin haber obtenido nada. ¿Te parece que vale la pena padecer esta clase de sufrimiento? (No). ¿A dónde lleva en última instancia a las personas padecer tal sufrimiento? (Al infierno). Acaban en el infierno, donde rinden cuentas ante Satanás. ¿Las quería Dios? (No). Tales personas padecieron mucho sufrimiento y se creían muy devotas a Dios, así que ¿cómo terminaron rindiendo cuentas ante Satanás al final? ¿Por qué no las quería Dios? ¿Es esto una lástima? (No, no lo es). Al creer en Dios, si las personas solo se centran en atenerse a los preceptos y sufrir, solo persiguen ganar bendiciones pero no persiguen la verdad, no pueden someterse a Dios, siguen viviendo según actitudes satánicas y continúan siendo de Satanás, entonces, por mucho que tales personas sufran, les será imposible alcanzar la salvación. Todo esto está determinado por la senda que las personas mismas recorren.
Cuando algunas personas ven a alguien con una gran determinación para soportar el sufrimiento —con independencia de si el sufrimiento que esa persona soporta tiene sentido—, anhelan especialmente convertirse en alguien que pueda soportar el sufrimiento. En particular, anhelan convertirse en la clase de persona que puede disciplinar su cuerpo y rebelarse contra su propia carne y contra los deseos extravagantes de esta; sienten una admiración especial por aquellos que son capaces de sufrir. La clase de persona en la que anhelan convertirse parece ser alguien desapegado de la vida mundana y que vive en la nada, sin ambiciones ni deseos humanos, ni aficiones, intereses o siquiera elecciones personales; alguien que no tiene nada de esto en absoluto y carece de deseos y anhelos. En su corazón, admiran particularmente a las personas de este tipo y dicen: “¿Cómo es que no tienen motivos egoístas? ¿Cómo es que no tienen preferencias ni deseos personales y son tan capaces de sufrir? ¿Por qué no puedo sufrir yo? ¡Estoy demasiado profundamente corrompido! Solo puedo decir que mi corrupción es más profunda que la suya”. Una vez que tienen tales pensamientos y puntos de vista, lanzan una ofensiva contra sí mismas: cuando tienen hambre y quieren comer, se frenan y no comen; cuando tienen sed y quieren beber agua, se controlan y no beben; cuando es hora de dormir, deliberadamente no duermen; lo que sea que quieran hacer, deliberadamente no lo hacen, y lo que sea que no quieran hacer, deliberadamente lo hacen; simplemente hacen exactamente lo contrario. No prestan atención en absoluto a lo que se necesita, a lo que se debería hacer, a qué responsabilidades y obligaciones se deberían cumplir ni a qué reglas y principios de vida se deberían observar en lo que respecta a la humanidad normal y, en su lugar, van intencionadamente en contra de estas cosas. Algunas incluso llegan al extremo de vulnerar deliberadamente las reglas y buscar adrede el sufrimiento. Por ejemplo, cuando es hora de descansar por la noche, se obligan a soportar su fatiga y no dormir. Si les gusta la comida dulce, solo comen alimentos picantes o amargos. Al trabajar, eligen específicamente las tareas que no les gustan. Simplemente se entrenan para superar las dificultades y para ser capaces de sufrir; rechazan y se rebelan contra todo lo que necesitan y les gusta, y aceptan todo lo que les disgusta y no necesitan. Sienten que actuar de esta manera es practicar la verdad y que a Dios sin duda le gustará mucho y lo aceptará; piensan que, cuanto mayor sea el sufrimiento que soporten y más incomodidad y dolor sientan, más se alegrará Dios y lo aceptará. Decidme, ¿qué clase de pensamientos y puntos de vista son estos? ¿Acaso no es esto extremo? (Sí). Hay incluso algunas personas que, para sufrir y disciplinar su cuerpo, se sientan frente al ordenador todo el tiempo, tengan cosas que hacer o no, y además se imponen la regla de que deben trabajar doce horas todos los días, con independencia de si esto da resultados o de si son eficientes. No descansan ni siquiera cuando se les nubla la mente y no van al médico ni siquiera cuando caen enfermas. Creen que esto es rebelarse contra la carne, y piensan: “No puedo dejar que esta vieja carne se salga con la suya; la carne no debe sentirse cómoda. Si se siente cómoda, hará cosas malas, así que debo hacerla sufrir. Una vez que sufra, sabrá lo difícil que es para Dios obrar y, una vez que sufra, será capaz de aquietarse ante Dios”. ¿Qué clase de lógica es esta? A juzgar por su empeño, parecen tener un poco de determinación y estar dispuestas a practicar la verdad, pero ¿no están su método y enfoque un poco desviados, un poco llevados al extremo? (Sí). Creen que sufrir representa practicar la verdad y realizar su deber con devoción y de manera eficiente. Piensan que el sufrimiento es el principio-verdad más elevado y la forma de práctica más correcta, y que esto es perseguir la verdad. ¡Esta manera de comprender las cosas es sumamente problemática! Creen que el estándar en el que Dios se basa para juzgar qué desenlace tendrá finalmente alguien es si esa persona puede sufrir y cuánto sufre; creen que esta es la verdad. ¿Es correcto este punto de vista suyo? (No). Entonces, ¿por qué siguen persistiendo en él? (Porque están influenciadas por los pensamientos y puntos de vista erróneos de Satanás). Eso por un lado; también tiene que ver con la comprensión de las personas y sus nociones. Simplemente se sustentan en ilusiones, viven inmersas sus nociones y figuraciones y piensan que el sufrimiento se puede intercambiar por un buen desenlace y destino. Nunca buscan la verdad en este asunto; nunca buscan entender cómo contempla Dios el sufrimiento, qué estándares requiere Él del hombre ni qué sentido tiene que lo haga sufrir. Tampoco reflexionan nunca ni piensan para sus adentros: “¿Está la clase de sufrimiento que estoy padeciendo de acuerdo con los principios-verdad? ¿Es tal sufrimiento