45. Cómo entender el carácter justo de Dios
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
En Su obra final de dar por concluida la era, el carácter de Dios es de castigo y juicio, en el que revela todo lo que es injusto para juzgar públicamente a la miríada de pueblos y perfeccionar a aquellos que le aman sinceramente. Solo un carácter así puede concluir la era. Los últimos días ya han llegado. Todas las cosas se ordenan según su tipo y se dividen en diferentes categorías sobre la base de sus distintas cualidades. Este es precisamente el momento en el que Dios revela los finales y los destinos de las personas. Si estas no experimentan el castigo y el juicio, su rebeldía y su injusticia no se pueda dejar en evidencia. Solo mediante el juicio y castigo se pueden revelar los finales de todas las cosas. Las personas solo muestran su verdadera cara cuando las castigan y juzgan. El mal se clasificará en el mal, el bien en el bien, y toda la gente será ordenada según su tipo. A través del castigo y del juicio se revelarán los finales de todas las cosas, de forma que los malos sean castigados y los buenos recompensados, y la miríada de personas se rinda ante el dominio de Dios. Toda esta obra debe lograrse por medio del castigo y juicio justos. Como la corrupción de las personas ha alcanzado su punto culminante y su rebeldía es extremadamente grave, solo el carácter justo de Dios, que se compone principalmente de castigo y juicio y se revela durante los últimos días, puede transformar y hacer completas totalmente a las personas y revelar el mal, y de esta forma todos los injustos serán castigados con severidad. Por tanto, un carácter como este está impregnado del significado de la era. El carácter de Dios es revelado y desvelado en aras de la obra de cada nueva era. Dios no revela Su carácter de manera arbitraria y sin sentido. Suponed que, durante los últimos días de la revelación de los finales de las personas, Dios siguiera amándolas con misericordia y cariño infinitos y continuara siendo amoroso hacia ellas, sin someterlas a un juicio justo, sino demostrándoles tolerancia, paciencia y perdón, y las absolviera por muy graves que fueran sus pecados, sin un atisbo de juicio justo. ¿Cuándo concluiría entonces toda la gestión de Dios? ¿Cuándo podría un carácter así guiar a la gente al destino apropiado de la especie humana? Por ejemplo, un juez que siempre es amoroso hacia las personas, un juez amoroso con una cara amable y un corazón benévolo. Ama a las personas sin importar qué crímenes hayan cometido, y es amoroso y tolerante con las personas sin importar quienes sean. En ese caso, ¿cuándo será capaz de alcanzar un veredicto recto? Durante los últimos días, solo el juicio justo puede organizar a las personas según su tipo y llevarlas a un nuevo reino. De esta forma, se pone fin a toda la era por medio del carácter justo de Dios de juicio y castigo.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La visión de la obra de Dios (3)
Yo soy el único Dios mismo; y además, Yo soy la única y exclusiva persona de Dios. Incluso más, Yo, la totalidad de la carne, soy la manifestación completa de Dios. Cualquiera que se atreva a no temerme, cualquiera que ose exhibir resistencia en sus ojos y se atreva a decir palabras desafiantes contra Mí, morirá ciertamente por Mis maldiciones y Mi ira (habrá maldiciones debido a Mi ira). Además, cualquiera que se atreva a no ser leal o filial hacia Mí, y cualquiera que ose intentar engañarme, morirá sin duda por Mi odio. Mi justicia, Mi majestad y Mi juicio perdurarán eternamente y para siempre. Primero, fui amoroso y misericordioso, pero este no es el carácter de Mi divinidad completa; solo la justicia, la majestad y el juicio son Mi carácter: el carácter de Dios mismo completo. Durante la Era de la Gracia fui amoroso y misericordioso. Dada la obra que tenía que terminar, poseía cariño y misericordia, después, sin embargo, ya no hubo necesidad de tales cosas (y no ha habido ninguna desde entonces). Todo es justicia, majestad y juicio, y este es el carácter completo de Mi humanidad normal emparejado con Mi divinidad completa.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 79
Castigaré al malvado y recompensaré al bueno; ejecutaré Mi justicia, pondré en marcha Mi juicio y usaré Mis palabras para lograrlo todo, haré que todas las personas y todas las cosas experimenten Mi mano que castiga. Sin duda haré que todas las personas vean Mi gloria plena, Mi sabiduría plena y Mi abundancia plena. Ninguna persona se atreverá a levantarse y a emitir un juicio, porque todo se cumple en Mí; y aquí, que todos los hombres vean Mi dignidad plena y degusten Mi victoria plena, pues todas las cosas se manifiestan en Mí. Esto basta para demostrar Mi gran poder y Mi autoridad. Nadie se atreverá a ofenderme ni a obstaculizarme. En Mí todo se pone al descubierto; ¿quién se atrevería a esconder algo? ¡Sin lugar a dudas Yo no se lo perdonaría! Esos miserables deben recibir Mi castigo severo y tal escoria debe ser quitada de Mi vista. Yo los gobernaré con una vara de hierro y usaré Mi autoridad para juzgarlos, sin la menor misericordia y sin evitar lastimar en absoluto sus sentimientos, porque Yo soy Dios Mismo, que no tiene sentimientos carnales, y es majestuoso y no puede ser ofendido. Todos deben entender y ver esto para que no sean derribados y aniquilados por Mí “sin causa ni razón”, pues Mi vara derribará a todos los que me ofendan. No me importa si conocen Mis decretos administrativos; eso no tendrá consecuencia alguna para Mí ya que Mi persona no tolera que nadie la ofenda. Es por eso que se dice que soy un león; derribo a quienquiera que toco. Es por eso que se dice que ahora es blasfemia decir que Yo soy el Dios de la misericordia y la bondad. En esencia, no soy un cordero, sino un león. Nadie se atreve a ofenderme; a quienquiera que lo haga lo castigaré con la muerte, de inmediato y sin contemplación alguna hacia sus sentimientos.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 120
