40. No me arrepiento de no haber hecho el examen de ingreso al posgrado

Por Lin Yinuo, China

Desde pequeña, mis padres me enseñaron la importancia de estudiar mucho. Me decían que solo con un buen título conseguiría un buen trabajo, y que solo así podría vivir el resto de mi vida sin preocuparme por la comida o la ropa, y la gente me tendría en alta estima. Mi papá solía ponerse como ejemplo; me decía que él fue el primero de su pueblo en ir a la universidad, y que eso le permitió dejar su pueblo e irse a la ciudad. Ahora, él trabajaba en una oficina con aire acondicionado, tomaba té, ganaba un sueldo elevado y disfrutaba de buenos beneficios. Todo eso lo había conseguido gracias a su título. Más adelante, mi mamá encontró a Dios. Solía contarme historias de la Biblia y me ponía a leer las palabras de Dios. Así supe que Dios siempre ha estado a nuestro lado, cuidándonos y protegiéndonos, y que ahora estaba expresando la verdad para salvarnos. Me sentí muy feliz y estuve dispuesta a creer en Dios. Mi mamá me compartió que creer en Dios es lo más importante en la vida y que debía tomármelo en serio. Pero yo no lo entendía y estaba más de acuerdo con la opinión de mi papá de que “Los libros son superiores a todo afán”. Yo creía que solo con un título superior podría tener una buena vida, destacarme del resto y que los demás me envidiaran y admiraran. Para mí, estudiar era lo más importante en la vida. Mi plan de vida consistía en entrar sin problemas a la universidad, luego estudiar una maestría, un doctorado y un posdoctorado, y, finalmente, convertirme en profesora. Así sería la persona más destacada entre mis familiares y amigos, y un modelo a seguir para sus hijos. De esa manera, llevaría honor a mi familia y viviría una vida sin arrepentimientos. Desde la primaria, casi todas las mañanas me despertaba con el sonido de cintas de inglés y, durante las vacaciones, mi papá nunca me dejaba salir a jugar. También me inscribió en clases particulares los fines de semana y durante las vacaciones de invierno y verano. Aunque estaba muy cansada, yo sentía que era lo que debía hacer y, cada vez que hacía algo que retrasaba mis estudios, me sentía culpable.

Para que yo entrara en una mejor universidad, mi papá gastó mucho dinero para cambiarme de la preparatoria de mi ciudad a una de la capital de la provincia. En esa escuela, si cada semestre quedabas entre los doscientos mejores en los exámenes de admisión directa, podías entrar directamente a las mejores universidades, como Tsinghua, Pekín y Tongji. Pero no era fácil entrar en esa escuela; había que aprobar un examen de ingreso. Para que yo pudiera entrar sin problemas, mi papá volvió a gastar mucho dinero en clases particulares individuales para mí. Tenía clases desde que me despertaba por la mañana hasta que me acostaba por la noche. Hasta soñaba que me caían encima fórmulas y letras. Me sentía reprimida e impotente, pero lo único que podía hacer para desahogarme era llorar y luego seguir adelante. Al final, logré entrar en esa escuela, tal como quería. Cuando me cambié, vi que la competencia entre los estudiantes de esa escuela era realmente feroz. Todos luchaban con todas sus fuerzas por quedar entre los doscientos mejores para asegurar un lugar por admisión directa. En un ambiente así, sentía muchísima presión y no me atrevía a relajarme en lo más mínimo. Me quedaba estudiando hasta tarde todas las noches, sin atreverme a dormir antes de la una o las dos de la madrugada, y dormir un poco más los fines de semana me parecía un pecado. A menudo pensaba: “¿Cuándo acabarán estos días de agotamiento?”. Pero luego pensaba: “Si no me esfuerzo ahora y no logro entrar en una buena universidad, y al final la gente me menosprecia por no haberlo conseguido, me arrepentiré aún más. Cuando entre en una buena universidad, todo estará bien”. Pensar en esto llevaba algo de esperanza a mi corazón. Pero, para mi sorpresa, solo logré entrar en una universidad regular. Estaba muy decepcionada. Sobre todo, me sentí muy avergonzada cuando en esa universidad me encontré con varios compañeros que habían estudiado en la escuela de mi ciudad y tenían peores notas que yo. “Incluso me cambié a una buena preparatoria solo para entrar en una buena universidad, pero al final, ni siquiera lo logré. Seguro se están riendo de mí y diciendo que no doy para más, que no soy mejor que ellos, ¿no?”