un requerimiento de Dios para el hombre? ¿Puede lograr el efecto que Dios pretende lograr por medio de Su obra en el hombre? Al soportar este sufrimiento, ¿puede el hombre lograr un entendimiento de la verdad y de las intenciones de Dios? Si no es así, entonces se demuestra que esta senda es equivocada y debería dar marcha atrás”. Las personas de este tipo sufren porque sus pensamientos y puntos de vista son problemáticos. Tienen muchas nociones y figuraciones humanas sobre el sufrimiento. Esto también tiene que ver con las ambiciones y búsquedas de las personas. Algunas personas quieren intercambiar su sufrimiento por un buen destino; algunas quieren usar el sufrimiento para jactarse de sí mismas y hacer que otros las tengan en alta estima; y algunas quieren usar el sufrimiento para demostrar que han disciplinado su cuerpo y poseen la realidad-verdad, con el objetivo de sustituir la práctica de la verdad por el acto de sufrir. Algunas personas son así porque sus intenciones y ambiciones son problemáticas, y en el caso de otras es porque su comprensión es problemática. Con independencia de dónde radique el problema, si no has logrado un entendimiento de la verdad, entonces el sufrimiento que soportas no tiene ningún valor. Por otro lado, si el sufrimiento que soportas es autoinfligido, entonces simplemente no tiene ningún sentido. Este no es un sufrimiento que Dios haya dispuesto para ti, ni es un sufrimiento que tú, como persona normal, debas soportar en aras de perseguir la verdad. Por tanto, el sufrimiento que soportas no tiene sentido en absoluto. Sufrir en aras de tu destino o en aras del estatus no es adecuado. Es inútil y carece por completo de sentido; Dios no lo aprueba y Él no lo recuerda. Entonces, ¿para qué deberías sufrir a fin de que tu sufrimiento tenga sentido? Sufrir en aras de practicar la verdad, de cambiar tu carácter y de alcanzar la salvación tiene sentido; este es el sufrimiento que debes soportar. Si sufres para salvaguardar tu estatus y satisfacer las nociones y figuraciones humanas, entonces el sufrimiento que soportas no tiene sentido en absoluto; es superfluo. ¿Qué significa “superfluo”? Significa que es del todo innecesario. Te has descarriado y la senda por la que caminas es equivocada. Por mucho que sufras o por muy alto que sea el precio que pagues, Dios simplemente no lo recuerda ni lo aprueba. Debido a que tu sufrimiento no tiene nada que ver con practicar la verdad, con alcanzar la salvación ni con someterse a Dios, Él simplemente no le presta atención. ¿Lo entendéis? (Sí). Esta es la clase de sufrimiento más inútil y carente de sentido.
También existe otra clase de sufrimiento, cuya causa es que el hombre tiene actitudes corruptas. La vida del hombre, su búsqueda y la senda por la que camina se rigen por sus actitudes corruptas. Dado que el hombre tiene actitudes corruptas, inevitablemente tiene rebeldía y resistencia; dado que el hombre tiene actitudes corruptas, sigue viviendo bajo el poder de Satanás. Si el hombre quiere despojarse de sus actitudes corruptas y alcanzar la salvación, necesita aceptar el juicio y castigo de Dios y debe experimentar mucha poda y disciplina, así como las diversas pruebas y el refinamiento dispuestos por Dios. Algunas personas incluso tienen que experimentar algunas grandes tribulaciones. Todo esto es para permitirle al hombre obtener la verdad, despojarse de sus actitudes satánicas y, en última instancia, alcanzar la salvación; este es el proceso necesario para que cualquiera alcance la salvación. Para despojarse de sus actitudes corruptas y alcanzar la salvación, todos los seres humanos corruptos deben soportar una gran cantidad de sufrimiento. Por un lado, cuando revelan actitudes corruptas mientras hacen sus deberes, deben aceptar el juicio y el castigo, la poda y las pruebas y el refinamiento; este es un sufrimiento que se debe soportar. Por otro lado, para realizar bien sus deberes, las personas deben superar ciertos defectos personales y las deficiencias de sus propias condiciones, y necesitan adquirir algunos conocimientos profesionales. Esto también requiere que sufran y paguen un precio. Especialmente cuando las personas hacen sus deberes en entornos peligrosos con unas condiciones de vida precarias, también tienen que soportar algo de sufrimiento. Además, cuando las personas viven inmersas en actitudes satánicas mientras hacen sus deberes, sucede que actúan según su propia voluntad e incluso hacen cosas que causan trastornos y perturbaciones, por lo que necesitan reflexionar sobre sí mismas todos los días y aceptar el juicio y castigo de las palabras de Dios. También tienen que soportar el sufrimiento de ser reprendidas, disciplinadas y refinadas o el de ser reveladas, destituidas y descartadas. Todo este sufrimiento es lo que las personas deben soportar. Si no soportas este sufrimiento, te será muy difícil despojarte en última instancia de tus actitudes corruptas y alcanzar la salvación. Tanto si las palabras de Dios las ponen al descubierto y juzgan, como si los hermanos y hermanas las podan, o se enfrentan a los entornos que Dios dispone para probarlas y refinarlas, todas estas son clases de sufrimiento que las personas deben soportar. Son procesos que todo ser humano corrupto debe experimentar para alcanzar la salvación, y todos ellos tienen sentido y son valiosos. El propósito de soportar estas clases de sufrimiento es que, en última instancia, puedas alcanzar la salvación y ser ganado por Dios. Esto simplemente no es ninguna clase de capital personal, porque no estás soportando este sufrimiento por el bien de otras personas. Haces tu deber para ti mismo, practicas la verdad para ti mismo y te entregas a Dios y soportas toda clase de sufrimiento por tu propio bien. Además, el hecho de que practiques la verdad para resolver tus actitudes corruptas, te