h. La salvación de Dios solo se puede alcanzar si se acepta Su obra en los últimos días y se abandona el mundo religioso

Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días

Todos los que pueden seguir la luz del Espíritu Santo de hoy son benditos. Las personas de eras pasadas también siguieron los pasos de Dios, pero no pudieron continuar hasta hoy; esta es la bendición de las personas de los últimos días. Los que pueden seguir la obra presente del Espíritu Santo y que pueden seguir los pasos de Dios, siguiendo a Dios dondequiera que Él los guíe, estas son las personas a las que Dios bendice. Los que no siguen la obra actual del Espíritu Santo no han entrado en la obra de las palabras de Dios y, no importa cuánto trabajen o cuán grande sea su sufrimiento o cuánto vayan de aquí para allá, esto no significa nada para Dios y Él no los aprobará. En la actualidad, todos los que siguen las palabras actuales de Dios están en la corriente del Espíritu Santo; los que son ajenos a las palabras actuales de Dios están fuera de la corriente del Espíritu Santo y a tales personas Dios no las aprueba. El servicio que está divorciado de las declaraciones actuales del Espíritu Santo es un servicio que es de la carne y de las nociones y es imposible que sea acorde a las intenciones de Dios. Si las personas viven rodeadas de nociones religiosas, entonces no pueden hacer nada que sea conforme a las intenciones de Dios y aunque sirvan a Dios, sirven en medio de su imaginación y de sus nociones y son totalmente incapaces de servir según las intenciones de Dios. Los que no pueden seguir la obra del Espíritu Santo no entienden las intenciones de Dios y los que no entienden las intenciones de Dios no pueden servirlo. Dios quiere un servicio que sea conforme a Sus intenciones; no quiere un servicio que sea de las nociones y de la carne. Si las personas no pueden seguir los pasos de la obra del Espíritu Santo, entonces viven en medio de nociones. El servicio de tales personas trastorna y perturba y tal servicio va en contra de Dios. Así, los que no son capaces de seguir los pasos de Dios no pueden servirlo; los que no pueden seguir los pasos de Dios muy probablemente se oponen a Él y no son compatibles con Él. “Seguir la obra del Espíritu Santo” quiere decir entender las intenciones presentes de Dios, poder actuar de acuerdo con los requisitos actuales de Dios, poder someterse y seguir al Dios de hoy, y entrar en consonancia con Sus más nuevas declaraciones. Solo alguien así sigue la obra del Espíritu Santo y está en la corriente del Espíritu Santo. Tales personas no solo pueden recibir la aprobación de Dios y pueden verlo, sino que también pueden conocer Su carácter en Su última obra y pueden conocer las nociones del hombre, su rebelión y su naturaleza y esencia, a partir de Su última obra; además, durante su servicio, pueden poco a poco lograr cambios en el carácter. Solo las personas como estas son las que pueden ganar a Dios y las que genuinamente han encontrado el camino verdadero. La obra del Espíritu Santo descarta a aquellas personas que no son capaces de seguir la última obra de Dios y que se rebelan contra Su última obra. Que esas personas se opongan abiertamente a Dios se debe a que Él ha hecho una nueva obra y la imagen de Dios no es la misma que estas personas tienen en sus nociones; como resultado de esto, se oponen abiertamente a Dios y lo juzgan, lo que hace que Dios las desdeñe. Tener el conocimiento de la última obra de Dios no es una tarea fácil, pero si las personas deciden someterse a la obra de Dios y buscan Su obra, entonces tendrán la oportunidad de verlo y tendrán la oportunidad de obtener la nueva guía del Espíritu Santo. Los que de manera intencional se oponen a la obra de Dios no pueden recibir el esclarecimiento del Espíritu Santo ni la guía de Dios. Por lo tanto, que las personas puedan recibir o no la última obra de Dios depende de la gracia de Dios, depende de su búsqueda y depende de sus intenciones.

Todos los que pueden someterse a las declaraciones actuales del Espíritu Santo son benditos. No importa cómo solían ser las personas o cómo el Espíritu Santo solía obrar en ellos, todos los que han obtenido la última obra de Dios son los más bendecidos y todos los que no pueden seguir la última obra hoy serán descartados. Dios quiere a los que son capaces de aceptar la nueva luz y a los que aceptan y conocen Su última obra. ¿Por qué se dice que debéis ser una virgen casta? Una virgen casta puede buscar la obra del Espíritu Santo y entender las cosas nuevas y, además, puede desechar las antiguas nociones y someterse a la obra actual de Dios. Este grupo de personas, que aceptan la obra más nueva actual, fue predestinado por Dios desde antes de los tiempos, y son las personas más benditas. Vosotros oís la voz de Dios directamente y contempláis Su aparición y así, en todo el cielo y la tierra y a lo largo de las eras, nadie ha sido más bendecido que este grupo de personas, vosotros.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Conocer la obra más reciente de Dios y seguir Sus huellas