. Así que me fijé una nueva meta en la vida: “No logré entrar en una de las mejores universidades para la licenciatura, ¡pues entraré en una de las mejores para la maestría! Cuando tenga un título superior, mis amigos y familiares me darán su aprobación. ¡Qué glorioso será!”. Pensar en eso me llenaba de motivación. A partir de entonces, siempre que tenía tiempo, me iba a la biblioteca a estudiar. Cuando había clases de preparación para el examen de ingreso al posgrado en la universidad, también me inscribía con antelación. En esa época, asistía a reuniones dos veces por semana. En cada reunión aprendía algo y también me gustaba ir. Una hermana que se reunía conmigo fue a mi misma escuela, en un año inferior. Ella tenía un gran sentido de carga en su deber e incluso la eligieron líder de la iglesia. Usaba todo el tiempo que le era posible para las reuniones y su deber, pero yo no podía. Yo sentía que estudiar era lo más importante en la vida, así que dedicaba la mayor parte de mi tiempo libre a prepararme para el examen de ingreso al posgrado. Más tarde, me eligieron diaconisa de riego, y el número de reuniones a las que asistía por semana también aumentó un poco. Cumplía con esmero cada deber que la líder me asignaba. Sin embargo, como seguía yendo a las clases de preparación para el examen de ingreso al posgrado, tenía menos tiempo para mi deber. Durante las reuniones, si los hermanos y hermanas tenían algún problema, yo quería compartir para resolverlos rápido y así ahorrarme más tiempo para prepararme para el examen. A veces, cuando una reunión estaba por terminar, veía que los hermanos y hermanas querían seguir compartiendo y yo también quería quedarme un rato más, pero luego recordaba que ya me había atrasado con mis estudios del día, y que, si me quedaba en la reunión, me atrasaría aún más y afectaría mi éxito en el examen, así que buscaba una excusa para irme. Después sentía remordimiento en el corazón, pero luego pensaba en que los demás me menospreciarían si no aprobaba el examen de ingreso al posgrado, así que reprimía ese remordimiento.

El 26 de agosto de 2016, me eligieron líder de la iglesia. Cuando anunciaron el resultado, sentí una mezcla de alegría y preocupación en mi corazón. Me sentía feliz porque ser líder de la iglesia significaba que tendría más oportunidades para formarme. Y estaba preocupada porque en el segundo semestre del año estaría en mi cuarto año de universidad y el examen nacional de ingreso al posgrado estaba a la vuelta de la esquina. Había estudiado mucho durante años para ese examen, y esos últimos meses eran el momento crucial para la preparación. Si no aprobaba, me etiquetarían como “candidata fallida” o “recursante”. ¡Qué vergonzoso sería! Además, entrar en el posgrado era un paso importante para alcanzar mi gloriosa meta en la vida. Si ni siquiera podía entrar en el posgrado, ¿cómo iba a obtener un título superior? ¿Para qué me había quedado hasta tarde estudiando tanto todos estos años? ¿No era para obtener un título superior? Si aceptaba el deber de líder de la iglesia en ese momento, tendría que participar en más trabajo de la iglesia y no tendría tiempo ni energía para prepararme para el examen de ingreso al posgrado. Se podría decir que estaría renunciando a mi futuro y que, como resultado, me quedaría para siempre con el título de “licenciada”. Hoy en día, hay graduados universitarios por todas partes. No tendría ninguna ventaja para encontrar trabajo. Si no encontraba un buen trabajo, ¿cómo iba a destacarme y honrar a mi familia? No quería que me menospreciaran para siempre, así que expresé que no estaba dispuesta a ser líder. La predicadora, al escuchar mis inquietudes, me leyó un pasaje de las palabras de Dios que me conmovió. Dios Todopoderoso dice: “Si eres alguien considerado con las intenciones de Dios, desarrollarás una carga verdadera para la iglesia. De hecho, en lugar de considerar que esto es una carga que llevas para la iglesia, sería mejor que la consideraras como una carga que llevas para tu propia vida, porque el propósito de esta carga que desarrollas para la iglesia es que