rebeles contra tus ambiciones y deseos, te desprendas de tus diversas preferencias y exigencias, etcétera, todo esto es para que, en última instancia, puedas alcanzar la salvación, lograr la sumisión a Dios y convertirte en una persona que adora a Dios. Soportas este sufrimiento para que al final puedas sobrevivir y convertirte en un miembro de la nueva especie humana; aunque es valioso, no es una contribución a Dios. ¿Por qué digo que no es una contribución? Porque el sufrimiento que soportas no es ninguna clase de capital personal; lo soportas por entero por tu propio bien. Es igual que comer y beber: comes y bebes solo para poder sobrevivir. Cada actividad en la que participas durante tu vida diaria es para mantener tu vida física y tu supervivencia. No es por el bien de otras personas, sino solo por ti mismo. Por tanto, aunque soportes mucho sufrimiento y experimentes algunos procesos difíciles, esto no significa que hayas adquirido alguna clase de capital personal. No vale la pena mencionarlo; es lo que debes soportar. No puedes decir: “¡Cuando como, lo hago por Dios, y vivo mi vida por Dios!”. No haces estas cosas por Dios; las haces por ti mismo. No hay nada de lo que jactarse en esto. Así pues, algunas personas siempre dicen que, en aras de creer en Dios y hacer su deber, han renunciado a sus trabajos y abandonado sus estudios, o hablan sobre cuánta poda han soportado, cuántas lágrimas han derramado a escondidas y cuánto han sufrido en secreto. Siempre mencionan estas cosas, y piensan que la gran cantidad de sufrimiento que han soportado en aras de hacer su deber y alcanzar la salvación es una forma de capital personal. Esto es completamente erróneo. Los humanos corruptos deben sufrir para alcanzar la salvación; es correcto que sufras. ¿Por qué es correcto? Porque Satanás te ha corrompido muy profundamente, posees actitudes corruptas y tienes una naturaleza satánica. Si has de alcanzar la salvación y ser capaz de aceptar la verdad y de lograr un entendimiento de cuán profundamente has sido corrompido, debes soportar una gran cantidad de dolor; en particular, despojarte de tus actitudes corruptas requiere soportar aún más dolor. Es igual que una mujer al dar a luz: debe pasar por los dolores de parto y soportar el sufrimiento del alumbramiento. No puedes escapar de ello aunque quisieras. El sufrimiento que soportas para alcanzar la salvación es algo que soportas por tu propio bien; no puedes decir que estás soportando dolor por Dios. Soportas el juicio y el castigo, la poda, y las pruebas y el refinamiento, todo en aras de tu propia salvación. Este es el sufrimiento que debes soportar, y es un proceso necesario. Así pues, no te jactes de cuánto has sufrido para hacer tu deber, cuánto has padecido para alcanzar la salvación, cuánto trabajo has hecho para la casa de Dios, cuánto has corrido de un lado a otro por Dios o a cuántas personas has ganado al predicar el evangelio. Nada de esto equivale a tener capital personal y de ninguna manera deberías atribuirte el mérito de estas cosas. Ni siquiera sabes si has obtenido la verdad, como tampoco sabes si tu carácter ha cambiado, pero siempre intentas atribuirte el mérito de tales cosas. Esta es una manifestación de no tener razón en absoluto. Si te atribuyes el mérito, Dios podría recompensarte cien veces más ahora mismo, dándote una vida materialmente abundante y comodidad carnal y permitiéndote disfrutar de la gloria y las riquezas del mundo humano. Sin embargo, si crees en Dios meramente para recibir estas cosas a cambio y no persigues la verdad, entonces no podrás despojarte de tus actitudes corruptas y no serás capaz de alcanzar la salvación. Puedes disfrutar de esta vida, pero Dios no te permitirá entrar en el mundo venidero. En cambio, si no crees en Dios para disfrutar de esta vida, sino para alcanzar la salvación y convertirte en un miembro de la nueva especie humana, así como para despojarte de tus actitudes corruptas y convertirte en un ser creado que adora a Dios, entonces el sufrimiento que soportas es el que debes soportar, y no vale la pena mencionarlo más allá de eso. Sacarle el tema a cualquiera sería una manifestación de no tener razón en absoluto. El objetivo, el valor y el sentido de tu sufrimiento son que tú mismo alcances la salvación; no hay nada de lo que jactarse en esto. ¿No es así? (Sí). Algunas personas siempre hablan de cuánto han corrido de un lado a otro y sufrido desde que empezaron a creer en Dios, y de cuánta poda, juicio y castigo han experimentado. Siempre están alardeando de la “crónica gloriosa” de su sufrimiento. Déjame decirte: ¡esto es vergonzoso, repugnante y nauseabundo! Todas estas son cosas que debes hacer y soportar. No deberías intentar hacerte valer. No te has ganado ningún mérito ante nadie. Incluso si haces trabajo de iglesia, liderándola, y brindas algo de apoyo y ayuda a las personas, eso es meramente parte de tu responsabilidad y lo que debes hacer. ¿Por qué es así? Por un lado, estás haciendo el deber de un ser humano; por otro lado, incluso si apoyas, ayudas y provees a las personas, eso es solo cumplir con tus obligaciones como ser humano después de entender la verdad, lo que permite que otros se beneficien de ella. Sin embargo, la verdad no es tuya; proviene de Dios. Simplemente la has transmitido y compartido. La verdad no es tu propiedad privada; es la vida de Dios y Su provisión. Así pues, cuando haces trabajo de iglesia para apoyar y ayudar a las personas, eso no es ninguna clase de mérito; estás cumpliendo con una obligación y una responsabilidad. Si lo haces bien, simplemente estás cumpliendo con tu obligación y posees un poco de conciencia y razón. No hay nada de lo que jactarse en esto. Si no lo haces bien, deberías examinarte y reflexionar sobre ti mismo. Por muchas personas a las que hayas liderado alguna vez