37. Qué es temer a Dios y evitar el mal
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
Un auténtico ser creado debe saber quién es el Creador, para qué sirve la creación del hombre, cómo cumplir con las responsabilidades de un ser creado y cómo adorar al Señor de toda la creación; debe entender, captar, conocer y mostrar consideración por las intenciones, los deseos y las exigencias del Creador, y debe seguir Su camino: temer a Dios y apartarse del mal.
¿Qué es temer a Dios? ¿Y cómo puede alguien apartarse del mal?
“Temer a Dios” no significa sentir un terror o un temor inexplicables, tampoco evasión ni mantener una distancia; no es idolatría ni superstición. Más bien significa admiración, reverencia, confianza, comprensión, consideración, sumisión, dedicación, amor, así como adoración, retribución y rendición incondicionales y sin queja. Sin un conocimiento genuino de Dios, las personas no tendrán una admiración, una confianza, una comprensión, una consideración o una sumisión genuinas, solo terror e inquietud; solo duda, malinterpretaciones, evasión y mantener las distancias. Sin un conocimiento genuino de Dios, las personas no tendrán una dedicación y una retribución auténticas; sin un conocimiento genuino de Dios, las personas no tendrán una adoración y una rendición auténticas, solo idolatría y superstición ciegas; sin un conocimiento genuino de Dios, las personas no pueden seguir Su camino ni temerle ni apartarse del mal. Por el contrario, toda actividad y conducta en las que participan las personas estará llena de rebeldía y resistencia contra Dios, de calumnias y juicios sobre Él, de acciones malvadas contrarias a la verdad y al verdadero significado de las palabras de Dios.
Una vez que las personas tengan verdadera confianza en Dios, de veras lo seguirán y dependerán de Él; solo con auténtica dependencia de Dios pueden las personas entenderlo y comprenderlo de manera genuina; junto con la comprensión genuina de Dios viene la consideración genuina por Él; solo con auténtica consideración hacia Dios pueden las personas tener auténtica sumisión; solo con auténtica sumisión a Dios pueden tener las personas auténtica dedicación; solo con auténtica dedicación a Dios pueden tener una retribución incondicional y sin queja; solo con auténtica dependencia, una comprensión, una consideración, una sumisión, una dedicación y una retribución genuinas, las personas pueden verdaderamente llegar a conocer el carácter y la esencia de Dios, así como la identidad del Creador. Solo cuando han llegado a conocer verdaderamente al Creador, puede surgir en ellas la adoración y la rendición genuinas. Solo cuando tengan una adoración y una rendición reales hacia el Creador, podrán librarse de veras de las acciones malvadas, es decir, apartarse del mal.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Prefacio
Ahora bien, todo el mundo quiere ser una persona que tema a Dios y evite el mal. Así pues, ¿qué significa el camino de temer a Dios y evitar el mal? Se puede decir que implica buscar someterse a Él de forma completa y absoluta. Implica tener auténtico miedo y temor de Dios, sin ningún elemento de engaño, oposición ni rebelión. Implica ser completamente puro de corazón y absolutamente leal y sumiso a Dios. Esta lealtad y esta sumisión deben ser absolutas, no relativas; no dependen del tiempo, del lugar o de la edad que se tenga. Este es el camino de temer a Dios y evitar el mal. En el proceso de este tipo de búsqueda, poco a poco lograrás conocer a Dios y experimentar Sus actos; sentirás Su cuidado y protección, percibirás la veracidad de Su existencia y sentirás Su soberanía. Finalmente notarás de verdad que Dios está en todo y que se encuentra justo a tu lado. Tendrás esta experiencia de primera mano. Si no sigues el camino para temer a Dios y evitar el mal, nunca conocerás estas cosas.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El hombre es el mayor beneficiario del plan de gestión de Dios
