Cómo perseguir la verdad (27)

En cuanto al tema de “desprenderse” y “Cómo perseguir la verdad”, hemos compartido hasta el contenido relativo a las nociones e imaginaciones dentro del tema de “Desprenderse de las barreras entre uno mismo y Dios y de la propia hostilidad hacia Él”. En las ocasiones anteriores, hablamos sobre “desprenderse de las nociones y figuraciones acerca del Dios encarnado”. Hoy vamos a continuar compartiendo esto. En cuanto a las nociones y figuraciones sobre Dios encarnado, hemos compartido algunos temas relativos a la humanidad normal de Dios encarnado, ¿no es cierto? Entonces, ¿qué fue lo que compartimos la vez anterior? Compartimos algunas manifestaciones específicas que atañen al vivir y a las revelaciones de la humanidad normal de Dios encarnado, así como algunos principios de conducta propia y de hacer cosas dentro de la humanidad normal de Dios encarnado; luego compartimos qué cosas no hace Dios encarnado en lo que se refiere a Su humanidad. Compartir estos aspectos ayuda a que la gente entienda mejor la esencia-carácter de la encarnación de Dios y Sus principios de conducta propia y de hacer cosas, así como algunas de Sus manifestaciones y revelaciones específicas. Cuando compartimos estas manifestaciones de Dios encarnado —ya sea en la forma de hechos, ejemplos o principios específicos para hacer cosas—, estas atañen a toda clase de asuntos menores en la vida. No parecen involucrar ninguna de las grandes hazañas pioneras o acciones nobles dignas de admiración que existen en las nociones e imaginaciones de las personas; las manifestaciones de Dios encarnado son todas muy comunes y corrientes. Precisamente porque Dios encarnado vive entre esta especie humana corriente y corrupta, estas manifestaciones normales y prácticas Suyas son, por un lado, las manifestaciones inevitables de la humanidad de la encarnación de Dios y, por otro lado, una necesidad normal de Dios encarnado que vive entre la especie humana. Por supuesto, estas manifestaciones normales y prácticas proveen también algo de información o sendas relativas a conocer a Dios. Permiten a las personas conocer la practicidad y normalidad de Dios por medio del vivir y de los principios de conducta propia entre las personas propios del Dios encarnado, así como también permiten conocer al Dios en el cielo, con lo que les permiten entender con mayor precisión al Dios en el cielo y entender con precisión Su esencia como una persona normal y corriente en la tierra.

Hay quien dice: “Estas cosas y estos ejemplos relativos a la humanidad normal del Dios encarnado de los que hablas son todos muy corrientes; todos son aspectos muy insignificantes y comunes de la vida cotidiana. ¿Puedes hablar de algunos hechos que den sensación de misteriosos e insondables o que parezcan especialmente grandes?”. Ante esto digo que, hasta ahora, en realidad no ha habido ninguno. El Dios encarnado vive en la realidad de la humanidad normal y en un entorno de vida específico; aparte de hacer la obra de Dios mismo, pasa el resto del tiempo dentro del ámbito de la vida de Su humanidad normal interactuando con los hermanos y hermanas o gestionando algunos problemas triviales de la iglesia. Por tanto, aparte de los ejemplos que hemos compartido sobre los principios y credos según los que se comporta y hace las cosas, no realiza ninguna de las grandes hazañas pioneras ni de los actos extraordinarios que imagináis. A la gente esto puede resultarle inesperado y tal vez no se ajuste a sus nociones y figuraciones, pero es un hecho que así es como son las cosas. Nuestra enseñanza sobre el tema del Dios encarnado ha tratado principalmente sobre algunas manifestaciones, sobre el vivir y los principios específicos de la conducta propia y de hacer las cosas de Dios encarnado en Su humanidad normal. Esto es diferente a cómo se relatan en el mundo las hazañas de las grandes figuras y las personas famosas. Cuando la gente del mundo habla sobre alguna gran figura famosa o excepcional, siempre habla de lo única, extraordinaria y genial que es y habla de su carisma; sobre todo se enfoca en lo elevada y grande que es. Sin embargo, de lo que hablamos en lo que se refiere al Dios encarnado es exactamente de lo opuesto a lo que el mundo dice sobre esas figuras excepcionales y grandes personas. Hablamos principalmente de cómo el Dios encarnado es normal, práctico, corriente y nada extraordinario. Solo hablamos de ejemplos concretos —que además son pequeños ejemplos de la vida cotidiana— al hablar de cuáles son los principios y puntos de vista implicados en Su conducta propia y en Su manera de hacer las cosas. Estos pensamientos y puntos de vista, principios y métodos de conducta propia y de hacer las cosas se basan todos en la conciencia y razón de la humanidad normal. Nos referimos sobre todo a cómo se comporta y cómo hace las cosas. Sin embargo, muy poca gente habla en el mundo de cómo comportarse. Aunque algunos han hablado sobre este tema, no han podido dar muchos ejemplos específicos ni mucho menos han sido capaces de expresar ningún principio de conducta propia. No hablan de qué principios positivos, métodos positivos o pensamientos y puntos de vista correctos tienen las personas famosas y las grandes figuras al comportarse y hacer las cosas. De lo único que hablan es de sus logros, de su talento y erudición y de su espíritu, además de hablar de qué clase de posición dominante ocupan entre la especie humana debido a estas cosas. Eso de lo que hablan es exactamente lo contrario a la humanidad normal que posee y manifiesta el Dios encarnado, sobre la cual estamos compartiendo hoy. Lo que la encarnación de Dios os permite saber y entender son los principios y credos de la conducta propia y de hacer las cosas que se viven y poseen dentro de Su humanidad normal y práctica. Estos principios y credos de conducta propia y de hacer las cosas se corresponden a la perfección con los requerimientos de Dios para la especie humana que Él pretende salvar. La encarnación de Dios posee tal humanidad y posee los diversos pensamientos y puntos de vista —junto a Sus principios y credos de conducta propia y de hacer las cosas— dentro de esta humanidad normal y práctica. Solo gracias a esto puede Él representar a Dios al realizar la obra de Dios mismo y cumplir la obra y el ministerio que al Dios encarnado le corresponde realizar bien en esta era y en dicha humanidad; solo así puede dar a conocer plenamente a la especie humana el carácter representativo que Dios se propone expresar en esta era y —por supuesto— estar plenamente capacitado para la obra de expresar la verdad que Dios pretende realizar en esta etapa de obra. Si la esencia-humanidad vivida, revelada y poseída por la encarnación de Dios no fuera esta normalidad, practicidad y condición ordinaria sobre la que hemos estado compartiendo, o si Él no poseyera estos principios y credos de la conducta propia de los que hemos estado compartiendo, sino que poseyera la esencia-humanidad de las personas famosas y grandes figuras de las que hablan y a las que veneran los no creyentes, ¿a qué daría esto lugar? (Él no podría guiarnos a recorrer el camino de temer a Dios y evitar el mal). Daría lugar a una situación completamente distinta. Suponed que la encarnación de Dios poseyera la esencia-humanidad de una gran figura o persona famosa no creyente: una persona imponente, extraordinaria, única, misteriosa e insondable. Al comportarse y hacer las cosas, este tipo de persona no tiene límites, miente todo el tiempo, no se comporta ni hace las cosas de una manera que se atenga a las normas ni sea comedida, no sabe su lugar ni actúa con sentido del deber; asimismo, sus búsquedas, pensamientos y puntos de vista son los mismos de los no creyentes: simplemente busca cosas elevadas y grandes, se centra en los dones, el conocimiento y las capacidades sobrenaturales. ¿A qué clase de senda os guiaría una persona así? (No podría guiarnos hacia la senda de salvación. Al contrario, quienes la siguieran solo se volverían cada vez más corruptos y perversos). Una persona así no tiene principios positivos de conducta propia; sus métodos y principios de conducta propia no son positivos, sino satánicos. Por consiguiente, los principios y credos de conducta propia de esta persona propia de Satanás son altamente representativos de su esencia-humanidad. ¿Cuáles son las búsquedas y la senda que transita una persona con esta clase de esencia-humanidad? Son exactamente las mismas que las de Satanás. Sus búsquedas y la senda por la que camina provienen de Satanás y son compatibles con Satanás. Entonces, ¿acaso quienes la siguieran no seguirían su liderazgo, tendrían sus mismas aspiraciones y recorrerían la misma senda? (Sí). Esas personas seguirían su liderazgo, imitarían sus principios de conducta propia y, al igual que ella, buscarían el conocimiento, el estatus, lo sobrenatural y las cosas elevadas y grandes, todo lo que es extraordinario y todo lo que a las personas les parece misterioso e insondable. Nadie podría alcanzar la salvación siguiendo a una persona semejante; al contrario, se volvería cada vez más degenerado. A un grupo así no se le podría llamar iglesia, primordialmente porque todos se habrían desvinculado de la obra de Dios y no tendrían la obra del Espíritu Santo. Al líder al que siguieran no lo habría establecido Dios, ni mucho menos lo habría enviado Él. Aunque todos se autodenominaran una iglesia, no serviría de nada; Dios los ignoraría. Por mucho que se llamaran a sí mismos una iglesia, Dios no los reconocería ni el Espíritu Santo obraría en ellos. Ese líder enseñaría a la gente a hacer lo que fuera que le guste; proveería a las personas de aquello que posee en su interior y eso sería lo que esta obtendría de él. Ese líder no tiene la verdad ni podría proporcionar a la gente cosas positivas ni guiarla en la dirección correcta, así que sería imposible que las personas obtuvieran la verdad de él. Como mucho, la gente solo podría adquirir de él un poco de conocimiento y aprender algunas destrezas profesionales del mundo no creyente o ciertas habilidades en un campo específico. En resumen, a alguien así, que no posee normalidad ni practicidad ni la esencia divina como su vida, no se le podría llamar Dios encarnado; no podría guiar a las personas ante Dios ni hacia la senda de salvación. En vista de estos hechos, entre la especie humana, ¿hay alguien aparte de la encarnación de Dios que pueda representar a Dios para realizar Su obra? (No). ¿Hay alguien que pueda representar a Dios para salvar a la especie humana de sus actitudes corruptas? (No). La vida y la esencia-humanidad que posee cualquier miembro de la especie humana corriente son prácticamente iguales: dicha vida y esencia-humanidad han sido corrompidas por Satanás; para las personas, las actitudes corruptas son su vida. Por consiguiente, ya se contemple desde la perspectiva de la humanidad de las personas o desde la esencia-vida de estas, ni una sola persona en toda la especie humana está cualificada para esta obra del Dios encarnado ni ningún ser humano corrupto puede representar a Dios para salvar de la corrupción a la especie humana corrupta. Naturalmente, estos hechos también le indican a la gente lo siguiente: ningún ser humano corrupto puede decirle a la especie humana cuáles son las cosas positivas y cuáles las negativas ni ningún ser humano corrupto puede decirles a las personas qué es la verdad o cuáles son en realidad las intenciones de Dios. El conocimiento es lo único que los humanos corruptos proporcionan a los demás, además de las diversas destrezas, habilidades o dones que busca la especie humana corrupta, diversas tácticas de conducta propia y para hacer las cosas, filosofías para los asuntos mundanos y diversos pensamientos y puntos de vista procedentes de Satanás. Los seres humanos de todas las razas comparten un rasgo común. ¿Cuál es este rasgo común? Todos consideran como cosas positivas aquellas que, dentro de su medio, son relativamente positivas o bienintencionadas, conservadoras y tradicionales, e intentan reemplazar la verdad y las intenciones de Dios con ellas. La gente cree que, al aferrarse a estas cosas, ha obtenido el camino verdadero y puede alcanzar la salvación. De hecho, estas cosas no tienen absolutamente nada que ver con los requerimientos de Dios para la especie humana. Fíjate, entre la especie humana, por muy astutas que sean las personas, por muy grandes que sean sus dones o por mucho talento y erudición que posean, o por muy bondadosa y benevolente que parezca su humanidad por fuera, ni una sola persona puede comprender la verdad ni una sola persona puede discernir qué son las cosas positivas y qué son las cosas negativas. Antes de que Dios realizara Su obra y antes de que Dios expresara Sus palabras, casi todo el mundo consideraba que la cultura tradicional era una cosa positiva; algunas personas incluso veneraban la cultura tradicional como la verdad. Por tanto, se mire como se mire, si no fuera el Dios encarnado quien expresara estas verdades y realizara esta obra dentro de la humanidad normal, sino cualquier miembro de la especie humana quien hiciera esta labor, este solo guiaría a la gente por una senda que se desvía de las palabras y de las intenciones de Dios.

Vamos a fijarnos en un ejemplo sencillo. Si se le pide a la gente que elija el vestuario para un programa de danza, ¿cómo lo elegirá? En teoría, todo el mundo sabe que, cuando los creyentes en Dios producen un programa de danza, en especial para un vídeo que se publicará en internet, la ropa que lleven y su comportamiento representan al pueblo de Dios. Por tanto, la vestimenta elegida debería ser digna y honrada, nada de atuendos extravagantes. En lo que respecta a ser digna y honrada, eso implica muchas cosas. Según las nociones de las personas, ¿qué clase de vestuario se considera digno y honrado? Es el vestuario que llevan más a menudo diversos grupos étnicos, ropa que es relativamente tradicional y conservadora y a todo el mundo le parece apropiada. No es extravagante ni demasiado a la moda. Esto es lo que, según las nociones de las personas, consideran que es ropa digna y honrada. ¿Cuáles son los puntos de vista de la mayoría de hermanos y hermanas en la iglesia respecto a elegir el vestuario para los programas? Fíjate, cuando se rueda una película, las opiniones de la persona a cargo del vestuario representan en realidad las opiniones de la mayoría. Todos los estilos de vestuario que elige son los que llevaban normalmente la mayoría de personas en los ochenta y noventa. Entre los colores domina el azul, el kaki o el gris, variando solo el tono, más claro u oscuro. En general, solo son esos dos o tres colores sencillos. ¿Por qué no eligen algunos colores brillantes? De acuerdo con las nociones de las personas, todos los creyentes en Dios son buenas personas dignas y honradas, así que deberían elegir estos colores más comunes y corrientes para su ropa. Fíjate, una cuestión tan sencilla como elegir el estilo y el color del vestuario revela por completo las nociones y los pensamientos y puntos de vista falaces respecto a creer en Dios en el corazón de las personas. Es decir, la gente alberga una noción muy seria en su interior; mucha gente cree que creer en Dios requiere adherirse a las viejas formas y reinstaurar la tradición. Según sus nociones, solo las cosas tradicionales, viejas, retrógradas y rancias son positivas y son las únicas que agradan a Dios. ¿Es esto lo que piensa la mayoría de la gente? (Sí). Esto es lo que tiene en mente. Todo el mundo define esas cosas tradicionales, retrógradas, viejas y anticuadas como positivas. Por tanto, en la producción del programa, la gente no puede siquiera hacer elecciones precisas relativas a los colores y estilos de vestuario, lo que es una de las cuestiones más simples y básicas. Todos valoran esta cuestión según sus nociones y son especialmente conservadores, así como especialmente necios y obcecados. Decidme, ¿cuántas nociones tiene que tener la gente sobre Dios! Lo que la gente define como cosas positivas y lo que cree que le gusta a Dios no son más que la cultura tradicional tal como se concibe en las nociones de las personas o las cosas entre la especie humana que la gente del mundo acepta y reconoce; no tienen absolutamente nada que ver con la verdad. Así pues, decidme: ¿soy tradicionalista o modernista? (Dios no es tradicionalista ni modernista). Hay quien dice: “Según lo que has compartido, sabemos que no te gusta la cultura tradicional porque vives en el presente. Al menos no eres tradicional y no te aferras a las viejas costumbres”. Decís que no soy tradicional, ¿soy modernista entonces? (No). ¿Cómo podéis saber que no soy modernista? (A la gente del mundo actual le agradan bastante las modas, pero Dios nos enseña a ser dignos y honrados, lo cual va en contra de las modas). Las modas no solo le gustan a la gente de hoy; a la de la antigüedad también le gustaban. A todos los no creyentes les gustan las modas. El gusto por las modas no te hace modernista. Entonces, ¿cómo se debería responder a esta pregunta? Reflexionad un poco sobre ello. ¿Me has visto alguna vez llevar ropa antigua? ¿Me pongo ropa tradicional? Llevo ropa moderna. Esto atañe a la humanidad normal del Dios encarnado. Sea cual sea la época en la que viva el Dios encarnado y sea cual sea el nivel de desarrollo que hayan alcanzado las personas de esa época en lo relativo a resolver las necesidades básicas, Su humanidad normal adopta el mismo método que ellas para esto de manera natural; no va hacia atrás. ¿Acaso no es esto una manifestación de la humanidad normal? (Sí). Su humanidad normal posee racionalidad, por lo que, tratándose de las necesidades básicas, sabe de manera natural qué es apropiado elegir. Esto por un lado; por otro, ya sea tradición o modernidad, no se trata de una forma, sino que representa una corriente de pensamiento y un punto de vista. Entonces, ¿lo positivo es la tradición o es la modernidad? A Mi modo de ver, ninguna de las dos es positiva. Ninguna tiene nada que ver con la verdad; la especie humana corrupta produce ambas bajo la influencia de Satanás. Ya se trate de pensamientos y puntos de vista tradicionales o de pensamientos y puntos de vista modernos, todo lo que no proviene de Dios es negativo, no es positivo. Ya se trate de necesidades básicas tradicionales o de necesidades básicas modernas, su finalidad es siempre la de satisfacer las necesidades de la humanidad normal. Con independencia de en qué época nazca el Dios encarnado, Él vive dentro de la humanidad normal y práctica y Sus principios de conducta propia y de hacer las cosas no cambian. En todo lo que hace y en Su manera de tratarlo todo, actúa conforme a los principios de las palabras de Dios y a los principios que surgen de Su carácter-vida interior; no preserva la tradición ni la sigue, así como tampoco sigue la modernidad o persigue las modas. Por tanto, los requisitos del Dios encarnado para aquellos que lo siguen no se basan en la tradición ni en estos influye la modernidad. Los diversos pensamientos y puntos de vista o las verdades que posee y comparte se originan todos en Dios, en la esencia divina de Dios y en Su vida; no tienen nada que ver con la cultura tradicional ni con el conocimiento moderno.

