69. ¿Es correcta la opinión “Cría a tus hijos para que te cuiden en la vejez”?

Por Lu Yao, China

Cuando era pequeña, solía oír a mi padre decir: “Tu tío segundo no es buen hijo y no mantiene a tu abuelo. Fuimos tu madre y yo quienes lo mantuvimos. El propósito de criar hijos es que te cuiden en la vejez. En el futuro, ¡tienes que cuidar de nosotros y acompañarnos hasta el final de nuestras vidas!”. Cuando crecí, cuidé de mis padres hasta que murieron. También esperaba que mi hija pudiera cuidar de mí en mi vejez. Cuando mi hija aprendió a hablar, le pregunté: “¿En quién te vas a gastar el dinero cuando crezcas?”. Mi hija respondió: “Cuando crezca, ganaré un montón de dinero para gastarlo en mami y papi”. Le respondí feliz: “¡Hija querida, tu madre no te ha criado en vano!”. Mi hija es muy inteligente. Puede aprender cualquier cosa con rapidez y siempre está entre los mejores alumnos en los exámenes. Yo me sentía muy feliz y pensaba: “Mi hija es muy lista y definitivamente tendrá un futuro brillante. Aunque yo no tenga dinero, debo financiar su educación para que consiga un buen trabajo después de graduarse de la universidad. Así, no tendrá ningún problema para cuidar de nosotros en la vejez”.

En abril de 2003, me arrestaron por creer en Dios y predicar el evangelio, y pasé 25 días bajo arresto. Para evitar que la policía me volviera a arrestar, me marché de casa en noviembre para realizar mis deberes en otro lugar. En aquel entonces, tenía muchos sentimientos encontrados: “Dentro de seis meses, mi hija se presentará al examen de ingreso a la universidad. Si me marcho en este momento, ¿se verán afectados los estudios de mi hija? Si esto afecta a su examen de ingreso a la universidad y obstaculiza sus perspectivas de futuro, ¿acabará odiándome? ¿Renegará de mí como su madre? Solo tengo una hija y, si ya no me quiere como su madre, ¿de quién dependeré cuando sea mayor? Sin embargo, si no me voy y me vuelven a arrestar, mi hija definitivamente se verá implicada y su futuro quedará arruinado por completo. Además, también me condenarán y entonces no podré hacer mis deberes”. Tras pensarlo mucho, decidí marcharme de casa de todas maneras. Como la policía no paraba de buscarme, no me atrevía a volver a casa.

Con los años, mi energía y mi fuerza física habían empezado a decaer, y mi presión arterial era más bien alta. La vista se me nubló, y comencé a tener tinnitus y a perder la audición. Además, cuando hacía trabajo físico, el corazón me latía con fuerza y tenía que tumbarme a descansar un rato. Pensé: “¿Me estaré haciendo mayor ya? ¿Quién cuidará de mí en la vejez?”. En ese momento, echaba mucho de menos a mi hija y pensaba: “¡Aún espero poder depender de ella en mi vejez!”. En 2021, volví a casa de mi hermana mayor para predicar el evangelio, y me enteré de que mi hija estaba trabajando lejos de casa, y que tenía mucha devoción filial hacia sus tías. Pensé que, en ese caso, definitivamente me trataría bien, y me ilusionaba mucho la idea de volver a verla algún día. A finales de agosto del año siguiente, estaba predicando el evangelio lejos de casa cuando mi hermana me escribió para decirme que mi hija había vuelto por unos días. Esa noche, volví deprisa a casa de mi hermana, pero mi hija no quiso verme. Me sentí fatal, pero pude entender cómo se sentía mi hija. Después de todo, no había cuidado de ella durante diecisiete años, así que era normal que estuviera enfadada. Más tarde, cuando vi a mi hija, me sentí tan feliz que me dieron ganas de abrazarla, pero ella se sentó lejos de mí, y sentí una desilusión que me dejó el corazón helado. Al cabo de un rato, le dije: “He estado preocupada por ti todos estos años. Tenía miedo de que la policía me arrestara y que tú acabaras implicada, así que no me atrevía a volver a casa. Has sufrido durante todos estos años”. Ella me respondió con rencor: “No he sufrido. Ahora soy una adulta. ¡No estoy sufriendo!”