Job era un varón perfecto, temía a Dios y se apartaba del mal, y poseía una gran riqueza y un estatus venerable. Para alguien normal, que viviera en un entorno así y bajo estas condiciones, la dieta, la calidad de vida y los diversos aspectos de la vida personal de Job serían el centro de atención de la mayoría de las personas; por eso debemos continuar leyendo las escrituras: “Sus hijos solían ir y hacer un banquete en la casa de cada uno por turno, e invitaban a sus tres hermanas para que comieran y bebieran con ellos. Y sucedía que cuando los días del banquete habían pasado, Job enviaba a buscarlos y los santificaba, y levantándose temprano, ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque Job decía: Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en sus corazones. Así hacía Job siempre” (Job 1:4-5). […] Donde la Biblia describe los banquetes de los hijos de Job, no se le menciona; solo se indica que ellos comían y bebían juntos a menudo. En otras palabras, él no celebraba banquetes ni se unía a sus hijos en sus extravagantes comidas. Aunque opulento, y poseedor de muchos bienes y siervos, la vida de Job no era lujosa. Su riqueza no lo llevó a darse el gusto con su entorno de vida superior, a atiborrarse con los deleites de la carne o a olvidarse de ofrecer holocaustos, ni mucho menos hizo que se apartase gradualmente de Dios en su corazón. Es evidente, pues, que Job era disciplinado en su estilo de vida, y no era avaricioso o hedonista como resultado de las bendiciones de Dios sobre él, ni se obsesionaba con la calidad de vida. En vez de ello era humilde y modesto, no era dado a la ostentación y era cauto y cuidadoso delante de Dios. Pensaba a menudo en Sus gracias y bendiciones, y constantemente albergaba un corazón temeroso de Dios. En su vida diaria, Job se levantaba con frecuencia temprano para ofrecer holocaustos por sus hijos. Es decir, no solo temía a Dios, sino que esperaba que sus hijos hiciesen lo propio y no pecasen contra Él. Su riqueza material no tenía sitio en su corazón, no reemplazaba la posición ostentada por Dios; tanto para sí mismo como para sus hijos los actos diarios guardaban, todos, relación con temerle y apartarse del mal. Su temor de Jehová Dios no se detenía en su boca, sino que era algo que ponía en acción, y se reflejaba en todas y cada una de las partes de su vida diaria. Esta conducta real de Job nos muestra que era honesto, y poseía una esencia que amaba la rectitud y las cosas positivas. Que Job enviara y santificara a menudo a sus hijos significa que no autorizaba ni aprobaba su comportamiento; más bien sentía aversión por su comportamiento en el corazón y los condenaba. Había llegado a la conclusión de que la conducta de sus hijos no estaba agradando a Jehová Dios, y por tanto les instaba frecuentemente a presentarse delante de Él y confesar sus pecados. Las acciones de Job nos muestran otro lado de su humanidad: uno en el que nunca anduvo con aquellos que pecaban y ofendían frecuentemente a Dios, sino que se apartaba de ellos y los evitaba. Aunque se trataba de sus hijos, no abandonó sus propios principios de conducta porque fuesen de su familia ni transigió con sus pecados por sus propios sentimientos. Más bien, les instó a confesar y obtener la tolerancia de Jehová Dios, y les advirtió que no lo abandonasen por causa de su propio disfrute codicioso. Los principios de cómo trataba Job a los demás eran inseparables de los de su temor de Dios y apartarse del mal. Amaba lo que Él aceptaba, aborrecía lo que Él detestaba; amaba a los que temían a Dios en sus corazones, y aborrecía a los que cometían maldades o pecaban contra Él. Ese amor y ese aborrecimiento se demostraban en su vida cotidiana, y eran la propia rectitud de Job percibida por los ojos de Dios. Naturalmente, esto es también la expresión y el vivir de la verdadera humanidad de Job en sus relaciones con otros en su vida diaria sobre los que debemos aprender ahora.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II
Después de que Dios dijera a Satanás: “Todo lo que él posee está en tu poder, solo que no pongas tu mano sobre él”,* este partió, y pronto se sucedieron ataques repentinos y feroces contra Job: primero, le robaron sus bueyes y asnos y mataron a algunos de sus siervos; después, sus ovejas y algunos siervos más se consumieron en el fuego; a continuación, le robaron sus camellos y mataron a aún más siervos; finalmente le quitaron la vida a sus hijos e hijas. Esta cadena de ataques fue el tormento sufrido por Job durante la primera tentación. Tal como Dios ordenó, durante estos ataques Satanás sólo eligió como objetivos la propiedad de Job y sus hijos y no dañó a Job mismo. Sin embargo, en un instante, Job pasó de ser un hombre poseedor de grandes riquezas a alguien que no tenía nada. Nadie podría haber resistido este asombroso golpe por sorpresa ni haber reaccionado adecuadamente frente al mismo, pero Job demostró su lado extraordinario. Las Escrituras proveen el siguiente relato: “Entonces Job se levantó y rasgó su ropa; se afeitó la cabeza y cayó al suelo en adoración”.