utilices estas experiencias para que Dios te perfeccione. Por tanto, quien lleve la mayor carga para la iglesia, quien lleve una carga para la entrada en la vida, será a quien Dios perfeccionará. ¿Has visto esto claramente? Si la iglesia con la que estás se encuentra esparcida como la arena, pero tú no te sientes ni preocupado ni inquieto e incluso haces la vista gorda cuando tus hermanos y hermanas no comen ni beben normalmente las palabras de Dios, entonces no estás llevando carga alguna. A Dios no le gustan tales personas. La clase de personas que a Él le agradan tienen hambre y sed de justicia y son consideradas con Sus intenciones. Por tanto, debéis ser considerados con la carga de Dios, aquí y ahora; no debes esperar que Dios revele Su carácter justo a la miríada de personas antes de ser considerado con Su carga. ¿No sería demasiado tarde entonces? Esta es una buena oportunidad para que Dios te perfeccione. Si dejas que esta oportunidad se te escape de las manos, lo lamentarás por el resto de tu vida, del mismo modo que Moisés no pudo entrar en la buena tierra de Canaán y lo lamentó por el resto de su vida y murió con remordimientos. Una vez que Dios haya revelado Su carácter justo a la miríada de personas, te llenarás de remordimiento. Aunque Dios no te castigue, te castigarás tú mismo por tu propio remordimiento. Algunas personas no están convencidas de esto, pero si tú no lo crees, simplemente espera y observa. Hay algunas personas cuyo único propósito es que se cumplan estas palabras. ¿Estás dispuesto a sacrificarte por estas palabras?(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Sé considerado con las intenciones de Dios para alcanzar la perfección). Al leer las palabras de Dios, me di cuenta de que ahora es el momento crucial en que Dios perfecciona a las personas, y que Dios las perfecciona a través de la realización de su deber. Como líder, podría interactuar con más hermanos y hermanas y encontrarme con más problemas. Tendría que resolver todos esos problemas buscando la verdad, y cuantos más problemas resolviera, más verdades entendería. En el proceso de hacer mi deber, revelaría muchas actitudes corruptas. Al buscar la verdad, se corregirían las perspectivas equivocadas que tenía detrás de mi búsqueda y mis actitudes corruptas se resolverían poco a poco. Este es también el proceso para ser purificado. Sin realizar el deber, no se puede ganar la verdad y además se pierde la oportunidad de ser purificado y alcanzar la salvación. Me di cuenta de que, si no aprovechaba esta oportunidad, y para cuando la obra de Dios terminara no me había equipado con mucha verdad y mi carácter corrupto no había cambiado, al final sería destruida, y entonces sería demasiado tarde para arrepentirme. Pensé en cómo, durante esa época, al equiparme con las verdades sobre las visiones a través de realizar mi deber, había entendido el propósito de la obra de gestión de Dios, la importancia de Su obra de juicio y había ganado cierto conocimiento sobre Su obra. Además, cuando me sucedían cosas antes, no sabía reflexionar sobre mí misma. Siempre había pensado que mi humanidad era buena, y que era honesta y amable. Pero a través del desenmascaramiento de las palabras de Dios y la revelación de los hechos, finalmente vi que tenía intenciones ocultas al pagar un precio y gastarme, que estaba tratando de negociar con Dios y que no era para nada una persona honesta. Si no hubiera realizado un deber, nunca habría obtenido este conocimiento ni estas ganancias. Ese día me habían elegido líder y Dios esperaba que yo entendiera más verdades al hacer mi deber. Dios quería salvarme, pero yo no sabía lo que era bueno para mí. Solo pensaba en si los demás me tendrían en alta estima en el futuro y si podría destacarme del resto y honrar a mi familia. Quería rechazar la oportunidad que Dios me había dado para ser perfeccionada. ¡Era verdaderamente muy cortoplacista, tonta e ignorante! Luego recordé cómo, durante el tiempo que estuve realizando el deber de riego, los hermanos y hermanas esperaban tener más reuniones y enseñanzas, pero yo solo pensaba en volver rápido a prepararme para mis exámenes y no consideraba para nada el trabajo de la iglesia. ¡Era muy egoísta y me faltaba tanta humanidad!