¡Yo soy justo, soy digno de confianza y soy el Dios que escruta lo más íntimo del corazón del hombre! Yo revelaré inmediatamente quién es auténtico y quién es falso. No os alarméis; todas las cosas obran de acuerdo con Mis tiempos. Quién me quiere sinceramente y quién no, yo os lo diré, uno por uno. Solo procurad comer y beber, y acercaros a Mí cuando vengáis a Mi presencia; y Yo mismo haré Mi obra. No estéis demasiado ansiosos por obtener resultados rápidos; Mi obra no es algo que pueda hacerse de golpe. En ella están Mis pasos y Mi sabiduría, y es por eso que Mi sabiduría puede revelarse. Yo os permitiré ver lo que hacen Mis manos: el castigo del mal y la recompensa del bien. Ciertamente, Yo no favorezco a nadie. A ti, que me amas sinceramente, Yo te amaré sinceramente, y en cuanto a aquellos que no me aman sinceramente, Mi ira estará siempre con ellos, de forma que puedan recordar por toda la eternidad que Yo soy el Dios verdadero, el Dios que escruta lo más íntimo del corazón del hombre. No actúes de una manera frente a los demás, pero de otra a sus espaldas; Yo veo con claridad todo lo que haces y, aunque puedas engañar a los demás, no puedes engañarme a Mí. Lo veo todo claramente. No es posible que ocultes nada; todo está en Mis manos. No te creas tan inteligente por hacer que tus pequeños cálculos sean para tu beneficio. Yo te digo: no importa cuántos planes pueda incubar el hombre, aunque sean miles o decenas de miles, al final, no pueden escapar de la palma de Mi mano. Mis manos controlan todas las cosas y acontecimientos, ¡y, ni hablar de una persona! No intentes evadirme u ocultarte; no trates de engatusar o de encubrir. ¿Puede ser que aún no veas que Mi glorioso rostro, Mi ira y Mi juicio se han revelado públicamente? A aquel que no me quiera sinceramente, Yo lo juzgaré de inmediato y sin piedad. Mi misericordia ha llegado a su fin; ya no queda más. Ya no sean hipócritas y detengan sus comportamientos salvajes e imprudentes.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 44
Para entender el carácter justo de Dios, uno debe entender primero Sus emociones: lo que Él odia, lo que aborrece, lo que ama, a quién tolera Él y con quién es misericordioso, y a qué tipo de persona concede esa misericordia. Este es un punto principal. Además, uno debe entender que no importa cuán amoroso sea Dios, no importa cuánta misericordia y cuánto amor tenga por las personas, Él no tolera que nadie ofenda Su identidad y Su estatus, ni Su dignidad. Aunque Él ama a las personas, no las consiente. Les da Su amor, Su misericordia y Su tolerancia, pero nunca las ha mimado; Dios tiene Sus principios y Sus límites. Con independencia del amor de Dios que hayas sentido, de lo profundo que sea ese amor, no debes tratar nunca a Dios como tratarías a otra persona. Aunque es cierto que Él trata a las personas con la mayor intimidad, si una persona ve a Dios simplemente como otra persona, como alguien que equivale a un ser creado, o como un amigo o un objeto de adoración, Él ocultará Su rostro de ella y la abandonará. Ese es Su carácter, y la gente no debe tomar este asunto a la ligera. Así pues, a menudo vemos palabras como estas pronunciadas por Dios acerca de Su carácter: no importa por cuántos caminos hayas viajado, cuánta obra hayas hecho ni cuánto sufrimiento hayas soportado, una vez que ofendes el carácter de Dios, Él te retribuirá en base a lo que hayas hecho. Esto significa que Dios trata a las personas con la mayor intimidad, pero estas no deben tratarlo como un amigo o un familiar. No consideres a Dios tu “colega”. No importa cuánto sientas que te ama y te tolera Dios, nunca debes tratar a Dios como tu amigo. Este es el carácter justo de Dios.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único VII
La intolerancia a la ofensa por parte de Dios es Su esencia única; la ira de Dios es Su carácter único; la majestad de Dios es Su esencia única. El principio detrás de la ira de Dios es la representación de Su identidad y estatus, que solo Él posee. No hace falta decir que este principio es también un símbolo de la esencia del único Dios mismo. El carácter de Dios es Su propia esencia inherente, que no cambia en absoluto con el paso del tiempo, ni se ve alterada por los cambios de localización geográfica. Su carácter inherente es Su esencia intrínseca. Independientemente de sobre quién lleve a cabo Su obra, Su esencia no cambia, y tampoco lo hace Su carácter justo. Cuando uno enoja a Dios, lo que Dios envía es Su carácter inherente; en este momento el principio detrás de Su ira no cambia, ni tampoco Su identidad y estatus únicos. Él no se enoja debido a un cambio en Su esencia o porque diferentes elementos surgen de Su carácter, sino porque la oposición del hombre contra Él ofende Su carácter. La flagrante provocación del hombre hacia Dios es un desafío serio a la propia identidad y estatus de Dios. Según la opinión de Dios, cuando el hombre lo desafía, está contendiendo con Él y tentando a Su ira. Cuando el hombre se opone a Dios, cuando compite con Dios, cuando tienta continuamente a la ira de Dios, entonces es precisamente cuando el pecado prolifera; en esos momentos, la ira de Dios se revelará y presentará de forma natural. Por tanto, la expresión de Su ira por parte de Dios es un símbolo de que todas las fuerzas perversas dejarán de existir y es un símbolo de que todas las fuerzas hostiles serán destruidas. Esta es la singularidad del justo carácter de Dios y de Su ira. Cuando la dignidad y la santidad de Dios son desafiadas, cuando las fuerzas de la rectitud son obstruidas y no son vistas por el hombre, entonces Dios enviará Su ira. Debido a la esencia de Dios, todas esas fuerzas sobre la tierra que compiten con Dios, se oponen y enfrentan a Él, son perversas, corruptas y carentes de rectitud; proceden de Satanás y le pertenecen. Como Dios es recto y es de la luz y perfectamente santo, así todas las cosas perversas, corruptas y pertenecientes a Satanás desaparecerán cuando se desate la ira de Dios.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II
Cuando Dios envía Su ira, las fuerzas perversas son controladas y las cosas perversas destruidas, mientras las cosas justas y positivas llegan a disfrutar del cuidado y la protección de Dios y se les permite continuar. Dios envía Su ira porque las cosas injustas, negativas y perversas obstruyen, perturban o destruyen la actividad y el desarrollo normales de las cosas justas y positivas. El objetivo de la ira de Dios no es salvaguardar Su propio estatus e identidad, sino la existencia de las cosas justas, positivas, bellas y buenas, las leyes y reglas de la supervivencia normal de la humanidad. Esta es la causa principal de la ira de Dios. La furia de Dios es una revelación muy apropiada, natural y verdadera de Su carácter. No hay intenciones ocultas en Su furia, ni engaño ni conspiración, y mucho menos deseo, astucia, malicia, violencia, perversidad o cualquier otro de los rasgos compartidos por la humanidad corrupta. Antes de que Dios envíe Su furia, ya ha percibido la esencia de cada asunto de forma bastante clara y completa, y ya ha formulado definiciones y conclusiones precisas y claras. Así