al hacer trabajo de iglesia o a las que hayas apoyado y ayudado en alguna ocasión, a los ojos de Dios, estas son meramente buenas obras que Él recuerda. Sin embargo, en lo que respecta a las personas, no te has ganado ningún mérito ante ellas en absoluto. Incluso si al hacer este trabajo pagaste un gran precio, soportaste mucho sufrimiento y perdiste muchas horas de sueño sin que nadie lo viera, y algunos de vosotros incluso caísteis enfermos y soportasteis el tormento de la enfermedad, esto no significa que te hayas ganado ningún mérito. Todo este sufrimiento es lo que los humanos corruptos deben soportar para obtener la verdad antes de poder alcanzar la salvación; no vale la pena jactarse de ello en lo más mínimo. Por tanto, no deberías exigir gloria ni mérito por ello. He compartido la verdad con vosotros y os he provisto durante muchos años, y sin embargo no siento que me haya ganado ningún mérito ante vosotros. Tú, entretanto, simplemente has entendido la verdad a través del sufrimiento y de pagar un precio, y luego la has compartido con otros; ¿significa esto que te has ganado algún mérito? Incluso si tus acciones han sido de alguna ayuda para otros, eso es meramente el resultado logrado por las palabras de Dios y por la verdad. Si Dios no hubiera expresado estas palabras o estas verdades, ¿de qué dispondrías para ayudar a las personas? Lo único que les impartirías sería corrupción y nociones y figuraciones humanas; sería imposible que fuera la verdad. La verdad solo puede provenir de Dios. Dios es la fuente de la verdad, y Él es la fuente que provee vida a la especie humana. Recibes una gota de agua de Dios, de la fuente, y luego la compartes con otras personas. Aunque eso sacie su sed, simplemente has cumplido con tu responsabilidad y obligación. Para esas personas, no es en absoluto ninguna clase de gracia, favor, concesión o provisión; en el mejor de los casos, es meramente ayuda. Solo has cumplido con la responsabilidad que un ser creado debe cumplir. A través de tus experiencias, compartes y transmites las palabras de Dios y Sus intenciones a otros, lo que les permite recibir sustento y provisión de ellas. Así pues, a Mis ojos, cualquier sufrimiento que soporten los humanos corruptos durante el periodo en el que están aceptando la verdad y alcanzando la salvación es lo que deben soportar. Dado que el hombre tiene actitudes corruptas y ha sido devastado, corrompido y pisoteado severamente por Satanás y este le ha inculcado sus diversos pensamientos, puntos de vista, herejías y falacias con los que también lo ha influenciado, es difícil para los seres humanos aceptar la verdad. El proceso de un ser humano de aceptar la verdad y alcanzar la salvación es como el de un paciente gravemente enfermo que recibe tratamiento: debe soportar sufrimiento, sin el cual no puede curarse. Para alcanzar la salvación, los humanos corruptos deben aceptar la verdad, el juicio y el castigo, y las pruebas y el refinamiento. Solo al soportar una gran cantidad de sufrimiento pueden, en última instancia, experimentar una transformación profunda y convertirse en miembros de la nueva especie humana. Sin pasar por diversos entornos de sufrimiento, es imposible que el hombre acepte la verdad con tanta naturalidad y como algo lógico. Las actitudes corruptas del hombre están profundamente arraigadas y ya se han convertido en su vida. Así pues, el hombre debe aceptar el refinamiento de diversas clases de sufrimiento y soportar una gran cantidad de dolor para rebelarse contra sus actitudes corruptas y contra diversas ambiciones y deseos humanos, desprenderse de diversos pensamientos y puntos de vista humanos falaces y aceptar la verdad. Lo que el hombre obtiene a cambio de este sufrimiento es la salvación y el despojo de sus actitudes corruptas; lo que obtiene es la sumisión a la verdad y la adoración genuina a Dios; lo que obtiene es el reconocimiento de Dios hacia él, un ser creado. Por tanto, este sufrimiento es de sumo valor. Sin importar qué clase de sufrimiento soportes para despojarte de tus actitudes corruptas, recuerda una cosa: este es el sufrimiento que debes soportar, y no deberías pregonarlo por todas partes. Si este sufrimiento es lo que soportas de buena gana y lo que debes soportar, entonces deberías abordarlo correctamente y aceptarlo de parte de Dios. Deberías convertirlo en tu propia apreciación genuina y en experiencias maravillosas y compartirlo con otros a través de texto o de palabras, en lugar de hablar sobre tus experiencias de sufrimiento para presumir y conseguir capital personal para ti mismo. Por mucho que sufras, no es tu capital personal ni significa que tengas antigüedad. Dios no determina si una persona al final está cualificada para alcanzar la salvación basándose en cuánto sufre. ¿Es correcto contemplar el sufrimiento de esta manera? (Sí). Decidme, ¿concuerdan con la verdad estos pensamientos y puntos de vista relativos al sufrimiento de los que he hablado, los cuales debería poseer el hombre? (Sí). ¿No debería contemplarse el sufrimiento de esta manera? (Sí). Si puedes contemplar las cosas de esta manera, habrá racionalidad y humanidad en tus acciones, y tu carácter arrogante disminuirá bastante. Primero acepta los pensamientos y puntos de vista correctos, y luego usa estos pensamientos y puntos de vista como punto de comparación frente a tu propia corrupción y para resolverla. A medida que hagas las cosas, practica de acuerdo con los principios de práctica de estos pensamientos y puntos de vista, y tus actitudes corruptas se resolverán sin que te des cuenta. Muchas veces, una persona se despoja de sus actitudes corruptas al aceptar un pensamiento y punto de vista correctos y experimentar primero un cambio en sus puntos de vista y, más tarde, un cambio gradual en su manera de actuar y en sus revelaciones de carácter.