La obra del Espíritu Santo siempre avanza y todos los que están en la corriente del Espíritu Santo también deberían estar profundizando y cambiando, paso a paso. No se deben detener en una sola etapa. Solo los que no conocen la obra del Espíritu Santo permanecerán entre Su obra original y no aceptarán la nueva obra del Espíritu Santo. Solo los rebeldes son incapaces de obtener la obra del Espíritu Santo. Si la práctica del hombre no mantiene el paso con la nueva obra del Espíritu Santo, entonces la práctica del hombre con toda seguridad se ha separado de la obra presente y, sin duda, es incompatible con la obra presente. Personas anticuadas como estas sencillamente no pueden cumplir la voluntad de Dios, mucho menos podrían convertirse en personas que se mantendrán firmes en el testimonio de Dios al final. Además, toda la obra de gestión no se podría concluir entre tal grupo de personas. Para los que una vez se aferraron a la ley de Jehová y para los que una vez sufrieron por la cruz, si no pueden aceptar la etapa de la obra de los últimos días, entonces todo lo que hayan hecho habrá sido en vano e inútil. La manifestación más clara de la obra del Espíritu Santo es abrazar el aquí y ahora, no aferrarse al pasado. Los que no han mantenido el ritmo con la obra de la actualidad y se han separado de la práctica de la actualidad, son los que se oponen y no aceptan la obra del Espíritu Santo. Tales personas desafían la obra presente de Dios. Aunque se aferran a la luz del pasado, no se puede negar que no conocen la obra del Espíritu Santo. ¿Por qué ha habido toda esta plática sobre los cambios en la práctica del hombre, sobre las diferencias en la práctica entre el pasado y el presente, sobre cómo se llevaba a cabo la práctica durante la era anterior y sobre cómo se hace en la actualidad? Siempre se habla de estas divisiones en la práctica del hombre porque la obra del Espíritu Santo avanza constantemente y por eso a la práctica del hombre se le exige que cambie constantemente. Si el hombre se queda atascado en una etapa, entonces esto prueba que es incapaz de seguirle el paso a la nueva obra de Dios y a la nueva luz; no prueba que el plan de la gestión de Dios no haya cambiado. Los que están fuera de la corriente del Espíritu Santo siempre piensan que están en lo correcto pero, de hecho, la obra de Dios en ellos cesó hace mucho tiempo y la obra del Espíritu Santo está completamente ausente en ellos. La obra de Dios hace mucho que se transfirió a otro grupo de personas, un grupo en quien Él pretende completar Su nueva obra. Ya que los que están en la religión no pueden aceptar la nueva obra de Dios y solo se aferran a la antigua obra del pasado, Dios ha abandonado a estas personas y hace Su nueva obra en las personas que aceptan esta nueva obra. Estas son personas que cooperan en Su nueva obra y solo de esta manera se puede lograr Su gestión.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de Dios y la práctica del hombre