. Tras decir esto, giró la cabeza y, tras quedarse menos de media hora, se marchó. Me sentí totalmente decepcionada. “Trabajé muy duro para criarte y cuidé muchísimo de ti. Después de que fuiste al colegio, para ayudarte a aprender un oficio y que tuvieras un buen futuro, me gasté los últimos tres mil yuanes que tenía nuestra familia para comprarte un teclado electrónico. Derramé muchísima sangre de mi corazón por ti, pero ¿ahora reniegas de mí? ¡Realmente te he criado en vano!”. Pensé: “El gobierno comunista chino ha cancelado mi registro de residencia, mi marido se ha divorciado de mí y mi hija ha renegado de mí. Ahora tengo sesenta años y mi salud está empeorando con cada año que pasa. ¿Qué voy a hacer cuando sea vieja? ¿Quién me cuidará cuando enferme? ¿Quién cuidará de mí en la vejez y me acompañará hasta el final?”. Por las noches, daba vueltas en la cama, sin poder dormir. Cuando pensé en que mi hija ni siquiera me llamaba “mamá”, me di cuenta de que ya no tenía esperanzas de depender de ella para que me cuidara en mi vejez. Me sentía tan triste que era como si me estuvieran aplastando el corazón. Me pasaba los días con un aturdimiento terrible, no tenía motivación para hacer mi deber, y, cuando predicaba el evangelio, solo lo hacía por inercia.

En febrero de 2023, oí que la hermana Sun Jing había caído enferma, pero su marido había cuidado de ella con esmero y atención. Pensé: “Cuando la hermana enferma, su marido la cuida. ¿Qué debo hacer yo si enfermo? Mi hija ha renegado de mí y, si acabo sin poder moverme, sería muy vergonzoso que mis hermanas de la iglesia cuidaran de mí. ¡No puedo ser una carga para mis hermanos y hermanas! Además, vivo sola, así que nadie se enteraría si me pasara algo. ¿Qué pasaría si no pudiera llegar a tiempo al hospital y acabara muriendo en casa?”. No podía evitar inquietarme y preocuparme por no tener a nadie que cuidara de mí en mi vejez y me acompañara hasta el final. Un día, durante mis prácticas devocionales, leí las palabras de Dios y obtuve algo de entendimiento sobre mi estado. Dios Todopoderoso dice: “Como padre o madre, ¿es un error depositar tus esperanzas en tus hijos, esperar que sean buenos hijos y capaces de mantenerte cuando se hagan mayores? No es un error y tampoco es pedir demasiado. ¿Qué problema hay aquí entonces? Quería vivir constantemente una buena vida dependiendo de sus hijos, pasar el resto de su vida haciéndolo, y siempre contaba con disfrutar de cosas procedentes de sus hijos. ¿Cuál era su errado punto de vista al hacer esto? ¿De dónde le venía esta idea? ¿Cuál era el origen de este punto de vista? La gente siempre alberga una extravagante esperanza de cierto modo de vida y estándar para vivir. Es decir, incluso antes de llegar a conocer cómo ha predestinado Dios su vida o cuál es su porvenir, ya han planeado cuál ha de ser su estándar para vivir, que es ser felices, disfrutar de paz y alegría en la vida, ser ricos y pudientes y disponer de gente que los ayude y de quien depender. La gente ya ha planeado su propia senda y objetivos en la vida, su destino final en ella y todo lo demás. […] Dado que tenía constantemente este deseo y estos planes, ¿llevaba a Dios en el corazón? (No). Entonces, en cierto modo, ¿cuál fue el motivo del dolor que le causaron todas sus dificultades? (Se lo causó su deseo). Eso es totalmente cierto. Entonces, ¿cómo surgió su deseo? (Al no creer en la soberanía de Dios ni en Su instrumentación y disposiciones). Así es. No entendía cómo funciona el sino de las personas, ni cómo opera la soberanía de