Respecto a la cuestión del sufrimiento, primero debes tener los pensamientos y puntos de vista correctos y estar seguro de en qué consiste el sufrimiento, por qué sufres y si el objetivo y la dirección de tu sufrimiento son correctos. Si tienes los pensamientos y puntos de vista correctos sobre el sufrimiento, lo soportas para poder despojarte de tus actitudes corruptas y atenerte a los principios-verdad y, al soportar este sufrimiento, sigues el camino de Dios, entonces este sufrimiento es una obligación que debes cumplir como ser creado. Es la práctica que debes tener y también es tu deber; es lo que debes hacer como un verdadero ser creado. Esta es una responsabilidad que no puedes eludir; es decir, este sufrimiento es lo que debes soportar. Es igual que los padres, que cuando tienen hijos, deben criarlos; criarlos hasta la edad adulta es responsabilidad de los padres. Por mucho sufrimiento que soporten durante la crianza de sus hijos, esta es la responsabilidad que los padres deben cumplir, y no hay nada de lo que jactarse en esto. Así es como las personas han criado a sus jóvenes generación tras generación. Para criar a los hijos, uno debe soportar este dolor, lo cual es en sí mismo una responsabilidad. Para alcanzar la salvación, practicar la verdad, defender los principios-verdad y mantenerse firme en el testimonio, las personas también tienen que soportar mucho sufrimiento. Sin embargo, una cosa es segura: este sufrimiento no es en absoluto un sacrificio inútil ni es un sufrimiento carente de sentido, sino que tiene sentido y es valioso. Si el objetivo de tu sufrimiento es dar testimonio de Dios, salvaguardar la existencia de la verdad, de las cosas positivas y de las causas rectas y defender los principios-verdad y así mantenerte firme en tu testimonio, entonces el sufrimiento que soportas es valioso y tiene sentido. Si el objetivo de tu sufrimiento es correcto y positivo, entonces este sufrimiento es lo que debes soportar. ¿Qué significa que es lo que debes soportar? Significa que es una responsabilidad que debes asumir y una obligación que debes cumplir como ser humano y como ser creado bajo el dominio de Dios; en pocas palabras, estás “obligado por el deber”. ¿Qué significa estar obligado por el deber? Significa hacer algo sin exigir nada, sin intentar hacer ningún trato y sin buscar mérito alguno; es simplemente lo que debes hacer. Es igual que cuando Dios le encargó a Noé construir el arca. Noé pagó el precio de ciento veinte años para construir el arca, pero ¿ante quién intentó atribuirse el mérito? No intentó atribuirse el mérito ante nadie. ¿Cuánto sufrimiento soportó mientras construyó el arca durante esos ciento veinte años? Por mucho que sufriera, a los ojos de Dios, cualquier sufrimiento que soportara al aceptar esta comisión era lo que debía haber soportado. Esto se debe a que era un ser humano, y tenía que aceptar este dolor al tiempo que asumía esta responsabilidad, y este dolor y su responsabilidad aparecieron al mismo tiempo y transcurrieron simultáneamente. Como ser humano, una vez que has aceptado la comisión de Dios, debes aceptar toda clase de dolor que esta implique; estás obligado por el deber a hacerlo. Al final, ¿qué obtuvo Noé a cambio de su sufrimiento? Pudo sobrevivir en el arca y convertirse en el antepasado de la siguiente generación de la especie humana; intercambió su sufrimiento por la supervivencia. Por tanto, por mucho que sufriera mientras construía el arca, nunca sintió que fuera una contribución a la especie humana o a Dios. Tenía racionalidad; nunca dijo tales cosas. Sintió que era la salvación de Dios y Su gracia. La especie humana de hoy también debería tener esta actitud. Si de buena gana haces tu deber y aceptas la salvación de Dios y, sin importar qué deber hagas o cuánto sufras ni lo que experimentes al hacer tu deber, tu objetivo es cumplir la comisión y el deber que te ha dado el Creador y alcanzar la salvación, entonces, ¿qué sufrimiento no deberías soportar? Cualquier sufrimiento que soportes es una responsabilidad y obligación que debes cumplir. En pocas palabras, es tu responsabilidad y obligación soportarlo; no vale la pena jactarse de ello. Las personas siempre piensan: “He sufrido y pagado un precio. Debo elogiarme a mí mismo; debo hacérselo saber a Dios y contárselo a las personas, para que estas tengan una buena impresión de mí en su corazón y para tener un alto estatus y prestigio entre la gente”. Esto es superfluo e innecesario. A través del sufrimiento, ya has obtenido lo que debías haber obtenido. La verdad y la vida que Dios te concede son las cosas más preciadas. Ningún prestigio, estatus o alta estima de los demás se puede comparar con la verdad que has obtenido. Puesto que ya has obtenido la cosa más preciada, ¿sigue habiendo alguna necesidad de jactarte de tu sufrimiento y del precio que has pagado para lograr que otros te tengan en alta estima? No hay necesidad de eso. Puesto que sufres y pagas un precio para obtener la verdad y alcanzar la salvación, no deberías jactarte de soportar este sufrimiento. Aquellos con conciencia y racionalidad tratarán este asunto correctamente. Es más, si llegas a entender más verdades a través del sufrimiento y logras comprender las intenciones de Dios con mayor precisión, le darás las gracias a Dios por disponer estos entornos para ti y estarás agradecido por el sufrimiento que soportaste. Dirás: “Afortunadamente, existieron esos entornos de sufrimiento. Afortunadamente, existieron esas enfermedades, decepciones, reveses, destituciones, poda, y juicio y castigo dispuestos por Dios. Afortunadamente, he tenido estas cosas para acompañarme”. Si no tuvieras estos entornos de sufrimiento acompañándote, te sería imposible tener las ganancias que tienes hoy. Debes darle las gracias a Dios, en lugar de tratar el sufrimiento como un capital que puedes usar para atribuirte el mérito y relatarlo ante los demás. Como ves, cuando el hombre tiene un entendimiento preciso de un determinado tipo de cosa que está de acuerdo con la verdad, sus puntos de vista sobre tal cosa serán acertados, su postura será correcta y su racionalidad se volverá normal. La causa raíz de la anormalidad en la racionalidad del hombre es que sus opiniones, puntos de vista, posturas y perspectivas sobre muchas cosas son falaces y se basan en los pensamientos y puntos de vista que Satanás inculca en el hombre. Por tanto, usas pensamientos y puntos de vista falaces y contemplas estas cosas desde una perspectiva falaz. Siempre sientes que, cuando has sufrido, has sido profundamente agraviado y se han aprovechado de ti; siempre quieres hacerte valer, desahogar tus quejas con alguien y que los demás te tengan en alta estima, así como obtener una sensación de satisfacción gracias a esa alta estima. Sin embargo, ahora que reconoces el valor y el sentido del sufrimiento, puedes aceptar correctamente el sufrimiento que proviene de Dios y ya no eres reacio a él. Cuando vuestra estatura aumente un poco más y vuestra vida crezca en cierta medida, algunos de vosotros oraréis como lo hizo Pedro, pidiendo que el castigo y el juicio de Dios nunca os abandonen. ¿Tenéis esa estatura ahora? (Todavía no, pero estamos dispuestos a esforzarnos por ella). Simplemente seguid persiguiendo la verdad y esforzándoos por ella. A medida que entendáis más de la verdad, la manera en que contempláis las cosas internamente cambiará poco a poco y vuestra vida crecerá gradualmente.
