977 La obra de salvación de Dios es la causa más recta de todas
I
La obra de Dios de salvar a las personas es la de sacar a la gente de las tendencias del mundo malvado y llevarla de regreso a la casa de Dios, para luego enseñarles con tesón y proveerlas de verdad y vida, de modo que puedan entender y saber cuáles son los auténticos principios de conducta propia y cómo deberían comportarse, para que así escapen del daño que les hacen a las personas las tendencias malvadas de Satanás y las diversas filosofías y venenos satánicos.
II
Desde el principio hasta el presente, Dios ha hecho todo tipo de obra, desde la que llevó a cabo en la Era de la Ley y la Era de la Gracia hasta la obra de juicio que hace en la actualidad en los últimos días. La obra de Dios de gestionar y salvar a la especie humana lleva 6000 años en curso y durante este tiempo, Dios ha aguantado, esperado y hablado sin descanso, ha liderado a la humanidad hasta ahora. Dios no se ha rendido, esta obra que lleva a cabo es la causa más recta entre la especie humana.
III
Visto desde la naturaleza de la obra de Dios, Sus intereses son los más rectos y legítimos. Si los intereses de Dios están a salvo, la especie humana puede seguir sobreviviendo sin problemas, vivir con semejanza humana, vivir según las leyes de todas las cosas que Dios ha formulado y disfrutar de todo lo que Dios ha concedido a la especie humana, y los seres humanos se convertirán así en los auténticos amos de todas las cosas. Dios solo provee a la especie humana, sin exigir nada a cambio. Mientras Dios está haciendo la obra que es de mayor beneficio para la especie humana y llevando a cabo la causa más recta, la gente no solo no aprecia ni se lo agradece a Dios ni piensa en retribuirle, sino que, al contrario, trastorna, perturba y perjudica la obra de Dios y busca sus propios intereses personales. Tales personas no tienen conciencia ni razón en absoluto. ¿Acaso merecen todavía que se las llame personas? ¡Son verdaderos diablos y satanases!
de La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (I)