Dios. Esta es la raíz del problema(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo si se resuelven las propias nociones es posible emprender el camino correcto de la fe en Dios (2)). Lo que Dios desenmascaró era precisamente mi estado. Tenía poco más de cuarenta años cuando me marché de casa para hacer mi deber y, como en ese entonces era joven y fuerte, no pensé en lo que haría cuando me hiciera mayor. Ahora que soy más vieja, mi salud va empeorando año tras año, y comenzaron a aflorar muchas preocupaciones sobre el futuro. Me preocupaba que, si enfermara y no pudiera valerme por mí misma, no habría nadie para cuidar de mí. ¿Qué haría? Durante los años que estuve fuera de casa, cancelaron mi registro de residencia, y mi marido se divorció de mí. En un principio, pensé que, como mi hija tenía mucha devoción filial hacia sus tías, seguro que sería amable conmigo. Pero no me esperaba que mi hija renegara de mí y que no hubiera la más mínima esperanza de que cuidara de mí en mi vejez. Vi que no podía depender de mi hija, así que me preocupaba no tener a nadie para cuidar de mí si enfermaba en el futuro, y que moriría sola en casa y nadie se enteraría. En especial, cuando me enteré de que Sun Jing estaba enferma y que su marido estaba cuidando de ella, me sentí aún más sola y desdichada. Cuando pensaba que en la vida no tenía a nadie de quien depender en el futuro, me sentía triste y abatida. Decía que Dios era soberano sobre todas las cosas, pero en realidad no entendía para nada la soberanía de Dios y no había lugar para Él en mi corazón. Siempre estaba pensando en arreglarme una salida para mí misma, e incluso consideraba a mi hija como mi sustento. No tenía fe en Dios. Este estado sería muy peligroso si no lo resolvía.

Después, reflexioné: “¿Por qué me preocupa tanto si habrá alguien para cuidar de mí en mi vejez, y que esté ahí cuando fallezca? ¿Cuál es el problema?”. Leí las palabras de Dios: “Alguna gente se aferra a una noción podrida y caduca, dice: ‘En realidad no importa si la gente tiene hijos para que sean buenos con ella y la cuiden en la vejez, pero como mínimo, cuando mueran, debe haber alguien que inicie el luto para que se vea decente ante los demás. De lo contrario, si mueren en su casa y nadie se da cuenta, los demás se burlarán, ¡y eso sería demasiado lamentable!’. ¿Y qué si nadie lo nota? Cuando una persona muere, ya no se entera de nada más. Cuando su cuerpo perece, su alma lo abandona de inmediato. No importa dónde se halle el cuerpo o qué aspecto tenga después de morir, ¿acaso no está muerto de todas formas? Aunque se lo transporte en un ataúd durante un gran funeral y se lo entierre, se va a pudrir igual, ¿verdad? La gente piensa: ‘Tener hijos a tu lado para meterte en un ataúd, para que te pongan el atuendo funerario y te maquillen y organicen un gran funeral es algo maravilloso. Si mueres sin que nadie te organice un funeral o te despida, es como si tu vida no tuviera una conclusión adecuada’. ¿Es correcta esta idea? (No). Hoy en día, los jóvenes no le prestan mucha atención a estas cosas, pero sigue habiendo personas en zonas remotas y gente anciana algo ignorante que creen que los hijos deben cuidar de los padres en la vejez y despedirlos. Este pensamiento y punto de vista están implantados en lo profundo de su corazón y, da igual cuánto compartas sobre la verdad, no la aceptan; ¿cuál es la consecuencia última de esto? Sufren mucho. Este tumor lleva mucho tiempo escondido dentro de ellos y los envenena. Cuando lo extraigan y lo eliminen, ya no los envenenará y sus vidas serán libres. Los pensamientos y puntos de vista absurdos causan todo tipo de acciones erróneas. Por ejemplo, alguien teme pudrirse en su casa después de morir, así que siempre