b. El nombre de Dios puede cambiar, pero Su esencia nunca cambia
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
Cada vez que Dios llega a la tierra, cambia Su nombre, Su género, Su imagen, y Su obra; Él no repite Su obra, es un Dios que siempre es nuevo y nunca viejo. Cuando vino anteriormente, se le llamó Jesús; ¿se le podría seguir llamando Jesús cuando venga de nuevo esta vez? Cuando vino anteriormente, era un varón; ¿podría ser de nuevo un varón esta vez? Cuando vino durante la Era de la Gracia Su obra fue ser clavado en la cruz; ¿seguirá redimiendo a la humanidad del pecado cuando venga de nuevo esta vez? ¿Volverá a ser clavado en la cruz? ¿No sería eso una repetición de Su obra? ¿No sabías que Dios es siempre nuevo y nunca viejo? Están aquellos que dicen que Dios es inmutable. Eso es correcto, pero se refiere a la inmutabilidad del carácter y la esencia de Dios. Los cambios en Su nombre y obra no demuestran que Su esencia se haya alterado; en otras palabras, Dios siempre será Dios, y esto nunca cambiará. Si dices que la obra de Dios siempre permanece igual, ¿sería entonces posible que Su plan de gestión de seis mil años llegue a su fin? Solo sabes que Dios es eternamente inmutable, ¿pero sabes que Él es siempre nuevo y nunca viejo? Si la obra de Dios nunca cambia, ¿podría haber traído a la humanidad hasta hoy? Si Dios es inmutable, ¿por qué ha hecho ya la obra de dos eras? Su obra siempre está avanzando, es decir, Su carácter se revela gradualmente al hombre y lo que se revela es Su carácter inherente. En el principio, el carácter de Dios se ocultaba del hombre. Él nunca reveló abiertamente Su carácter al hombre, y este simplemente no tenía conocimiento de Él. Por ello, usa Su obra para revelar poco a poco Su carácter al hombre, pero esto no significa que Su carácter cambie en cada era. No es el caso que el carácter de Dios esté cambiando constantemente porque Sus intenciones siempre cambien, sino que, al ser diferentes las eras de Su obra, Dios va revelando al hombre, paso a paso, la totalidad de Su carácter inherente, de forma que este pueda conocerle. Pero esto no demuestra en absoluto que Dios no tenga originalmente un carácter particular y que este haya ido cambiando de forma gradual con el paso de las eras; ese entendimiento sería falaz. Dios le revela al hombre Su carácter inherente y particular, lo que Él es, de acuerdo con el paso de las eras. La obra de una sola era no puede expresar todo el carácter de Dios. Por tanto, las palabras “Dios es siempre nuevo y nunca viejo” hacen referencia a Su obra, y las palabras “Dios es inmutable” se refieren a lo que Dios inherentemente tiene y es. En cualquier caso, no puedes limitar la obra de seis mil años a un solo punto, ni puedes circunscribirla con palabras muertas. Tal es la ignorancia del hombre. Dios no es tan simple como el hombre imagina, y Su obra no puede detenerse en una era. Jehová, por ejemplo, no puede representar siempre el nombre de Dios; Él también puede hacer Su obra bajo el nombre de Jesús. Esto es una señal de que la obra de Dios siempre progresa hacia adelante.