Siempre creí que tener un alto nivel de estudios y un título superior me garantizarían un buen futuro y una vida cómoda. Pero ¿es realmente sostenible este punto de vista? Un día, leí estas palabras de Dios: “Algunas personas eligen una buena especialidad en la universidad y acaban encontrando un trabajo satisfactorio después de la graduación, dando una primera zancada triunfante en el viaje de su vida. Algunas personas aprenden y dominan muchas habilidades distintas, pero nunca encuentran un trabajo adecuado para ellas o nunca encuentran su posición, y mucho menos tienen una carrera; al principio del viaje de su vida se ven frustradas a cada paso, asediadas por los problemas, con sus perspectivas ensombrecidas y la vida incierta. Algunas personas se aplican diligentemente en sus estudios, pero se pierden por poco todas las oportunidades de recibir una educación superior; parecen destinadas a no conseguir nunca el éxito y su primera aspiración en el viaje de la vida se esfuma. Sin saber si el camino por delante es liso o pedregoso, sienten por primera vez lo lleno de variables que está el porvenir humano, y contemplan la vida con expectación y temor. A pesar de no tener una educación demasiado buena, algunos escriben libros y consiguen algo de fama; algunos, aunque casi analfabetos, hacen dinero en los negocios y son por tanto capaces de sustentarse por sí solos… Qué ocupación elegir, cómo ganarse la vida: ¿tienen las personas algún control sobre la toma de buenas o malas decisiones en estas cosas? ¿Son estas cosas acordes con los deseos y decisiones de las personas? La mayoría de las personas tienen los siguientes deseos: trabajar menos y ganar más, no trabajar al sol ni bajo la lluvia, vestir bien, resplandecer y brillar en todas partes, estar por encima de los demás y honrar a sus ancestros. La gente anhela la perfección, pero cuando dan sus primeros pasos en el viaje de su vida, llegan a darse cuenta poco a poco de lo imperfecto que es el porvenir humano, y por primera vez comprenden realmente la realidad de que, aunque uno pueda hacer planes atrevidos para su futuro y, aunque pueda albergar audaces fantasías, nadie tiene la capacidad ni el poder para materializar sus propios sueños y nadie está en posición de controlar su propio futuro. Siempre habrá alguna distancia entre los sueños y las realidades a las que se debe hacer frente; las cosas nunca son como a uno le gustaría que fuesen, y frente a tales realidades las personas no pueden conseguir satisfacción ni contentamiento. Algunas personas llegarán hasta un punto inimaginable, realizarán grandes esfuerzos y sacrificios por el bien de su sustento y futuro, intentando cambiar su propio porvenir. Pero al final, aunque puedan materializar sus sueños y sus deseos a través de su propio trabajo duro, nunca pueden cambiar su suerte. Por muy obstinadamente que lo intenten nunca podrán superar lo que la suerte les ha asignado. Independientemente de las diferencias de capacidades, inteligencia y fuerza de voluntad, las personas son todas iguales ante la suerte, que no hace distinción entre grandes y pequeños, altos y bajos, eminentes y humildes. A qué ocupación se dedica uno, qué se hace para vivir y cuánta riqueza se amasa en la vida es algo que no deciden los padres, los talentos, los esfuerzos ni las ambiciones de uno: es el Creador quien lo predestina(La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único III). Después de leer este pasaje de las palabras de Dios, me di cuenta de que el tipo de futuro y porvenir que una persona tiene no lo determina la carrera que estudie o el título que tenga, sino la preordinación de Dios. Miré a la gente a mi alrededor. Muchos habían estudiado bien y obtenido títulos superiores, pero al final no encontraron buenos trabajos. Algunos de mis compañeros de escuela tenían malas notas, pero cuando se graduaron, tuvieron suerte con las reformas políticas y consiguieron buenos empleos. Otros compañeros entraron en el posgrado, pero al final terminaron haciendo el mismo trabajo que los que tenían títulos técnicos. Además, poder entrar en una buena escuela no es algo que uno pueda decidir. Tomemos mi caso como ejemplo. Para entrar en una buena universidad, me cambié específicamente a una buena preparatoria y me quemé las pestañas estudiando todos los días. Pensé que, con mucho esfuerzo, podría cruzar las puertas de una de las mejores universidades y, a partir de ahí, destacarme del resto y honrar a mi familia. Pero nunca esperé que, al final, solo entraría en una universidad cualquiera. Ahora pasaba lo mismo. Si estaba destinada a entrar en un posgrado de una de las mejores universidades, lo haría. Si no estaba