* Esta fue la primera reacción de Job tras oír que había perdido a sus hijos y todas sus propiedades. Sobre todo, no pareció sorprendido ni asustado, mucho menos expresó ira u odio. Ves, por tanto, que en su corazón ya había reconocido que estos desastres no eran un accidente ni habían surgido de la mano del hombre, ni mucho menos eran la llegada de la retribución o el castigo. En su lugar, las pruebas de Jehová habían caído sobre él; era Jehová quien quería tomar sus propiedades y sus hijos. Job estaba muy tranquilo y lúcido entonces. Su humanidad perfecta y recta le permitió, de forma racional y natural, emitir juicios precisos y tomar decisiones precisas sobre los desastres que le habían sucedido y, en consecuencia, se comportó con una calma inusual: “Entonces Job se levantó y rasgó su ropa; se afeitó la cabeza y cayó al suelo en adoración”.* “Rasgó su ropa” significa que estaba desnudo y no tenía nada; “se afeitó la cabeza” significa que había vuelto delante de Dios como un bebé recién nacido; “cayó al suelo en adoración” significa que había venido al mundo desnudo, y todavía sin nada hoy, había regresado a Dios como un recién nacido. Ningún ser creado habría podido lograr la actitud de Job frente a todo lo que le había sucedido. Su fe en Jehová fue más allá del ámbito de la creencia; era su temor de Dios, su sumisión a Él, y no solo fue capaz de dar gracias a Dios por darle cosas, sino también por quitárselas. Además, fue capaz de responsabilizarse de devolver todo lo que poseía a Dios, incluida su vida.
El temor que Job tenía de Dios y su sumisión a Él son un ejemplo para la humanidad, y su perfección y rectitud fueron la cúspide de la humanidad que el hombre debía poseer. Aunque no vio a Dios, se dio cuenta de que Él existía realmente y como resultado de esta comprensión temió a Dios, y debido a su temor de Dios fue capaz de someterse. Dio rienda suelta a Dios para que tomase todo lo que tenía, sin quejarse, y se postró delante de Él y le dijo que, incluso si Dios tomaba su carne en ese mismo momento, él con mucho gusto le permitiría hacerlo, sin quejarse. Toda su conducta se debió a su humanidad perfecta y recta. Es decir, como consecuencia de su inocencia, honestidad y bondad Job fue firme en su comprensión y experiencia de la existencia de Dios. Sobre este fundamento se impuso exigencias y estandarizó su pensamiento, comportamiento, conducta y principios de acción delante de Dios, según Él lo dirigiera y de acuerdo con Sus hechos, que él había visto entre todas las cosas. Con el tiempo, sus experiencias provocaron en él un temor auténtico y real de Dios y le hicieron apartarse del mal. Esta era la fuente de la integridad a la que Job se aferraba con firmeza. Job era poseedor de una humanidad honesta, inocente y amable, y tenía una experiencia real de temer a Dios, someterse a Él y evitar el mal, así como el conocimiento de que “Jehová dio y Jehová quitó”. Solo por estas cosas fue capaz de mantenerse firme en su testimonio en medio de los ataques tan crueles de Satanás, solo por ellas fue capaz de no decepcionar a Dios y darle una respuesta satisfactoria cuando Sus pruebas cayeron sobre él.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II
Job había sufrido los estragos de Satanás, pero aun así no renegó del nombre de Jehová Dios. Su esposa fue la primera en salir a escena y desempeñar el papel de Satanás en una forma que es visible a los ojos del hombre, atacó a Job. El texto original lo describe así: “Entonces su mujer le dijo: ¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete” (Job 2:9). Estas fueron las palabras habladas por Satanás disfrazado de ser humano. Eran un ataque y una acusación, así como una instigación, una tentación, y una difamación. Habiendo fracasado en el ataque a la carne de Job, Satanás atacó directamente su integridad, con el deseo de usarlo para que la abandonase, renunciase a Dios, y dejase de vivir. Satanás también quiso usar esas palabras para seducir a Job: si este renegaba del nombre de Jehová, no tendría que soportar más aquel tormento; podría liberarse de la tortura de la carne. Frente al consejo de su esposa, Job la reprendió diciendo: “Hablas como hablan las mujeres necias. ¿Qué? ¿Aceptaremos el bien de la mano de Dios y no aceptaremos la adversidad?” (Job 2:10).* Job conocía estas palabras desde hacía mucho, pero, en este momento se demostraba que su conocimiento era verdadero.