Dios es siempre Dios, y nunca se volverá Satanás; Satanás siempre es Satanás, y nunca se volverá Dios. La sabiduría, la maravilla, la justicia y la majestad de Dios nunca cambiarán. Su esencia y lo que Él tiene y es nunca cambiarán. Sin embargo, Su obra siempre está progresando hacia adelante y siempre va profundizando, porque Él siempre es nuevo y nunca viejo. En cada era, Dios adopta un nuevo nombre, en cada era, Él hace una obra nueva y, en cada era, Él permite a Sus seres creados ver Sus nuevas intenciones y Su nuevo carácter. Si las personas no vieran la expresión del nuevo carácter de Dios en la nueva era, ¿acaso no lo clavarían eternamente en la cruz? Y al hacerlo, ¿no delimitarían a Dios?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La visión de la obra de Dios (3)
Algunos dicen que el nombre de Dios no cambia. ¿Por qué, entonces, pasó a ser Jesús el nombre de Jehová? Se profetizó la venida del Mesías, ¿por qué vino, entonces, un hombre con el nombre de Jesús? ¿Por qué cambió el nombre de Dios? ¿No se llevó a cabo esa obra hace mucho tiempo? ¿Acaso no puede realizar Dios una obra más nueva hoy? La obra de ayer puede alterarse y la obra de Jesús puede seguir a la de Jehová. ¿No puede, entonces, la obra de Jesús ser sucedida por otra obra? Si el nombre de Jehová puede cambiar al de Jesús, entonces, ¿no puede cambiarse también el nombre de Jesús? Nada de esto es extraño, es solo que la mente de las personas es demasiado simple. Dios siempre será Dios. Sin importar cómo cambie Su obra e independientemente de cómo pueda cambiar Su nombre, Su carácter y sabiduría nunca cambiarán. Si crees que solo se puede llamar a Dios por el nombre de Jesús, tu conocimiento es demasiado limitado. ¿Te atreves a afirmar que Jesús será para siempre el nombre de Dios, que a Dios eternamente y para siempre se le llamará por el nombre de Jesús y que esto nunca cambiará? ¿Te atreves a afirmar con certeza que es el nombre de Jesús el que concluyó la Era de la Ley y también concluirá la era final? ¿Quién puede decir que la gracia de Jesús puede llevar la era a su fin?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Cómo pueden aquellos que han delimitado a Dios en sus nociones recibir Sus revelaciones?
En la primera etapa de la obra llevada a cabo por Jehová, Él no se hizo carne ni se apareció al hombre. Así pues, el hombre nunca vio Su apariencia. Independientemente de cuán grande y alto fuera, Él seguía siendo el Espíritu, Dios mismo quien creó al hombre en el principio. Es decir, Él era el Espíritu de Dios. Habló al hombre desde las nubes, simplemente un Espíritu y nadie presenció Su aparición. Fue solo en la Era de la Gracia, cuando el Espíritu de Dios vino en la carne y se encarnó en Judea, que el hombre vio por primera vez la imagen de la encarnación como un judío. No había nada de Jehová en Él. Sin embargo, Él fue concebido por el Espíritu Santo, es decir, por el Espíritu del propio Jehová, y aun así Jesús nació como la personificación del Espíritu de Dios. Lo que el hombre vio primero fue el Espíritu Santo descendiendo como una paloma sobre Jesús; no fue el Espíritu exclusivo de Jesús, sino más bien el Espíritu Santo. ¿Puede separarse entonces el Espíritu de Jesús del Espíritu Santo? Si Jesús es Jesús, el Hijo, y el Espíritu Santo es el Espíritu Santo, entonces ¿cómo podrían ser uno? De ser así, la obra no se habría podido llevar a cabo. El Espíritu en Jesús, el Espíritu en el cielo y el Espíritu de Jehová son todos uno. Se le llama el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, el Espíritu intensificado siete veces y el Espíritu que todo lo incluye. El Espíritu de Dios puede llevar a cabo mucha obra. Él es capaz de crear el mundo y destruirlo inundando la tierra; puede redimir a toda la especie humana y, aún más, conquistarla y destruirla. Dios mismo lleva a cabo toda esta obra y ninguna de las personas de Dios puede hacerla en Su lugar. Su Espíritu puede llamarse por el nombre de Jehová y Jesús, así como el Todopoderoso. Él es el Señor y Cristo. También puede convertirse en el Hijo del hombre. Él está en los cielos y también en la tierra; Él está sobre los universos y entre la miríada de personas. ¡Él es el único Señor de los cielos y la tierra! Desde la época de la creación hasta ahora, el Espíritu de Dios mismo ha llevado a cabo esta obra. Sea la obra en los cielos o en la carne, todo lo realiza Su Espíritu inherente. Todas las criaturas, tanto en el cielo como en la tierra, están en la palma de Su mano todopoderosa; todo esto es la obra de Dios mismo y nadie más puede realizarla en Su lugar. En los cielos, Él es el Espíritu pero también es Dios mismo; entre los hombres, Él es carne pero sigue siendo Dios mismo. Aunque se le pueda llamar por cientos de miles de nombres, Él sigue siendo Él mismo, y es la expresión directa de Su Espíritu. La redención de toda la humanidad a través de Su crucifixión fue la obra directa de Su Espíritu y también lo es la proclamación a todas las naciones y tierras durante los últimos días. En todas las épocas, solo se puede llamar a Dios el único Dios verdadero y todopoderoso, el Dios mismo que todo lo incluye. Las distintas personas no existen en absoluto, mucho menos esta idea del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. ¡Solo hay un Dios en el cielo y en la tierra!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Existe la Trinidad?
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