a. En qué se basa Dios para determinar el resultado de una persona
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
Aquellos que puedan permanecer firmes durante la obra del juicio y el castigo de Dios en los últimos días, es decir, durante la obra final de purificación, serán los que entrarán en el reposo final con Dios; por lo tanto, todos los que entren en el reposo se habrán librado de la influencia de Satanás y Dios los habrá ganado solo después de que hayan pasado por Su obra final de purificación. Estos humanos a los que Dios finalmente haya ganado entrarán en el reposo final. En esencia, Dios hace la obra de castigo y juicio para purificar a la humanidad, y en aras del día de reposo definitivo. De lo contrario, ningún miembro de la humanidad podrá ordenarse según su clase ni entrar en el reposo. Esta obra es el único camino de la humanidad para entrar en el reposo. Solo la obra de purificación de Dios purificará a los humanos de su injusticia y solo Su obra de castigo y juicio dejará en evidencia a aquellos elementos rebeldes entre la humanidad, distinguiendo de ese modo a los que pueden ser salvados de los que no y a aquellos que podrán permanecer de los que no. Cuando esta obra termine, todas aquellas personas que puedan permanecer serán purificadas y entrarán en un ámbito superior de humanidad en el que disfrutarán de una segunda vida humana más maravillosa sobre la tierra; en otras palabras, entrarán en el día del reposo de la humanidad y vivirán juntas con Dios. Después de que aquellos que no puedan permanecer hayan sido castigados y juzgados, su verdadera forma de ser se expondrá por completo; después de esto todos serán destruidos y, al igual que Satanás, ya no se les permitirá sobrevivir sobre la tierra. La humanidad del futuro no incluirá ya a nadie de ese tipo de personas; tales personas no son aptas para entrar a la tierra del último reposo ni tampoco para participar en el día del reposo que Dios y la humanidad compartirán, porque son blanco del castigo, son malvadas y no son justas. Fueron redimidas una vez y también juzgadas y castigadas; también, una vez, fueron mano de obra para Dios. Pero, cuando el día final venga, serán descartadas y destruidas debido a su propia maldad y debido a su propia rebeldía e incapacidad de ser redimidas; nunca volverán a existir en el mundo del futuro y tampoco vivirán entre la raza humana del futuro. Ya sean los espíritus de los muertos o personas que viven en la carne, todos los malhechores y todos los que no han sido salvados serán destruidos cuando los santificados entre la humanidad entren en el reposo. En cuanto a estos espíritus y humanos malhechores y los espíritus de las personas justas y los que hagan justicia, sin importar en qué era estén, todos los que sean malvados serán destruidos al final y todos los que son justos sobrevivirán. Que una persona o un espíritu reciba la salvación no se decide únicamente basándose en la obra de la era final, sino que se determina basándose en si ha resistido a Dios o se ha rebelado en Su contra. Las personas de épocas anteriores, que hicieron mal y no pudieron conseguir la salvación, sin duda serán blanco del castigo, y los de la era actual que hagan el mal y no puedan ser salvados, seguramente también serán blanco del castigo. Se categoriza a los humanos basándose en el bien y el mal, no en qué era vivan. Una vez así categorizados, no serán castigados ni recompensados de inmediato; más bien, Dios solo llevará a cabo Su obra de castigar el mal y recompensar el bien después de haber finalizado Su obra de conquista en los últimos días. De hecho, Él ha estado separando a los humanos entre el bien y el mal desde que empezó a llevar a cabo Su obra de salvación de la humanidad. Es simplemente que Él recompensará a los justos y castigará a los malvados solo después de que Su obra se haya completado; no es que los separará en categorías una vez que se haya completado Su obra y después inmediatamente llevará a cabo Su tarea de castigar el mal y recompensar el bien. Más bien, esta tarea se realizará solo cuando Su obra haya finalizado por completo. Su obra última de castigar el mal y recompensar el bien tiene el solo propósito de purificar por completo a todos los humanos para que Él pueda llevar a una humanidad completamente santificada al reposo eterno. Esta etapa de Su obra es la más crucial. Es la etapa final de toda Su obra de gestión.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo
Ahora es el momento en el que determino el desenlace de cada persona, no la etapa en la que comencé a trabajar al hombre. Una a una, escribo en Mi libro de registro las palabras y acciones de cada persona, la trayectoria por la que me sigue, su clasificación inherente y sus manifestaciones en última instancia. De esta manera, no importa qué clase de persona sea, nadie escapará de Mi mano y todos serán ordenados según su clase, en función de Mi asignación. Yo determino el destino de cada persona, no con base en su edad, antigüedad o cantidad de sufrimiento, mucho menos, según la lástima que provoque, sino con base en si posee la verdad. No hay otra opción que esta. Debéis entender que todos aquellos que no siguen la voluntad de Dios serán castigados sin excepción. Esto es algo que nadie puede cambiar. Por lo tanto, todos aquellos que son castigados, reciben castigo por la justicia de Dios y como retribución por sus numerosas acciones malvadas.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prepara suficientes buenas obras para tu destino
Antes de que la humanidad entre en el reposo, cada clase de persona será castigada o recompensada según si han buscado la verdad, si conocen a Dios y si pueden someterse al Dios visible. Aquellos que han sido mano de obra para el Dios visible, pero no lo conocen ni se someten a Él, no tienen la verdad. Estas personas son malhechoras y los malhechores, sin duda, serán objeto de castigo; además, van a ser castigados de acuerdo con sus acciones malvadas. Dios está para que los humanos crean en Él, y también es digno de su sumisión. Los que solo tienen fe en el Dios vago e invisible son personas que no creen en Dios y son incapaces de someterse a Él. Si estas personas todavía no pueden creer en el Dios visible en el momento en que Su obra de conquista se termine, y siguen rebelándose y resistiéndose al Dios visible encarnado, estos “ambigüistas”, sin duda, serán objetos de la destrucción. Es como algunos entre vosotros, todos aquellos que verbalmente reconocen al Dios encarnado pero no pueden practicar la verdad de la sumisión al Dios encarnado, finalmente serán descartados y destruidos. Además, todos aquellos que reconocen verbalmente al Dios visible y comen y beben la verdad que Él expresa y, sin embargo, buscan al Dios vago e invisible, más si cabe serán objetos de destrucción. Ninguna de estas personas podrá permanecer hasta el tiempo del reposo, que vendrá después de que haya terminado la obra de Dios, ni podrá haber ni un solo individuo parecido a estas personas que permanezca hasta ese tiempo de reposo. Las personas que son propias de los demonios no practican la verdad; su esencia es la de resistir y ser rebeldes contra Dios y no tienen la más mínima intención de someterse a Él. Tales personas van a ser destruidas. Si tienes la verdad o si te resistes a Dios depende de tu esencia, no de tu apariencia o de cómo hables o actúes ocasionalmente. Que un individuo vaya a ser destruido o no se determina por su esencia; se decide de acuerdo con la esencia revelada por su conducta y su búsqueda de la verdad. Entre todas las personas que hacen trabajo y hacen la misma cantidad de trabajo, aquellas con buenas esencias de humanidad que poseen la verdad son a las que se les permitirá permanecer, pero aquellas con esencias malvadas de humanidad que se rebelan contra el Dios visible son las que serán objeto de la destrucción. Todas las palabras o la obra de Dios relacionadas con el destino de la humanidad tratarán adecuadamente con las personas, según la esencia de cada una; no se cometerá el menor error y, más incluso, no habrá ni una sola falla. Solo cuando las personas llevan a cabo una obra, los sentimientos o intenciones humanos entran en juego. La obra que Dios hace es la más adecuada; Él de ninguna manera acusa falsamente a ningún ser creado. Ahora hay muchas personas que no pueden ver con claridad el destino futuro de la especie humana y que no creen las palabras que Yo declaro. Todos los que no creen, junto con los que no practican la verdad, ¡son demonios!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo
En la obra de Dios de los últimos días, Dios determina los desenlaces de las personas según sus manifestaciones. ¿Sabéis a qué se refiere aquí “manifestaciones”? Podríais pensar que se refiere a las actitudes corruptas que revelan las personas al hacer las cosas, pero no es a eso a lo que se refiere en realidad. En este sentido, manifestaciones se refiere a si practicas o no la verdad; si eres o no devoto mientras haces tu deber; tu perspectiva detrás de creer en Dios, tu actitud hacia Dios, tu determinación a sufrir adversidades; tu actitud respecto a aceptar el juicio, el castigo y la poda; la cantidad de transgresiones graves que hayas cometido; y el grado en que finalmente logres el arrepentimiento y la transformación. Todas estas cosas combinadas son las que conforman tus manifestaciones. En este sentido, las manifestaciones no se refieren a cuántas actitudes corruptas hayas revelado o cuántas cosas malas hayas hecho, sino a los resultados que hayas obtenido y al nivel de cambio auténtico que hayas experimentado en tu fe. Si los desenlaces de las personas estuvieran determinados según cuánta corrupción se revela en su naturaleza, nadie podría alcanzar la salvación, ya que todos los seres humanos son profundamente corruptos, poseen una naturaleza satánica y se resisten a Dios. Dios quiere salvar a aquellas personas que pueden aceptar la verdad y someterse a Su obra. No importa cuánta corrupción revelen, siempre y cuando puedan finalmente aceptar la verdad, lograr el arrepentimiento verdadero y experimentar el cambio real, son personas salvas por Dios. Hay quienes no logran ver esto con claridad y piensan que cualquiera que ejerza como líder revelará más actitudes corruptas y aquel que revele más corrupción será descartado definitivamente y no será posible que sobreviva. ¿Este punto de vista es correcto? Aunque los líderes revelen más corrupción, si persiguen la verdad, entonces están calificados para experimentar el juicio y el castigo de Dios. Pueden embarcarse en la senda de ser salvos y perfeccionados, y finalmente serán capaces de dar hermoso testimonio para Dios. Estas son personas que verdaderamente han cambiado. Si los desenlaces de las personas se determinaran en función de cuántas actitudes corruptas revelan, entonces aquellas que sirven como líderes y obreros serían reveladas más rápido. Si ese fuera el caso, ¿quién se atrevería a ser líder u obrero? ¿Quién podría llegar al punto de ser usado y perfeccionado por Dios? ¿No es este punto de vista demasiado absurdo? Dios principalmente observa si las personas pueden aceptar y practicar la verdad, si son capaces de mantenerse firmes en su testimonio, y si verdaderamente han cambiado. Si tienen un testimonio verdadero y han experimentado el cambio real, entonces Dios las aprueba. Algunas personas parecen revelar poca corrupción, pero no tienen un testimonio vivencial verdadero y no han cambiado realmente. Dios no las aprueba.
Dios determina el desenlace de una persona en función de sus manifestaciones y de su esencia. Las manifestaciones aquí hacen referencia a si una persona es leal a Dios, si siente amor por Él, si practica la verdad y la medida en la que cambia su carácter. Es basándose en estas manifestaciones y en su esencia que Dios determina el desenlace de una persona, no a partir de cuánto revela su carácter corrupto. Si piensas que Dios determina el desenlace de una persona en función de cuánta corrupción revela, entonces has malinterpretado Sus intenciones. En realidad, todas las personas tienen la misma esencia corrupta y las únicas diferencias radican en si su humanidad es buena o mala, así como en si pueden aceptar o no la verdad. No importa cuánto reveles tu carácter corrupto, Dios sabe bien qué yace en las profundidades de tu corazón. No es necesario que lo ocultes. Dios observa las profundidades del corazón de las personas. Sin importar si se trata de algo que haces de frente a los demás o fuera de su vista o si es algo que quieras hacer en tu corazón, todo esto queda expuesto ante Dios. ¿Cómo sería posible que Dios no esté al tanto de lo que hacen las personas en secreto? ¿No es esto un autoengaño? En realidad, no importa cuán falsa sea la naturaleza de una persona, cuántas mentiras diga, cuán hábil sea para simular y engañar a otros, Dios lo sabe todo a la perfección. Dios conoce por completo a los líderes y obreros, por tanto, ¿no conocería igual de bien a Sus seguidores comunes? Algunos piensan: “Cualquiera que sirva como líder es necio e ignorante y provoca su propia destrucción porque, cuando una persona actúa como líder, revela inevitablemente corrupción ante Dios. ¿Se revelaría tanta corrupción si no hicieran ellos esta obra?”