piensa: ‘Tengo que criar a un hijo. No puedo permitir que se vaya muy lejos cuando crezca. ¿Qué pasa si no está a mi lado cuando me muera? ¡Si no tengo a nadie que cuide de mí en la vejez o que me despida, será una de las cosas de las que más me arrepentiré en la vida! Si contara con alguien para que lo haga por mí, no habré vivido en vano. Sería una vida perfecta. Pase lo que pase, no puedo ser objeto de burlas’. ¿Acaso no es una ideología podrida? (Sí). Es rancia y degenerada, le da demasiada importancia al cuerpo físico. Este no tiene ningún valor en realidad. Tras experimentar el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte, no queda nada. Solo si has ganado la verdad y has alcanzado la salvación durante la vida podrás vivir para siempre. Si no has obtenido la verdad, cuando tu cuerpo muera y se descomponga, no quedará nada. Da igual lo buenos que sean tus hijos contigo, no serás capaz de disfrutarlo. Cuando una persona muere y sus hijos la entierran en un ataúd, ¿puede sentir algo ese viejo cuerpo? ¿Es capaz de notar nada? (No). No percibe nada en absoluto. Pero en la vida, la gente le da mucha importancia a este asunto, impone muchas exigencias relacionadas con la posibilidad de que puedan darles una despedida, lo cual es una necedad, ¿verdad? […] si persigues la verdad, lo primero, como padre o madre, es desprenderte de los pensamientos y puntos de vista tradicionales, podridos y degenerados en torno a si tus hijos te manifiestan amor filial, si te cuidan en la vejez y te despiden con un entierro, y abordar este asunto adecuadamente. Si tus hijos respetan los lazos filiales que poseen contigo, acéptalo de la manera adecuada. Pero si no poseen las condiciones o la energía de ser buenos contigo, o si no planean serlo, y cuando envejeces no pueden quedarse a tu lado para cuidarte o despedirte, no hace falta que se lo exijas ni que te sientas triste. Todo está en manos de Dios. El nacimiento tiene su momento, la muerte su lugar, y Dios ha ordenado dónde nace y muere la gente(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (19)). Lo que las palabras de Dios dejaban en evidencia era exactamente mi estado. Siempre me preocupaba que nadie cuidara de mí en mi vejez ni estuviera conmigo cuando falleciera, y qué pasaría si muriera y nadie se enterara, mientras mi cuerpo se descomponía en casa. Cuando lo pensaba, me volvía negativa y débil, y vivía angustiada y ansiosa. En realidad, Dios ha preordinado la hora de mi nacimiento, y la hora y lugar de mi muerte. Que mi hija esté o no a mi lado durante mis últimos días de vida depende de la soberanía y los arreglos de Dios. Vivía preocupada y angustiada porque valoraba demasiado mi carne, y no podía desentrañar qué significa realmente la muerte de la carne. Dios dijo: “Este no tiene ningún valor en realidad. Tras experimentar el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte, no queda nada”. Cuando la carne muere, no tiene conciencia. Aunque alguien te acompañe hasta el final y te entierre en un ataúd, ¿no se pudrirá tu carne de todas maneras? ¿Y qué si tus hijos están ahí para darte el último adiós? ¿Serías consciente de ello? Sin embargo, yo pensaba que este asunto era muy importante. ¿No era algo demasiado tonto? En realidad, si las personas no obtienen la verdad, por más que tengan un gran funeral, sus almas no podrán salvarse, e incluso irán al infierno. Dios dice: “Solo si has ganado la verdad y has alcanzado la salvación durante la vida podrás vivir para siempre”. Solo al obtener la verdad, al despojarnos de nuestras actitudes corruptas satánicas y al hacer bien los deberes de un ser creado, podemos obtener la vida eterna y recibir la salvación, para que Dios nos lleve a un destino maravilloso.