destinada a ello, entonces, por mucho que me esforzara, no aprobaría el examen. Lo único que podía hacer era someterme a las orquestaciones y arreglos de Dios, y experimentar las cosas dejándolas seguir su curso mientras cumplía mi deber. Al pensar en esto, me sentí aliviada en mi corazón y acepté el deber de líder. Después de convertirme en líder, vi que todos los asuntos de la iglesia, grandes y pequeños, necesitaban resolverse con cuidado. Llevaba poco tiempo formándome y no captaba los principios, y no sabía cómo manejar muchas cosas. Así que tuve que esforzarme en buscar los principios y compartir con los hermanos y hermanas. Básicamente, no tenía tiempo ni energía para estudiar conocimiento. Al mismo tiempo, cada vez sentía más que memorizar el conocimiento de los libros de texto era tedioso y aburrido, y que ese conocimiento no tenía ninguna utilidad práctica. Siempre tenía que obligarme a memorizar esas cosas. Pero realizar mi deber era diferente. Realizar mi deber me podía traer ganancias prácticas y mi corazón sentía alegría. Por ejemplo, al implementar el trabajo de depuración de la iglesia, necesitaba buscar la verdad en el aspecto del discernimiento y correlacionarla con las manifestaciones de las personas, lo que podía mejorar mi capacidad de discernimiento. A menudo, también encontraba dificultades al hacer el trabajo de la iglesia. Entonces acudía a Dios para orar y buscar, y recibía Su esclarecimiento y guía. Mi fe en Dios también crecía. Aunque no vi a Dios con mis propios ojos como Job, podía sentir que Dios estaba a mi lado en todo momento y en todo lugar, y que era mi único apoyo. Mi corazón estaba increíblemente en paz, y esa sensación de satisfacción en mi corazón era algo que no podía obtener estudiando conocimiento. Pero cada vez que volvía a la universidad y veía a mis compañeros ocupados preparándose para el examen de ingreso al posgrado, y también oía a los profesores, estudiantes y padres hablar de lo mismo, mientras yo estaba ocupada con el trabajo de la iglesia y tenía cada vez menos tiempo para prepararme para el examen, me preocupaba lo que pensarían de mí. ¿Pensarían que no me estaba dedicando a mis estudios y que no estaba haciendo lo que debía? Luego pensaba en cómo, desde joven, había trabajado duro para obtener un título superior. ¿Iba a rendirme así como si nada? Entonces nunca tendría la oportunidad de destacarme del resto. Al pensar en estas cosas, mi corazón todavía no podía desprenderse de ellas, así que oré a Dios: “Dios mío, constantemente quiero obtener un título superior y en mi corazón todavía quiero hacer el examen de ingreso al posgrado. No puedo desprenderme por completo. Por favor, guíame para entender la verdad y que este asunto no me afecte, y así pueda cumplir mi deber”.

Después de orar, busqué las palabras de Dios relacionadas con la fama y la ganancia. Leí estas palabras de Dios: “Durante el proceso en que el hombre adquiere el conocimiento, Satanás emplea todo tipo de métodos, ya sea explicar historias, darle simplemente un poco de conocimiento individual o permitirle satisfacer sus propios deseos o ambiciones. ¿Por qué camino quiere conducirle Satanás? Las personas creen que no hay nada malo en aprender conocimiento, que es completamente natural. Para decirlo de manera que suene bien, fomentar nobles aspiraciones o tener ambiciones es tener motivación, y esta debería ser la senda correcta en la vida. ¿No es una forma más gloriosa de vivir para las personas poder hacer realidad sus propias aspiraciones, establecer una carrera con éxito? Al hacer todas estas cosas, uno no solo puede honrar a los antepasados, sino que también tiene la oportunidad de dejar una marca en la historia, ¿no es una cosa buena? Esto es algo bueno a los ojos de las personas mundanas y para ellas esto debe ser apropiado y positivo. Sin embargo, ¿acaso Satanás, con sus motivos siniestros, lleva a las personas a este tipo de camino y eso es todo? Por supuesto que no. En realidad, independientemente de lo grandes que sean las aspiraciones del hombre, de lo realistas que sean sus deseos o de lo adecuados que puedan ser, todo lo que el hombre quiere lograr, todo lo que busca está inextricablemente vinculado a dos palabras. Ambas son de vital importancia para cada persona a lo largo de su vida y son cosas que Satanás pretende infundir en el hombre. ¿Qué dos palabras son? Son ‘fama’ y ‘provecho’. Satanás usa un método muy suave, un método muy de acuerdo con las nociones de las personas y que no es muy agresivo para que estas acepten, sin darse cuenta, sus medios y leyes de supervivencia, desarrollen objetivos y una dirección en la vida y lleguen a tener aspiraciones en