Al fijaros en el vestuario elegido para los programas de danza que produce la casa de Dios, ¿habéis podido discernir algunos principios? ¿Por qué se eligieron esos estilos y esos colores? Si podéis entender aquí los principios, entonces de veras entendéis un poco de verdad y tenéis entendimiento espiritual; si no puedes siquiera entender los principios de una cuestión tan simple, entonces eres un atolondrado cuyo calibre es demasiado pobre y no has entendido la verdad a pesar de escuchar sermones durante muchísimos años. Para empezar, cuando producimos programas de danza, ¿la ropa que llevan los intérpretes es tradicional o moderna? (Es moderna). Toda es ropa moderna, incluso corriente y cotidiana. Alguna gente no lo entiende y dice: “Nuestros programas de danza son programas artísticos, entonces, ¿por qué los intérpretes solo llevan modelos corrientes, cotidianos, en lugar de vestuario de escena? Las prendas con abalorios y lentejuelas son especialmente deslumbrantes. Fíjate en el vestuario que llevan en escena los grupos de danza de nivel nacional, es precioso, exquisito y de categoría, resplandece cuando les da la luz. Si nuestros intérpretes también llevaran tales prendas cuando producimos programas, ¿no haría eso que tuvieran mejor aspecto y glorificaran más a Dios? ¿No manifestaría mejor el poder de la casa de Dios y permitiría de mejor manera que los no creyentes o las personas religiosas vieran la fortaleza de la casa de Dios?”. ¿Es correcto este punto de vista? (No). Decidme esto, para empezar, ¿por qué los intérpretes llevan prendas corrientes y cotidianas en lugar de prendas espectaculares cuando producimos programas de danza? (Si los hermanos y hermanas llevaran todos prendas particularmente deslumbrantes cuando bailaran, el público se centraría en la ropa y en el aspecto de los intérpretes. Pero si llevan ropa corriente y su aspecto es digno y honrado, el público no se sentirá atraído por estas cosas externas y centrará la mente en las palabras de Dios). Tenéis razón en una cosa: el no llevar prendas preciosas es para impedir que la gente se centre en la forma y en la apariencia externa. Además, hay otro punto que es muy importante. Ya sea de danza o de canto, ¿qué propósito tenemos al producir programas? (Dar testimonio de Dios). Este es el único objetivo. Ya sea bailar o cantar, todo es para dar testimonio de Dios. No es para destacar a ningún individuo ni para agradar a nadie; solo es para dar testimonio de Dios. Por tanto, basta con que los intérpretes lleven ropa que les quede bien, sea digna y honrada y tenga gusto para lograr el propósito de dar testimonio de Dios. Por naturaleza, los programas que producimos no son de entretenimiento. ¿Qué son los programas de entretenimiento? Los programas de entretenimiento son cosas que la gente ve para su recreo en su tiempo libre; solo sirven para complacer a las personas. Cuando la gente descansa, ve un programa para divertirse, relajarse, sentirse feliz, olvidar sus preocupaciones y liberar tensiones. Después vuelven a cualquiera que sea el trabajo que tengan que hacer, sin darle más vueltas y sin albergar sentimientos respecto a ello. Esto son los programas de entretenimiento. ¿Qué hay de los programas que hacemos nosotros? En cuanto a forma, son entretenimiento, pero en esencia, no son para complacer al público ni para lucir destrezas artísticas. El objetivo de los programas que producimos es dar testimonio de Dios. Por ejemplo, cuando producimos programas de himnos, el propósito de los himnos de las palabras de Dios es dar testimonio y propagar la verdad de las palabras de Dios, permitir a las personas acudir ante Dios; el propósito de los himnos vivenciales es dar testimonio de los efectos logrados por la obra de Dios y los resultados que la obra de Dios ha producido en las personas. En resumen, sea cual sea la clase de programas que producimos, no son puramente programas de entretenimiento. Su propósito no es llamar la atención de la gente ni que esta pase el rato y se entretenga, mucho menos el de presumir de destrezas artísticas. Los programas que producimos tienen un único objetivo: difundir la palabra de Dios y dar testimonio de su obra, con lo que se permitirá que más personas sepan que Dios se ha hecho carne y ha estado llevando a cabo una nueva etapa de obra, que más gente sepa que la obra de Dios ya ha obtenido a un grupo de personas y que ahora Dios está obrando y hablando. Este es el único propósito de los programas que producimos. Dado que este es el propósito de los programas que producimos, si la gente lleva ropa preciosa y mucho maquillaje, si luce atuendos de todo tipo, ¿acaso no entra eso en conflicto con el objetivo de dar testimonio de Dios? (Sí). Eso es un conflicto. Por tanto, no nos centramos en lo que llevan los intérpretes. ¿Cuál es la única cosa en la que nos enfocamos? Solo nos enfocamos en si lo que presentan los programas —el comportamiento de los hermanos y hermanas, los pasos de baile y la forma de los programas— puede llamar la atención de la gente y puede hacer que le guste y le interese, de modo que le dé una impresión favorable y la ayude a estar dispuesta a investigar la obra de Dios, a aceptar las palabras de Dios y a cantar himnos y adorar a Dios junto con los hermanos y hermanas; este es el propósito que queremos lograr. Para lograrlo, en lo que respecta al atuendo y la apariencia de los intérpretes, simplemente tienen que tener un aspecto digno y honrado, limpio y ordenado, así como un comportamiento especialmente bueno; en cuanto al resto —la ropa preciosa, el abundante maquillaje y todo tipo de atuendos—, todo esto tiene efectos negativos. ¿Qué efectos negativos? Si todas las hermanas van vestidas como doncellas celestiales y todos los hermanos visten como tipos guapos o ricos herederos, cuando la gente vea esto, pensará: “Estáis alardeando. ¿Acaso no albergáis malas intenciones? ¿Acaso no estáis seduciendo a la gente?”. Si la gente tiene estos pensamientos, eso no es bueno. Los hermanos y hermanas visten de una manera digna y honrada, así como con gusto y de manera apropiada. Aunque puede que en general no parezcan elegantes, son particularmente limpios, ordenados, dignos y tienen gusto. Cuando la gente los mira, ve que tienen un buen comportamiento, que son creyentes en Dios y que el programa que están produciendo da testimonio de Dios, que no es nada retorcido o malvado. Fíjate, todos los programas de los no creyentes van sobre hacer ojitos, mandar besos o lucir la figura de los intérpretes. Mientras bailan, además de hacer alarde de su arte, también se jactan de sus encantos sin ofrecer la más mínima guía positiva. En cambio, los programas que producimos nosotros transmiten una orientación totalmente positiva. Aunque los espectadores quieran albergar pensamientos inapropiados, no ven ninguna oportunidad ni resquicio para hacerlo. Si quieren ver la figura y las facciones de los artistas, no pueden verlos bien; si quieren ver quién luce sus encantos, tampoco pueden. Solo ven una expresión —una sonrisa— que presenta un comportamiento del todo digno y honrado. Lo más importante es que nuestros programas no buscan lucirse ni complacer a nadie, sino dar testimonio de Dios; este es un principio fundamental. Además, en cuanto al estilo de ropa que elegimos para el equipo de baile —camisetas, sudaderas y pantalones de chándal—, la gente puede sentirse muy cómoda bailando con ellos, pero tal vez a algunos jóvenes no les guste debido a sus preferencias personales. Sienten que estos estilos son demasiado corrientes, que se trata de ropa simple e informal del día a día, para estar por casa, pero eso es exactamente lo que es la ropa digna y honrada. Las camisetas, las sudaderas y los pantalones de chándal son los estilos de ropa informal más comunes en la actualidad. ¿Por qué elegimos estos estilos? Me he dado cuenta de que probablemente hayan pasado al menos varias décadas desde la primera vez que surgió este estilo de ropa informal. Ahora elegimos este estilo para nuestros programas considerando que, incluso pasadas varias décadas más, no estará pasado de moda ni obsoleto. Además, este estilo es adecuado para personas de todos los grupos de edad y de todas las clases sociales; ya se trate de gente corriente o de personas de clase alta, todos llevan este tipo de ropa en casa en su vida diaria. Asimismo, estas prendas son holgadas y cómodas para bailar. Por tanto, al final nos decidimos por este estilo de ropa para el vestuario de escena. Les guste o no a los que lo llevan, este estilo es el adecuado para el escenario; es decir, ni los espectadores ni quienes la llevan pueden ponerle ninguna pega a esta ropa. Quienes la llevan podrían decir: “Esta ropa que has elegido para nosotros es demasiado vulgar; jamás me la pondría en mi vida diaria”. A eso respondo que no me entrometo en lo que lleves en tu vida diaria. Lo que te pones y lo que te gusta representan quién eres; representan tu humanidad y tu esencia. Si no te gusta la ropa sencilla, de buen gusto, digna y honrada, sino que te gusta la ropa extravagante, entonces eres bastante poco convencional. Si te gusta llevar el pecho y la espalda al descubierto, llevar el pelo suelto y ponerte gafas de sol grandes, comportarte siempre como una celebridad, entonces te digo que no eres un miembro de la casa de Dios. No te gusta ser digno y honrado; como mínimo, eres incompatible conmigo. Ser digno y honrado, además de tener buen gusto y ser apropiado: este es el principio para elegir los estilos de vestuario. Entonces, ¿cómo deben elegirse los colores de la ropa? Hay quien dice: “El blanco representa la santidad, el verde representa la vida, el rojo representa la fiesta y el amarillo representa la amistad, por lo que deberíamos limitarnos a elegir estos colores”. Yo digo que esto es una absoluta tontería; los colores no representan nada. ¿Cuál es entonces el principio para saber qué colores llevar? Es muy sencillo, solo hay un principio: debe verse limpio en cámara. En particular, algunos colores están muy saturados y son bastante brillantes y puede que la gente los lleve en contadas ocasiones en su vida diaria, pero elegimos estos colores por el efecto escénico y el efecto visual que provocan. Por una parte, estos colores tienen una saturación relativamente alta y son brillantes, por lo que el efecto que dan en escena es bueno. Por otra parte, la mayoría de estos colores no son muy raros; ninguno es apagado ni causa repulsión, por lo que la efectividad de los vídeos producidos así es buena.

Acabo de compartir los principios para elegir el vestuario de los programas de danza. ¿Cuáles de estos aspectos habéis visto con claridad? Decidme, ¿son adecuados estos principios que he considerado? (Sí). Giran principalmente en torno a los principios de dar testimonio de Dios, no deshonrar a Dios y lograr los mejores resultados, ¿no es así? (Sí). ¿Hay algún aspecto de esto que sea distorsionado o extremo? (No). ¿Existe algún elemento de aferrarse a las viejas costumbres? (No). De ninguna manera está distorsionado ni se aferra a las viejas costumbres. Entonces, ¿nuestros principios para elegir el vestuario siguen la tradición o siguen la modernidad? (No siguen la tradición ni la modernidad; mientras los programas que producimos puedan dar testimonio de Dios, ese es el mejor resultado que se puede lograr). Al fin lo habéis entendido; el propósito de estos programas es dar testimonio de Dios y nada más. Dar testimonio de Dios requiere tener en cuenta que no debemos deshonrar a Dios ni hacer quedar mal a la casa de Dios. Por supuesto, también debemos considerar que la tela y el estilo del vestuario deben ser cómodos de llevar. Es decir, cualquier persona digna y honrada que te viera con esta ropa la consideraría aceptable, pensaría que pareces un creyente en Dios y que puedes representar al pueblo de Dios, no que das la impresión de ser un no creyente o una estrella de cine o un cantante; se puede ver de un solo vistazo que eres una persona digna y honrada. A juzgar por esto, ¿pensáis que Mis puntos de vista al tratar las cosas y los principios que sigo dentro de Mi humanidad normal son iguales a los vuestros? (No). Sin duda no son iguales. Así pues, decidme: ¿estos principios que sigo son elevados y grandes? ¿Son extraordinarios? No son para nada elevados ni grandes. Son especialmente normales. Los principios que adopto y los resultados que pretendo lograr al hacer las cosas son todos sumamente prácticos y nunca busco lucirme. Si nos guiáramos por la forma en que todos contempláis las cosas al elegir el vestuario para los programas, bien seríamos tradicionales y nos aferraríamos a las viejas costumbres o bien seguiríamos las modas del mundo. Hay quien dice: “El maquillaje de ojos ahumados, las pestañas postizas, los aros en la nariz y los pendientes grandes son populares en el mundo. Nosotros también deberíamos vestir a los hermanos y hermanas para que tengan un aspecto apuesto y hermoso. Su ropa no solo debería ser preciosa, sino que su maquillaje debería ser seductor. Los cantantes y estrellas de cine del mundo no deberían eclipsarlos, al contrario, su aspecto debería ser todavía más elegante y fastuoso. Los creyentes en Dios deberían ser más nobles que ellos, así que esta es la dirección que debemos tomar al vestir a los intérpretes”. Entonces, ¿por qué al final no salen al escenario con ningún elemento deslumbrante? Porque Yo estoy aquí revisándolo todo. Tanto si son modernistas como tradicionalistas, todos han quedado apartados; no tienen ninguna oportunidad de hacer alarde de sus “habilidades”. Yo los he limitado. Si la revisión la hicierais vosotros, ¿daríais a estas personas la oportunidad de hacer alarde de sus “habilidades”? (No). ¿Por qué no? (Si se les diera la oportunidad, se saldrían del carril. No seguirían los principios requeridos por la casa de Dios). Si se les diera la oportunidad, vestirían a los intérpretes como demonios. Producirían programas de entretenimiento iguales a los que son populares en la sociedad, con lo que los programas destinados a dar testimonio de Dios se convertirían en programas de entretenimiento para complacer al público, lo que haría que las personas que aparecen en ellos parecieran demonios y fantasmas. ¿Se podrían ver los programas entonces? Los programas cambiarían de naturaleza; no estarían dando testimonio de Dios sino deshonrando a Dios, así que merecerían ser maldecidos y prohibidos. Esto no sería cumplir con un deber, sino hacer el mal. ¿Lo entendéis? (Sí). Ni siquiera entendíais un asunto tan insignificante. Ahora que lo he dicho de forma más clara y sencilla, algunos caen de repente en la cuenta: “Entonces es así. Ahora sé por qué la casa de Dios elige ese vestuario para sus programas de danza”. Sea cual sea la era, ¿qué principio deberían seguir las personas? El de tomar la palabra de Dios como principio en todas las cosas. Al realizar cualquier aspecto del trabajo o gestionar cualquier asunto, vuestra primera meta debe ser edificar a las personas y la segunda debe ser dar testimonio de la obra de Dios. Estos son los dos principios. Por tanto, estos son los dos principios a los que deben atenerse las personas en todos los asuntos. Así pues, la normalidad y la practicidad poseída en la humanidad normal del Dios encarnado también consisten únicamente en seguir estos principios. Los principios no cambian; el Dios encarnado no sigue la tradición ni la modernidad. El principio al que me atengo dentro de Mi humanidad normal es el de comportarme y hacer las cosas dentro del ámbito de la conciencia y la razón. Entonces, ¿qué principios sigo al realizar la obra de la casa de Dios? Los de beneficiar a las personas en todo lo que hago: hacer cosas que las beneficien y edifiquen. Además, consiste en hacer la obra de dar testimonio de Dios, seguir los principios de dar testimonio de Dios y propagar las palabras de Dios. ¿Diríais que es así? (Sí). ¿Me entendéis mejor ahora, al compartir así? (Sí). Si no hablo en detalle de estas cosas, no las tendréis claras. Ni siquiera sois capaces de entender un asunto tan simple. De hecho, no es en absoluto profundo; todo es muy práctico y corriente. ¿Cómo de corriente es esto? Se ajusta mucho a la racionalidad de la humanidad normal. Es decir, puedes entenderlo si tienes la racionalidad de la humanidad normal, pero si careces de ella, te resultará muy difícil entenderlo: tendré que explicártelo con claridad y minuciosidad, exponértelo con sencillez y en detalle para que puedas entender lo que ocurre. Es un asunto muy simple, ni siquiera alcanza el nivel de los principios-verdad, pero aun así no podéis explicarlo con claridad. ¿Qué está sucediendo aquí? ¿Acaso este asunto es profundo e insondable? (No). Entonces, ¿por qué no podéis explicarlo con claridad? En términos generales, se debe a que no entendéis la verdad. Entrando en mayor detalle, se debe a que vuestra humanidad y racionalidad normales carecen de ciertas cosas y tienen defectos. En lo que se refiere a ser dignos y honrados, os aferráis a la tradición y a las viejas costumbres. En lo relativo a la humanidad normal, pensáis que tener humanidad normal significa ser ingenuos, como un tonto. ¿Acaso no demuestra esto que vuestro calibre es realmente pobre y que no tenéis ninguna capacidad de comprensión? (Sí). Ese es exactamente el problema. Muy bien, ya hemos hablado lo suficiente sobre esto.