pues, el objetivo de Dios en todo lo que acomete es totalmente claro, como lo es Su actitud. Él no está confundido ni ciego, no es impulsivo ni descuidado y, desde luego, no carece de principios. Este es el aspecto práctico de la ira de Dios y, debido a este aspecto práctico de la ira de Dios, la humanidad ha alcanzado su existencia normal. Sin la ira de Dios, la humanidad descendería a condiciones de vida anormales y todas las cosas rectas, bellas y buenas serían destruidas y dejarían de existir. Sin la ira de Dios, las leyes y reglas de existencia para los seres creados serían quebrantadas o incluso totalmente trastocadas. Desde la creación del hombre, Dios ha utilizado continuamente Su carácter justo para salvaguardar y sustentar la existencia normal de la humanidad. Debido a que Su carácter justo contiene ira y majestad, todas las personas, acontecimientos y cosas perversos y todo lo que perturba y daña la existencia normal de la humanidad son castigados, controlados y destruidos como resultado de Su ira. A lo largo de los pasados milenios, Dios ha utilizado continuamente Su carácter justo para derribar y destruir a todos los tipos de diablos inmundos y espíritus malvados que se oponen a Él y actúan como cómplices y lacayos de Satanás en la obra de Dios de gestionar a la humanidad. Así pues, la obra de salvación del hombre por parte de Dios siempre ha avanzado de acuerdo con Su plan. Es decir que, debido a la existencia de la ira de Dios, las causas más rectas de la humanidad nunca han sido destruidas.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II
El trato de Dios hacia la totalidad de la humanidad, tan insensata e ignorante como esta es, se basa principalmente en la misericordia y la tolerancia. Su ira, por el contrario, se mantiene oculta la mayor parte del tiempo y en la mayor parte de sucesos; es desconocida para el hombre. Como consecuencia, es difícil para el hombre ver a Dios expresar Su ira, y también le es difícil entenderla. De ahí que el hombre se tome a la ligera la ira de Dios. Cuando el hombre se enfrenta a la obra y el paso final de Dios de la tolerancia y el perdón para el hombre, esto es, cuando la manifestación final de la misericordia de Dios y Su advertencia final alcanza a la humanidad, si la gente sigue utilizando los mismos métodos para oponerse a Dios y no hace ningún esfuerzo para arrepentirse, enmendar sus caminos y aceptar Su misericordia, entonces Dios ya no les concederá más Su tolerancia y paciencia. Al contrario, Dios retirará Su misericordia en ese momento. Después de esto, Él solo enviará Su ira. Él puede expresar Su ira de formas diferentes, del mismo modo que puede usar diferentes métodos para castigar y destruir a las personas.
El uso del fuego por parte de Dios para destruir la ciudad de Sodoma es Su método más rápido de aniquilar totalmente a los humanos o a cualquier otra cosa. Quemar a las personas de Sodoma no fue solo destruir sus cuerpos físicos, sino lo que es más, destruir la totalidad de sus espíritus, sus almas y sus cuerpos, garantizando que las personas dentro de la ciudad dejaran de existir tanto en el mundo material como en el mundo que es invisible al hombre. Esta es una forma en la que Dios revela y expresa Su ira. Esta forma de revelación y expresión es un aspecto de la esencia de la ira de Dios, del mismo modo que naturalmente también es una revelación de la esencia del carácter justo de Dios. Cuando Dios envía Su ira, deja de mostrar misericordia o benignidad; tampoco despliega más Su tolerancia o paciencia; no hay persona, cosa o razón que pueda persuadirlo para que continúe siendo paciente, dé otra vez Su misericordia y conceda Su tolerancia una vez más. En lugar de estas cosas, sin un momento de duda, Dios envía Su ira y majestad, hace lo que desea. Hará estas cosas de una manera rápida y limpia de acuerdo con Sus propios deseos. Esta es la forma en la que Dios envía Su ira y majestad, que el hombre no debe ofender, y también es una expresión de un aspecto de Su carácter justo. Cuando las personas ven a Dios mostrando preocupación y amor por el hombre, son incapaces de detectar Su ira, ver Su majestad o sentir Su intolerancia hacia la ofensa. Estas cosas han llevado a las personas a creer siempre de manera errónea que el carácter justo de Dios solo contiene misericordia, tolerancia y amor. Sin embargo, cuando uno ve a Dios destruir una ciudad o detestar a una humanidad, Su ira en la destrucción del hombre y Su majestad permiten a las personas ver el otro lado de Su carácter justo, que es la intolerancia de Dios a la ofensa. El carácter de Dios que no tolera ofensa sobrepasa la imaginación de cualquier ser creado y, entre los seres no creados, ninguno es capaz de interferir en él o afectarlo, y mucho menos puede ser suplantado o imitado. Así pues, este aspecto del carácter de Dios es uno que la humanidad debería conocer al máximo. Solo Dios mismo tiene este tipo de carácter y solo Dios mismo posee este tipo de carácter. Dios posee este tipo de carácter justo porque detesta la perversidad, las tinieblas, la rebeldía y los actos perversos de Satanás, que corrompen y devoran a la humanidad, porque Él detesta todos los actos de pecado en oposición a Él y debido a Su esencia santa y pura. Por esto es por lo que Él no sufrirá a ninguno de los seres creados o no creados oponiéndose a Él o disputando con Él. Incluso si un individuo hacia el que Él hubo mostrado alguna vez misericordia o al que había escogido, solo necesita provocar Su carácter y transgredir Su principio de paciencia y tolerancia, Él liberará y revelará Su carácter justo que no tolera ofensa sin la más mínima misericordia o duda.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II