Cuando su esposa le aconsejó maldecir a Dios y morir, lo que quiso decir fue: “Tu Dios te trata así, ¿por qué no lo maldices? ¿Qué haces viviendo aún? Tu Dios es muy injusto contigo, pero sigues diciendo ‘bendito sea el nombre de Jehová’. ¿Cómo puede traer el desastre sobre ti cuando tú bendices Su nombre? Apresúrate y reniega del nombre de Dios, y no le sigas más. De esta forma acabarán tus problemas”. En este momento, se produjo el testimonio que Dios deseaba ver en Job. Ninguna persona ordinaria podía dar ese testimonio ni leemos algo así en ninguna de las historias de la Biblia; pero Dios lo había visto mucho antes de que Job pronunciara estas palabras. Dios deseaba, simplemente, usar esta oportunidad para permitirle a Job que les demostrara a todos que Él estaba en lo cierto. Ante el consejo de su esposa, Job no solo no abandonó su integridad ni renunció a Dios, sino que también le dijo a su mujer: “¿Aceptaremos el bien de la mano de Dios y no aceptaremos la adversidad?”.* ¿Tienen mucho peso estas palabras? Aquí, solo hay un hecho capaz de demostrar el peso de las mismas. Es su aprobación en el corazón de Dios, que Él las deseara, que eran lo que Él quería oír, y el desenlace que Él anhelaba ver; estas palabras son también la esencia del testimonio de Job. En esto se demostraban su perfección, su rectitud, su temor de Dios, y que se apartaba del mal. Lo valioso de Job residía en que siguió pronunciando esas palabras aun siendo tentado, y cuando todo su cuerpo estuvo cubierto de llagas, cuando soportó el mayor tormento, y cuando su esposa y familiares le aconsejaron. Dicho de otro modo, él creía en su corazón que, independientemente de las tentaciones, o de lo graves que fueran las tribulaciones o el tormento, aunque la muerte tuviera que venir sobre él, no renunciaría a Dios ni rechazaría el camino de temer a Dios y apartarse del mal. Ves, pues, que Dios ocupaba el lugar más importante en su corazón, y que en este solo estaba Él. Por esto leemos en las Escrituras descripciones suyas como: “Job no pecó con sus labios en nada de esto”.* No solo no pecó con sus labios, sino que en su corazón no se quejó de Dios. No pronunció palabras hirientes de Dios ni tampoco pecó contra Dios. No solo su boca bendijo el nombre de Dios, sino que también lo hizo en su corazón; su boca y su corazón eran uno. Este era el auténtico Job que Dios veía y por esta razón lo valoraba.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II
¿Por qué fue Job capaz de temer a Dios y apartarse del mal? ¿Qué pensaba en su fuero interno? ¿Cómo lograba no hacer esas cosas malas? Tenía un corazón temeroso de Dios. ¿Qué significa tener un corazón temeroso de Dios? Significa que en su interior tenía miedo de Dios y que lo honraba por ser grande y que en su corazón había un lugar reservado para Él. Evitaba el mal no porque tenía miedo de que Dios lo viera y de que se pusiera furioso por ello. Más bien, honraba a Dios en su interior por ser grande y estaba dispuesto a complacerle y a aferrarse a Sus palabras. Por ello fue capaz de temer a Dios y apartarse del mal. Hoy en día, la expresión “temer a Dios y apartarse del mal” es algo que la gente dice, a pesar de no saber cómo llegó Job a conseguirlo. De hecho, Job consideraba que “temer a Dios y apartarse del mal” constituía el aspecto fundamental y más importante de creer en Dios. Por lo tanto, era capaz de aferrarse a esas palabras como si se trataran de un mandamiento. Escuchaba las palabras de Dios porque en su interior lo honraba por ser grande. Daba igual que Sus palabras pudieran parecer insignificantes a ojos de los hombres, aunque estas fueran simplemente comunes, en el corazón de Job, provenían del Dios altísimo; eran las palabras más importantes y valiosas. Aun cuando haya gente que las menosprecie, mientras sean las palabras de Dios, las personas deberían acatarlas. Aunque ello las convierta en