La vez anterior, compartimos el tema de que Dios encarnado “no urde intrigas”, dentro del tema de “no equiparar al Dios encarnado con la especie humana corrupta”. Hoy vamos a compartir el tema de “no atacar a los demás”. No atacar a los demás es parte de la esencia y el vivir que posee la humanidad normal de Dios encarnado y es uno de los principios que sigue la conciencia y razón de la humanidad normal cuando trata a las personas. Es decir, Dios encarnado puede, como mínimo, tener una relación pacífica contigo. Da igual qué tipo de persona seas, ya seas alguien con mejor o peor calibre o alguien con mejor o peor humanidad, el Dios encarnado puede tratarte correctamente y tener una relación amigable contigo. Si descubro que tienes algún defecto o fallo o incluso que tienes alguna esencia mala dentro de tu humanidad o que has cometido alguna acción malvada, compartiré contigo con franqueza si se da la oportunidad o si las condiciones lo permiten. Si puedes aceptarlo, dejaré en evidencia tus problemas con franqueza y señalaré la senda para resolvértelos. Pero si no puedes aceptarlo, en el momento apropiado podría hacer uso de un problema de la vida real que he descubierto para recordarte, dejarte en evidencia y alertarte, para hacerte saber cuál es tu problema; ya se trate de un problema con tu humanidad, tu calibre o un carácter corrupto tuyo. Según el problema que tengas, te lo recordaré y te amonestaré, con lo que te permitiré conocer tus carencias o dónde radica tu problema y entonces te diré cuál es la esencia de esta clase de problema y cuál es la actitud de Dios hacia las personas que tienen este problema. Si estás dispuesto a aceptarlo y eres capaz de rebelarte contra la carne y practicar la verdad, te diré la senda de práctica y cómo tratar y resolver esta clase de problema. No voy a utilizar tus problemas y defectos en tu contra ni como puntos débiles que explotar para, de vez en cuando, burlarme de ti, ridiculizarte o hacer comentarios sarcásticos al respecto. No haré eso; te trataré a ti y a los problemas existentes en ti de forma justa y objetiva. Si te hago algunos recordatorios, pero careces de conciencia y no sientes que lo que he dicho tenga nada que ver contigo o si te digo que la naturaleza de tu problema es grave pero no lo aceptas, sino que lo rechazas, eres reacio e incluso se te ocurren excusas para discutir y justificarte, entonces evaluaré las cosas conforme a la situación. Si el trabajo que haces es muy importante y tu problema ha afectado al trabajo de la iglesia, entonces consideraré si eres apto para este deber o no. Pero si eres solo un creyente corriente y el deber que haces y tus manifestaciones no tienen mucho impacto en el trabajo de la iglesia o el pueblo escogido de Dios y es solo tu problema personal, entonces te haré recordatorios y te ayudaré por buena voluntad. Si no te lo tomas en serio, no te guardaré ningún rencor y, por supuesto, no intentaré por todos los medios forzarte a aceptarlo. Trataré este asunto de forma muy racional y seguiré ofreciéndote recordatorios y ayuda por buena voluntad. Si veo que la esencia de tu problema te acarreará consecuencias negativas a ti o a otros, entonces, Mi conciencia me incitará a ofrecerte recordatorios y ayuda por buena voluntad, en lugar de limitarme a ver cómo haces el ridículo. Tampoco te calificaré a la ligera diciendo: “Eres un caso perdido, Dios te detesta y eres de los que perecerán”, ni mucho menos abriré la boca sin más para maldecirte diciendo: “Tú, diablo, descendiente de Satanás, tú que te resistes a Dios”. No haré esto para nada. Como Mi identidad es especial, a menudo me freno con mucha racionalidad: Mi manera de tratar a alguien y de hablarle debe depender de quién sea; este es un aspecto. Además, no he de calificar a nadie a la ligera. Por otra parte, a través de Mi tono de voz, la elección de las palabras o cómo las formulo, debo hacer que la otra persona sienta que lo que digo y lo que hago es por buena voluntad y no hay en ello malevolencia. En cuanto a cuál es Mi motivación, intento ayudarte con sinceridad; no quiero verte dar rodeos ni flaquear, vacilar o siquiera perder el rumbo o descarriarte cuando te enfrentas a las cosas. Al contrario, espero que después de haber compartido contigo y haberte ayudado puedas considerarte a ti mismo correctamente, evites caer en la negatividad, tengas una comprensión certera de tus actitudes corruptas y de los problemas que tienes, te trates a ti mismo de forma correcta y luego busques una senda de práctica a partir de las palabras de Dios para resolver poco a poco tus actitudes corruptas y tus problemas conforme a las palabras de Dios, al tiempo que te llevas bien con los demás y los ayudas. Es decir, me esfuerzo por procurar que lo que digo y hago al relacionarme con las personas les permitan comprender las intenciones de Dios, conocer qué principios requiere Dios de las personas, cuáles son las actitudes y puntos de vista de Dios hacia los diversos problemas que tienen, cómo deben abordar las personas estos problemas para cumplir los requisitos de Dios y satisfacerlo, además de cómo deben buscar la verdad para resolver sus problemas. Mi objetivo es ayudar a la gente a tratar de resolver correctamente estos problemas al lidiar con toda clase de personas, acontecimientos y cosas, así como cuando se revelan sus actitudes corruptas, dando como resultado que se sometan a la verdad y a Dios. Por supuesto, a juzgar por la variedad de personas con las que he estado en contacto durante estos años de trabajar y hablar, he llegado a reconocer un hecho: por muy calmadamente que hable y converse con la gente, por mucha buena voluntad que tenga o por muy buena que sea Mi disposición a ayudar a alguien, muy pocas personas pueden percibir o entender lo que digo y el motivo por el que lo digo para luego, mediante las palabras que he pronunciado y el contenido que he compartido con ellas, progresar u obtener una ayuda real y práctica en su vida real. Sin embargo, Mis principios para relacionarme con las personas no cambian, con independencia de cuánto acaben por cosechar y ganar al comunicarse e interactuar conmigo. Hay quien dice: “Entonces, ¿por qué no cambias de método?”. Decidme vosotros, ¿por qué no cambio de método? ¿Debería cambiarlo? Al hablar con las personas, ¿debería hacerlo desde una posición elevada, como si le estuviera proclamando los Diez Mandamientos a Moisés? ¿Acaso Mi voz debería ser como un trueno en el cielo o debería adoptar cierto tono para que las personas teman y recuerden fácilmente lo que digo, estén dispuestas a practicar y sean capaces de someterse? O si siempre hablo en un tono de maldición y calificación al comunicarme con las personas, ¿acaso aprenderán la lección? ¿Serán capaces de aceptarla? (No). ¿Sabéis por qué no? En aquel entonces, cuando Jehová promulgó los Diez Mandamientos a través de Moisés, los israelitas oyeron el sonido del trueno en el cielo y vieron los relámpagos; ¿es que esto impidió que se rebelaran contra Jehová y lo juzgaran? Sea cual sea el método que utilices para hablar o el contenido de tus palabras o tu motivación al hablar, en lo que respecta al receptor, si tiene la disposición y la necesidad subjetivas de aceptar la verdad y ama las cosas positivas —si tiene esta necesidad en su corazón—, entonces, sea cual sea el método que utilices para hablar, será capaz de aceptarlo y lo recordará con facilidad. Sin embargo, si no tiene esta necesidad en su corazón, aunque sepa qué son las cosas positivas y las cosas negativas, seguirá sin aceptar nada de lo que digas ni se lo tomará en serio, por muy correcto que sea o por muy sólidos que sean su origen y su motivación. Por consiguiente, desde Mi perspectiva, Mi principio para hacer estas cosas es compartir con normalidad con cualquiera. En cuanto a lo que uno puede ganar y recoger de Mí y a si es capaz de obtener la verdad, la clave radica en si ama la verdad y también en si tiene las necesidades de la humanidad normal. Si ama de forma innata las cosas positivas, cuando me relaciono y converso de esta manera con ella con normalidad, podrá reflexionar sobre lo que he dicho, sobre cuáles son los principios detrás de estas palabras y sobre qué le encomendé hacer; después reflexionará sobre estas cosas, las tendrá presentes y practicará conforme a estas palabras. Si esta persona no tiene necesidad de cosas positivas en su humanidad, diga lo que diga Yo, será inútil. Aunque la pode, la discipline o incluso la reprenda, no servirá de nada. Tras ser reprendida, puede que por fuera se porte bien y sea obediente, pero como no tiene necesidad de cosas positivas en su corazón, una vez que las cosas han seguido su curso, volverá rápidamente a ser como era antes, sin rastro alguno de palabras positivas, cosas positivas ni principios-verdad en su corazón. Así pues, en cuanto a las personas así, por mucho que digas, no puedes cambiarlas para que desarrollen las necesidades de la humanidad normal. Este es un aspecto. Asimismo, no atacar a los demás es básicamente uno de Mis principios al trataros. Seas la clase de persona que seas, persigas o no la verdad, aunque ponga al descubierto un determinado problema que tengas, lo hago meramente para diseccionar la esencia de este problema, con la intención de que puedas comprenderlo y conocerlo a fondo, progreses en el transcurso de hacer tu deber en el futuro, dejes de cometer los mismos errores y de perturbar o perjudicar la obra de la iglesia; es para ayudarte, no para crearte problemas ni para buscar algo que usar en tu contra. Por tanto, aunque saque a relucir cosas que ocurrieron en el pasado, no es para apagar tu entusiasmo ni para hacerte daño, sino para permitirte conocer la esencia de tus problemas, lograr un entendimiento profundo de cierto aspecto de la verdad, tener un conocimiento de ti mismo, saber cómo actuar de acuerdo con las intenciones de Dios para, al final, practicar con precisión conforme a los principios de las palabras de Dios. ¿Apreciáis de alguna manera el hecho de que el Dios encarnado nunca ataque a los demás? (Lo apreciamos en cierta medida).

Aparte de no atacar a los demás, el Dios encarnado también alienta a la gente de vez en cuando. Algunas personas tienen poca madurez, son frágiles y no son muy fuertes en lo que respecta a su humanidad, les falta perseverancia al hacer las cosas o a menudo están limitadas por toda clase de cosas, no saben cómo buscar la verdad ni son capaces de cumplir con sus deberes con normalidad. En tales circunstancias, les daré algo de ánimo para permitirles ver la senda que tienen por delante, a fin de que ya no se hallen atrapadas en un asunto ni limitadas por este. Cuando oigas estas palabras de ánimo, tal vez sientas que aquello de lo que hablo está fuera de tu alcance, pero Mi objetivo es ayudarte a desprenderte de la carga de tus pensamientos y nociones, a dejar de estar limitado por esas cosas y dejarlas atrás, para luego dedicar todas tus fuerzas a tu deber a fin de satisfacer las intenciones de Dios. Hay quienes han recorrido antes las sendas del fracaso o han hecho cosas que vulneran los principios de la casa de Dios o han mostrado algunos evidentes comportamientos rebeldes e incluso han provocado trastornos y perturbaciones con sus acciones, con lo que han causado ciertas pérdidas a la obra de la iglesia. Si en Mi enseñanza menciono ocasionalmente estas cosas, Mi propósito no es mitigar tu entusiasmo ni te guardo rencor; más bien, Mi propósito es utilizar tu caso como ejemplo para recordarles a los demás que no cometan los mismos errores; Mi propósito es compartir con claridad un aspecto de la verdad, permitir que más gente vea con esto que la senda que recorriste es errónea y en qué sentido lo es, para que pueda extraer lecciones de ello y advertirles luego a otros que no recorran la misma senda, así como recordarles a qué principios deben ceñirse al hacer las cosas. En especial, al compartir sobre las diversas actitudes corruptas de las personas y ponerlas al descubierto, los ejemplos que doy o un estado específico sobre el que comparto podrían involucrar a muchas personas, o bien a algunas personas y cosas concretas. El propósito de compartir sobre estas cosas no es buscar una oportunidad para dejaros al descubierto y avergonzaros; en cuanto a los hechos que menciono o los estados que dejo en evidencia, estos solo guardan relación con el tema y el aspecto de la verdad sobre los que estamos compartiendo. Puede ser que no te conozca en persona ni sepa que te ha ocurrido algo así, pero resulta que el ejemplo que di o el estado que dejé al descubierto se han dado en tu caso y te identificas con ellos. Cuando hay personas que se identifican con tales cosas, piensan: “¿Es que alguien me ha delatado? ¿Cómo sabes que me ocurrió esto, que tuve este problema y me encontraba en este estado?”. Ya digo que no sé en realidad si a una persona determinada le ocurrió una cosa así o si se encontraba en tal estado, pero las verdades sobre las que comparto implican este estado, este tipo de problema o este tipo específico de ejemplo; o bien los problemas que dejo al descubierto incluyen estos elementos. Como este tipo de estado y el ejemplo concreto de este tipo son representativos y pueden permitir a la gente conocer de sobra a ciertas clases de personas, acontecimientos y cosas, así como conocer la esencia de cierto tipo de persona, no puedo evitar citar algunos incidentes concretos ocurridos en la iglesia o hablar de ciertos estados específicos cuando estoy poniendo ejemplos. Por tanto, es inevitable que se vean implicadas algunas personas, acontecimientos y cosas. Sin embargo, no tengo la menor intención de atacar a personas concretas; Mi propósito es únicamente el de recordar y exhortar a las personas, el de permitir que la mayoría del pueblo escogido de Dios se beneficie. Los ejemplos que pongo al predicar sermones y compartir no van dirigidos en absoluto a ninguna persona en particular; son simplemente para compartir la verdad y poner al descubierto la esencia de un determinado problema, de modo que podáis tenerla más clara y comprendáis mejor la esencia de este. Al entender la esencia del problema, ya reconozcas tener este problema o ya desentrañes a las personas, los acontecimientos y las cosas involucrados, puedes llegar a practicar conforme a los correspondientes principios-verdad, utilizarlos para resolver los problemas en tu interior y lograr la entrada en la realidad-verdad. Sea cual sea la clase de problema que comparto, tanto si es un problema que existe en ti como uno que existe en otros, solo lo hago para compartir la verdad y para ayudaros a comprender mejor la esencia y la realidad de cierto tipo de problema; no va dirigido a ningún individuo concreto ni a ninguna clase específica de persona. Por supuesto, también puede ser que el arquetipo del ejemplo que doy al hablar sobre un problema sea algo que te sucedió a ti y que haya utilizado esta cuestión para poner un ejemplo. Pero al poner este ejemplo, no estoy dejando en evidencia un problema que sea solo tuyo; más bien, tu problema es representativo de los problemas presentes en todos, en toda la especie humana. Por supuesto, el propósito de dejar en evidencia el problema es solo el de resolverlo, no el de atacarte. Así pues, cuando te encuentres con este tipo de situación, debes tratarla de forma correcta; este es Mi trabajo. Por un lado, Mi trabajo es proporcionaros todas las verdades, todos los aspectos de la verdad; por otro, es el de dejar en evidencia los problemas en vuestro interior, los diversos estados de la especie humana corrupta y todas las actitudes corruptas en su interior, así como los problemas que involucran actitudes corruptas. Este es Mi trabajo. Ya que Mi trabajo, además de proveer la verdad, también incluye poner al descubierto la realidad de la corrupción de la especie humana corrupta, Mis motivos son buenos en lo que respecta a esta tarea. Quiero ayudaros y apoyaros, recordaros las cosas y proveer para vosotros, de modo que podáis ver con claridad la esencia del problema y seáis capaces de rebelaros contra vuestras actitudes corruptas, para que ya no viváis dentro de vuestras actitudes corruptas, sino que seáis capaces de cambiar de rumbo, desprenderos del mal que hay en vuestras manos, arrepentiros ante Dios y practicar con arreglo a los principios requeridos por Dios, logrando la sumisión a la verdad y la sumisión a Dios.