Al tratar con cada uno de los actos de Dios, primero debes estar seguro de que el carácter justo de Dios está libre de cualquier otro elemento, de que es santo y perfecto. Estos actos incluyen el derribo, el castigo y la destrucción de la humanidad. Sin excepción, cada uno de los actos de Dios se hace estrictamente de acuerdo con Su carácter inherente y Su plan, y no incluye ningún elemento del conocimiento, la tradición y la filosofía de la humanidad. Cada uno de los actos de Dios es una expresión de Su carácter y esencia, sin relación con ninguna cosa que pertenezca a la humanidad corrupta. La humanidad tiene la noción de que solo el amor, la misericordia y la tolerancia de Dios hacia la humanidad son perfectos, no adulterados y santos, y nadie sabe que la furia de Dios y Su ira están igualmente sin adulterar; además, nadie ha contemplado preguntas como por qué no tolera Dios la ofensa o por qué es tan grande Su furia. Al contrario, algunos confunden la ira de Dios con un mal temperamento como el de la humanidad corrupta y malinterpretan el enojo de Dios como si fuera lo mismo que la furia de la humanidad corrupta. Incluso suponen erróneamente que la furia de Dios es justo como la revelación natural del carácter humano corrupto y que la emisión de la ira de Dios es justo como el enojo de la gente corrupta cuando se enfrentan a una situación infeliz y creen incluso que la emisión de la ira de Dios es una expresión de Su estado de ánimo. […] El carácter justo de Dios es la propia esencia verdadera de Dios. No es algo escrito o moldeado por el hombre. Su carácter justo es Su carácter justo y no tiene relación o conexión con ningún ser creado. Dios mismo es Dios mismo. Él nunca pasará a ser un ser creado, e incluso si se vuelve un miembro de los seres creados, Su carácter y esencia inherentes no cambiarán. Por tanto, conocer a Dios no es lo mismo que conocer un objeto; conocer a Dios no es diseccionar algo ni es lo mismo que entender a una persona. Si el hombre usa el concepto o el método de conocer un objeto o entender a una persona para conocer a Dios, entonces nunca será capaz de alcanzar el conocimiento de Dios. Conocer a Dios no depende de la experiencia o la imaginación y, por tanto, no debes imponer nunca tu experiencia o imaginación sobre Dios; no importa cuán rica puedan ser tu experiencia y tu imaginación, siguen siendo limitadas. Es más, tu imaginación no se corresponde con hechos y mucho menos con la verdad, y es incompatible con el verdadero carácter y esencia de Dios. Nunca tendrás éxito si confías en tu imaginación para entender la esencia de Dios. El único camino es este: aceptar todo lo que viene de Dios y después experimentarlo y entenderlo poco a poco. Habrá un día en el que Dios te esclarezca para entenderlo y conocerlo verdaderamente debido a tu cooperación y a tu hambre y sed de la verdad.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II
Cuando Dios cambió de opinión respecto a las personas de Nínive, ¿fueron Su misericordia y tolerancia una fachada falsa? ¡Por supuesto que no! ¿Entonces qué se ha mostrado a través de la transición entre estos dos aspectos del carácter de Dios durante el tratamiento que le dio Él a este asunto concreto? El carácter de Dios es un todo completo; no está en absoluto dividido. Independientemente de si Él está expresando enojo o misericordia y tolerancia hacia las personas, estas son todas expresiones de Su carácter justo. El carácter de Dios es vital y vivaz. Él cambia Sus pensamientos y actitudes según la manera en que se desarrollan las cosas. La transformación de Su actitud hacia los ninivitas le dice a la humanidad que Él tiene Sus propios pensamientos e ideas; Él no es un robot ni una figura de arcilla, sino el propio Dios vivo. Él podía estar airado con los habitantes de Nínive, del mismo modo que podía perdonar sus pasados debido a sus actitudes; Él podía decidir traer desgracia sobre los ninivitas, y podía cambiar Su decisión debido a su arrepentimiento. A las personas les gusta aplicar rígidamente las reglas y utilizarlas para delimitar y definir a Dios, del mismo modo que les gusta usar fórmulas para tratar de entender el carácter de Dios. Así pues, en lo que respecta al ámbito del pensamiento humano, Dios no piensa ni tiene ideas sustanciales. Pero en realidad, los pensamientos de Dios están en un estado de transformación constante, de acuerdo con los cambios en las cosas y los entornos. Mientras estos pensamientos se están transformando, se revelan diferentes aspectos de la esencia de Dios. Durante este proceso de transformación, en el preciso momento en que Dios cambia Su opinión, lo que le muestra a la humanidad es la existencia real de Su vida, y que Su carácter justo es vital y vivaz. Al mismo tiempo, Dios usa Sus propias revelaciones verdaderas para demostrar a la humanidad la certeza de la existencia de Su ira, Su misericordia, Su cariño y Su tolerancia. Su esencia se revelará en cualquier momento y lugar según se desarrollen las cosas. Él posee la ira de un león y la misericordia y la tolerancia de una madre. Su carácter justo no permite que nadie lo cuestione, viole, cambie o distorsione. Entre todos los asuntos y las cosas, el carácter justo de Dios, es decir, la ira y la misericordia de Dios, pueden revelarse en cualquier momento y lugar. Él le otorga una expresión vital a estos aspectos en cada rincón de toda la creación, y los implementa con vitalidad a cada momento. El carácter justo de Dios no está limitado por el tiempo o el espacio; en otras palabras, el carácter justo de Dios no se expresa o revela mecánicamente según las limitaciones del tiempo o el espacio, sino más bien con total facilidad y en todo momento y lugar. Cuando ves a Dios cambiar de opinión y dejar de expresar Su ira y refrenarse de destruir la ciudad de Nínive, ¿puedes decir que Dios solo es misericordioso y amoroso? ¿Puedes decir que la ira de Dios consiste en palabras vacías? Cuando Dios se enfurece con una intensa ira y se retracta de Su misericordia, ¿puedes decir que no siente un amor verdadero hacia la humanidad? Esta ira intensa que expresa Dios es en respuesta a las acciones malvadas de las personas; Su ira carece de defectos. El corazón de Dios se conmueve en respuesta al arrepentimiento de las personas, y es este arrepentimiento el que causa que cambie de opinión. Cuando se siente conmovido, cuando cambia de opinión, y cuando muestra Su misericordia y tolerancia hacia el hombre, todo ello carece totalmente de defectos; todo ello es limpio, puro, inmaculado y no está adulterado. La tolerancia de Dios es simplemente tolerancia y Su misericordia es simplemente misericordia. Su carácter revela ira o expresa misericordia y tolerancia de acuerdo con las diversas manifestaciones del hombre y su arrepentimiento. No importa lo que Él revele o exprese, todo es puro y directo; Su esencia es distinta de la de cualquier ser creado. En los principios de acción, los pensamientos y las ideas que expresa Dios, así como cada decisión que Él toma y cada acción que realiza, no hay defectos ni imperfecciones de ningún tipo. Puesto que así ha decidido y actuado Dios, así completa Sus compromisos. Los resultados de Sus compromisos son correctos y perfectos porque su fuente es perfecta e intachable. La ira de Dios es perfecta. Del mismo modo, la misericordia y la tolerancia de Dios, que no posee ninguno de los seres creados, son santas y perfectas, y pueden soportar la deliberación reflexiva y la experiencia.