Algunas personas contraen enfermedades poco comunes o difíciles de curar en el transcurso de hacer sus deberes. Al experimentar estas enfermedades, en última instancia obtienen algo. Con independencia de si la enfermedad empeora, se mantiene igual o se cura, en resumen, lo que finalmente obtienen de experimentar este sufrimiento es un entendimiento de las intenciones de Dios y conocimiento de sus propios problemas en diversos aspectos. Ya no tratan a Dios y a la verdad con las actitudes y métodos erróneos que solían usar. Esta ganancia es algo que no puedes obtener a través de ninguna otra clase de experiencia; solo se puede alcanzar a través del sufrimiento. En ese momento, estarás agradecido por esa enfermedad y dirás: “Afortunadamente tuve esa enfermedad; de lo contrario, me sería imposible tener tales ganancias”. Así pues, cuando compartas y pongas en común esta experiencia con otros, estarás hablando sobre lo que obtuviste de tu experiencia, lo que cosechaste de ella y qué verdades deberían entender las personas a partir de tal experiencia, en lugar de enfatizar el sufrimiento que soportaste. No te estarás exaltando ni dando testimonio de ti mismo ante los demás sobre cuánto sufriste, lo angustioso que fue y cómo, en última instancia, llegaste a tener la determinación de sufrir. No lo estarás haciendo para dar testimonio de ti mismo y elogiarte, sino más bien para compartir tus propias experiencias y dar testimonio de Dios. La cuestión del sufrimiento debe comprenderse de esta manera. Lo principal es cuál es tu objetivo al sufrir y cuál es el valor y el sentido de tu sufrimiento. Pero, sea cual sea, independientemente del sufrimiento que soporten las personas y de cuánto sufran, su sufrimiento nunca puede ser una forma de capital personal para ellas. Además, los humanos corruptos viven en la carne. Aunque no creas en Dios, ¿acaso no sufres para sobrevivir entre las personas? (Sí, también tenemos que sufrir por esto). ¿Es posible que la carne no sufra en absoluto? (No). Aunque uno no crea en Dios, igualmente tiene que soportar mucho sufrimiento. En la búsqueda personal de fama, provecho, estatus, éxito académico y riqueza, así como en la crianza de los hijos y demás; todas estas cosas conllevan sufrimiento. ¿Quién no sufre? Al vivir en este mundo humano, las personas deben soportar sufrimiento, es solo que algunos sufrimientos carecen de valor. No tiene valor la clase de sufrimiento en el que las personas van de un lado a otro en aras de la supervivencia y por fama y provecho, compitiendo entre sí, intentando excluirse las unas a las otras y tendiéndose trampas mutuamente. Al final, cuando por fin logran conseguir su fama, provecho y estatus, siempre están preocupadas por perderlos, y soportan más sufrimiento para no perder su estatus. Con mucha dificultad, conservan su estatus, pero terminan física y mentalmente exhaustas y emocionalmente agotadas. En este mundo, tanto los ricos como los pobres sufren. Los ricos tienen sus propias miserias, y los pobres también tienen las suyas. En resumen, no es fácil vivir en este mundo humano; todo el mundo sufre. Las personas que creen en Dios sufren relativamente menos en términos de su vida y supervivencia, porque después de aceptar la verdad, muchos de sus pensamientos y puntos de vista se vuelven diferentes a los de los no creyentes, son capaces de desprenderse de muchas cosas y ya no hacen esos sacrificios inútiles ni participan en luchas vanas; por tanto, sufren relativamente menos a este respecto. Son capaces de contentarse con solo tener comida y ropa; pasan el resto de su tiempo persiguiendo la verdad, persiguiendo la salvación y cumpliendo su deber como seres creados, ¿verdad? (Verdad). Las personas tienen que soportar algo de sufrimiento en aras de su vida carnal: deben sufrir los dolores de la fatiga y la enfermedad, la tentación de diversas tendencias malvadas en el mundo, el rechazo y las peleas y contiendas entre las personas; deben soportar todo este sufrimiento. Además, algunas personas viven en la pobreza y no tienen dinero para tratamiento médico cuando caen enfermas. Muchas cosas no salen como desean y a menudo se sienten impotentes, pero soportan todo este sufrimiento. Las personas sufren de una forma u otra, pero por mucho sufrimiento que soportes por el bien de la carne, es merecido; es lo que debes soportar. Si quieres vivir, tienes que sufrir. Aunque el sufrimiento que soportan las personas que creen en Dios es en cierto modo similar en forma al sufrimiento que soportan los no creyentes, lo que los creyentes obtienen en última instancia es la verdad, así como la adoración y la sumisión a Dios. Este sufrimiento, entonces, es increíblemente valioso y tiene sentido. Deberías darle las gracias a Dios por disponer estos entornos de vida llenos de sufrimiento para ti, lo que hace que puedas extraer lecciones y aprender a someterte a Dios y mantenerte firme en tu testimonio cada vez que experimentas sufrimiento, en lugar de usar la experiencia del sufrimiento como capital con el cual alardear y exaltarte a ti mismo. El tipo de personas que siempre se exaltan a sí mismas y dan testimonio de sí mismas hablando sobre el sufrimiento que han soportado para ganarse la alta estima de los demás son vergonzosas. Las personas que carecen de razón no hacen más que cosas vergonzosas. Cuando las personas con razón hacen algo que carece de razón, se sienten avergonzadas, le ponen fin y no van más allá, ¿verdad? (Sí).