Sean cuales sean vuestros problemas que Yo deje al descubierto y sea cual sea el método o el tono de voz que use cuando deje en evidencia estos problemas, lo hago basándome en el principio y con la motivación de ayudaros y apoyaros para que os embarquéis en la senda de la salvación. No tengo ninguna malevolencia; todo es por benevolencia. Incluso si las palabras que uso a veces cuando dejo en evidencia la esencia del problema en cierto individuo o en cierta clase de persona no son muy refinadas, Mi propósito no es atacar ni reprimir a nadie, sino diseccionar la esencia del problema, de modo que las personas puedan tener discernimiento y desechar sus actitudes corruptas. Dentro de esto, no hay intrigas, no hay intención de atacarte ni de reprimirte, así como ninguna intención de sacar tus trapos sucios o avergonzarte. Aunque, cuando comparto algunos problemas, califique el comportamiento o el carácter y la esencia de cierta clase de persona, esa calificación concuerda por completo con los hechos objetivos. Por ejemplo, si eres arrogante y sentencioso, siempre actúas de manera dictatorial, has hecho cosas que causan trastornos y perturbaciones y te digo: “Si continúas haciendo esto y te niegas a arrepentirte en ningún caso, entonces esta es tu esencia; la actitud de Dios hacia ti es darte de lado o desdeñarte”, ¿te están atacando estas palabras? No. Aunque estas cosas se digan en cierto contexto y se planteen de esta manera, la provisión y la ayuda que te doy y Mis expectativas hacia ti no cambian; se te sigue dando una oportunidad para arrepentirte. Si sientes remordimientos, da un giro y cambia, la casa de Dios seguirá ascendiéndote a cualquiera que sea el deber para el que seas apto; nunca me voy a interponer en eso. Todo el mundo comete algunos errores cuando empieza a creer en Dios y no entiende la verdad, pero hay quienes son capaces de arrepentirse y han hecho algunas cosas buenas y algunas buenas obras. Supongamos que los hermanos y hermanas los recomiendan, dicen: “Esta persona se ha arrepentido de veras y es diferente a como solía ser. Antes era arrogante y disoluta, carecía de semejanza humana; hizo algunas cosas malvadas, de modo que trastornó y perturbó el trabajo de la iglesia y causó pérdidas en las ofrendas de Dios, así que la iglesia la echó. Pero después de que la echaran, sintió mucho remordimiento y ahora se ha arrepentido. Incluso tomó la iniciativa de compensar las pérdidas, pidió a la iglesia que volviera a aceptarla, prometió que nunca volvería a hacer maldad y está dispuesta a ser la última en la iglesia y a someterse a cualquier cosa que la casa de Dios le pidiera hacer”. Si aquellos que están relativamente cerca de ella quieren recomendarla después de obtener un entendimiento meticuloso sobre ella, Yo digo que, si de verdad se ha arrepentido y ahora se la necesita en la obra de la casa de Dios, se la puede volver a usar; Yo no voy a interponerme. Aunque unos pocos individuos hayan hecho cosas que no fueron muy amigables conmigo personalmente, si cumplen las condiciones para un ascenso, de igual modo no voy a interponerme; les daré una oportunidad. Por tanto, ya sea en los sermones o en la vida real y sea cual sea el entorno o el contexto, te trataré con ecuanimidad y justamente. En contextos donde lo permita el entorno, os ayudaré por buena voluntad o preguntaré cómo vais en vuestro deber. Si se trata de un entorno laboral especial, también me esforzaré al máximo para ayudaros y apoyaros, proveeros orientación, guía o ayuda en algún trabajo profesional. Lo que hago algunas veces es comparar notas e intercambiar ideas con vosotros. Aunque a veces diga: “El trabajo que has hecho no es aceptable”, solo estoy diciendo la verdad y siendo directo. No estoy diciendo tales cosas para reprimiros, sino para intercambiar ideas o comparar notas con vosotros. Me esfuerzo al máximo para daros oportunidades de hablar y aplicaros, de modo que vuestro calibre, talentos, el conocimiento que habéis aprendido, el sentido común que tenéis o la experiencia que habéis acumulado se pueden utilizar al máximo. Si los resultados no son buenos, solo digo: “El trabajo que has hecho no es para tanto. Reflexiona y busca más y a ver si puedes hacerlo mejor”. Siempre os doy el máximo apoyo, provisión y ayuda, de tal modo que cuando os comunicáis e interactuáis conmigo, podéis beneficiaros, ya sea en la vida o en el transcurso de hacer vuestro deber. Este es Mi principio en la obra y es el mismo en Mi vida diaria. A veces, cuando interactúo y comunico con las personas, hablaremos inevitablemente sobre algunos asuntos triviales en la vida diaria, los cuales implican cosas externas como necesidades básicas, estar sano, medicinas y demás, así como alguna gente menciona algunos puntos de vista, dichos o sentido común relativo a asuntos triviales en la vida. En lo que respecta a todos los aspectos del sentido común, expreso meramente Mis puntos de vista personales. Si piensas que lo que digo es cierto, puedes aceptarlo; si piensas que lo que digo es incorrecto, no usaré Mi identidad y estatus para reprimirte, diciéndote: “Todo lo que digo es cierto. Da igual el tono que use o que te guste o no lo que digo, ¿acaso va a hacerte daño o hacerte mal? ¡Debes aceptarlo!”. No voy a hacer esto; dejaré que las cosas tomen su curso natural. Por ejemplo, pones demasiado sal al cocinar y Yo te digo que comer demasiada sal es malo para la salud. Algunas personas no aceptan esto; sienten que, si le ponen menos sal, la comida estará sosa y le faltará sabor. Insisten en comer según sus propios gustos. Yo digo que eres libre de hacerlo y no voy a interferir. Aunque el dicho “comer demasiada sal es malo para la salud” no se eleva al nivel de la verdad, es sentido común en la vida. En cuanto a este cuerpo físico que Dios creó para las personas, necesita una cantidad fija de sal cada día; sobrepasar esta cantidad dañará tu cuerpo y traerá consecuencias. También hay personas que siempre sienten que les faltan nutrientes, así que siempre están haciendo comidas sustanciosas. Al final, su excesiva toma de nutrientes conduce a problemas de salud y tienen que hacer ajustes. La cantidad de nutrientes que necesita este cuerpo físico creado por Dios guarda relación con las proporciones de cereal, verduras, fruta y carne que Dios creó para la especie humana. Si comes conforme a estas proporciones, puedes mantener una salud básica; si ignoras estas proporciones y comes de manera imprudente e indiscriminada de acuerdo con tus preferencias, desarrollarás problemas de salud. Yo te digo estos hechos, pero tú no los aceptas. Piensas: “Dar sermones y compartir la verdad es Tu fuerte, pero no entiendes estos asuntos de la vida cotidiana. No tengo que escucharte, porque esto no atañe a la verdad”. Yo digo que puedes elegir no aceptarlo y puedes vivir de acuerdo con tus propias preferencias, pero debes saber que, si no puedes aceptar Mis palabras, tarde o temprano pagarás el precio de tu elección. Estoy expresando meramente Mis puntos de vista; no usaré Mi estatus para reprimirte. Por otra parte, si no aceptas Mis puntos de vista, no voy a forzarte ni voy a decirte que eres demasiado necio y obstinado por no aceptar cosas positivas. De hecho, en realidad eres así, pero Yo nunca lo digo. No montaré un gran alboroto respecto a algo menor en la vida diaria ni te sermonearé después ni te daré lecciones. Yo no haría eso, porque esa no es Mi responsabilidad. Tampoco quiero hacer eso. Ya he cumplido con Mi responsabilidad al compartir y dar sermones; esto entra en el ámbito de Mi ministerio. En cuanto a lo que comes a diario, ocúpate tú de eso. En lo que respecta a lo que creó Dios para la especie humana y a qué cantidades y qué comidas y especialidades se producen en cada estación, es asunto tuyo cómo uses todas estas cosas; puedes distribuírtelas por tu cuenta. Si la conciencia y razón de tu humanidad son normales y sólidas, las usarás y te las distribuirás con moderación. Si tu razón no es sólida, las usarás o las distribuirás de una manera que es excesiva y solo tú cargarás con las consecuencias que esto acabe por traer a tu cuerpo físico, sean cuales sean. Por tanto, soy muy racional en lo que respecta a esta cuestión; solo te digo Mis puntos de vista y no voy a forzarte a aceptarlos. A veces, cuando veo que tenéis algunos hábitos de vida malos, tampoco os haré cambiarlos; solo os haré un sencillo recordatorio. Si no lo aceptáis ni lo cambiáis, no diré más. Los hábitos de vida son en realidad muy fáciles de corregir. Los hábitos de vida que son equivocados y no deseables deberían corregirse; esta es una actitud de aceptar las cosas positivas. Tener la actitud y la voluntad de aceptar las cosas positivas es parte de la racionalidad básica que debería estar presente dentro de la humanidad normal. Algunas personas dejan que las cosas positivas les entren por un oído y les salgan por el otro. No se las toman en serio e incluso insisten en sus maneras incorrectas de practicar y en sus formas incorrectas de hacer las cosas. Hay quienes incluso dicen: “He vivido así durante muchos años y no ha habido ninguna consecuencia”. Este es un problema de carácter. ¿Qué clase de carácter es este? Es tozudez e intransigencia, es no aceptar los puntos de vista correctos o las cosas positivas. Te lo estoy diciendo, esto es indicativo de un carácter corrupto y debes cambiarlo y desecharlo. Tus maneras incorrectas de practicar y esa actitud intransigente tuya deben dar un giro; solo entonces puedes experimentar un verdadero cambio.

Hay algunas personas a las que les gusta atacar a los demás; esto no es bueno. Si os veo hacer algo malo, expresaré con racionalidad Mis puntos de vista y os lo recordaré por buena voluntad. Esta es Mi manera de hacer las cosas. Además, si ciertos problemas piden que se dejen en evidencia vuestras actitudes corruptas, entonces lo haré sin ninguna ceremonia; esto es ser responsable de las personas. Cuando dejo en evidencia los problemas de las personas, dejo en evidencia la esencia de los problemas y muestro cómo son realmente; no aplico regulaciones ni exagero las cosas. Lo hago porque entra en el ámbito de Mi obra, expongo lo que se debería exponer y no digo una palabra menos de lo que ha de decirse. Por tanto, tengo principios al hacer las cosas. Por un lado, en la vida cotidiana, trato estos asuntos según el principio de racionalidad, te hago saber cuáles son Mis puntos de vista. Si prestas atención, te lo tomas en serio y tienes la racionalidad de la humanidad normal, aceptarás o abordarás correctamente estos pensamientos y puntos de vista, sin que haga falta que Yo predique un sermón sobre ello. Por otro lado, en la obra, no evitaré vuestros problemas ni voy a contenerme al hablar por miedo a avergonzaros. Dejaré vuestros problemas y vuestras actitudes corruptas en evidencia, de modo que podáis llegar a conocer los problemas a este respecto y a desechar vuestras actitudes corruptas. Mi objetivo es permitir que os embarquéis en la senda correcta. Ya tengáis un problema en la vida o lo tengáis en el trabajo, si atañe a las actitudes corruptas o a la verdad, no voy a evitar el problema; hablaré con vosotros sobre él claramente. Con independencia de cómo comparta o cómo trate un problema, tengo Mis métodos y principios. Cuando es el momento de cumplir con Mi responsabilidad, me encargo personalmente de hacerlo. No me da miedo avergonzaros; dejaré en evidencia vuestros problemas y actitudes corruptas, de modo que podáis empezar a conocerlas. Esta es Mi responsabilidad. Si vuestros problemas no guardan relación con las actitudes corruptas ni con los principios-verdad, tenéis la libertad y el derecho de hacer elecciones y practicar como deseéis; Yo no voy a interferir. Por tanto, tanto si dejo en evidencia vuestros problemas como si no, eso no implica atacaros, constreñiros ni reprimiros. En la vida diaria, en cuanto a las cuestiones que no implican principios, como las necesidades básicas, os doy amplia libertad para elegir por vosotros mismos. Sin embargo, si atañe a un asunto de principio; es decir, si implica actitudes corruptas o vuestra actitud hacia hacer obra, hacer vuestro deber, implica a Dios o la verdad; entonces debería compartir sobre ello. Fíjate, con independencia de cómo haga algo, lo pienso bien, ¿no es cierto? Tengo principios. En cuanto a algo que no implica la verdad, vuestra actitud hacia Dios o la verdad o vuestra actitud hacia el trabajo de la iglesia y hacer vuestro deber, Yo no interfiero; me ocupo de Mis propios asuntos. En especial, en lo que respecta a los asuntos de elección y preferencia personal, nunca interfiero. Por ejemplo, a algunas hermanas les gusta llevar el pelo largo, hacerse trenzas o llevar moños, mientras que a algunos hermanos les gusta llevar el pelo corto o afeitarse la cabeza; tenéis libertad para hacerlo y Yo no interfiero. Algunos hermanos y hermanas son quisquillosos para comer y les gusta particularmente cierta clase de comida o tienen ciertos hábitos en su estilo de vida que no son buenos; Yo tampoco interfiero con esas cosas. Si estos hábitos en su estilo de vida afectan a su salud, a su realización del deber o al trabajo de la iglesia, debo recordárselo y ayudarlos o hacer que los hermanos y hermanas los ayuden. Sin embargo, algunas personas no aceptan que los hermanos y hermanas las ayuden, incluso dicen que se sienten constreñidas y presionadas; al final, dejan la iglesia en secreto sin decírselo a nadie y todos los hermanos y hermanas se sienten desanimados. Yo digo: “Está mal que te desanimes. No interferimos con la libertad de las personas. Si quieren marcharse, que así sea; es elección suya. Yo no me siento desanimado en absoluto”. ¿Por qué no me siento desanimado? Porque siento que ayudarlas es Mi obligación, algo que debería hacer en Mi humanidad. La ayuda que proveo para ellas no consiste en ningún tipo de favor o caridad; es solo que, al enterarme de su situación, estoy obligado a confiaros que los ayudéis. Están haciendo su deber a tiempo completo en la iglesia. Si su mal estilo de vida afecta su salud y desarrollan problemas en esta, ¿no deberían los hermanos y hermanas ayudarlas por amor? Esto es moral social básica para los seres humanos. Pero si no aceptan esta clase de ayuda y sienten repulsión o presión en su corazón, no vamos a forzarlas y no vamos a interferir con su libertad. Entonces, ¿por qué hay quienes se sienten desanimados cuando estas personas dejan la iglesia? Te sientes desanimado porque te parece que cumplir con tu responsabilidad y obligación con ellas es una especie de favor que les haces. Ellas no lo apreciaron, no aceptaron este favor y no hicieron lo que tú deseabas, hirieron tus sentimientos y tu orgullo. Como dice el dicho, te tiraron tu buena voluntad a la cara, así que te sientes desanimado. Yo no me siento desanimado en absoluto. La manera en la que Yo entiendo esto es diferente a la vuestra. Yo digo que debes extraer una lección de este asunto y no volver a hacer una necedad semejante en el futuro. Todo el mundo tiene sus propias aspiraciones. No puedes someter a las personas a tu control y seguir esperando que sean felices y te alaben, ¿no crees? Eso sería absolutamente ridículo. Debes darles libertad y dejarlas elegir libremente. Si sienten que lo que dices es bueno, pueden elegir aceptarlo y practicar de acuerdo con estas palabras; si sienten que lo que dices es malo, también pueden elegir no aceptarlo. Tienen derecho a elegir. No deberías forzarlas a aceptar tu buena voluntad. Lo acepten o no es una cuestión de actitud; tienen libertad para hacerlo. Como mucho, puedes compartir los problemas que tienen las personas como ellas y puedes compartir las lecciones que has extraído de esta clase de personas y la esencia de los problemas que has visto con ellas, lo cual te ayuda a aprender a discernirlas, a contemplarlas y a cómo tratar a las personas que son así conforme a los principios de las palabras de Dios y a no hacer ya cosas necias. ¿Dónde os equivocasteis entonces? Ayudéis a quien ayudéis, actuáis según los sentimientos e incluso pensáis: “Mira cuánto amor tengo y qué amoroso soy”. Esto no es actuar de acuerdo con los principios, sino tratar a la gente según vuestra propia voluntad y preferencias; esto es hacer las cosas según los sentimientos. Le hable a quien le hable o lidie con quien lidie Yo, hablo y actúo según los principios; los sentimientos no entran en esto. Al hablar y actuar, actúo totalmente por conciencia y buena voluntad y este es el enfoque que debería adoptar con todo el mundo. En particular, con los hermanos y hermanas que están haciendo su deber con normalidad, así es precisamente cómo debería actuar. Esta es Mi obligación y responsabilidad. Mientras cumpla con esta responsabilidad, con eso es suficiente. Pueden elegir aceptar o pueden elegir rehusar; Yo no fuerzo a nadie. Si aceptan, soy feliz; si no, no me pongo triste. Lo único que estaba haciendo eran algunas cosas que debería hacer de acuerdo con los principios; estaba meramente cumpliendo con Mi responsabilidad. ¿Lo entendéis? (Sí).