Ya que el hombre cree en Dios, debe seguir de cerca cada una de Sus huellas, debe “seguir al Cordero dondequiera que vaya”. Solo estas son personas que de verdad buscan el camino verdadero, solo ellas son las que conocen la obra del Espíritu Santo. Las personas que acatan con terquedad las palabras y doctrinas son aquellas que la obra del Espíritu Santo ha descartado. En cada periodo de tiempo, Dios comenzará una nueva obra y, en cada periodo, habrá un nuevo comienzo entre los hombres. Si el hombre solo acata las verdades de que “Jehová es Dios” y “Jesús es Cristo”, que son verdades que solo se aplican a una sola era cada una, entonces el hombre nunca estará al día de la obra del Espíritu Santo y nunca podrá obtener la obra del Espíritu Santo. Independientemente de cómo obra Dios, el hombre lo sigue sin la más mínima duda y lo sigue de cerca. De esta manera, ¿cómo puede el hombre ser descartado por el Espíritu Santo? Independientemente de lo que haga Dios, en tanto que el hombre esté seguro de que es la obra del Espíritu Santo, coopere con la obra del Espíritu Santo sin recelo y trate de cumplir con las exigencias de Dios, entonces, ¿cómo podría ser castigado? La obra de Dios nunca ha cesado, Sus pasos nunca se han detenido y, antes del término de Su obra de gestión, siempre está ocupado y nunca para. Pero el hombre es diferente: al haber obtenido solo un mínimo de la obra del Espíritu Santo, la trata como si nunca fuera a cambiar; al haber obtenido un poco de conocimiento, no avanza para “rastrear” la obra más nueva de Dios; al haber visto solo un poco de la obra de Dios, de inmediato delimita a Dios a que sea una figura de piedra en particular y cree que Dios siempre permanecerá en esta forma que ve, que fue así en el pasado y que siempre será así en el futuro; al haber obtenido una pizca de conocimiento superficial, el hombre está tan orgulloso que se olvida de sí mismo y comienza a proclamar desenfrenadamente un carácter y un ser de Dios que simplemente no existen; y al tener la certeza de una etapa de la obra del Espíritu Santo, sin importar qué clase de persona sea la que proclame la nueva obra de Dios, el hombre no la acepta. Estas son personas que no pueden aceptar la nueva obra del Espíritu Santo; son demasiado conservadoras e incapaces de aceptar cosas nuevas. Esas personas son las que creen en Dios pero que también lo rechazan. El hombre cree que los israelitas estaban equivocados por “solo creer en Jehová pero no creer en Jesús”, pero la mayoría de las personas desempeñan un papel en el que “solo creen en Jehová y rechazan a Jesús”, y “anhelan el regreso del Mesías pero se oponen al Mesías que se llama Jesús”. No es de extrañar, entonces, que las personas sigan viviendo bajo el poder de Satanás después de aceptar una etapa de la obra del Espíritu Santo y todavía sigan sin recibir las bendiciones de Dios. ¿No es esto el resultado de la rebelión del hombre? Los cristianos alrededor del mundo que no han mantenido el paso con la nueva obra de la actualidad, todos se aferran a la esperanza de que serán afortunados y suponen que Dios cumplirá cada uno de sus deseos. Pero no pueden decir con certeza por qué Dios los llevará al tercer cielo ni tampoco están seguros de cómo vendrá Jesús para recibirlos cuando venga en una nube blanca, mucho menos pueden decir con absoluta certeza si Jesús realmente llegará en una nube blanca en el día que se imaginan. Todos están ansiosos y muy confundidos; ellos mismos ni siquiera saben si Dios arrebatará a cada uno de ellos, la diversidad de pequeños puñados de personas que vienen de toda denominación. La obra que Dios realiza ahora, la era presente, las intenciones de Dios, no entienden ninguna de estas cosas y no pueden hacer nada sino contar los días con los dedos. Solo los que siguen las huellas del Cordero hasta el final pueden obtener la bendición final, mientras que esas “personas listas”, que no son capaces de seguir hasta el final pero creen que han ganado todo, no pueden contemplar la aparición de Dios. Cada uno de ellos cree que es la persona más lista de la tierra e interrumpen el desarrollo continuo de la obra de Dios sin ninguna razón en absoluto, y parecen creer con absoluta certeza que Dios los llevará al cielo a ellos, que “tienen la mayor lealtad a Dios, que siguen a Dios y acatan las palabras de Dios”. Aunque tengan la “mayor lealtad” hacia las palabras que Dios habla, sus palabras y acciones siguen siendo tan repugnantes porque se oponen a la obra del Espíritu Santo y andan con engaño y cometen el mal. Los que no pueden seguir hasta el final, y no pueden seguir el ritmo de la obra del Espíritu Santo y únicamente se aferran a la antigua obra, no solo han fallado en lograr la lealtad a Dios sino que, por el contrario, se han convertido en los que se oponen a Dios, en los que la nueva era rechaza y en los que serán castigados. ¿Hay alguien más digno de compasión que ellos? Muchos hasta creen que todos los que rechazan la antigua ley y aceptan la nueva obra no tienen conciencia. A estas personas, que solo se enfocan en la “conciencia” y que no conocen la obra del Espíritu Santo, al final sus propias conciencias les truncarán sus perspectivas. Ni siquiera Dios acata los preceptos en Su obra y, aunque sea Su propia obra, Dios no se aferra a ella. Lo que se debe negar se niega, lo que se debe descartar se descarta. Pero el hombre se aferra a una parte pequeña de la obra de la gestión de Dios para ponerse en contra de Él. ¿Acaso no es esto lo absurdo del hombre? ¿No es esto la ignorancia del hombre? Cuanto más tímidas y excesivamente cautelosas son las personas porque tienen miedo de no obtener bendiciones, más incapaces son de obtener más bendiciones y de recibir la bendición final. Todas aquellas personas que acatan la ley con terquedad demuestran la mayor lealtad hacia la ley y, cuanto más demuestren esa lealtad hacia la ley, más son rebeldes que se oponen a Dios. Porque ahora es la Era del Reino y no la Era de la Ley, y la obra de la actualidad y la obra del pasado no se pueden equiparar, ni la obra del pasado se puede comparar con la obra de la actualidad. La obra de Dios ha cambiado y la práctica del hombre también ha cambiado; no es aferrarse a la ley o llevar la cruz. Por tanto, la lealtad de las personas hacia la ley y la cruz no ganará la aprobación de Dios.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de Dios y la práctica del hombre