He compartido mucho respecto a la cuestión del sufrimiento. ¿Os ha sido de ayuda que comparta de esta manera? (Sí). ¿Cómo os ha ayudado? (Después de oír la enseñanza de Dios, entendí que las clases de sufrimiento que soporta la carne son lo que el hombre debe soportar, y que el sufrimiento de experimentar el juicio y el castigo, la poda, las tribulaciones y las pruebas, etcétera, también es lo que el hombre debe soportar. Esto se debe a que el hombre tiene actitudes corruptas satánicas y, si el hombre no soporta este sufrimiento, no se puede despojar de sus actitudes corruptas. Además, Dios acaba de mencionar que cualquier sufrimiento que el hombre soporte para cumplir su deber como ser creado es su obligación y responsabilidad, y no debería usar esto como capital para intentar atribuirse el mérito ante Dios. Después de la enseñanza de Dios, siento que ahora puedo contemplar el sufrimiento de manera racional). Después de compartir así, algunas personas que siempre persiguen el sufrimiento se liberarán. Los hay que siempre piensan: “Debo sufrir, o de lo contrario los hermanos y hermanas me menospreciarán y no me elegirán como líder u obrero la próxima vez. Debo ser capaz de aparentar y aprender a sufrir delante de los demás”. No necesitas aparentar. Si tienes tiempo para hacer eso, sería mejor que lo pasaras leyendo más de las palabras de Dios, entendiendo más de la verdad, cumpliendo tus responsabilidades y obligaciones y realizando bien tus deberes, para en última instancia cosechar ganancias en términos de la verdad. Con independencia de si los demás te tienen en alta estima, si tú mismo has cosechado ganancias en términos de la verdad y te has despojado de tus actitudes corruptas —y finalmente te ganas la oportunidad de salvarte y la aceptación del Creador—, esto es lo más valioso; esto es lo que elegiría una persona inteligente. Si siempre aparentas delante de los demás para hacer que te tengan en alta estima y constantemente te atribuyes el mérito y buscas recompensas frente a los demás, dando testimonio de cuánto has sufrido, cuántos agravios has soportado, cómo te has entregado a Dios, cuánto precio has pagado y cuánto has ofrendado, entonces esta es una manera necia de hacer las cosas. Puesto que has pagado un precio tan grande y has ofrendado y sufrido tanto, entonces comparte con todos tus experiencias de soportar ese sufrimiento y pagar ese precio, así como lo que has obtenido de ello, para que todos puedan sacar algún beneficio y encontrar una senda de práctica. Deberías presentar los resultados que has obtenido y cosechado: qué aspectos de las intenciones de Dios has entendido y qué aspectos de la verdad han arraigado en ti y se han convertido en tu vida. Deberías compartir y poner en común estas cosas. Cuando los hermanos y hermanas no entienden cierto aspecto de la verdad o no saben cómo actuar de acuerdo con los principios-verdad en determinado asunto, deberías compartir tus experiencias personales para brindarles ayuda y guía. Puesto que has sufrido tanto, debes haber obtenido bastante, así que compártelo; muchas personas quieren recibir tu ayuda. No hace falta que hables sobre el proceso de tu sufrimiento ni sobre cuánto has sufrido. Simplemente habla sobre qué aspectos de la verdad has llegado a conocer después de sufrir. Usa tu conocimiento y lo que has obtenido para llevar a las personas ante Dios y resolver sus conflictos con Dios y sus pensamientos y puntos de vista incorrectos hacia Él. Llevarlas ante Dios es llevarlas a la realidad-verdad. Esto es todo lo que se te pide; mira a ver si puedes lograrlo. Si puedes, entonces has cumplido tu responsabilidad y obligación, y tu sufrimiento es valioso y tiene sentido. Si ni siquiera puedes cumplir este requerimiento, entonces simplemente mantén la boca cerrada; el sufrimiento que soportaste es inútil. Si siempre estás hablando de cuánto has sufrido, estás alardeando y revelando corrupción; estás dando testimonio de Satanás, de las actitudes corruptas y de los pensamientos y puntos de vista de Satanás; estás desorientando a las personas y causando perturbaciones. Si dices que has sufrido mucho y pagado un gran precio, que has sido juzgado, castigado, podado y disciplinado por las palabras de Dios y que has experimentado mucho dolor y refinamiento, entonces deberías tomar las experiencias adquiridas en ese periodo de sufrimiento —cómo te sometiste, cómo fuiste capaz de tratar las palabras de Dios con pensamientos, puntos de vista y actitudes correctos, cómo aceptaste el juicio y el castigo de las palabras de Dios y cómo buscaste la verdad para salir del dolor y el refinamiento— y hablar sobre ellas y compartirlas con todos. Mucha gente está hambrienta y sedienta de justicia, esperando oír estas cosas. La mayoría de las personas saben, sin que nadie tenga que enseñarles, cómo sufrir, cómo pagar un precio, cómo presumir y dar testimonio de sí mismas después de sufrir y pagar un precio, y demás. Todas saben cómo presumir y alardear de sus méritos. ¿Cuáles son las únicas cosas que no entienden? No entienden qué manera de actuar es practicar la verdad y hacer las cosas de acuerdo con los principios-verdad ni qué manera de actuar es distorsionada; qué manera de actuar satisface las intenciones de Dios ni qué manera las vulnera; qué pensamientos y puntos de vista incorrectos tienen las personas en su interior; cómo conocerse y diseccionarse a sí mismas cuando se encuentran con cosas y revelan corrupción; ni qué manera de actuar significa que han dado un giro y cuál significa que han cambiado y crecido. Estas son las cosas de las que carece la mayoría de las personas. Según la naturaleza humana, lo que la vida que hay dentro de las personas revela y vive de manera natural es el hecho de exaltarse a uno mismo, dar testimonio de uno mismo y alardear para hacer que los demás lo tengan a uno en alta estima; esto es en lo que las personas son mejores y más expertas. No hay necesidad de que compartas o pongas en común las cosas en las que las personas son más expertas; comparte algunas de tus experiencias, tu conocimiento y tu apreciación respecto a las palabras de Dios. Estas son las cosas que las personas necesitan. Comparte algo que las personas necesiten, temas que sean útiles para su práctica, sus experiencias y su consecución de la salvación, y que las ayuden a resolver sus conflictos con Dios. Esto es valioso. Dices que has sufrido mucho, que has dedicado gran cantidad de energía y mucha sangre de tu corazón en tu sufrimiento, y que también tienes sumisión, así que, ¿qué has obtenido? Dilo en voz alta para que todos puedan oírlo. Compartir con todos tu conocimiento y apreciación respecto a la verdad —lo cual necesitan las personas— es muy bienvenido. Es lo que las personas necesitan. Hacerlo es una verdadera buena obra y es tu responsabilidad y obligación. Si, por presumir, das testimonio sobre qué clases de sufrimiento has soportado y alardeas del capital que crees que tu sufrimiento te ha proporcionado para lograr que las personas te tengan en alta estima y te adoren, esto es una desviación de