Leí otro pasaje de las palabras de Dios y obtuve algo de entendimiento sobre la soberanía de Dios. Mi angustia y ansiedad también se aliviaron un poco. Dios Todopoderoso dice: “Hasta qué punto existe un vínculo entre los padres y sus hijos, cuánto pueden recibir a cambio por parte de sus hijos, si pueden contar o no con sus hijos para que los cuiden en la vejez: todo esto está, lisa y llanamente, predestinado y preordenado por Dios. No todo sale exactamente como la gente lo desea en su mente. Por supuesto, todo el mundo imagina que las cosas vayan muy bien y quiere obtener ciertos beneficios de sus hijos. Pero ¿por qué no has considerado nunca si eso está escrito en tu sino? Es crucial cuánto va a durar el vínculo entre tú y tus hijos. Si cada trabajo que hagas en esta vida va a tener alguna conexión con ellos, si tus hijos estarán entre las personas involucradas cuando experimentes un acontecimiento importante: todo esto depende de la preordenación de Dios. Sin la preordenación de Dios, por mucho que te esfuerces, no servirá de nada. Cuando hayas criado a tus hijos hasta la edad adulta, tu responsabilidad estará cumplida, y ellos se marcharán de forma natural en el momento en que deban hacerlo. Esto es algo que la gente necesita desentrañar. Si no logras desentrañar esta cuestión, siempre tendrás deseos personales, siempre tendrás exigencias personales y aceptarás diversos tipos de pensamientos y puntos de vista para lograr tus objetivos. ¿Qué sucederá al final? Solo te despertarás en tu lecho de muerte y te darás cuenta de que has hecho muchas tonterías a lo largo de tu vida, y que has actuado únicamente en función de nociones e imaginaciones y has sido demasiado necio e ignorante; eso sencillamente no es conforme a la situación real ni a las preordenaciones de Dios(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (19)). Las palabras de Dios son muy claras. Que mi hija sea o no buena hija, y que pueda o no cuidar de mí en mi vejez, depende de si tengo ese porvenir o no. Si Dios no ha preordinado que mi hija cuide de mí en mi vejez, entonces, por muy bonitas que sean mis figuraciones al respecto, todo será en vano. Aunque mi hija prometiera cuidar de mí en mi vejez, como trabaja y vive a miles de kilómetros de distancia, quizá de todos modos no podría estar a mi lado cuando enfermara y muriera. No era capaz de desentrañar esto, y vivía apenada porque mi hija me ignoraba y no había esperanzas de que cuidara de mí en mi vejez. Había estado engañándome a mí misma y perdiendo el tiempo con tonterías. Recordé que, en un pueblo vecino, había una anciana. Cuando tenía más de ochenta años, ya no podía valerse por sí misma, pero ninguno de sus tres hijos cuidó de ella. La anciana murió de hambre y nadie estuvo allí para acompañarla en el final. También pensé en una hermana anciana, cuya hija se fue a vivir al extranjero y nunca volvió. Ahora, la hermana anciana y su esposo tienen más de setenta años. Cuando enferman, es su sobrino quien los lleva al hospital para que les hagan revisiones, y aún viven una vida bastante buena. Dios preordina y dispone la vida de cada persona. Debo encomendar todo lo relacionado conmigo a Dios y someterme a Sus orquestaciones. No debo seguir preocupándome por mi vejez.