A partir de vuestra comprensión de la historia de Nínive, ¿veis ahora el otro lado de la esencia del carácter justo de Dios? ¿Veis el otro lado del carácter justo único de Dios? ¿Posee alguien en la humanidad este tipo de carácter? ¿Posee alguien este tipo de ira, la ira de Dios? ¿Posee alguien misericordia y tolerancia como las que posee Dios? ¿Quién entre los seres creados puede desatar tanta ira y decidir destruir o traer el desastre sobre la humanidad? ¿Y quién está capacitado para conceder misericordia al hombre, para tolerar y perdonar y, por tanto, cambiar su decisión anterior de destruir al hombre? El Creador expresa Su carácter justo por medio de Sus propios métodos y principios únicos, y Él no está sujeto al control o a las restricciones impuestas por cualquier persona, acontecimiento o cosa. Con Su carácter único, nadie es capaz de cambiar Sus pensamientos e ideas, ni de persuadirlo y cambiar cualquiera de Sus decisiones. Todos los comportamientos y pensamientos de los seres creados existen bajo el juicio de Su carácter justo. Nadie puede controlar si ejerce la ira o la misericordia; solo la esencia del Creador o, en otras palabras, el carácter justo del Creador, puede decidir esto. ¡Esta es la naturaleza única del carácter justo del Creador!
Mediante el análisis y la comprensión de la transformación de la actitud de Dios hacia las personas de Nínive, ¿sois capaces de usar la palabra “única” para describir la misericordia encontrada en el carácter justo de Dios? Dijimos anteriormente que la ira de Dios es un aspecto de la esencia de Su carácter justo único. Ahora definiré dos aspectos —la ira de Dios y la misericordia de Dios— como Su carácter justo. El carácter justo de Dios es santo; no tolera la ofensa ni tampoco tolera que nadie lo cuestione; es algo que ningún ser creado o no creado posee. Es tanto único como exclusivo de Dios. Es decir, la ira de Dios es santa y no se puede ofender. De la misma manera, el otro aspecto del carácter justo de Dios —la misericordia de Dios— es santo y no puede ofenderse. Ninguno de los seres creados o no creados puede reemplazar o representar a Dios al hacer lo que Él pretende llevar a cabo, y nadie podría haberlo reemplazado o representado en la destrucción de Sodoma o la salvación de Nínive. Esta es la verdadera expresión del carácter justo único de Dios.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único II
Su misericordia y Su tolerancia existen realmente; pero cuando libera Su ira, Su santidad y Su justicia también le muestran al hombre ese lado de Dios que no tolera ofensa. Cuando el hombre es totalmente capaz de obedecer los mandatos de Dios y actúa según Sus requisitos, Él es abundante en Su misericordia; cuando el hombre está lleno de corrupción, sin embargo, y rebosa de hostilidad y enemistad hacia Él, Dios tiene una ira profunda. ¿Hasta qué punto llega Su ira? Su ira durará hasta que Él deje de ver la resistencia y los hechos malvados del hombre, hasta que dejen de estar ante Sus ojos. Solo entonces desaparecerá la ira de Dios. En otras palabras, no importa quién sea la persona; si su corazón se ha distanciado y apartado de Él y no se puede recuperar, independientemente de cuánto, en apariencia o en sus deseos subjetivos, anhele en su cuerpo o en su pensamiento adorar, seguir y someterse a Dios, mientras su corazón se haya apartado de Él, la ira de Dios se desatará sin cesar. Y será tal que cuando Dios desencadene ira profunda, habiéndole dado suficientes oportunidades a esa persona, ya no habrá forma de dar marcha atrás. Él no volverá a ser misericordioso ni tolerante con esa persona. Este es un lado del carácter de Dios que no tolera ofensa. […] Él es tolerante y misericordioso con las cosas bondadosas, bellas y buenas; con las que son malvadas, pecaminosas y perversas, es profundamente iracundo; tanto que Su ira no cesa. Estos son dos aspectos primordiales del carácter de Dios, los cuales son los más importantes, los más destacados y, más incluso, Él los ha revelado de principio a fin: misericordia abundante e ira profunda.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II
En todo lo que Dios hace, actúa en la medida adecuada. Él sabe qué hacer y cómo hacerlo, y ciertamente no hará que las personas hagan nada que vaya más allá de sus capacidades naturales. El trato de Dios hacia cada persona se basa en las circunstancias y el trasfondo reales del momento, así como en las acciones y el comportamiento de esa persona y su esencia-naturaleza. Dios nunca agravia a nadie. Esta es la justicia de Dios. Por ejemplo, Eva fue seducida por la serpiente para que comiera del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, pero Jehová no la reprendió diciendo: “Te dije que no comieras, ¿por qué lo hiciste de todos modos? Deberías haber tenido discernimiento; deberías haber sabido que la serpiente solo hablaba para seducirte”. Jehová no reprendió a Eva de esa manera. Esto se debe a que los seres humanos son creados por Dios, y Él sabe cómo son sus capacidades naturales y lo que estas permiten hacer a las personas, hasta qué punto pueden controlarse a sí mismas y cuánto pueden lograr. Dios sabe todo esto con bastante claridad. El trato de Dios hacia una persona no es tan simple como la gente imagina. La actitud de Dios hacia una persona —si le agrada, le tiene aversión o la aborrece— se basa principalmente en la actitud de esa persona hacia la verdad. Sin importar lo que uno diga en cualquier contexto, Dios lo escruta y lo entiende, porque escruta el corazón y la esencia del hombre. La gente siempre cree: “Dios solo tiene divinidad. Él es justo y no tolera la ofensa del hombre. No considera las dificultades del hombre ni se pone en su lugar. Si una persona se resiste a Dios, Él la castigará”. Las cosas no son así en absoluto. Si así es como la gente entiende la obra de Dios, Sus principios para tratar a las personas y Su justicia, esto es un grave error. La determinación de Dios del resultado de cada persona no se basa en las nociones y figuraciones del hombre, sino en el carácter justo de Dios. Él retribuirá a cada uno según lo que haya hecho. Dios es justo y, tarde o temprano, hará que todas las personas queden completamente convencidas.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte
Las personas dicen que Dios es un Dios justo, y en tanto que el hombre lo siga hasta el final, seguramente será imparcial hacia el hombre porque Él es el más justo. Si un hombre lo sigue hasta el final, ¿lo podría desechar? Soy imparcial con todos los hombres y juzgo a todos los hombres con Mi carácter justo, sin embargo, hay condiciones adecuadas para las exigencias que le hago al hombre, y lo que Yo exijo, todos los hombres lo deben cumplir, sin importar quiénes sean. No me importa cómo sean tus cualificaciones ni hace cuánto que las tengas; solo me importa si sigues Mi camino y si tienes o no amor y sed por la verdad. Si careces de la verdad y más bien causas vergüenza a Mi nombre y no actúas de acuerdo a Mi camino y solo lo sigues sin cuidado ni preocupación, entonces en ese momento te derribaré y te castigaré por tu maldad y ¿qué tendrás que decir entonces? ¿Podrás decir que Dios no es justo? Si has cumplido con las palabras que he expresado hoy, entonces eres la clase de persona que apruebo. Dices que siempre has sufrido mientras sigues a Dios, que lo has seguido durante las tormentas y que has compartido con Él los buenos y los malos momentos, pero no has vivido las palabras pronunciadas por Dios; solo quieres ir de un lado a otro por Dios y esforzarte por Él todos los días y nunca has pensado vivir una vida que tenga sentido. También dices: “En cualquier caso, creo que Dios es justo. Sufro por Él, voy de un lado a otro por Él y me dedico a Él y, aunque no logre nada, trabajo duro; seguro que me recuerda”. Es verdad que Dios es justo, pero Su justicia no está manchada con ninguna impureza: no contiene voluntad humana alguna y no está manchada por la carne o por las transacciones humanas. Todos los que son rebeldes y se oponen y no actúan conforme a Su camino serán castigados; ¡ninguno será perdonado y ninguno será pasado por alto! Algunas personas dicen: “Hoy voy de aquí para allá por Ti; cuando llegue el fin, ¿me puedes dar una pequeña bendición?”. Así que te pregunto: “¿Has cumplido Mis palabras?”. La justicia de la que hablas se basa en una transacción. Tú solo piensas que Yo soy justo e imparcial con todos los hombres y que todos los que me siguen hasta el final están seguros de ser salvos y ganar Mis bendiciones. Hay un significado interno en Mis palabras cuando digo “todos los que me siguen hasta el final están seguros de ser salvos”: los que me siguen hasta el final son a los que Yo ganaré íntegramente; son los que, después de que los haya conquistado, buscan la verdad y son perfeccionados. ¿Qué condiciones has alcanzado? Solo has conseguido seguirme hasta el final, pero ¿qué más? ¿Has cumplido Mis palabras? Has alcanzado uno de Mis cinco requisitos, pero no tienes la intención de cumplir los cuatro restantes. Sencillamente has encontrado la senda más sencilla y fácil y la has seguido con la esperanza de tener suerte. Con una persona como tú, Mi carácter justo es solo castigo y juicio, es solo una retribución justa, y es el castigo justo de todos los malhechores; todos los que no siguen Mi camino, con toda seguridad van a ser castigados, incluso si siguen hasta el final. Esta es la justicia de Dios. Cuando este carácter justo se exprese en el castigo del hombre, el hombre se quedará boquiabierto y lamentará que, mientras siguió a Dios, no siguió Su camino. “En aquel momento solo sufrí un poco mientras seguía a Dios, pero no seguí el camino de Dios. ¿Qué excusas hay? ¡No hay opción sino la de ser castigado!”. Pero en su mente está pensando: “De todos modos, te he seguido hasta el final, por lo que incluso si me castigas, no puede ser un castigo demasiado severo y me seguirás queriendo después de que haya sido castigado. Sé que Tú eres justo y que no me vas a tratar de esa manera para siempre. Después de todo, no soy como los que serán exterminados; los que serán exterminados recibirán un fuerte castigo, mientras que mi castigo será más leve”. El carácter justo no es como dices. No es que los que son buenos para confesar sus pecados son tratados con indulgencia. La justicia es santidad y es un carácter que no tolera que el hombre ofenda, y todo lo que es inmundo y que no ha cambiado es blanco del aborrecimiento de Dios. El carácter justo de Dios no es una ley sino un decreto administrativo: es un decreto administrativo dentro del reino, y este decreto administrativo es el castigo justo para cualquiera que no posee la verdad y no ha cambiado, y no hay margen para la salvación. Porque cuando cada persona se ordene según su tipo, los buenos serán recompensados y los malos serán castigados. Es cuando el destino del hombre se revelará; es el momento en que la obra de salvación llegará a su fin, después de lo cual, la obra de salvar al hombre ya no se hará y la retribución vendrá sobre todos los que hagan el mal.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio
Uno debe entender la justicia y el amor de Dios en profundidad y explicarlos y comprenderlos a partir de las palabras de Dios y la verdad. Para conocer realmente el amor y la justicia de Dios, uno debe además vivir una experiencia real y alcanzar el esclarecimiento de Dios. Uno no debe medir Su amor y Su justicia según sus propias nociones e imaginaciones. Según las nociones humanas, se recompensa el bien y se castiga el mal, se recompensa a los buenos con el bien y a los malvados con el mal, y aquellos que no hacen el mal deberían ser recompensados con el bien y recibir bendiciones. Se diría que se debería recompensar con el bien a todas las personas que no son malvadas. Esta sería la justicia de Dios. ¿Acaso no es esta la noción que tienen? Si no se les recompensa con el bien, ¿dirías entonces que Dios no es justo? Por ejemplo, en los tiempos de Noé, Dios le dijo: “He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra” (Génesis 6:13). Entonces le ordenó a Noé que construyera el arca. Después de que Noé aceptara la comisión de Dios y construyera el arca, una enorme tromba de agua cayó sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, el mundo entero quedó sumergido bajo las inundaciones y, con la excepción de Noé y los siete miembros de su familia a bordo del arca, Dios destruyó a todos los humanos de su era. ¿Qué opinas de esto? ¿Dirías que Dios no es amoroso? Para el hombre, por muy corrupta que sea la especie humana, si Dios la destruye, eso significa que Él no es amoroso. ¿Es esto correcto? ¿No es esto absurdo? Dios no amaba a aquellos a los que destruyó, pero ¿puedes decir que no amaba a aquellos que sobrevivieron y a aquellos que lograron Su salvación? Pedro amaba a Dios hasta lo más profundo y Dios amaba a Pedro, ¿puedes decir que Dios no es amoroso? Dios ama a los que de veras lo aman, y odia y maldice a los que se oponen a Él y se niegan obstinadamente a arrepentirse. Dios posee tanto amor como odio. Esto es verdad. No se debe delimitar o juzgar a Dios según las nociones e imaginaciones de la especie humana, es decir, según su manera de contemplar las cosas, que no posee ninguna verdad en absoluto. Uno debe conocer a Dios a partir de Su postura ante el hombre, por Su carácter y esencia. En absoluto se debe tratar de delimitar qué esencia tiene Dios a partir de las apariencias de esas cosas que Él hace y aborda. La especie humana está tan profundamente corrompida por Satanás que no conoce en absoluto la esencia-naturaleza de la especie humana corrupta y mucho menos lo que la especie humana corrupta es realmente ante Dios ni cómo se la debe tratar conforme a Su carácter justo. Mira a Job, era un hombre justo y Dios lo bendijo. Esto fue la justicia de Dios. Satanás hizo una apuesta con Jehová: “¿Teme Job a dios en vano? ¿No has puesto una cerca alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene por doquier? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus propiedades han crecido en la tierra. Pero extiende tu mano ahora, y toca todo lo que tiene, y él te abandonará en tu cara” (Job 1:9-11).* Jehová Dios dijo: “Todo lo que tiene está en tu poder; pero no extiendas tu mano sobre él” (Job 1:12). Así que Satanás fue donde Job y lo atacó y lo tentó, y Job se enfrentó a pruebas. Se le desposeyó de todo lo que tenía, de sus hijos y sus propiedades, y se le llenó el cuerpo de llagas. ¿Contenían las pruebas de Job el carácter justo de Dios? No se puede decir con claridad, ¿cierto? Incluso si eres una persona justa, Dios tiene el derecho a someterte a pruebas y a hacerte dar testimonio de Él. El carácter de Dios es justo; Él trata a todos por igual. No es que las personas justas no necesiten someterse a prueba porque puedan soportarlas o que se deba proteger a las personas justas. No es este el caso. Dios tiene derecho a hacer que las personas justas pasen por pruebas. Tal es la revelación del carácter justo de Dios. Finalmente, cuando Job terminó de pasar por las pruebas y de dar testimonio de Jehová, Él lo bendijo todavía más que antes, incluso mejor que antes, y le dio el doble de bendiciones. Además, Jehová se le apareció y le habló desde el viento, y Job lo vio como si lo tuviera delante. Fue una bendición que le concedió Dios. Fue la justicia de Dios. Si cuando Job terminó de pasar por las pruebas y Jehová contempló que Job había dado testimonio de Él en presencia de Satanás y lo avergonzó, Jehová se hubiera dado entonces la vuelta y lo habría ignorado y Job después no hubiera recibido bendiciones, ¿tendría esto la justicia de Dios? No importa que Job fuera bendecido o no después de las pruebas, o que Jehová se le apareciera o no; todo esto contiene la buena intención de Dios. Tanto aparecer ante Job como no hacerlo, ambas cosas habrían sido la justicia de Dios. ¿En qué te basas tú, un ser creado, para imponer exigencias a Dios? La gente no está cualificada para imponer exigencias a Dios. No hay nada más irracional que imponer exigencias a Dios. Él hará lo que deba hacer y Su carácter es justo. La justicia no es en modo alguno imparcial ni razonable; no se trata de igualitarismo, de darte lo que mereces por tu trabajo ni de pagarte por el trabajo que hayas hecho ni de darte lo que merezcas a tenor de tu esfuerzo; esto no es justicia, es simplemente ser imparcial y razonable. Muy pocas personas son capaces de conocer el carácter justo de Dios. Supongamos que Dios hubiera destruido a Job después de que este diera testimonio de Él: ¿Sería esto justo? De hecho, lo sería. ¿Por qué se denomina justicia a esto? ¿Cómo ve la gente la justicia? Si algo concuerda con las nociones de la gente, a esta le resulta muy fácil decir que Dios es justo; sin embargo, si considera que algo no concuerda con sus nociones —si es algo que no entiende—, le resultará difícil decir que Dios es justo. Si Dios hubiera destruido a Job en aquel entonces, la gente no diría que Él es justo. En realidad, con independencia de si la gente ha sido corrompida o no y de si lo ha sido profundamente, ¿tiene que justificarse Dios cuando la destruye? ¿Tiene que explicar a las personas en qué se basa