Sea cual sea el entorno, puedo tratar a toda clase de personas y a toda clase de cosas de acuerdo con los principios cuando interactúo con la gente. Aunque proveo de algo de ayuda en la vida a las personas o digo algunas cosas que las edifican, esto también es una parte de hacer cosas de acuerdo con los principios; no es actuar por sentimientos. En cuanto a compartir la verdad, es decir, a dejar en evidencia la esencia-naturaleza de las personas, sus actitudes corruptas, sus diversas revelaciones de corrupción y los estados corruptos en los asuntos específicos, además de la esencia de diversos problemas, Yo también actúo de acuerdo con los principios; no actúo movido por los sentimientos ni con voluntad humana. Cuando las personas hacen cosas, siempre actúan según con quién estén lidiando y según su propio estado de ánimo y preferencias. Muestran algo de favor a aquellos que les agradan y con los que se llevan bien y les dan algunos beneficios a esas personas, al tiempo que atacan y excluyen a aquellas que no les gustan y con los que no se llevan bien; no pueden tratar a las personas con ecuanimidad. O bien actúan en función de los sentimientos o bien cometen acciones malvadas; en resumen, no hacen las cosas conforme a los principios. Cuando me relaciono con los hermanos y hermanas de la iglesia, sean quienes sean, puedo tratarlos conforme a los principios. Del mismo modo, al interactuar y relacionarme con no creyentes, también tengo principios y límites. Aunque digan algunas palabras provocadoras o descorteses, ordinarias o irrespetuosas, Yo no les voy a responder con la misma moneda. Si debo relacionarme con ellos para hacer cosas, me relacionaré con ellos; si no necesito hacer cosas, optaré por evitarlos y rechazarlos. Si una persona tiene una calidad humana deficiente y siempre quiere aprovecharse de los demás y exigir beneficios, aunque la ayude sigue sin poder tratar este tema correctamente y sin cambiar —con lo que su humanidad es mala—, me limito a mantenerme alejado de ella. En resumen, tanto si me relaciono con los hermanos y hermanas como con no creyentes, puedo actuar conforme a los principios; como mínimo, me relaciono con las personas según los límites de la conciencia y la razón de la humanidad. ¿Podéis lograr esto vosotros? (No). Sin importar con quién se relacionen los seres humanos corruptos, siempre salvaguardan sus propios intereses o tratan a la gente según los sentimientos y las preferencias, sin principios. Si es un hermano o una hermana con quien sienten que se llevan bien y tienen una buena relación, entonces pueden ayudarlo, mostrarle amor, darle cosas y mantener un contacto cercano. Sin embargo, si esta persona hace algo que hiere sus sentimientos, dicen: “No volveré a verla jamás y no volveré a relacionarme con ella nunca más. ¡De verdad me arrepiento! Antes fui muy bueno con ella y la ayudé mucho, pero aun así me trata de este modo. ¡Es una desagradecida, un ser ingrato!”. No pueden actuar conforme a los principios para tratar a las personas con imparcialidad. Cuando son buenos con alguien, lo hacen por sentimientos y, si son malos con alguien, se debe a su preferencia personal; todo lo que hacen es simplemente para satisfacer sus sentimientos. Por tanto, si ayudan a alguien y lo benefician, pero esa persona no solo es una desagradecida, sino que además hiere sus sentimientos, se sentirán muy tristes y dolidos; protestarán, pues sienten que sus esfuerzos han sido en balde. No estarán dispuestos a aceptarlo y nunca más volverán a hacer esto. Decidme, si Yo me encontrara con este tipo de situación, ¿cómo la abordaría? En primer lugar, no puedes valorar este asunto desde la perspectiva de que las personas se hagan favores mutuamente; no puedes juzgar este tipo de situación basándote en los sentimientos. Debes discernir a las personas que son así basándote en las palabras de Dios y en los principios-verdad; debes discernir su humanidad y la senda que recorren, así como su actitud hacia Dios, hacia la verdad y hacia su deber, en lugar de discernirlas y considerarlas basándote en los sentimientos. Considerar de esta manera a alguien es mucho más preciso. No se trata de evaluar a una persona o un asunto en función de los sentimientos o de tus ganancias y pérdidas personales, sino de evaluarlos basándote en las palabras de Dios y en los principios-verdad. Considerar a una persona o un asunto de este modo es preciso y concuerda con los principios. Cuando consideras a las personas y las cosas de esta manera, no te sientes triste ni dolido porque alguien a quien ayudaste en su momento sea un desagradecido, ni sentirás una profunda gratitud hacia alguien porque en su día te hizo un favor; en cambio, serás capaz de tratarlo correctamente conforme a los principios. Hay un dicho común: “La amabilidad de una gota de agua debe ser recompensada con un manantial”. La gente corriente sigue viviendo dentro de la lógica de tales pensamientos y puntos de vista de la cultura tradicional. No consideran las cosas ni a las personas según las palabras de Dios o la verdad, ni tratan a las personas conforme a los principios. Creen que, en lo que respecta a cómo tratas a las personas, además de no engañarlas, hacerles daño, golpearlas, insultarlas o hacerles cosas malas, también debes ser bueno con ellas. En particular, si alguien te ha hecho un favor, debes devolvérselo por duplicado; de lo contrario, eres un desagradecido. ¿Acaso tratar a las personas de esta manera se considera ser bueno con ellas? (No). Entonces, ¿qué es en realidad ser bueno con la gente? No es amar, preocuparse por alguien y cuidar de él por sentimientos humanos, sino hacer las cosas basándose en los principios conforme a las palabras de Dios. La mayoría de las personas no es capaz de lograr hacer las cosas según los principios; la gente solo hace las cosas basándose en los sentimientos, no en los principios. Hacer las cosas según los sentimientos y hacer las cosas según los principios son cosas sumamente diferentes; son dos sendas distintas. Hacer las cosas basándose en los sentimientos está adulterado por la voluntad humana: cuando ayudas a alguien, es para satisfacer las necesidades de tus sentimientos personales; eso no es gestionar los asuntos con imparcialidad. Si esta persona siente una profunda gratitud hacia ti, seguirás siendo bueno con ella; si no te lo agradece y lastima tu corazón y tus sentimientos, ya no la ayudarás más. ¿Acaso no estás actuando entonces sin principios? (Sí). Esto es actuar sin principios. Entonces, ¿qué es hacer las cosas de acuerdo con los principios? Es cumplir con tu responsabilidad como persona, ayudar a los demás según sea necesario y dejar que se lo tomen como ellos quieran. Si están dispuestos a aceptar tu ayuda, magnífico; si no están dispuestos a aceptarla, no debes decir que no están bendecidos ni debes sentirte molesto, triste o decepcionado, sino que debes seguir tratándolos correctamente. Esto es hacer las cosas conforme a los principios. ¿Habéis entendido este principio de “no atacar a los demás”? (Sí).

Uno de los principios de la encarnación de Dios, mientras vive entre las personas e interactúa y se comunica con ellas, es el de no atacarlas. No atacar a los demás requiere de principios para tratar a las personas y compartir la verdad. Aparte de no atacar a los demás, Dios encarnado tiene otro principio para tratar a las personas, que es el de no vengarse. ¿Cómo contempla la gente el asunto de vengarse? Si a alguien le acosan o le hacen daño y luego, de manera justificada, contraataca o pelea, ¿le parece esto aceptable a la gente? (Sí). Pero con Dios, ¿es este un principio con el que tratar a las personas? (No). Entre la especie humana, cualquiera puede vengarse y todo el mundo es capaz de hacerlo; todo el mundo tiene el instinto de vengarse, así como la intención y el deseo de vengarse. Si alguien te ha insultado verbalmente o te ha hecho daño, aunque no puedas vengarte ahora mismo, no pararás de buscar la oportunidad de hacerlo, de hacerle saber que tienes dignidad, que no eres alguien al que se maneja o con el que se puede jugar, que no eres un necio y que posees la razón de la humanidad normal y puedes percibir cosas y hacer juicios. Entonces, ¿cómo surgen estos pensamientos de venganza? ¿Provienen de la conciencia y la razón de la humanidad normal o de la impetuosidad de las actitudes corruptas satánicas? (De la impetuosidad de las actitudes corruptas satánicas). Esto es obvio. Si acosan a alguien, se aprovechan de él o lo engañan, cuando no tenga ningún estatus, no tendrá la oportunidad de vengarse y sus condiciones no lo permitirán, así que enterrará todas estas cosas en su corazón, donde se convierte en una especie de odio. Debido a este odio y dado que ha recibido este tratamiento injusto, puede volverse hostil hacia la sociedad, hacia la especie humana y hacia todo el mundo que contemple como un enemigo. Cuando una persona cualquiera tiene estatus, cuando las condiciones lo permiten y tiene la oportunidad de hacerlo, es capaz de cometer actos de venganza, con lo que hará que aquellos que una vez le hicieron daño o lo menospreciaron sufran sus represalias y reciban su merecido. Siente que vivir de esta manera es tener agallas y que al fin se ha librado de este rencor. Entre la especie humana, ni la sociedad ni su conciencia condenarán a cualquiera que haga esto. Por tanto, la gente cree que vengarse no es algo inadecuado ni vergonzoso y no lo consideran una cosa positiva ni una cosa negativa. Sin embargo, desde la Era de la Gracia hasta esta etapa de obra, no puedes encontrar ni una sola frase entre todas las palabras que ha dicho Dios que les diga a las personas que se venguen de los demás. Dios nunca le ha dicho a la gente: “Si alguien te hace daño o te ha engañado, debes vengarte, debes devolvérselo, ojo por ojo, diente por diente”. ¿Es vengarse uno de los principios que te ha dicho Dios para tratar a las personas? (No). En la Era de la Gracia, ¿qué dijo Dios respecto a cómo tratar a los demás? Con paciencia, tolerancia y amor. ¿Qué más? (Amar a tus enemigos y si alguien te golpea en la mejilla izquierda, pon la mejilla derecha). ¿Qué más? Perdona a los demás setenta veces siete. El número “setenta veces siete” es solo representativo; en realidad no significa que sea tantas veces. Dios dice esto para hacerte perdonar a todos aquellos que te han hecho algo malo, para que los perdones una cantidad infinita de veces; este es un principio. Paciencia, tolerancia, deferencia, amar a tus enemigos, poner la mejilla derecha cuando te golpean la izquierda y perdonar a los demás setenta veces siete; esto es lo que se decía a menudo en la Era de la Gracia. Entonces, ¿pueden los principios para tratar a las personas derivarse de estas palabras? ¿Cuáles son los principios que Dios requiere que siga la gente al tratar a los demás? ¿Se incluye el ojo por ojo, diente por diente? (No). ¿Incluye darle a los demás de su propia medicina? (No). ¿Incluye vengarse? (No). No se incluye nada de esto. Aunque cada una de estas cosas que dijo Dios en la Era de la Gracia es un tipo específico de comportamiento y práctica, todas ellas son principios para tratar a los demás que Dios da a la gente. Por tanto, en esta etapa de obra en los últimos días, ¿qué les dice Dios a las personas sobre cómo tratar a los demás? Tratad a los demás con ecuanimidad, mirad sus fortalezas y méritos, no sus defectos y debilidades. ¿Qué más hay específicamente? No engañar a los demás, discutir con ellos ni atacarlos, así como cooperar armoniosamente con los demás. ¿Son todos estos principios específicos para tratar a las personas? (Sí). Sea cual sea la era, ni uno solo de los principios específicos que da Dios para tratar a los demás le dice a la gente que se vengue. Ni uno solo dice: “Si alguien te hace daño, hazle daño tú; si alguien te golpea, debes devolverle el golpe; si te da un puñetazo, devuélveselo; si te maldice, maldícelo tú”. Dios nunca ha dicho ni una sola palabra semejante. Dios te pide que cooperes en armonía con los demás y trates a la gente con ecuanimidad. La otra persona podría ser alguien a la que menosprecias, alguien que una vez te hizo daño o te engañó, o bien alguien que te atacó o te juzgó. Pero mientras sea alguien que de veras cree en Dios, deberías tratarla con ecuanimidad y cooperar armoniosamente con ella. Este es el principio y este es el principio que una persona con humanidad normal debería poseer y al que atenerse en cómo trata a los demás. Las personas con la conciencia y racionalidad de la humanidad normal aceptarán los principios-verdad y practicarán tratando a los demás con ecuanimidad. Aquellos que no poseen la conciencia y racionalidad de la humanidad normal tratarán estas palabras como una especie de doctrina o enseñanza religiosa cuando las oigan. Si alguien infringe los intereses, el orgullo, el estatus o la dignidad de las personas que no pueden aceptar la verdad, estas dejarán en evidencia su propia impetuosidad. No solo se vengarán y exigirán retribución a la otra parte, sino que incluso se lo devolverá multiplicado por dos, aumentando su represalia. Si cualquiera le ha hecho daño, lo ha ofendido, le ha hecho una afrenta al mostrarle una falta de respeto o ha tenido algún altercado verbal o incluso físico con él, se vengará y se lo devolverá multiplicado por dos. Es sencillamente incapaz de atenerse a los principios que Dios requiere para tratar a las personas.