. ¡Qué idea tan absurda! ¿Crees que no revelarás corrupción si no actúas como líder? Si no eres un líder, incluso si revelas menos corrupción, ¿significa esto que te salvarás? De acuerdo con este argumento, ¿son todos aquellos que no sirven como líderes los que pueden sobrevivir y ser salvos? ¿No es esta afirmación demasiado ridícula? Las personas que sirven como líderes guían al pueblo escogido de Dios a comer y beber las palabras de Dios y a experimentar Su obra. Este estándar requerido es elevado, por lo que es inevitable que los líderes revelen algunos estados corruptos cuando comienzan su formación. Esto es normal y Dios no lo condena. Dios no solo no lo condena, sino que además esclarece, ilumina y guía a esas personas, les concede cargas. Siempre que logren someterse a la guía y obra de Dios, progresarán más rápido en la vida que la gente común. Si persiguen la verdad, pueden embarcarse en la senda de ser perfeccionadas por Dios. Esto es lo que Dios más bendice. Algunos no pueden ver la justicia de Dios ni pueden ver que Dios es equitativo y justo con todas las personas, e incluso distorsionan los hechos. Según su comprensión, por mucho que cambien las personas en posiciones de liderazgo, Dios no se fijará en esto y solo se fijará en cuánta corrupción revelan los líderes y obreros y los condenará solo en función de eso. Y en cuanto a aquellos que no son líderes y obreros, al revelar poca corrupción, incluso si no cambian, Dios no los condenará. ¿No es esto absurdo? ¿No es una blasfemia contra Dios? Si te resistes tan seriamente a Dios en tu corazón, ¿puedes salvarte? No. Dios determina los desenlaces de las personas sobre todo en función de si tienen la verdad y un testimonio verdadero, y eso depende principalmente de si persiguen la verdad. Si alguien persigue la verdad, incluso cuando transgrede y afronta el juicio y el castigo, puede arrepentirse verdaderamente. Mientras no hable o actúe de maneras que blasfemen contra Dios, ciertamente puede lograr la salvación. Conforme a vuestras imaginaciones, todos los creyentes comunes que siguen a Dios hasta el fin pueden lograr la salvación, mientras que aquellos que sirven como líderes serán todos descartados. Si se os pidiera que fuerais líderes, pensaríais que no estaría bien no hacerlo, pero que si sirvierais como líderes, revelaríais corrupción constantemente a pesar de vosotros mismos, y cuanto más tiempo sirvierais, más corrupción revelaríais, hasta que al final fuerais condenados y descartados por Dios. Os sentiríais como si estuvierais solo esperando en el patíbulo. ¿Acaso no todo esto lo causan vuestros malentendidos de Dios? Si los desenlaces de las personas se determinaran por la corrupción que revelen, nadie podría ser salvo. En ese caso, ¿de qué valdría que Dios haga la obra de salvación? Si ese fuera el caso, ¿dónde radicaría la justicia de Dios? Las personas no serían capaces de ver el carácter justo de Dios. Por lo tanto, todos vosotros habéis malinterpretado las intenciones de Dios, lo cual demuestra que no tenéis un conocimiento verdadero de Él.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte
El estándar por el que los humanos juzgan a otros humanos se basa en su comportamiento; uno cuyo comportamiento es bueno es una persona justa y uno cuyo comportamiento es abominable es malvado. El estándar por el que Dios juzga a los humanos se basa en si la esencia de alguien se somete a Él; uno que se somete a Dios es una persona justa y uno que no, es un enemigo y una persona malvada, independientemente de si el comportamiento de esta persona es bueno o malo, o si su discurso es correcto o incorrecto. Algunas personas desean usar buenas obras para obtener un buen destino en el futuro, y otras desean usar bellas palabras para procurarse un buen destino. Todos creen erróneamente que Dios determina los resultados de las personas basándose en su comportamiento o su discurso; por lo tanto, muchos desean aprovecharse de esto para conseguir para sí mismos una gracia momentánea. Las personas que sobrevivirán en el tiempo del reposo venidero habrán soportado todas el día del sufrimiento y habrán dado testimonio por Dios; todas