ella. Por muy altisonantes que puedan ser las descripciones de sus aspiraciones en la vida, estas aspiraciones siempre giran en torno a la fama y el provecho. Todo lo que persigue cualquier persona importante o famosa —o, de hecho, cualquier persona— a lo largo de su vida solo guarda relación con estas dos palabras: ‘fama’ y ‘provecho’. Las personas piensan que una vez que han obtenido fama y provecho, tienen el capital para disfrutar de un estatus alto y de una gran riqueza, así como para disfrutar de la vida. Piensan que, una vez que tengan fama y provecho, tienen el capital para buscar placer y participar en el disfrute excesivo de la carne. En aras de esta fama y provecho que desean, las personas entregan su cuerpo alegremente y sin saberlo, así como su corazón e incluso todo lo que tienen, incluidas sus expectativas y su porvenir a Satanás. Lo hacen sin reservas, sin dudarlo ni un momento y sin saber jamás reclamar todo lo que una vez tuvieron. ¿Pueden las personas conservar algún control sobre sí mismas una vez que se han entregado a Satanás y se han vuelto leales a él de esta manera? Desde luego que no. Están total y completamente controladas por Satanás. Se han hundido de un modo completo y total en este cenagal y son incapaces de liberarse a sí mismas. Una vez que alguien está atascado en la fama y el provecho, deja de buscar lo que es brillante, lo recto o esas cosas que son hermosas y buenas. Esto se debe a que la seducción de la fama y el provecho es demasiado grande para las personas, y son cosas que pueden buscar sin parar durante toda su vida e incluso durante toda la eternidad. ¿No es esta la situación real? Algunos dirán que aprender conocimiento no es más que leer libros o aprender algunas cosas que no sabes, como para no quedarse atrasados en el tiempo o que el mundo no los deje atrás. El conocimiento solo se aprende a fin de poner comida en tu mesa, para tu propio futuro o para proveer las necesidades básicas. ¿Hay alguien que podría soportar una década de duro estudio solo para las necesidades básicas, para resolver tan solo la cuestión de la comida? No, no hay nadie así. ¿Para qué sufre una persona estas dificultades por todos estos años? Es por la fama y el provecho. La fama y el provecho les esperan en la distancia, llamándoles, y creen que solo por su propia diligencia, sus dificultades y su lucha podrán seguir ese camino que les llevará a lograr fama y provecho. Una persona así debe sufrir estas dificultades por su propia senda futura, para su disfrute futuro y para obtener una vida mejor. […] Estas ideas y afirmaciones influyen a una generación tras otra; muchas personas aceptan tales ideas y persiguen, luchan e incluso están dispuestas a sacrificar su vida con el objeto de cumplir estas ‘aspiraciones elevadas’. Este es el medio y el método a través de los cuales Satanás utiliza el conocimiento para corromper a las personas. Así pues, una vez que Satanás conduce a las personas hacia esta senda, ¿son ellas capaces de someterse y adorar a Dios? ¿Y son capaces de aceptar Sus palabras y perseguir la verdad? Por supuesto que no, porque Satanás las ha extraviado. Consideremos esto ahora: dentro del conocimiento, las ideas y las opiniones que Satanás infunde en la gente, ¿están las verdades de la sumisión a Dios y la adoración de Dios? ¿Están presentes las verdades de temer a Dios y apartarse del mal? ¿Están las palabras de Dios? ¿Hay algo en ellos que sea propio de la verdad? En absoluto, tales cosas están totalmente ausentes(La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único VI). “En aras de esta fama y provecho, la humanidad se aparta de Dios y lo traiciona, y se vuelve más y más perversa. De esta forma, se destruye una generación tras otra en medio de la fama y el provecho de Satanás. Consideremos ahora las acciones de Satanás, ¿no son sus insidiosos motivos completamente odiosos? Tal vez hoy todavía no podáis desentrañar sus motivos insidiosos, porque pensáis que, sin fama y provecho, la vida no tendría significado y las personas ya no serían capaces de ver el camino que tienen por delante ni tampoco sus metas, y su futuro se volvería oscuro, tenue y sombrío. Sin embargo, poco a poco, todos reconoceréis un día que la fama y el provecho son grilletes enormes que Satanás coloca al hombre. Cuando llegue ese día, te resistirás por completo al control de Satanás y a los grilletes que este te pone. Cuando desees liberarte de todas estas cosas que Satanás ha inculcado en ti, romperás definitivamente con él y odiarás de veras todo lo que te ha traído. Solo entonces sentirás verdadero amor y anhelo por Dios(La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único VI).