Hay también muchos ejemplos reales relativos al tema de que Dios encarnado no se venga de la gente. El requerimiento de Dios a las personas respecto a cómo tratar a los demás es que deberían atenerse al principio de no vengarse, porque Dios encarnado posee esta clase de humanidad normal y de esencia-humanidad en Su vida real y en su entorno de obra. ¿Qué significa que posea esta clase de esencia-humanidad? Significa que puede atenerse estrictamente a tal principio de conducta propia en cómo trata a la gente y atenerse estrictamente a este principio de conducta propia en cómo vive entre la especie humana y entre los grupos de personas. Esto se debe a que Él tiene tal esencia-vida y es precisamente por tener semejante esencia-vida por lo que tiene tal realidad en Su vivir. Dios encarnado vive entre las personas con practicidad; lleva una vida real en la cual lidia y se comunica con las personas; no vive en un vacío. Al vivir en la carne, de manera inevitable, entrará en contacto, se comunicará y lidiará con las personas. Cuando interactúa y lidia con la especie humana corrupta, es inevitable que se le trate injustamente, se le falte al respeto, se le discrimine, se le engañe, acose y juzgue de maneras que no se ajustan a la realidad. ¿Cómo abordo Yo este tipo de trato que no es ecuánime? Al vivir estos años entre las personas, por no mencionar las diversas clases de trato injusto a las que fui sometido entre los no creyentes, simplemente en cuanto al entorno familiar, la iglesia local y todos los líderes y obreros de nivel superior y los hermanos y hermanas corrientes con los que podía ponerme en contacto, decidme, ¿fue capaz todo el mundo de tratarme con ecuanimidad? (No). Desde luego que no. Soy igual que vosotros; he sido un creyente corriente y también he sido miembro de una familia. Cuando era miembro de una familia, se me sometía a toda clase de tratos injustos. En una familia, entre hermanos, quienquiera que sea el más enérgico tiene la última palabra y al que es ingenuo y sensato siempre se le acosa y se le trata injustamente. Dentro del entorno familiar, recuerdo unos pocos incidentes concretos. En estos incidentes, si eras dominante, irracional y armaras un escándalo, no te acosaban ni te trataban injustamente. Pero si eras sensato y tratabas estos incidentes con racionalidad, te acosaban. Si otros montaban alboroto y eran irracionales, se aprovechaban de ti por la fuerza y actuaban con desvergüenza. Yo no sé actuar con desvergüenza; Yo solo sé ser sensato y tratar tales cuestiones racionalmente, pero ser sensato significaba que se me iba a acosar. Fíjate en este mundo; da igual qué grupo de personas se trate, la ecuanimidad y la justicia no ostentan el poder. Quien pueda actuar con desvergüenza, montar alboroto e imponer argumentos irrazonables es quien se lleva la mejor parte. Mientras más sensato seas y más valores la ecuanimidad, la conciencia y la racionalidad, más difícil será que te afiances y más se te acosará. Para Mí también fue así en Mi familia; me acosaron otros miembros de ella. En la iglesia local, había además algunas personas que siempre me discriminaban. No las había ofendido ni les había hecho daño. Solo debido a que en ese momento era joven, actuaba de una manera un poco proactiva y entusiasta, así como estaba dispuesto a asistir a las reuniones y participar en diversas actividades, algunas personas siempre me observaban con prejuicios y me lanzaban miradas malintencionadas. Asimismo, me maldecían y me juzgaban a Mis espaldas, decían toda clase de cosas desagradables. Más tarde, cuando iba a las iglesias de otros lugares y vivía junto a los hermanos y hermanas locales, pasaba lo mismo. Hiciera lo que hiciera, algunas personas desarrollaban nociones e incluso se burlaban de Mí, me ninguneaban y me juzgaban a Mis espaldas. Fuera cual fuera el trato injusto que recibiera, a lo largo de los años nunca me he vengado de nadie que una vez me hizo daño. Si bien puede que alguna gente me haya maldecido o juzgado, o incluso me haya dicho cosas muy desagradables, nunca me he vengado. ¿Qué significa no vengarse? ¿Qué formas de comportamiento constituyen vengarse? Hay muchas formas de comportamiento relacionadas con vengarse. Un tipo de venganza sería lanzarle a la gente a la cara sus fechorías pasadas, hacerle saber que ahora tengo estatus, cómo me sentía cuando me maldecían y me juzgaban en el pasado y que, ahora que tengo estatus, sería facilísimo ocuparme y vengarme de ellos si así lo quisiera. Pero nunca he hecho eso ni voy a hacerlo. ¿Por qué no lo voy a hacer? Cuento en Mi corazón con principios para tratar a toda clase de personas. Si la humanidad de alguien es mala y es una persona malvada, no pasa nada si me hace daño. Pero si perturba la iglesia, daña los intereses de la casa de Dios, vulnera los decretos administrativos de la iglesia, vulnera los principios de la iglesia o va en contra de los arreglos del trabajo, dado que la casa de Dios tiene decretos administrativos, se ocupará con naturalidad de esa persona. Si los hermanos y hermanas están ciegos, no tienen discernimiento y quieren elegirla líder, compartiré con ellos los principios de la casa de Dios para elegir a los líderes. Si los hermanos y hermanas tienen discernimiento respecto a esta persona, pueden pedirle que se retire de la elección; si no tienen discernimiento y la eligen, entonces que intente ser líder. Una vez que los hermanos y hermanas hayan sufrido bastante, serán capaces de manera natural de discernirla y la apartarán. Por un lado, esto permite a los hermanos y hermanas aprender una lección; pueden aprender a discernir y conocer a las personas. Por otro lado, esto es atenerse estrictamente a los decretos administrativos y a los principios de la casa de Dios para lidiar con toda clase de personas. Y aquí hay otro aspecto que es incluso más importante: la casa de Dios, la iglesia, es un lugar donde opera el Espíritu Santo, donde Dios tiene poder; es la casa de Dios. ¿Qué significa que es la casa de Dios? Significa que la verdad tiene poder, lo que a cambio significa que la verdad tiene aquí la última palabra. Todo el mundo que viene a la iglesia tiene un desenlace y un destino apropiados. Tanto si alguien permanece, se marcha o se queda, sea cual sea el entorno en el que se encuentre y la forma en que la casa de Dios lo trate, Dios tiene Su momento en todo esto. El hecho de que alguien me haya hecho daño, me haya ofendido, maldecido, incriminado y juzgado a Mis espaldas, a Mis ojos no cuenta como vulnerar principios. Entonces, ¿qué es vulnerar los principios? Es perjudicar los intereses de la casa de Dios y vulnerar los decretos administrativos. La verdad tiene poder en la casa de Dios. Tarde o temprano, las personas malvadas recibirán retribución; todo el mundo recibirá el castigo que merece de acuerdo con sus acciones. Lidiar con toda clase de personas es asunto de la iglesia y es el trabajo que deberían hacer los líderes y obreros; Yo no tengo necesidad de hacerlo directamente. Este es Mi principio para tratar las cosas de esta manera. Da igual lo que alguien me haya hecho o lo que haya dicho en el pasado, ya sea algo respetuoso o una afrenta, ya sea apropiado o inapropiado, puedo tratarlo con ecuanimidad. Mientras vivas la vida de iglesia en la casa de Dios o si solo has creído en Dios durante poco tiempo y no entiendes la verdad y la obra del Espíritu Santo no ha progresado hasta esta fase, entonces puedes permanecer en la casa de Dios. Antes de que llegue el momento de anunciar por fin los desenlaces de las personas, puedo esperar. No solo usaré tu actitud hacia Mí como prueba suficiente para determinar tu desenlace. Por tanto, no me vengaré de nadie que alguna vez me haya hecho daño, sino que lo trataré de acuerdo con los principios.

Me he puesto en contacto con algunas personas en la iglesia; algunas de ellas me hablan con bastante poca educación y sin respeto. Al ver que tenían este tipo de actitud hacia Mí, las ignoré. Decidme, ¿significa esto que tenía una mala actitud hacia ellas? (No). Entonces, ¿las debería haber podado y disciplinado debido a su actitud? En realidad, nunca he hecho una cosa así. Lo que acabó por suceder fue que algunos hermanos y hermanas no pudieron soportarlo más. Se mantuvieron a Mi lado y dijeron: “¿Cómo puede esta persona tener esta actitud cuando le habla a Dios? ¡Purifícala!”. Los hermanos y hermanas estaban muy indignados. A tenor del reiterado comportamiento de esta persona, la purificaron de acuerdo con los principios. Al ver que los hermanos y hermanas la habían purificado, supe en Mi corazón: “Parece que las manifestaciones de humanidad habituales de esta persona no son tan buenas. Los hermanos y hermanas no se ocupaban de ella solo porque tuviera una mala actitud hacia Mí; presumiblemente, el comportamiento de esta persona es pobre en lo que respecta a la mayoría de las cosas”. La iglesia estaba actuando conforme a los principios al lidiar con ella; Yo no tenía nada que decir sobre eso. Respeto cómo decidieron lidiar con ella los hermanos y hermanas y respeto su decisión. Pero este respeto no es porque os ocuparais de alguien que fue maleducado conmigo; lo que respeto son los principios de la iglesia para lidiar con las personas. Decidme, ¿es correcto este principio como manera de tratar a las personas? (Sí). En lo que respecta a cómo tratar a las personas, nunca les he dicho a los líderes de las iglesias locales que se encargaran de aquellos que me juzgaron o me insultaron verbalmente en el pasado. Al contrario, si una iglesia local asciende y elige a ciertos individuos entre sus miembros para que sean directores de evangelio o líderes y obreros, Yo no me interpongo; les doy una oportunidad. Esto es especialmente cierto para las personas en la iglesia de Mi ciudad natal; simplemente hacen los deberes que les corresponden, sean cuales sean. No le he dado a nadie Mi autorización para vengarse de aquellos que una vez me hicieron daño o me ofendieron; nunca he hecho ni una sola cosa semejante. ¿Cómo contemplo esto en Mi corazón? Si tales personas persiguen la verdad realmente y sus actitudes cambian, hay esperanzas de que logren la salvación. Todas las cosas desagradables que me dijeron en el pasado eran problemas en su humanidad causados por sus actitudes corruptas. En ese momento no entendían la verdad y todas tenían actitudes corruptas. Era inevitable que dijeran algunas cosas desagradables y les hicieran algunas cosas inapropiadas a aquellos a los que menospreciaban. En particular, cuando se ascendía a aquellos de los que tenían celos o a los que menospreciaban, en su corazón surgía la envidia, los celos y el odio. Entonces sus actitudes corruptas las dominaban y las impulsaban a actuar y decían palabras endiabladas. Esto lo causaban sus actitudes corruptas y sus ambiciones y deseos. Además del hecho de que no tenían en lo más mínimo un corazón temeroso de Dios, podían decir cualquier cosa desagradable; dirían cualquier cosa que les ayudara a airear su cólera, lo que fuera que les permitiera aliviar su odio y lo que fuera que le permitiera lograr sus objetivos. Sean cuales sean las cosas desagradables que han dicho las personas o las cosas malas que han hecho a Mis espaldas, si recaen en el ámbito de la revelación normal de las actitudes corruptas y es algo que Dios puede perdonar, entonces, dado que Dios tiene soberanía sobre todas las cosas, Dios les dará oportunidades, así que permitirá que asciendan, que se cultiven y que se las use; a algunas personas incluso se las puede hacer perfectas. Sin embargo, si estas revelaciones exceden al ámbito de las actitudes corruptas de la humanidad normal y Dios las condena, entonces, dado que Dios escruta todo esto, lo que Dios les hará a estas personas o lo que Él arreglará para ellas y cómo lidiará con ellas es cosa de Dios. Yo no necesito preocuparme por esto ni intervenir. Por tanto, cuando se me somete a algún trato injusto u oigo palabras que me atacan y me condenan, siento un poco de lástima o tristeza en Mi corazón, pero no voy a vulnerar los principios para hacer algo. No solo recuerdo estas cosas, sino que también miro más allá de la esencia-humanidad de las personas a las que se deja en evidencia por medio de su comportamiento. Sin embargo, en cuanto a qué veredicto se emite al final sobre todos estos comportamientos y revelaciones suyas, su humanidad y su esencia-carácter, así como a cuál será su desenlace definitivo, solo tengo una manera de lidiar con ello: se lo dejo todo a Dios. Esto es porque Dios tiene soberanía sobre todas las cosas, el destino de todo el mundo está en manos de Dios y Dios tiene soberanía sobre el destino de todas las personas. Yo no determino ninguno de vuestros desenlaces. Aunque puedo desentrañar todo esto, definir y emitir veredictos sobre ello en Mi corazón y tener opiniones sobre ti en Mi corazón, Yo nunca te califico públicamente; es algo que Yo no hago. Si la iglesia quiere encargarse de ti, puedo ofrecer Mi opinión, pero no intervengo ni me interpongo en cómo se encarga la iglesia de ti. Al mismo tiempo, no interfiero en que el Espíritu de Dios ejerza Su soberanía sobre ti. Trato a la gente según estos principios, de modo que las cosas injustas que se me han hecho y las cosas desagradables que me han dicho aquellos que han interactuado conmigo se detienen conmigo; no van ni un centímetro más allá. ¿Qué significa que no van ni un centímetro más allá? Significa que sea quien sea el que me haya dicho cosas desagradables, me haya acosado, insultado o hecho daño, Yo nunca le he sacado el tema a alguien, menos aún me he vengado de él. Hay quien dice: “Han pasado muchos años desde entonces, ¿es que has olvidado a estas personas?”. En tu vida siempre habrá algunas cosas que dejen una honda impresión y nunca se pueden olvidar. No es que haya olvidado estas cosas ni que no pueda sentirlas, menos aún que no las entienda. Soy capaz de no albergar resentimiento y de no vengarme porque Mi corazón carece de cosas tales como el resentimiento y la venganza; esto se ha convertido en Mi principio para Mi manera de tratar a las personas. Un aspecto de este principio es tratar a todo el mundo con ecuanimidad. El destino de todas las personas está en manos de Dios. El desenlace y el destino de todo el mundo están relacionados con lo que han hecho, con sus manifestaciones, sus actitudes hacia la verdad y hacia Dios, así como con la senda que caminan; estos factores lo determinan todo. Lo que cualquiera me haya hecho no es un estándar ni un factor para medir su desenlace y destino. Por tanto, en lo que respecta a no vengarse, el punto más importante es que dispongo de Mis principios para tratar a toda clase de personas. Si me has hecho daño, me has perjudicado, me has engañado o incluso me has insultado o maldecido, no voy a recurrir a vengarme de ti, porque vengarme no es Mi principio para tratar a las personas ni es el principio que Dios le enseña a la gente para tratar a los demás. Por tanto, antes de que Dios les diga a las personas los principios para tratar a los demás, Dios también tiene Sus propios principios para tratar a las personas. En las palabras de Dios y en todos los principios que Dios les enseña a las personas, no hay ningún principio que sea el de vengarse de otros. ¿Diríais que es así? (Sí). ¿Están los principios según los que Yo me encargo de todo tipo de asuntos y trato a toda clase de personas en conflicto con los principios-verdad que he compartido a lo largo de los años? (No).