serán personas que han cumplido sus deberes y que se han sometido deliberadamente a Dios. Aquellos que simplemente desean usar la oportunidad de rendir servicio para evitar practicar la verdad no permanecerán. Dios tiene estándares apropiados para disponer el resultado de todos los individuos; Él simplemente no toma estas decisiones de acuerdo a palabras y conductas, ni tampoco las toma de acuerdo con su comportamiento durante un solo periodo de tiempo. De ninguna manera será indulgente con todas las acciones malvadas de alguien debido al servicio pasado que haya rendido para Él, ni tampoco va a perdonar de la muerte a alguien por haberse gastado para Dios durante un tiempo. Nadie puede evadir la retribución por haber sido malvado y nadie puede cubrir sus acciones malvadas y, así, evadir el sufrimiento de la destrucción. Si las personas de veras pueden cumplir con sus propios deberes, esto quiere decir que son eternamente leales a Dios y no buscan recompensas, independientemente de si reciben bendiciones o sufren la calamidad. Si las personas son leales a Dios cuando ven bendiciones, pero pierden su lealtad cuando no pueden ver bendiciones, y si al final estas personas —que una vez fueron mano de obra para Dios con lealtad— todavía son incapaces de dar testimonio de Dios y cumplir bien los deberes que les corresponden, entonces tales personas serán objeto de la destrucción. En resumen, las personas malvadas no pueden sobrevivir para siempre ni tampoco pueden entrar en el reposo; solo los justos son los maestros del reposo.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo
Que se reciban bendiciones o se sufran desgracias estará determinado según la esencia de uno, no según la esencia común que uno pueda compartir con otros. Este tipo de dicho o de regla simplemente no tiene lugar en el reino. Si alguien es al final capaz de sobrevivir es porque ha cumplido los requisitos de Dios, y si alguien es al final incapaz de permanecer hasta el tiempo de reposo, es porque esta persona ha sido rebelde contra Dios y no ha satisfecho Sus requisitos. Todos tienen un destino adecuado, el cual se determina según la esencia de cada individuo, y no tiene nada que ver con otras personas. Las acciones malvadas de un hijo o una hija no pueden ser transferidas a sus padres, y la justicia de un hijo o una hija no puede ser compartida con sus padres. Las acciones malvadas de los padres no pueden ser transferidas a los hijos, y la justicia de los padres no puede compartirse con los hijos. Cada cual carga con sus respectivos pecados y cada cual disfruta de sus respectivas bendiciones. Nadie puede sustituir a nadie; esto es justicia. Desde la perspectiva del hombre, si los padres obtienen bendiciones, también sus hijos deberían poder obtenerlas, y si los hijos hacen el mal, sus padres deben expiar por esos pecados. Esta es una perspectiva humana y la forma en la que el hombre hace las cosas. No es la perspectiva de Dios. El resultado de cada uno se determina de acuerdo a la esencia de sus acciones y siempre se determina apropiadamente. Nadie puede cargar con los pecados de otro; más aún, nadie puede recibir castigo en lugar de otro. Esto es incuestionable. El cuidado cariñoso de los padres por sus hijos no indica que pueden hacer obras justas en lugar de sus hijos, ni el afecto obediente de un hijo o hija por sus padres quiere decir que puede realizar obras justas en lugar de sus padres. Este es el verdadero significado detrás de las palabras: “Entonces estarán dos en el campo; uno será llevado y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en el molino; una será llevada y la otra será dejada”. La gente no puede llevar a sus hijos malhechores al reposo sobre la base de su profundo amor por ellos, ni nadie puede llevar a su esposa (o esposo) al reposo sobre la base de sus propias acciones justas. Esta es una norma administrativa; no puede haber excepciones para nadie. Al final, los hacedores de justicia son hacedores de justicia y los malhechores son malhechores. A los que hacen justicia se les permitirá sobrevivir al final, mientras que los malhechores serán destruidos. Lo santo es santo; no es inmundo. Lo inmundo es inmundo y ni una parte de eso es santa. Las personas que serán destruidas son todas malvadas y las que sobrevivirán son todas justas, incluso si los hijos de los malvados hacen obras