para hacerlo? ¿Debe Dios decirle a la gente las leyes que Él ha ordenado? No hay necesidad de ello. A ojos de Dios, alguien que es corrupto y que es susceptible de resistirse a Dios no tiene ningún valor; cómo lo maneje Dios siempre estará bien y es todo según los arreglos de Dios. Si fueras desagradable a ojos de Dios, si dijera que no le resultas útil tras tu testimonio y, por consiguiente, te destruyera, ¿sería esta Su justicia? También lo sería. Tal vez no sepas reconocerlo ahora mismo a partir de la realidad, pero debes entenderlo en doctrina. ¿Qué opináis? ¿Es la destrucción de Satanás a manos de Dios una expresión de Su justicia? (Sí). ¿Y si Él permitiera que Satanás perdurara? No os atrevéis a decirlo, ¿verdad? La esencia de Dios es la justicia. Aunque no es fácil entender lo que hace, todo cuanto hace es justo, solo que la gente no lo entiende. Cuando Dios entregó a Pedro a Satanás, ¿cómo respondió Pedro? “La humanidad es incapaz de comprender lo que haces, pero todo cuanto haces tiene Tus buenas intenciones; en todo ello hay justicia. ¿Cómo sería posible que no alabara Tu sabiduría y Tus obras?”. Ahora debes ver que la razón por la que Dios no destruye a Satanás durante la época de Su salvación del hombre es que los seres humanos puedan ver con claridad cómo Satanás los ha corrompido y hasta qué punto lo ha hecho, y cómo Dios los purifica y los salva. En última instancia, cuando la gente haya comprendido la verdad y haya visto claramente la horrible cara de Satanás, y haya contemplado el monstruoso pecado de la corrupción de Satanás sobre ellos, Dios destruirá a Satanás, mostrándoles Su justicia. El momento de la destrucción de Satanás contiene el carácter y la sabiduría de Dios. Todo cuanto Él hace es justo. Aunque los humanos no sean capaces de percibir la justicia de Dios, no deben juzgarlo a su antojo. Si alguna cosa que haga les parece irrazonable o tienen nociones al respecto y luego dicen que Él no es justo, están siendo de lo más irracionales. Ya ves, a Pedro también le parecían incomprensibles algunas cosas, pero estaba seguro de que la sabiduría de Dios estaba presente y que esas cosas albergaban Sus buenas intenciones, que las personas no podían entenderlas y que había muy pocas cosas que podían comprender. Por lo tanto, no es fácil conocer el carácter de Dios.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte
Expreso Mi misericordia hacia los que me aman y se desprenden de sí mismos. Mientras tanto, el castigo traído sobre los malvados es precisamente una prueba de Mi justo carácter y, más aún, testimonio de Mi ira. Cuando llegue el desastre, el hambre y la peste caerán sobre todos aquellos que se oponen a Mí y llorarán. Quienes hayan cometido toda clase de acciones malvadas, pero me hayan seguido durante muchos años no se librarán de pagar por sus pecados; ellos también caerán en la catástrofe, que apenas se ha visto durante millones de años, y vivirán en un constante estado de pánico y miedo. Y aquellos de Mis seguidores que han sido absolutamente leales a Mí se regocijarán y aplaudirán Mi poderío. Ellos experimentarán una alegría inefable y vivirán en un júbilo que Yo nunca antes he otorgado a la humanidad. Porque Yo atesoro las buenas obras del hombre y aborrezco sus acciones malvadas. Desde que comencé a liderar a la humanidad, he estado esperando ansiosamente obtener un grupo de personas que piense igual que Yo. Pero nunca olvido a los que no piensan igual que Yo; los odio siempre en Mi corazón, a la espera de la oportunidad de hacerles responder por sus acciones malvadas, algo que disfrutaré cuando lo vea. ¡Ahora, Mi día finalmente ha llegado y ya no necesito esperar!
Mi obra final es no solo para castigar al hombre, sino para ordenar el destino del hombre. Más si cabe, es en aras de hacer que todas las personas reconozcan Mis hechos y acciones. Haré que cada persona vea que todo lo que he hecho es lo correcto y una expresión de Mi carácter, que no es la obra del hombre y ni mucho menos es la naturaleza lo que creó a la especie humana y que, en su lugar, soy Yo el que nutre a cada ser vivo entre todas las cosas. Sin Mi existencia, la humanidad solo puede perecer y sufrir el flagelo de las calamidades. Nadie volverá a ver jamás los hermosos sol y luna o el mundo verde; la especie humana solo se enfrentará a la noche fría y oscura y al valle inexorable de la sombra de la muerte. Yo soy la única redención de la especie humana. Soy la única esperanza de la especie humana y, aún más, Yo soy Aquel sobre quien descansa la existencia de toda ella. Sin Mí, la especie humana se detendrá de inmediato; sin Mí, la especie humana solo sufrirá una catástrofe devastadora y será pisoteada por todo tipo de fantasmas, aunque nadie me presta atención. He realizado una obra que no puede ser realizada por nadie más, solo con la esperanza de que el hombre me retribuya con buenas obras. Aunque pocos puedan haberme retribuido, de todos modos concluiré Mi viaje en el mundo humano y comenzaré el siguiente paso de la obra que está a punto de desarrollarse, ya que Mi ir y venir entre los hombres durante todos estos años ha sido fructífero, y estoy muy satisfecho. No me importa el número de personas, sino más bien sus buenas obras. En cualquier caso, espero que preparéis suficientes buenas obras para vuestro propio destino. Entonces Yo me sentiré satisfecho; de lo contrario, ninguno de vosotros puede escapar a la arremetida del desastre. El desastre se origina en Mí y, por supuesto, Yo lo orquesto. Si no podéis parecer buenos a Mis ojos, entonces no escaparéis de sufrir el desastre.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prepara suficientes buenas obras para tu destino
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