objeto de mofa o injurias, deben observar Sus palabras. Aun cuando encuentren tribulaciones o sean perseguidas, han de aferrarse a Sus palabras hasta el final y no pueden renunciar a ellas. Eso es lo que significa temer a Dios. Has de aferrarte a cada palabra que Dios exige al hombre. En lo referente a aquellas cosas que Dios prohíbe o a aquellas que detesta, si las desconoces, que así sea, pero una vez que sepas cuáles son, deberías ser capaz de no hacerlas bajo ningún concepto. Deberías ser capaz de atenerte a ello, aunque tu familia te rechace, los no creyentes se burlen o tus allegados te ridiculicen o se rían de ti. ¿Por qué debes aferrarte a ellas? ¿Cuál es tu motivación? ¿Cuáles son tus principios? Son estos: “Debo aferrarme a las palabras de Dios y obrar según Sus deseos. Me mantendré firme para hacer aquellas cosas que agradan a Dios y renunciaré resueltamente a aquellas que detesta. Si desconozco la intención de Dios, que así sea, pero si la conozco y la comprendo, he de escuchar y someterme resueltamente a Sus palabras. Nadie logrará impedírmelo y no flaquearé ni hasta el fin de los tiempos”. Eso es lo que significa temer a Dios y apartarse del mal.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte
¿En qué asuntos de la vida cotidiana tenéis un corazón temeroso de Dios? ¿Y en cuáles no? ¿Eres capaz de odiar a alguien cuando te ofende o atenta contra tus intereses? Y cuando odias a alguien, ¿eres capaz de atormentarlo y vengarte? (Sí). ¡Entonces das miedo! Si no tienes un corazón temeroso de Dios y eres capaz de hacer cosas malvadas, tu carácter cruel es demasiado grave. El amor y el odio son cosas que la humanidad normal debe poseer, pero has de distinguir claramente entre lo que amas y lo que odias. En tu corazón debes amar a Dios, amar la verdad, amar las cosas positivas y amar a tus hermanos y hermanas, mientras que debes odiar a Satanás y a los diablos, odiar las cosas negativas, odiar a los anticristos y odiar a los malvados. Si fueras capaz de reprimir y vengarte de tus hermanos y hermanas por odio, eso sería muy sobrecogedor; y este es el carácter de una persona malvada. Algunas personas simplemente tienen pensamientos odiosos e ideas llenos de odio, malvadas, pero nunca han hecho nada malvado, así que no son personas malvadas. Esto es porque, cuando sucede algo, son capaces de buscar la verdad y prestan atención a los principios según los que se comportan, y se ocupan de las cosas. Cuando interactúan con otros, no les piden más de lo debido. Si se llevan bien con la persona, siguen interactuando con ella; si no se llevan bien, entonces no lo hacen. Eso no afecta en absoluto a la ejecución de su deber o a su entrada en la vida. Dios está en su corazón y tienen un corazón temeroso de Él. No están dispuestos a ofender a Dios y tienen miedo de hacerlo. Aunque estas personas puedan albergar determinados pensamientos e ideas incorrectos, son capaces de rebelarse contra ellos y dejarlos de lado. Se controlan en sus acciones y no pronuncian una sola palabra fuera de lugar o que ofenda a Dios. Alguien que habla y actúa de esta forma es alguien que tiene principios y practica la verdad. Tu personalidad podría ser incompatible con la de otra persona y podría no caerte bien, pero cuando trabajas al lado de ella, permaneces imparcial y no expresas tus frustraciones al llevar a cabo tu deber ni sacas tus frustraciones ni te desquitas de ellas con los intereses de la familia de Dios; puedes encargarte de las cosas de acuerdo con los principios. ¿Qué manifiesta esto? Es una manifestación de tener un corazón temeroso de Dios básico. Si tienes un poco más, cuando ves que otro tiene carencias o debilidades todavía eres capaz de tratar a esa persona de manera adecuada y ayudarla con amor, aunque te haya ofendido o tenga un prejuicio contra ti. Esto significa que tienes amor, que eres una persona con humanidad, que eres amable y capaz de practicar la verdad, que eres una persona honesta que posee las realidades-verdad, y que tienes un corazón temeroso de Dios. Si tu estatura todavía es baja, pero tienes voluntad y estás dispuesto a esforzarte por la verdad y por hacer las cosas con principios, y si eres capaz de comportarte, tratar los asuntos y tratar a los demás con principios, entonces esto también se considera tener cierto corazón temeroso de Dios; algo que es completamente fundamental.