Dios encarnado es capaz de no vengarse en Su humanidad normal; ¿a los humanos corruptos les resulta fácil hacer lo mismo? (No). ¿Por qué no les resulta fácil? (Al interactuar con otras personas, los humanos corruptos dependen en su mayoría de sus actitudes corruptas y de su impetuosidad, por lo que son muy propensos a vengarse de los demás). Los humanos corruptos tienen un carácter cruel, por lo que son incapaces de abstenerse de vengarse. Saben qué principios les da Dios a las personas respecto a cómo tratar a los demás, pero no pueden atenerse a ellos porque tienen un carácter cruel. Incluso si no tienes intención de hacerles daño cuando hablas, si te descuidas y dices una sola cosa que les haga daño, montarán en cólera por la humillación y querrán vengarse de ti. También intentarán darle demasiada importancia para así atacarte; te difamarán y calumniarán a tus espaldas y hablarán mal de ti ante los demás, dirán que eres ambicioso y retorcido, cuando en realidad no es así en absoluto. Simplemente, sin tener esa intención, dijiste algo que les hizo daño; no tenías ninguna malicia, pero aun así puede que se venguen de ti. Fíjate, ¿no es aterrador el carácter cruel de las personas así? (Sí). Hay quienes, con tal de vengarse de los demás, pueden ser irracionales, actuar con desvergüenza e incluso tener berrinches y armar escándalos; esto no concuerda con los principios. Los humanos corruptos actúan a menudo de esta manera, ¿verdad? ¿Cómo actúo Yo ante la posibilidad de vengarme? Con independencia de cómo me traten los demás, no Me vengo de ellos ni actúo desvergonzadamente. Pase lo que pase, Mis principios de conducta propia no pueden cambiar. Debo ser razonable y comportarme y hacer las cosas dentro del ámbito de la racionalidad de la humanidad. No puedo recurrir a métodos desprovistos de humanidad para vengarme de ti solo porque seas irracional y no tengas humanidad, eso no sería lo adecuado. Debo aferrarme a Mi tarea y a Mis principios de conducta propia. No abandonaré Mis principios de conducta propia solo porque tú no tengas humanidad y no actúes como le corresponde a un ser humano. Yo seguiré comportándome como es debido; Mis principios de conducta propia siguen inalterados. En casa actuaba exactamente así. En temas como fregar los platos, ordenar la casa y limpiar, por mucho que los demás armaran escándalo o fueran irracionales, Yo seguía haciendo lo que me correspondía y nunca Me vengué de nadie por haber recibido un trato injusto. Al final, ¿qué calificación me dieron los padres? Dijeron que era noble. A día de hoy, recuerdo claramente estas palabras. Este es Mi principio para tratar a las personas y permanece inalterado hasta el día de hoy. No solo actué así en casa, sino que más tarde, cuando fui a varias iglesias y entré en contacto con los hermanos y hermanas, este principio tampoco cambió. Decidme, ¿viene esto determinado por la esencia-humanidad? (Sí). ¿Podéis lograr esto vosotros? (No). Es difícil, ¿verdad? No podrías lograrlo, aunque acabaras exhausto en el intento. La gente solo quiere luchar por su orgullo y defender su postura, pero olvidan los límites y los principios de conducta propia. Nadie se ha atenido jamás a los límites y los principios de conducta propia. ¿Por qué nadie se atiene a ellos? Porque la vida en el interior de las personas está desprovista de humanidad normal y de principios. La vida de las personas es sus actitudes corruptas, que provienen de Satanás. Hagas lo que hagas, el principio que rige y guía tu comportamiento siempre proviene de actitudes corruptas. Sea cual sea el razonamiento que uses o sea cual sea el fundamento de tus acciones, todo proviene de las actitudes corruptas. Por tanto, relacionarse con las personas conforme a los principios es demasiado difícil para los humanos corruptos. Fíjate, ¿acaso no suenan muy cotidianas estas cosas de la vida de las que estoy hablando? Pero actuar de esta manera en medio de la especie humana corrupta se califica como ser noble. Este rasgo de ser noble es algo que la mayoría de las personas ni siquiera tiene ni puede alcanzar y mucho menos puede mostrar deferencia alguna. Se quedan muy lejos de poder relacionarse con los demás conforme a los principios, pues estas cosas sencillamente no están presentes en la humanidad corrupta. No es que las personas no puedan aferrarse a los principios, sino más bien que no tienen principios. Digas lo que digas o hagas lo que hagas, te encuentres lo que te encuentres, se revelan tus actitudes corruptas. Todo se manifiesta: tus preferencias personales, tus sentimientos, intereses, vanidad y orgullo, ansias de fama, provecho y estatus, tus ambiciones y deseos e incluso tu deseo de vengarte y arremeter contra las personas. Estas cosas toman el control y gobiernan lo que dices y haces, lo cual demuestra que tu corazón está plenamente ocupado por estas actitudes corruptas. Por consiguiente, cuando sufres una pérdida, no puedes tragarte la cólera; insistes en luchar para ver quién queda por encima antes de darte por vencido. ¿Al final qué ocurre? Para recuperar tu orgullo, recuperar tu dignidad y salvaguardar tus propios intereses, traspasas los límites de la conciencia y compites y luchas frenéticamente con la otra parte; llegas incluso a vengarte sin escrúpulos, sin ningún límite. Al vengarte, maldices a la otra persona hasta ponerte ciego de rabia. Cuanto más la maldices, menos sientes que eso alivie tu odio; cuanto más la maldices, mayor se vuelve tu cólera; cuanto más la maldices, más profundo se hace tu odio y entonces llega el momento de llegar a los golpes. Una vez que estalla una pelea física, nace la enemistad; la situación se vuelve insalvable, no hay manera de volver atrás. Por consiguiente, vengarse es básicamente del dominio exclusivo de la especie humana corrupta. El hecho de que puedas vengarte demuestra que tu conciencia y tu razón no tienen control sobre ti. Es más, algunos de vosotros sencillamente no poseéis conciencia ni razón. Por tanto, cuando te halles en alguna situación, mientras la otra parte perjudique tus intereses o hiera tu orgullo, no solo eres incapaz de tratarla conforme a los principios, sino que además te vengas sin escrúpulos, destrozando los límites de la conciencia y de la moralidad para hacerlo; incluso crees que tu venganza está especialmente justificada. Sustituyes continuamente los principios-verdad y los principios de conducta propia por acciones malvadas. Lo que manifiestas es el rostro y la apariencia de un demonio y, aun así, sientes que has ganado y has obtenido una ventaja. ¿Cómo contempla esto Dios en realidad? ¿Qué tipo de comportamiento y qué manera de comportarse son aspectos positivos a ojos de Dios y cuáles reconoce? Esto es lo más crucial e importante. En apariencia, como algunas personas son muy astutas, son elocuentes, saben salvaguardar su vanidad y orgullo, saben encontrar oportunidades para vengarse de la gente y saben montar escándalos y actuar desvergonzadamente, nunca sufren pérdidas sea lo que sea que afronten y pueden disfrutar de comodidad y desahogo sin tener que sufrir ningún dolor. Pueden contratacar a quienquiera que las provoque o les haga daño, obteniendo tanto prestigio exterior como beneficios reales, sin permitir jamás que su orgullo sufra un golpe. Sin embargo, nunca aceptarán la verdad ni tratarán a las personas conforme a los principios e incluso pueden hacer cosas que traspasen los límites de la conciencia y de la moralidad. Vengarse y herir a las personas con el fin de salvaguardar el propio orgullo e intereses: a ojos de Dios, todas estas son acciones malvadas. Puede que hayas salvaguardado tu vanidad y orgullo y preservado tus intereses carnales, pero nunca te has comportado ni has tratado a las personas conforme a los principios que enseña Dios. Por tanto, ¿cómo contempla esto Dios? Nunca has obtenido la aprobación de Dios ante Él. Eres demasiado astuto y un intrigante. Compites por el prestigio exterior, los beneficios reales y los intereses personales y luchas por tu orgullo. Para salvaguardar tu vanidad y orgullo, nunca te tomas en serio los principios de conducta propia que Dios te enseña ni te atienes jamás a ellos. Por tanto, aunque los intereses carnales de algunas personas no parecen haber sufrido pérdida alguna y parece que llevan una vida especialmente exitosa, maravillosa y respetable, no tienen ni la más mínima parte de la verdad que concede vida de las palabras de Dios; no la han obtenido. Tampoco tienen capacidad para captar las cosas; no pueden captarlas ni las entienden. ¿No es esto sufrir una pérdida en lo que se refiere a tu vida? (Sí). No han obtenido la verdad, su vida ha sufrido una pérdida y Dios no las bendice; aun así, sienten que son muy inteligentes y que no han sufrido ninguna pérdida. ¡Tales personas son las más necias!

Mediante los principios según los que Dios encarnado trata a las personas, ¿entendéis un poco mejor la manera en la que me comporto en la vida diaria? (Sí). Entonces, ¿tenéis también un poco más claro a qué principios deberíais ateneros al tratar a las personas? (Sí). Aunque haya quienes piensen que eres débil, cobarde y fácil de manejar y puedas sentir que piensan de esa manera —y así es también como te tratan—, incluso así, deberías seguir ateniéndote al principio de tratar a las personas con ecuanimidad. Si puedes ayudarlas, deberías compartir la verdad para ayudarlas; si no se trata de gente que acepta la verdad y ama las cosas positivas, de igual forma deberías tratarlas con corrección y de acuerdo con los principios. En todo momento, hablando en un sentido más holístico, creo firmemente que Dios tiene soberanía sobre todo y sobre el sino de todas las personas. En Mi corazón tengo la certeza de que el sino de la especie humana —el sino de todas y cada una de las personas— está en manos de Dios, que nadie puede escapar de la soberanía y la orquestación de Dios ni del escrutinio de los ojos de Dios. Mirándolo desde una perspectiva más general, la casa de Dios es un lugar donde las palabras de Dios tienen poder y donde la verdad tiene poder. Siendo más concretos, la casa de Dios tiene decretos administrativos, la iglesia tiene preceptos y hay arreglos del trabajo en cada periodo. En cuanto a cómo trata la casa de Dios a toda clase de personas, esta se ocupará de ellas de acuerdo con los principios-verdad y en la mayor medida posible, sin dejar que se le pase ni una sola persona a la que habría que echar o de la que habría que encargarse. Los anticristos, las personas malvadas y los incrédulos, así como aquellos que no aman la verdad, aquellos con pobre humanidad y los que no persiguen la verdad son todos objeto de descarte a ojos de Dios. Tarde o temprano, se descartará y echará a estas personas, mientras que aquellos que realmente persiguen la verdad o al menos están dispuestos a ser mano de obra para Dios y tienen una humanidad pasable, continuarán haciendo el deber de los seres creados en la casa de Dios. En cuanto al mundo humano, está sujeto a la soberanía de Dios; en cuanto a la iglesia, la casa de Dios tiene preceptos administrativos y principios-verdad. Por tanto, en cuanto a cómo se debería tratar a otras personas, estos son dos principios a los que atenerse. ¿Tenéis claro este aspecto? (Sí). En cuanto a entrar en contacto e interactuar con ciertas personas en la vida, si me encuentro con algunas situaciones desagradables o si alguien dice cosas que no están en consonancia con Mis puntos de vista, también lidiaré con ello correctamente. Si después medito sobre ello, reflexiono sobre lo que has dicho y lo verifico y determino que está bien, entonces lo aceptaré; si lo que dijiste está mal, también te trataré de acuerdo con los principios. Si hay fricción, conflicto o situaciones desagradables en el proceso de interacción contigo y atañe a la verdad, al trabajo de iglesia o a tus actitudes corruptas, hablaré contigo si se presenta la oportunidad, de modo que puedas entender la verdad y ver claramente los problemas que existen en ti. Si esta oportunidad nunca surge o no hay necesidad de compartir esto contigo, si estás dispuesto a hacerlo, puedes buscar por tu cuenta. Si tu carácter es bastante arrogante o si me hablas a la cara con insolencia y me afrentas, estate tranquilo, te trataré de acuerdo con los principios. De ninguna manera te voy a podar solo porque me afrentes o me hayas afrentado en el pasado; no haría algo así. Si me has afrentado, debo ver si era intencionado o no. Si no fue intencionado, entonces consideraré que nunca ha sucedido. Simplemente asumiré que estabas siendo un necio, que te faltó racionalidad y hablaste sin pensar; una vez que hablaste, no supiste cuál era la naturaleza de tus palabras ni lo que estabas diciendo; eran solo un montón de tonterías. Si fue intencionado, sin embargo, debo compartir y discutir este asunto con todos, comprobar si solo piensas y actúas de esta manera conmigo o si eres hostil hacia muchas personas, hacia la iglesia y hacia la casa de Dios; debo entender cuál es la situación específica. Si solo eres hostil hacia Mí, entonces te observaré; primero te voy a dar la oportunidad de arrepentirte y además echaré un vistazo a qué clase de persona eres realmente. Si, además de ser hostil hacia Mí, también eres hostil hacia la casa de Dios, la iglesia y todos los hermanos y hermanas, siempre quieres ver que la casa de Dios se convierte en un hazmerreír y verme a Mí como un hazmerreír; si aplaudes y vitoreas cuando el gran dragón rojo y el mundo religioso se inventan rumores infundados sobre Mí e incluso los difundes entre los hermanos y hermanas, con lo que me calumnias de manera deliberada y engañas a los hermanos y hermanas, entonces actuaré también de acuerdo con los principios. No voy a vengarme de ti; me ocuparé de ti de acuerdo con los decretos administrativos de la casa de Dios, lo cual es justo y razonable. Haré que los líderes y obreros observen los decretos administrativos, haré que el hombre usado por el Espíritu Santo discierna y lidie con este asunto y dejaré a la iglesia y a la casa de Dios la última palabra respecto a cómo lidiar con ello. Hago las cosas de acuerdo con los principios; quédate tranquilo, trato a la gente con absoluta ecuanimidad. Si alguien es una buena persona que de veras cree en Dios y persigue la verdad, sin duda permanecerá en la casa de Dios. Pero si alguien es una persona malvada que es hostil hacia la casa de Dios y hacia Dios, que es propio de Satanás y es un demonio malvado, la casa de Dios no perdonará a una persona así de ninguna manera. ¿Lo entiendes? (Sí). Si entras en la categoría de los anticristos, las personas malvadas, los demonios malvados o los sirvientes de Satanás, entonces Yo también actuaré conforme a los principios en mi manera de tratarte; no te trataré injustamente. Debo entender si Me afrentaste sin intención o si solo tienes opiniones y puntos de vista negativos sobre Mí en lo personal; si me menosprecias y me afrentas repetidamente diciendo cosas irrespetuosas debido a que tengo un aspecto corriente, poseo una apariencia ordinaria y normal, no soy imponente, no tengo una trayectoria de prestigio, mi origen es humilde y soy una persona corriente, o si lo que sucede es que albergas malos pensamientos y hostilidad hacia toda la iglesia y la casa de Dios. Debo informarme sobre ti. Después de que Me afrentes, debo ver cuál es tu actitud entre bambalinas hacia la iglesia, hacia los hermanos y hermanas, hacia tu deber y hacia los diversos aspectos del trabajo de la casa de Dios. Una vez que haya llegado a comprenderte con precisión, me encargaré de ti conforme a los principios. No te trataré para nada injustamente; aunque te echen, eso no sería tratarte de manera injusta. La casa de Dios se ocupará de ti de una manera del todo precisa. Sin embargo, antes de ocuparme de ti, de Mí jamás saldrá decir de manera subjetiva: “¡Depuradlo de la iglesia!”. No haré esto en ningún caso. Sigo los procedimientos de la casa de Dios para informarme, investigar, gestionar y resolver este asunto, con el fin de que al final todos reconozcan que se ha lidiado con él y se ha resuelto conforme a los principios. Podéis fijaros en aquellos a quienes se ha destituido de su deber, con los que se ha lidiado y a los que han echado, para ver si el modo en que la casa de Dios los trató guarda alguna relación con su actitud hacia Mí. Además, hay quienes llevan creyendo en Dios varios años, pero aun así Me hablan como no creyentes. Siento aversión en Mi corazón al oírlos, pero no los he podado cara a cara ni jamás los he perseguido. También hay algunas personas jóvenes e impetuosas que se dirigen a cualquiera con el que hablan diciendo: “Oye, tú”; carecen de sentido del decoro y dan la impresión de que nunca han aprendido modales. Tampoco he podado a personas así; nunca he hecho semejante cosa. En resumen, con independencia de cuánto tiempo llevéis creyendo en Dios, de si contáis con alguna base, de cómo sea vuestra humanidad, de qué deber cumpláis o de si solo os he visto una vez o he interactuado con vosotros muchas veces, Yo capto más o menos vuestra esencia-naturaleza, tengo cierta opinión respecto a ella e incluso cuento con una calificación para determinados individuos. El hecho de que capte la esencia-naturaleza de alguien y tenga cierta opinión al respecto no guarda relación con el desenlace de esa persona, pero tener una calificación sobre ella sí guarda relación. Cuenta con esta clase de manifestaciones y revelaciones, por lo que dispongo de principios para tratarla y de una calificación sobre ella. Si bien tengo principios con respecto a las personas y las califico, ¿me has visto ocuparme de alguien? Nunca me he ocupado de nadie. Espero la soberanía de Dios y Sus disposiciones. Además, encomiendo estos asuntos a la iglesia; la iglesia los gestionará de acuerdo con los principios. ¿Qué opináis de Mi principio respecto a cómo tratar a las personas? (Está en consonancia con los principios-verdad; es decir, Dios tiene soberanía sobre todo y lo dispone todo). Así es, Dios tiene soberanía sobre todo y lo dispone todo; todo debe dejarse en manos de la soberanía y las disposiciones de Dios. Estos principios implican también someterse a la verdad y someterse a la instrumentación y las disposiciones de Dios. No solo debéis tener esta conciencia y esta actitud, sino que también debéis actuar y practicar de esta manera.