Aquellos fariseos judíos, sumos sacerdotes y escribas de la Era de la Ley creían en Dios nominalmente, pero le dieron la espalda a Su camino, e incluso crucificaron al Dios encarnado. Entonces, ¿podría su fe haber obtenido la aprobación de Dios? (No). Dios ya los había calificado como personas de fe judía, como miembros de un grupo religioso. Y Dios también considera a los que hoy creen en Jesús como miembros de un grupo religioso, en el sentido de que no los reconoce como miembros de Su iglesia o como Sus creyentes. ¿Por qué Dios condenaría así al mundo religioso? Porque todos los miembros de grupos religiosos, especialmente los líderes de alto nivel de varias denominaciones, no poseen un corazón temeroso de Dios ni siguen Su voluntad. Todos son incrédulos. No creen en la encarnación, y mucho menos aceptan la verdad. Nunca buscan, indagan, examinan ni aceptan la obra de Dios en los últimos días ni las verdades que Él expresa, sino que directamente condenan y blasfeman la obra de la encarnación de Dios en los últimos días. En esto se ve claramente que, aunque puede que crean nominalmente en Dios, Él no los reconoce como Sus creyentes, sino que los considera unos malhechores, y asegura que nada de lo que hacen tiene la menor relación con Su obra de salvación, que son no creyentes ajenos a Sus palabras. Si creéis en Dios como lo hacéis ahora, ¿no llegará el día en que también vosotros seáis reducidos a adeptos religiosos? La fe en Dios desde dentro de la religión no puede llevar a la salvación, ¿por qué es esto así, exactamente? Si no podéis decir por qué es así, eso demuestra que no comprendéis en lo más mínimo ni la verdad ni las intenciones de Dios. Lo más trágico que le puede ocurrir a la fe en Dios es que se reduzca a religión y Dios la descarte. Esto es algo inimaginable para el hombre, y aquellos que no comprenden la verdad nunca podrán entender este asunto con claridad. Decidme, cuando a ojos de Dios una iglesia se ha convertido poco a poco en una religión y se ha transformado en una denominación, a lo largo de los muchos y largos años transcurridos desde su creación, ¿son las personas que la componen objeto de la salvación de Dios? ¿Son miembros de Su familia? (No). No lo son. ¿Qué camino hacen estas personas que creen nominalmente en el Dios verdadero y, sin embargo, son consideradas por Él como personas religiosas? Durante su recorrido llevan la bandera de la fe en Dios, pero nunca siguen Su camino; creen en Él, mas no Lo adoran, e incluso Lo abandonan; afirman creer en Dios, pero se resisten a Él; creen nominalmente en el nombre de Dios, en el verdadero Dios y, sin embargo, adoran a Satanás y a los diablos; y llevan a cabo proyectos humanos y establecen un reino humano independiente. Ese es el camino que recorren. Al observar el camino que recorren, es evidente que son un grupo de incrédulos, una banda de anticristos, un grupo de satanases y diablos que se proponen explícitamente resistirse a Dios y trastornar Su obra. Esa es la esencia del mundo religioso. ¿Tiene algo que ver un grupo de tales personas con el plan de gestión de Dios para la salvación del hombre? (No). Si a la creencia de los creyentes en Dios, por muchos que sean, Él la califica como la de un grupo religioso, entonces estas personas no son objeto de la obra y la salvación de Dios y Él ya ha tomado una decisión respecto a esto; no se puede salvar a estas personas. ¿Por qué digo esto? Un grupo sin la obra o guía de Dios que no se somete a Él ni lo adora en absoluto puede creer nominalmente en Dios, pero es a los pastores y ancianos de la religión a quienes siguen y obedecen, y los pastores y ancianos de la religión son por su esencia propios de Satanás e hipócritas. Por tanto, lo que esas personas siguen y obedecen es a Satanás y a los diablos. En sus corazones, practican la fe en Dios, pero, de hecho, son manipulados por el hombre, están sujetos a las instrumentaciones y el dominio humanos. Así que, en términos esenciales, siguen y obedecen a Satanás y a los diablos, y a las fuerzas del mal que se resisten a Dios y a Sus enemigos. ¿Salvaría Dios a una banda de gente así? (No). ¿Por qué no? Bien, ¿son tales personas capaces de arrepentirse? No, no se van a arrepentir. Se dedican a operaciones y empresas humanas bajo la bandera de la fe en Dios, yendo en contra del plan de gestión de Dios para la salvación del hombre y, finalmente, resultarán siendo desdeñados por Dios. Es imposible que Él las salve; son incapaces de arrepentirse y, como han sido arrastradas por Satanás, Dios se las entrega a este.

La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo con temor a Dios se puede recorrer la senda de la salvación

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