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Las cinco condiciones que hay que cumplir para emprender el camino correcto de la fe en Dios
Una vez que la verdad se haya convertido en tu vida, si ves a alguien blasfemar contra Dios, no temerle, ser negligente al hacer su deber o trastornar y perturbar el trabajo de la iglesia, podrás tratarlo de acuerdo con los principios-verdad, discerniendo a quienes hay que discernir y desenmascarando a quienes hay que desenmascarar. Si la verdad no se ha convertido en tu vida y todavía vives en función de tus actitudes satánicas, entonces, cuando veas a personas malvadas y diablos causando trastornos y perturbaciones en el trabajo de la iglesia, harás la vista gorda y oídos sordos, y lo ignorarás, sin sentir ningún reproche de tu conciencia. Incluso pensarás que no importa quién cause perturbaciones en el trabajo de la iglesia, no tiene nada que ver contigo. Sin importar cuánto se perjudiquen el trabajo de la iglesia y los intereses de la casa de Dios, no te importará ni preguntarás al respecto, ni sentirás ningún reproche de tu conciencia. En ese caso, eres una persona sin conciencia ni razón, un incrédulo, un contribuyente de mera mano de obra. Comes lo que es de Dios, bebes lo que es de Dios y disfrutas de todo lo que proviene de Él, pero sientes que cualquier daño que sufran los intereses de la casa de Dios no tiene nada que ver contigo; esto te convierte en un traidor que se pone del lado de los de fuera a expensas de los tuyos, de esos que muerden la mano que les da de comer. Si no salvaguardas los intereses de la casa de Dios, ¿eres siquiera humano? Eres un demonio que se ha infiltrado en la iglesia. Finges tu fe en Dios, simulas ser parte de Su pueblo escogido y quieres vivir de gorra en Su casa; ya no te pareces a un ser humano y eres claramente un incrédulo. Aquellos que creen de verdad en Dios, incluso si aún no han obtenido la verdad y vida, como mínimo se pondrán de Su lado en sus palabras y acciones; como mínimo, no se quedarán de brazos cruzados cuando vean que se perjudican los intereses de la casa de Dios. Si intentan ignorarlo, su conciencia se sentirá culpable e intranquila, y se dirán a sí mismos: “No puedo quedarme sentado sin hacer nada. Debo alzar la voz y decir algo, debo cumplir con mi responsabilidad. Debo dar un paso al frente para desenmascarar y detener esta acción malvada, para salvaguardar los intereses de la casa de Dios de cualquier daño y para asegurar que la vida de iglesia no se vea perturbada”. Si la verdad se ha convertido en tu vida en tu corazón, entonces no solo tendrás este valor y determinación, sino que también serás capaz de desentrañar este asunto. Además, podrás cumplir con la parte de responsabilidad que te corresponde en la obra de Dios y en los intereses de Su casa y, de esta manera, tu deber estará cumplido. Si puedes tratar tu deber como tu propia responsabilidad y obligación, y como la comisión de Dios, y sientes que solo de esta manera estás a la altura de tu propia conciencia y no decepcionas a Dios, ¿no estarás entonces viviendo la integridad y la dignidad de la humanidad normal? Tus hechos y tu comportamiento serán el “temer a Dios y evitar el mal” del que habla Dios. Estarás practicando la esencia de estas palabras y viviendo su realidad.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte
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