Continué buscando, y leí más de las palabras de Dios: “La crianza es un instinto humano, y también es una responsabilidad y una obligación de los seres humanos. Los padres no deberían exigirles a sus hijos que sean buenos con ellos, y tampoco deberían tener hijos solo para tener a alguien que los mantenga durante su vejez. El objetivo de la gente al criar hijos es, en sí mismo, impropio; por eso, cuando los hijos no son buenos con ellos, dicen cosas ridículas como: ‘Hagas lo que hagas, no críes hijos’. Como el objetivo es impuro, los pensamientos y puntos de vista que desarrollan también son incorrectos. Así pues, ¿no es necesario corregirlos y desprenderse de ellos? (Sí). ¿De qué manera debe uno corregirlos y desprenderse de ellos? ¿Qué tipo de objetivo a lograr se considera puro? ¿Qué clase de pensamiento y punto de vista es el correcto? En otras palabras, ¿cuál es la manera acertada de manejar la relación con los hijos? Ante todo, criarlos es elección tuya: tú los engendraste y criaste voluntariamente y ellos desempeñaron un rol pasivo en su nacimiento. Aparte de la responsabilidad de producir descendencia que Dios les concedió a los humanos y dejando de lado la ordenación de Dios, la razón y el punto de partida subjetivos de los padres es que están dispuestos a alumbrar a sus hijos. Dado que estás dispuesto a ello, deberías nutrirlos hasta que sean adultos y permitir que vivan de forma independiente. Ya has ganado mucho y te has beneficiado enormemente por criarlos. Para empezar, mientras vivías con ellos, has disfrutado de una época alegre y del proceso de la crianza. Aunque este proceso haya tenido sus alegrías y dificultades, con mayor frecuencia experimentaste la felicidad que representa acompañar a tus hijos y que ellos te acompañaran a ti. Este también es un proceso de experimentar la vida. Lo has disfrutado y ellos ya te han premiado en gran medida, ¿verdad? Los hijos traen felicidad y compañía a sus padres, y los padres, mediante el precio que pagan y el tiempo y la energía que gastan por criarlos, llegan a ver cómo estas pequeñas vidas se convierten poco a poco en adultas. Sus hijos empiezan siendo vidas jóvenes despistadas que no saben nada en absoluto y poco a poco aprenden a pensar, a hablar, adquieren la capacidad de unir palabras, de aprender y distinguir diversos tipos de conocimientos, y de mantener conversaciones y comunicarse con ellos, y contemplan las cosas desde una postura equitativa. Para los padres, pasar por este proceso les da la mayor felicidad y no lo puede reemplazar ningún otro acontecimiento ni persona. Los padres ya han obtenido mucho disfrute y entendimiento de sus hijos en el proceso de criarlos, lo que para ellos supone un gran consuelo y beneficio(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (19)). “Dejemos de lado de momento la perspectiva de los hijos y hablemos en su lugar solo desde la de los padres. No deberían exigirles ser buenos hijos, que los cuiden durante la vejez y lleven la carga de sus últimos años; no hay necesidad. Por una parte, es una actitud que deberían mostrar hacia sus hijos y, por otra, tiene que ver con la dignidad que deberían poseer. Por supuesto, hay un aspecto más importante, el principio al que los seres creados que son padres deben atenerse al tratar a sus hijos. Si son buenos hijos y están dispuestos a cuidarte, no hace falta que los rechaces; si no están dispuestos a hacerlo, no es necesario que te quejes y lloriquees todo el día, ni que te sientas internamente molesto o insatisfecho ni que les guardes rencor. Deberías responsabilizarte y llevar la carga de tu propia vida y tu supervivencia en la medida que te sea posible y no deberías delegársela a nadie, menos a tus hijos. Deberías afrontar de manera proactiva y correcta una vida sin la compañía ni la ayuda de tus hijos a tu lado y, aunque vivas alejado de ellos, de todos modos deberías ser capaz de afrontar por tu cuenta cualquier cosa que te surja en la vida(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (19)). Las palabras de Dios son muy claras. Criar a los hijos es un instinto y una responsabilidad humanos, y una obligación de los padres. Los padres deciden tener hijos y, por