Al leer las palabras de Dios, me di cuenta de que, en apariencia, no hay nada de malo en buscar el conocimiento, pero detrás de ello se esconden las siniestras intenciones de Satanás. Dios creó al hombre. Es perfectamente natural y justificado que las personas crean en Dios, lo adoren y hagan su deber; estas son cosas positivas. Pero Satanás, para competir con Dios por las personas, usa el conocimiento para desorientarlas, llevándolas por la senda de la búsqueda de la fama y provecho, haciendo que las personas consideren la búsqueda de la fama y provecho como algo positivo, para que gasten todo su tiempo y energía en ello, y no tengan ninguna intención de hacer sus deberes o adorar a Dios, alejándose así de Él, traicionándolo y, finalmente, siendo devorados por Satanás. Recordé cómo, desde joven, había aceptado el punto de vista que me inculcó mi padre, de que “Los libros son superiores a todo afán”. Creía que, para evitar que me menospreciaran, tenía que estudiar mucho y obtener un título superior. Para los exámenes de ingreso, me apiñaba conocimientos en la cabeza como un robot, de la mañana a la noche, todos los días. Sentía que la cabeza me iba a explotar. Reprimida y adolorida, no tenía otra forma de desahogarme más que llorar. Aun así, nunca pensé en rendirme, porque creía que obtener fama y provecho era lo mismo que tener un futuro brillante. Destacarme del resto y honrar a mi familia era como un cebo colgado delante de mí, tentándome a gastar todo mi tiempo y energía. Más tarde, aunque también asistía a reuniones y hacía mi deber, lo que pensaba era en cómo sacar más tiempo para estudiar. No tenía el ánimo para resolver las dificultades y los problemas de mis hermanos y hermanas por miedo a que me quitara tiempo de estudio. Los hermanos y hermanas me eligieron líder, lo cual era una oportunidad que Dios me daba para formarme, para que pudiera ganar la verdad y crecer en la vida. Pero yo quise negarme. Consideraba la búsqueda de la fama y provecho como algo positivo y estaba dispuesta a pagar cualquier precio para obtenerlas. Sin embargo, cuando no cumplía mi deber, no sentía ningún reproche de conciencia. ¡Realmente no distinguía el bien del mal! Vi que buscar la fama y provecho solo me alejaría de Dios y me haría traicionarlo, y, al final, perdería por completo la salvación de Dios y sería devorada por Satanás. En los últimos días, Dios se ha hecho carne para expresar palabras y salvar a la humanidad. Este es el momento crucial para la salvación del hombre, pero yo estaba desperdiciando los mejores años de mi vida estudiando este conocimiento inútil, perdiendo la mejor oportunidad para la salvación de Dios. Cuando la obra de Dios termine y lleguen las grandes catástrofes, por mucho conocimiento o dinero que tenga, o por muy grande que sea mi reputación, no podré salvar mi vida. ¿Qué sentido tendría eso? Al pensar en esto, me di cuenta de las graves consecuencias de buscar la fama y provecho, y cada vez sentía más que prepararme para el examen de ingreso al posgrado solo desperdiciaría mi juventud. No podía dejar que Satanás me engañara más. Tenía que renunciar a la búsqueda de la fama y provecho e invertir más tiempo y energía en realizar mi deber.

En diciembre de 2016, a medida que se acercaba la fecha del examen, miraba los libros de preparación para el examen de ingreso al posgrado que tenía en mi escritorio y que no había abierto en varios días, y mi corazón todavía estaba un poco en conflicto: “¿Debería hacer el examen o no? Después de todo, me he esforzado durante más de diez años. ¿Y si apruebo? Pero si apruebo, tendré que empezar otra ronda de estudios arduos, habrá más luchas abiertas y encubiertas entre compañeros y una búsqueda interminable de varios certificados. ¡Me siento reprimida y asfixiada solo de pensarlo! Inevitablemente, también me quitará tiempo para hacer mi deber. Pero si no hago el examen de ingreso al posgrado, ¿qué puedo hacer en el futuro? La sociedad valora mucho los títulos ahora. Si no tengo un título superior, no será fácil encontrar trabajo. ¡Después de todo, esto se relaciona con mi futuro!”. Al pensar en esto, caminaba de un lado a otro en la sala de estudio. ¿Qué debía elegir? Recordé uno de los últimos once requisitos que Dios tiene para el hombre: “¿Eres capaz de no considerar, planear o prepararte para tu futura senda de supervivencia por Mí?