Dios encarnado tiene la vida de Dios y la esencia divina como Su vida. Ante todo, los principios, puntos de vista y métodos que Él tiene en todo lo que hace no pueden vulnerar los principios-verdad. Con independencia de la personalidad y el modo de expresión de Su humanidad normal o de entre qué clase de personas viva, para empezar, los principios que sigue no pueden vulnerar los principios-verdad; son compatibles con la vida de Dios y la esencia de Dios. Puesto que Dios encarnado os enseña a comportaros, para empezar Él mismo debe ser una persona semejante; dado que tiene semejante vivir y tal esencia, puede enseñaros a ser esa clase de persona. Solo en este punto, la encarnación de Dios cuenta con la capacidad y las condiciones suficientes para guiaros hacia la senda correcta de la vida humana, conduciros a la senda de salvación y llevaros ante Dios, con lo que os permite tener una actitud y un corazón sumiso a Dios. Si sois capaces de practicar y obtener estas palabras que he dicho y estos sermones que he dado, entonces estas palabras pueden capacitaros lo suficiente para despojaros de vuestras actitudes corruptas y convertiros en personas que temen a Dios y evitan el mal. La encarnación de Dios vive en la humanidad normal y en la vida real y, aunque esta forma de vivir y existir solo le permite un contacto limitado con las personas, los diversos principios que sigue respecto a cómo tratar a las personas al interactuar con un número limitado de ellas no contradicen ni entran en conflicto con los principios de conducta propia que Dios le enseña al hombre, sino que son compatibles con ellos. Por tanto, en lo que se refiere a las revelaciones de la humanidad normal o a las revelaciones de las actitudes corruptas de toda clase de personas, ya sea que suponga una afrenta o una insolencia hacia Mí de manera personal o que se ajuste a Mi propia personalidad, preferencias o sentimientos en ese momento, puedo tratar a todos con corrección. Si siempre dudas de Mí, te proteges contra Mí y conspiras contra Mí, o bien piensas siempre que Yo conspiro contra ti, a pesar de ello puedo tratarte correctamente. Da igual qué clase de actitudes corruptas reveles, ya sea que mientas, dudes de Mí, especules sobre Mí, te protejas contra Mí y siempre quieras evitarme, o bien que intrigues contra Mí en tu corazón, Yo puedo tratarte correctamente. No recurriré de ningún modo a tus métodos para vengarme de ti; no aplicaré el ojo por ojo, diente por diente. Aunque sepa lo que estás pensando y sepa que quieres intrigar contra Mí y tratarme, incluso si veo que Me lanzas miradas nada amistosas, pese a ello soy capaz de tratarte correctamente. Ten por seguro que jamás voy a vengarme de ti. Tal vez sientas que, como no me vengo de ti, lo que en realidad busco es una oportunidad de aprovecharme de ti y estoy intrigando contra ti. Si piensas así, te equivocas; estás especulando sobre Mí. Ya os he dicho Mis principios sobre cómo trato a las personas. ¿Me entendéis ahora? (Sí). Entonces, ¿llevarse bien conmigo es muy fácil? ¿Le resulta a la gente fácil tratar conmigo? (Dios nos trata con sinceridad, así que debemos ser abiertos y honestos con Él). Este principio es correcto. Pero si no puedes ser abierto y honesto, dime, ¿acaso te podaré y dejaré en evidencia cualquier cosa desagradable que hicieras en el pasado? (No). Tendré una mala impresión de ti en Mi corazón, pensaré para Mis adentros que esta persona es muy calculadora, titubea al hablar como si hubiera que sacarle las palabras y no es directo con la gente. No obstante, aunque la impresión que tenga de ti en Mi corazón sea mala, no arremeteré contra ti. Si la mayoría de la gente informa de que haces tu deber de manera pasable en la casa de Dios, pero tu carácter es un poco falso, no eres directo conmigo y siempre presumes y te exhibes delante de Mí, pese a ello podré tratarte con corrección y te daré oportunidades de cambiar con el tiempo. Lo que jamás haré será observar qué actitudes corruptas reveláis y luego decir: “No puedo tolerar el menor fallo. Puedo desentrañar de un vistazo las actitudes corruptas que tienes, sean cuales sean. Si no me crees, dejaré en evidencia lo que piensas en tu corazón y verás que tengo razón”. Yo no hago estas cosas. Trato correctamente las diversas manifestaciones de las actitudes corruptas de las personas, entre las que se incluyen las que se revelan en su forma de hablar, en su comportamiento y en sus pensamientos y opiniones. Si eres alguien que persigue la verdad y ama las cosas positivas, transformarás poco a poco tus actitudes corruptas y estados conforme a los principios-verdad. Si no eres alguien que persigue la verdad, incluso regarte a la fuerza sería inútil; no vas a cambiar. Por muy educado y cortés que seas conmigo en Mi presencia, eso no sirve de nada; no será un sustituto de que practiques la verdad o te sometas a ella. Ya seas educado o maleducado en Mi presencia, Yo te trataré con corrección. Hubo algunas personas en el pasado que, debido a su escasa estatura y falta de entendimiento de la verdad, revelaron muchas actitudes corruptas al interactuar y comunicarse conmigo y además mostraron mucha rebeldía y resistencia. Sin embargo, luego sintieron remordimiento y cambiaron de rumbo y, pasados unos años, comprendieron algunas verdades y cambiaron. Por casualidad, la casa de Dios volvió a ascenderlas. Cuando me enteré de que las habían ascendido, me alegré de todo corazón. Fíjate, no tengo rencor, ¿a que no? (No). Las puedo tratar con corrección igualmente. No digo: “En el pasado fuiste irrespetuoso conmigo, no escuchabas nada de lo que decía e hiciste muchísimas cosas que hirieron Mis sentimientos. Ahora te han vuelto a ascender. He de hacerte saber que soy consciente de todo lo que hiciste en el pasado; no creas que se me ha olvidado”. Yo no hago estas cosas. Al contrario, las consuelo diciendo: “Busca con sinceridad. No tengas ninguna carga mental”. Al tener escasa estatura y no entender la verdad, todas las personas revelan rebeldía, ya que viven controladas por las actitudes corruptas; aquellos en cuyo corazón la verdad no tiene el poder no pueden controlarse, dicen y hacen cosas sin poder evitarlo. Así son aquellos que viven según las actitudes corruptas. Por tanto, no tengáis ninguna carga mental mientras perseguís la verdad. En ningún caso contemplaré a ninguna persona o raza desde una perspectiva sesgada. No me fijo en tu nivel educativo ni en tu pasado. Solo me fijo en tu esencia-humanidad y en tu búsqueda, así como en tu actitud hacia la verdad, tu actitud hacia Dios y tu actitud hacia tu deber. Si en el pasado fuiste negligente al hacer tu deber y causaste algunas pérdidas a la casa de Dios o incluso cometiste acciones malvadas que provocaron trastornos y perturbaciones mientras hacías tu deber, aunque tales cosas permanezcan vívidas en Mi mente y grabadas en Mi memoria, no dejaré que estas me influyan ni me desorienten en la manera que te contemplo. Te contemplaré en tu totalidad; te evaluaré de acuerdo con los principios-verdad, me fijaré en cómo haces tu deber y qué actitud tienes ahora hacia este, así como en si sigues siendo tan negligente como antes. Antes no podías salvaguardar los intereses de la casa de Dios, actuabas con excesiva cautela y tratabas de ser un complaciente. ¿Ahora has cambiado de rumbo y te has transformado? ¿Puedes poner en práctica algunas verdades conforme a los principios-verdad? Antes siempre codiciabas la comodidad carnal, ¿ahora puedes soportar dificultades? ¿Te has estado entregando con sinceridad? ¿Puedes buscar la verdad mientras haces tu deber? ¿Tienes algo de lealtad y sinceridad? ¿Has progresado y cambiado respecto a antes? Estas son las cosas en las que Me fijo. Si antes eras siempre negligente, disfrutabas de la comodidad y no salvaguardabas los intereses de la casa de Dios y ahora sigues siendo así igual, entonces no albergaré hacia ti sentimientos favorables de ningún tipo en Mi corazón. Si antes eras así, aunque me llevara una mala impresión de ti, estoy muy contento de que ahora hayas cambiado. Incluso te consolaré diciendo: “Busca así a partir de ahora. Tu estatura era demasiado escasa en el pasado, eras joven e inmaduro y simplemente te desbocaste haciendo cosas malas; para ti todo esto son lecciones. Deberías perseguir la verdad para resolver tu actitud negligente y tus acciones malvadas; entonces habrás cambiado realmente”. Te consolaré y te animaré. Si fueran esas personas malvadas, al ver que has cambiado, tendrían envidia de ti y te odiarían. No serían educadas contigo y dirían: “Debo dejar en evidencia las cosas desagradables que hiciste en el pasado y mostrarle a la gente lo espantoso que eras. ¡No creas que no sé nada de todo esto!”. Fíjate, a los humanos corruptos simplemente les gusta creerse inteligentes, recurrir a artimañas mezquinas, hacerse notar, dejar en evidencia los defectos ajenos y desenterrar el pasado desagradable de los demás. En realidad, Yo nunca hago tales cosas. Jamás le digo cosas así a la gente. Simplemente procuro animarla y calmarla para que sienta paz en el corazón y vea que es bueno perseguir la verdad. Cuando compruebo que han cambiado un poco, debo animarlos, así les hago saber que han progresado y les doy cierta motivación y confianza. Decidme, al tratarlos de esta manera, ¿estoy actuando según los principios? (Sí). ¿Actúo con naturalidad o con impetuosidad? (No). Algunas personas dicen: “¿Acaso tienes mala memoria? ¿Tal vez no te importen estas cosas? ¿O eres por naturaleza de mente abierta?”. Decidme, ¿tiene esto algo que ver con la personalidad, con ser de mente abierta o con la memoria? (No). Aunque una persona sea por naturaleza de mente abierta y su personalidad sea buena, si vive bajo el control de las actitudes corruptas, sigue sin poder tratar a la gente conforme a los principios y sin brindarle oportunidades para emprender la senda correcta; no podría lograrlo. Como mucho, los humanos corruptos dirán: “No dejaré en evidencia tus defectos; si no, la gente se reiría de mí”. Lo hacen en aras del orgullo y por la presión de la opinión pública del mundo, con temor de que comportarse de esa forma los haga parecer mezquinos y carentes de magnanimidad. Solo se abstienen de dejar en evidencia los defectos de los demás para salvaguardar su propio orgullo, pero ¿pueden señalarles a las personas alguna senda correcta? (No). Para la mayoría, abstenerse de vengarse ya es suficiente; pedirles que ayuden a los demás o les deseen el bien les supera. Como mucho piensan: “No tiene nada que ver conmigo que a ti te vaya bien o mal”. Hay quienes proclaman: “Soy modesto y virtuoso; no puedo vengarme de la gente”, pero en su corazón piensan: “Ojalá te vaya mal. Me sentiré disgustado en mi interior si te va bien. ¡Me alegraré cuando al fin llegue el día de tu muerte!”. Sus palabras están llenas de benevolencia, justicia y moralidad, pero su corazón es siniestro y cruel. Lo único que dicen son cosas que suenan bien, si bien su corazón es más malévolo que el de cualquiera. A esto se le llama tener lengua de miel y corazón de hiel; a esto se le llama ser un hipócrita. Fíjate, ¿acaso los humanos corruptos pueden arreglárselas para tratar a otros según los principios-verdad? Los humanos corruptos piensan una cosa y hacen otra. Para dar la impresión de ser respetables, refinados y nobles, dicen algunas cosas que suenan bien, pero en su corazón no piensan así y hacen cosas en secreto para hacer tropezar a los demás. Por tanto, en cuanto a cómo tratan los no creyentes a las personas, aunque no se venguen de ti, tampoco te desearán bien. Su manera de tratar a las personas no concuerda con los principios-verdad. Al ver que te va bien, se incomodan y sienten envidia en su corazón; cuando ven que te va mal, si tienen la oportunidad te echarán sal en la herida o incluso te darán unas cuantas patadas; solo entonces sentirán que se alivia su odio. Ya les resulta bastante difícil abstenerse de vengarse; más complicado aún les resulta actuar con principios hacia las personas; no poseen semejante humanidad.

Dios encarnado se convirtió en una persona corriente. En Su vida diaria, trata a las personas de una manera que, como mínimo, se halla dentro de los límites de la conciencia y la razón; de ningún modo bajará de este estándar, solo puede estar por encima. No hace falta decir que Dios encarnado trata a las personas conforme a los principios-verdad. Dado que posee la esencia divina, es incluso más capaz de tratarte conforme a los principios-verdad y de ningún modo arremeterá contra ti. La casa de Dios trata a toda clase de personas exactamente así: destituye a líderes y obreros de todos los niveles, modifica el deber asignado a las personas o las destituye, depura a toda clase de gente, etcétera; estas medidas se llevan a cabo conforme a los principios, no se deciden según las preferencias de nadie; la mayoría en la iglesia está de acuerdo con estas decisiones. Por tanto, la verdad es la que realmente tiene el poder en la casa de Dios; esto es una realidad. Incluso las personas con humanidad normal pueden hacer las cosas de un modo que se ajuste al estándar de conciencia que posee la gente corriente y, cuando están involucrados los principios-verdad, todavía pueden atenerse a los estándares de la conciencia y la razón de las personas normales; ¡más si cabe será así en la humanidad normal de la que está revestido Dios encarnado! En lo relativo a los asuntos relacionados con el trabajo de la iglesia, los deberes que realizáis y vuestras actitudes corruptas, Él es incluso más capaz de trataros conforme a los principios. En cuanto a cómo esta persona normal y corriente que soy interactúa y se relaciona con vosotros, sea como sea que comparta la verdad y sea cual sea la clase de problemas que gestione, decidme: ¿Mi humanidad normal merece vuestra confianza? (Sí). ¿Necesitáis levantar una defensa para protegeros contra Mí? (No). Por tanto, esto os digo: al hablar e interactuar conmigo, solo necesitas ser abierto y honesto. Te trataré conforme a los principios sin importar cuánto sepa sobre ti o qué sepa de ti. Sea cual sea tu actitud hacia Mí, igualmente te trataré conforme a los principios. Te puedes quedar tranquilo; no hay necesidad de que te protejas de Mí. Dejando a un lado Mi esencia divina y Mi vida divina, tan solo la esencia-humanidad que posee este lado normal y práctico de Mi ser, esta persona corriente, es algo en lo que podéis confiar. Sea lo que sea que estemos discutiendo, no deberías tener una mentalidad complicada. Solo te hace falta ser sencillo y abierto. Si afrontas alguna dificultad, háblame de ella directamente. No hay necesidad de que te protejas de Mí como si Yo fuera un extraño. Si siempre te proteges de Mí, te diré algo: ¡eres demasiado necio y estás ciego! ¿Acaso desconoces la obra que hago? Cuanto más te protejas de Mí, menos capaz serás al final de obtener la verdad. ¿Acaso no te estás frenando y arruinando a ti mismo? Si siempre dudas de la encarnación de Dios y te proteges de ella y, por mucho que Él hable y comparta la verdad, mantienes siempre una actitud de escrutinio y te niegas a aceptar lo que dice aunque reconozcas que es la verdad, entonces el Espíritu Santo no solo no te esclarecerá ni te bendecirá, sino que, por el contrario, Dios esconderá Su rostro de ti y te ignorará. Si no Me crees, haz la prueba y comprueba si esto es así. Si no tienes principios al interactuar conmigo, con esta persona corriente con humanidad normal que soy, no sabes cómo interactuar conmigo ni sabes cómo tratarme de acuerdo con los principios que Dios te enseña, ¿acaso no tratarías igual al Dios en el cielo? (Sí). Si te relacionas con el Dios en el cielo de esa misma manera, ¿cuáles serán las consecuencias? (Se nos condenará y derribará). Te vuelves a equivocar. Dios no derriba a las personas arbitrariamente. Sin embargo, nunca tendrás la oportunidad de ver la forma verdadera de Dios ni estarás nunca cualificado para ello; esto es un hecho. Nunca estarás cualificado para ver la forma verdadera de Dios; ni siquiera podrás ver la espalda de Dios. ¿Qué significa esto? Significa que Dios jamás te reconocerá como Su ser creado. ¿Qué significaba que Job viera la espalda de Jehová? ¿Qué significaba que Abraham oyera que le hablaba la propia voz de Dios? (Dios les daba Su aprobación). Significaba que estaban cualificados para conversar con Dios, para conversar con el Dios en el cielo, con Su forma verdadera, con el Espíritu de Dios. Dios los reconoció y los aceptó como seres creados. Dios los admitió como seres creados. Dios los ganó. ¡El significado de esto es muy profundo! Dios estuvo dispuesto a verlos y a conversar con ellos. Dios estuvo dispuesto a permitirles oír el sonido de Su voz hablando desde el cielo. Dios estuvo dispuesto a dejarles ver Su cuerpo espiritual, a manifestárselo. ¡Qué gran bendición es esta para los seres humanos! ¡Es un grandísimo honor! ¿Buscáis esto? Quizá no os atreváis a buscarlo, pero debéis tener este deseo. Entonces, ¿cómo debéis practicar para hacer realidad este deseo? Primero, comenzad vuestra práctica por la manera en que tratáis a Dios encarnado, esta persona normal y corriente. ¿Cómo debes relacionarte con Él y cómo debes tratarlo? Cuando lo veas en Su forma tangible, si puedes interactuar con Él con normalidad, aceptar todo lo relativo a Él, ser abierto y honesto con Él y no tener barreras ni dificultades al relacionarte y tratar con Él, entonces ante Dios —al menos a Mis ojos— Yo estaré dispuesto a relacionarme contigo; no sentiré rechazo hacia ti. Podrías estar cualificado entonces para oír la voz de Dios, para oír Su propia voz hablando desde el cielo y para ver la figura de Dios, así como tener la oportunidad de hacerlo. Por supuesto, ahora mismo seguís lejos de esta meta; solo os estoy dando una senda. Si ni siquiera podéis superar este obstáculo que represento Yo —esta persona corriente— y aun así quieres ver al Dios en el cielo, hay algo que tengo que decirte: ¡ni lo sueñes! ¡Eso sí que es hacerse ilusiones!

Muy bien, terminemos hoy aquí nuestra charla. ¡Adiós!

14 de octubre de, 2024

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