498  No trivialicéis vuestras transgresiones

I

Os he hecho muchas advertencias y concedido muchas verdades con la intención de conquistaros. A estas alturas, todos vosotros os sentís mucho más enriquecidos que en el pasado, habéis llegado a entender muchos principios de la conducta propia, y habéis descifrado mucho del sentido común que las personas fieles deberían tener. Todo esto es la cosecha que habéis recogido a lo largo de muchos años. No niego vuestros logros, pero tampoco niego las numerosas rebeliones y traiciones que habéis cometido contra Mí todos estos años, pues no hay santo alguno entre vosotros; sois todos, sin excepción, personas que han sido corrompidas por Satanás, sois enemigos de Cristo.

II

Hasta la fecha, vuestras transgresiones y rebeliones siguen siendo demasiado numerosas, pero, por el bien de vuestras perspectivas, de vuestro destino, os lo repetiré hasta la saciedad una vez más, aquí y ahora. Espero que podáis ser comprensivos y que creáis todas las palabras que Yo pronuncio y apreciéis las profundas intenciones detrás de Mis palabras. Quizás nadie sea capaz de deciros en el futuro lo que Yo os estoy diciendo ni de hablaros con tanta bondad, o aún menos de guiaros paso a paso con semejante paciencia.

III

Pasaréis los días venideros recordando los buenos tiempos, llorando a gritos o gimiendo de dolor, o viviréis noches oscuras sin ninguna provisión de la verdad ni vida, o simplemente aguardando sin una pizca de esperanza o viviendo en un arrepentimiento tan amargo que perderéis la razón… Ninguno de vosotros puede escapar de estas posibilidades.

IV

Esto se debe a que ninguno de vosotros ocupáis un lugar desde el cual adoráis verdaderamente a Dios, sino que os entremezcláis en el mundo del libertinaje y de la maldad; mezcláis en vuestras creencias, en vuestro espíritu, en vuestra alma y en vuestro cuerpo muchas cosas que no tienen nada que ver con la vida y la verdad, y que en realidad se oponen a ellas. Así pues, Mi esperanza para vosotros es que podáis obtener la senda de la luz. Mi única esperanza es que podáis apreciaros y valoraros a vosotros mismos y que no pongáis tanto énfasis en vuestro destino mientras contempláis vuestra conducta y vuestras transgresiones con indiferencia.

de La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las transgresiones conducirán al hombre al infierno

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