justas e incluso si los padres de los justos hacen obras malvadas. No existe relación intrínseca entre un esposo creyente y una esposa no creyente y no existe relación entre los hijos creyentes y los padres no creyentes; son dos tipos de personas incompatibles. Antes de entrar al reposo, la gente tiene afecto carnal y familiar, pero una vez que han entrado en el reposo, ya no habrá ningún afecto carnal ni familiar del que hablar. Los que hacen su deber son intrínsecamente enemigos de los que no; los que aman a Dios y los que lo odian se oponen de manera intrínseca entre sí. Los que entrarán en el reposo y los que habrán sido destruidos son dos clases incompatibles de seres creados. Los seres creados que realizan su deber podrán sobrevivir y los que no realizan su deber serán objeto de destrucción; lo que es más, esto durará toda la eternidad.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo
¿Entiendes ahora lo que es el juicio y lo que es la verdad? Si es así, te aconsejo someterte obedientemente a ser juzgado, de lo contrario nunca tendrás la oportunidad de que Dios te apruebe o de que Él te lleve a Su reino. Aquellos que solo acepten el juicio pero que nunca puedan ser purificados, es decir, los que huyan en medio de la obra del juicio, serán desdeñados para siempre por Dios. Sus pecados son más graves y más numerosos que los de los fariseos, ya que han traicionado a Dios y son rebeldes contra Él. Estas personas que no son dignas siquiera de ser mano de obra recibirán un castigo más severo, un castigo que es, además, eterno. Dios no eximirá a ningún traidor que alguna vez evidenció lealtad con palabras pero que luego lo traicionó. Tales personas recibirán retribución por medio del castigo del espíritu, del alma y del cuerpo. ¿Acaso no es esta precisamente una revelación del carácter justo de Dios? ¿Acaso no es precisamente este el propósito de Dios al juzgar y revelar al hombre? Dios consigna a aquellos que realizan todo tipo de acciones malvadas durante el tiempo del juicio a un lugar infestado de espíritus malignos, y deja que esos espíritus malignos destruyan sus cuerpos carnales como deseen, y los cuerpos de estas personas despiden hedor de cadáver. Tal es su debida retribución. Dios apunta todos y cada uno de los pecados de aquellos falsos creyentes, falsos apóstoles y falsos obreros desleales en los libros de registro de estos y, cuando llegue el momento apropiado, Él los arrojará en medio de los espíritus inmundos, dejando que esos espíritus inmundos contaminen sus cuerpos enteros a voluntad, haciendo que nunca puedan ser reencarnados y nunca más vean la luz. Dios incluye entre los malvados a aquellos hipócritas que realizan servicio durante un tiempo pero que no permanecen leales hasta el final, dejando que se revuelquen en el fango con las personas malvadas y que formen con ellos una banda de surtidos bribones y, al final, Dios los aniquilará. Dios echa a un lado y no presta atención a aquellos que nunca han sido leales a Cristo ni han contribuido nada de su fuerza y, en el cambio de era, Él los aniquilará a todos. Ya no existirán en la tierra ni mucho menos obtendrán paso al reino de Dios. Dios incluye entre los que rinden servicio para Su pueblo a todo el que nunca haya sido sincero con Dios pero que no tenga más opción que lidiar con Él de forma superficial. Solamente un pequeño número de tales personas sobrevivirá, mientras que la mayoría serán destruidas junto con aquellos cuya mano de obra ni siquiera cumpla con el estándar. Al final, Dios llevará a Su reino a todos aquellos que son del mismo sentir que Él, al pueblo y los hijos de Dios, y también a los predestinados por Él para ser sacerdotes. Son la cristalización de la obra de Dios. En cuanto a los que no puedan ser clasificados dentro de ninguna de las categorías demarcadas por Dios, serán incluidos entre las filas de los no creyentes, y con toda seguridad os imaginaréis cuál será su desenlace. Ya os he dicho todo lo que debo decir; la senda que elijáis queda solo a vuestra elección. Lo que debéis entender es esto: la obra de Dios nunca espera a ninguna persona que no pueda seguir Su ritmo y el carácter justo de Dios no le muestra misericordia a ningún hombre.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cristo hace la obra del juicio con la verdad
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