las intenciones de Dios. Hacer esto no es tu responsabilidad ni tu obligación; más bien, es una manifestación de haber perdido tu conciencia y razón. Si realmente no puedes contenerte y quieres alardear, puedes hablar un poco de ello con unos cuantos individuos para satisfacer tu vanidad, pero deberías saber cuándo parar. Asegúrate por completo de no pregonarlo descaradamente en entornos públicos; a esto se le llama ser ostentoso y ponerse en ridículo. ¿Qué significa ser ostentoso y ponerse en ridículo? Equivale a desnudarse en público para que la gente te mire; así de repugnante es. ¿Qué clase de personas hacen tal cosa? Es algo que hacen las personas con enfermedades mentales, las personas que no tienen sentido de la vergüenza ni racionalidad. Si tienes razón, en absoluto debes hacer esta clase de cosas. El sufrimiento es lo que debes soportar, pero ¿qué has obtenido después de sufrir? No te lo guardes; deberías compartirlo sin reservas con todos los hermanos y hermanas que siguen a Dios y persiguen la verdad. Si lo compartes, Dios te bendecirá, y Él te concederá más. Si no hablas de temas relacionados con las experiencias de vida y con dar testimonio de Dios, sino que siempre hablas de cómo sufriste y pagaste un precio y de cuánto capital tienes, presentando siempre una versión pulida de ti mismo a los demás, elevando tu imagen y aumentando tu perfil, hablando y actuando en aras de tu propia fama, provecho y estatus, y alardeando descaradamente por todas partes, entonces Dios no solo no te bendecirá, sino que Él incluso te quitará lo que tenías originalmente. La razón de esto es que Dios no acepta ni reconoce tus acciones, sino que las condena. Por eso os digo que en absoluto debéis elegir esa senda. Por mucho que hayas sufrido, y con independencia de si ese sufrimiento es o no lo que debías haber soportado o de si sufriste de buena gana o pasivamente por impotencia, en absoluto debes tratar tu sufrimiento como capital del que alardear. Y nunca hables sobre cuánto has sufrido como si fuera la verdad para lograr que las personas te tengan en alta estima o para hacer que emulen tu determinación para sufrir, tu manera de sufrir o tu actitud hacia el sufrimiento. Nunca hagas esto; esto sería seguir tu propia senda. Dios nunca se fija en cuánto sufre uno. Él solo se fija en cuánto sufrimiento experimentas, cuántos agravios soportas y cuán gran precio pagas en aras de la verdad, de defender la rectitud, de salvaguardar la obra de Dios, de realizar bien tu deber, de someterte a los arreglos de Dios y a la verdad y de atenerte a los principios-verdad. Él se fija en cuáles son tus objetivos, intenciones y motivos para sufrir, en lugar de en cuán grande es tu sufrimiento o cuánto sufres. Si tu objetivo al sufrir es salvaguardar tu propio orgullo y tus intereses personales, entonces tu sufrimiento no vale ni un céntimo. Si sufres para salvaguardar los intereses de la casa de Dios, aunque simplemente digas una sola frase que termine ofendiendo a algunas personas pero salvaguarde los intereses de la casa de Dios y sea beneficiosa para el trabajo de la iglesia, entonces esta sola frase será recordada por Dios. Él considerará esta frase como algo preciado y te concederá más, dándote fe para hacerte fuerte, de modo que, cuando te encuentres con cosas, no temas a las personas malvadas ni a las fuerzas hostiles. Él te dará claridad mental y te permitirá tener conocimiento, perspectiva, luz y esclarecimiento respecto a la verdad. Como puedes ver, ¡la bendición de Dios es muy grande!
Lo que acabamos de compartir son los pensamientos y puntos de vista correctos respecto al sufrimiento. No importa cómo solías actuar ni cómo solías contemplar el sufrimiento; cuando entiendas las verdades relativas a este, deberías dar un giro, aceptar los pensamientos y puntos de vista correctos y enderezar tus intenciones y objetivos, usando los pensamientos y puntos de vista correctos para guiar los principios, las formas y la dirección de tus acciones. De esta manera, serás capaz de obtener la verdad. Si la mentalidad de uno no es correcta y no acepta la verdad en absoluto, y solo habla de las palabras y doctrinas que entiende para alardear y presumir a fin de que las personas lo tengan en alta estima, y actúa como le place al hacer las cosas, sin cambiar en absoluto a pesar de llevar años creyendo en Dios, entonces se trata de alguien que no ama ni acepta la verdad. Las personas que aceptan la verdad acogen los pensamientos y puntos de vista correctos y se los toman en serio después de oírlos. Cuando se encuentran con cosas, usan la verdad como criterio para regular su comportamiento y para corregir sus intenciones equivocadas y sus pensamientos y puntos de vista falaces. Luego usan los pensamientos y puntos de vista correctos como principios y como senda de práctica para frenarse y dirigir su comportamiento. Al final, lo que vivan y revelen ya no serán actitudes corruptas, sino que estará en consonancia con los principios-verdad, lo que demuestra que han experimentado un cambio verdadero. ¿Acaso no es esto algo bueno? (Sí). Así es exactamente como las personas deberían perseguir la verdad. Una vez que entiendas la verdad, las palabras de Dios ostentarán el poder en tu corazón de manera natural; es decir, las palabras de Dios se convertirán en la vida en tu interior y serás capaz de vivirlas. Cuando las palabras de Dios toman el mando en tu interior y ya no son tus actitudes corruptas las que llevan las riendas, entonces tienes la verdad como tu vida y eres alguien amado por Dios. ¿Son felices aquellos a quienes Dios ama? (Sí). Su felicidad es totalmente merecida; aunque sufran, sigue siendo un honor. Lo que experimentan es sufrimiento, pero lo que obtienen es algo dulce. Aunque esta felicidad pueda estar actualmente fuera de tu alcance, o tal vez ser incluso muy remota, si persigues diligentemente en esta dirección, tarde o temprano llegará un día en el que coseches esta alegría y sientas esta felicidad, y esta alegría y felicidad ya no serán tan remotas para ti. Simplemente esfuérzate y persigue este objetivo. Tarde o temprano llegará un día en el que la verdad se convierta en tu vida y en el que las actitudes corruptas ya no te controlen ni te aten, y entonces pensarás: “¡Soportar este sufrimiento vale la pena! Antes, cuando sufría, era angustioso y doloroso, y pensaba que el sufrimiento era algo difícil. Sufría un poco y luego pensaba que tenía capital. Ahora siento que el sufrimiento no es capital en absoluto ni vale nada. Tengo actitudes corruptas, así que debo sufrir. Es bueno sufrir un poco; la carne debe sufrir. Afortunadamente, este sufrimiento me ha acompañado; solo de esta manera he podido obtener la verdad, liberarme de las ataduras y el control de las actitudes corruptas y vivir con alegría y felicidad. Después del sufrimiento viene la dulzura”. Como ves, los que lo han probado lo saben; los que lo han obtenido lo saben. Cuando llegue ese día, las cosas se sentirán muy diferentes, ¿verdad? (Sí).
Bien, terminemos nuestra charla aquí por hoy. ¡Adiós!
16 de noviembre de 2024