(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Un problema muy serio: la traición (2)). Luego leí las palabras de Dios: “Aquellas cosas que el hombre espera y busca surgen de sus anhelos de búsqueda de los extravagantes deseos de la carne y no del destino que le corresponde. Lo que Dios ha preparado para el hombre, mientras tanto, son las bendiciones y las promesas que le corresponden a este una vez ha sido purificado, y que Dios preparó para él después de crear al mundo; estas no están manchadas por las elecciones, las nociones, las imaginaciones o la carne del hombre. Este destino no está preparado para una persona en particular, sino que es el lugar de reposo de toda la humanidad. Por tanto, este destino es el más adecuado para ella(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso). “Este es el momento en el que Mi Espíritu lleva a cabo una gran obra y es el momento en el que comienzo Mi obra entre las naciones gentiles. Más aún, es el momento en el que clasifico a todos los seres creados, poniendo a cada uno en su categoría respectiva, para que Mi obra pueda proceder con mayor rapidez y sea más capaz de lograr resultados. Y, así, lo que os pido sigue siendo que cada uno ofrezca todo su ser a toda Mi obra e, incluso más si cabe, te pido que disciernas claramente y veas con precisión toda la obra que Yo he realizado en ti, y que entregues toda tu energía para que Mi obra pueda lograr mejores resultados. Esto es lo que debes entender. Desistid de competir unos con otros, de buscar un plan de contingencia o las comodidades de tu carne, de modo que evites retrasar Mi obra y obstaculizar tu maravilloso futuro. Lejos de protegerte, hacer eso solo te podría traer destrucción. ¿No sería esto una necedad de tu parte? Aquello de lo que hoy disfrutas es, precisamente, lo que está arruinando tu futuro, mientras que el dolor que hoy soportas es justamente lo que te protege. Debes ser claramente consciente de estas cosas a fin de evitar caer preso de las tentaciones de las que te resultará difícil liberarte y evitar tropezar en la densa niebla y ser incapaz de volver a encontrar el sol jamás. Cuando la densa niebla se disipe, te encontrarás en medio del juicio del gran día(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de difundir el evangelio es también la obra de salvar al hombre). Reflexioné sobre las palabras de Dios una y otra vez, y cuanto más lo hacía, más se iluminaba mi corazón. La intención de Dios es que las personas puedan volver ante el Creador y realizar su deber, aceptar el juicio y el castigo de Dios y que sus actitudes corruptas sean purificadas, obteniendo así el hermoso destino que Dios les ha preparado. En cambio, lo que yo buscaba, destacarme del resto y honrar a mi familia, aunque en apariencia parecía ajustarse a los intereses de mi carne, en esencia me estaba alejando de Dios y haciendo que lo traicionara, y al final sería mi ruina. Pensé en cómo, antes, mi familia de cuatro creía en Dios, pero luego mi papá y mi hermana, por miedo a que sus jefes descubrieran que creían en Dios y eso afectara sus futuros, dejaron de ir a las reuniones poco a poco y al final dejaron de creer en Dios por completo. Aunque después obtuvieron un estatus alto y una buena vida material, siempre estaban a la defensiva con la gente, no tenían amigos de verdad y tenían miedo de que alguien complotara en su contra; se pasaban los días maquinando e involucrándose en intrigas, tan preocupados que no podían dormir por la noche. Satanás jugaba con ellos y los atormentaba, y vivían con un gran dolor. Las consecuencias de su búsqueda de la fama y provecho también me sirvieron como un recordatorio de que buscar la fama y provecho no trae ningún beneficio: es un callejón sin salida. Yo no podía seguir su senda fallida. Debía buscar cumplir el deber de un ser creado y buscar el verdadero futuro que Dios ha preparado para el hombre. Al pensarlo bien, ya no sentía el frío del invierno. Aunque había pagado la inscripción para el examen de ingreso al posgrado y ya me habían asignado el aula, decidí no hacerlo, porque aunque aprobara, no es la senda correcta en la vida, y esa fama no tiene sentido.

Después de tomar esa decisión, sentí una gran ligereza en todo mi cuerpo. Cuando volví a la universidad y vi a mis compañeros preocupados por el examen de ingreso al posgrado, supe que era Satanás quien los atormentaba, y mi corazón ya no se sintió atraído por el examen de ingreso al posgrado. A partir de entonces, me dediqué por completo a realizar mi deber. Un año después, a mi papá le diagnosticaron cáncer de estómago en etapa avanzada y falleció seis meses después. Al ver que el conocimiento, la fama y provecho no servían de nada ante la muerte, me convencí aún más en mi corazón de que creer en Dios y perseguir la verdad es la única forma de vivir para las personas. Ahora hago mi deber a tiempo completo, lejos del bullicio y las contiendas del mundo, y me siento muy en paz y tranquila en mi corazón. Todos los días interactúo con mis hermanos y hermanas, y hacemos nuestros deberes y compartimos sobre la verdad juntos. También me centro en experimentar el juicio y el castigo de las palabras de Dios y he ganado cierto conocimiento de mis propias actitudes corruptas. Estas ganancias son algo que años de estudio y obtener gran fama y provecho nunca podrían haberme dado. Agradezco la guía de las palabras de Dios por permitirme entender qué es un verdadero futuro y por haber tomado una sabia decisión.

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