mucho que sufran o por muy alto que sea el precio que paguen para criarlos, eso es simplemente lo que deben hacer. Sin embargo, yo me había dejado influir por la noción tradicional de “Cría a tus hijos para que te cuiden en la vejez”, y exigía a mi hija que cuidara de mí en mi vejez. Creía que era perfectamente natural y justificado que, como yo la había criado cuando ella era pequeña, ella tenía que cuidarme cuando yo fuera mayor. Esta opinión no está de acuerdo con la verdad. Criar a mi hija era mi responsabilidad y obligación. Era simplemente lo que debía haber hecho. Sin embargo, usé el precio que pagué al criarla como moneda de cambio para que ella cuidara de mí en mi vejez. Cuando no se cumplieron mis deseos, me molestó y me enojé. ¡Realmente fui muy egoísta y vil! En realidad, aunque somos madre e hija, ante Dios, somos seres creados y tenemos el mismo estatus. Mi hija no es mi esclava, y fue totalmente irracional de mi parte exigirle que cuidara de mí en mi vejez. Ya había recibido lo que me correspondía por criar a mi hija. Desde el momento en que nació, hasta que aprendió a llamarnos papá y mamá, y luego hasta que se hizo adulta, trajo mucha alegría a nuestra familia. En el proceso de criar a mi hija, mi forma de pensar maduró y obtuve mucha experiencia de vida. Esas son las recompensas por criar a una hija. No puedo enfadarme si, en el futuro, mi hija no quiere cuidar de mí. Tengo que asumir la responsabilidad de mi propia vida en la medida en que sea capaz, y no depender de mi hija, sino someterme a la orquestación y los arreglos de Dios. Cuando lo entendí, me sentí mucho más aliviada.

Más tarde, leí un pasaje de las palabras de Dios que me iluminó el corazón y me dio una senda a seguir. Dios Todopoderoso dice: “Cuando no sientes más que sufrimiento y tristeza, ¿quién puede realmente reconfortarte? ¿Quién puede realmente resolver tus dificultades? (Dios puede). Solo Dios puede realmente resolver las dificultades de las personas. Si estás enfermo, y tus hijos están a tu lado, sirviéndote y atendiéndote, te sentirás bastante feliz, pero con el tiempo tus hijos se cansarán y nadie estará dispuesto a atenderte. ¡En momentos como ese, te sentirás realmente solo! Crees que no tienes ningún compañero a tu lado ahora, pero ¿es realmente así? ¡En realidad no lo es, porque Dios siempre está a tu lado! Dios no abandona a las personas. Él es Aquel en quien pueden confiar y encontrar cobijo en todo momento, y su único confidente. Así pues, independientemente de las dificultades y del sufrimiento que encuentres, e independientemente de las cosas que te hagan sentir agraviado o de los asuntos que te vuelvan negativo y débil, debes comparecer ante Dios y orar de inmediato, y Sus palabras te confortarán y resolverán tus dificultades y tus diversos problemas. En un entorno como este, tu soledad se convertirá en la condición básica para experimentar las palabras de Dios y ganar la verdad(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Dios es el sustento de la humanidad en todo momento. Cuando sufrimos, nos sentimos débiles o enfrentamos dificultades y adversidades, es Dios quien está siempre con nosotros. Dios usa Sus palabras para esclarecernos y guiarnos, y resolver nuestros problemas, y nos ayuda a superar los momentos difíciles. Yo había sufrido de vértigo desde joven, y esta enfermedad me había torturado durante más de 30 años. Cada vez que enfermaba, tenía que quedarme dos días en cama. Aunque mi hija hubiera sido buena hija, solo habría podido ayudarme con la comida y la bebida; no habría podido calmar mi dolor, ni mucho menos sufrir en mi lugar. Después de que empecé a creer en Dios, mi dolencia se curó sin que me diera cuenta, y la enfermedad no me atormentó más. Fue Dios quien se llevó mi enfermedad. Llevo casi veinte años realizando mi deber lejos de casa, y siempre he gozado de buena salud. En 2022, incluso cuando la pandemia era grave y muchas personas se contagiaron, yo nunca contraje COVID. Ahora no tengo ninguna enfermedad grave y, aunque tengo enfermedades comunes de vez en cuando, mejoro solo con usar algunos remedios caseros. He experimentado cómo Dios me ha estado protegiendo durante todos estos años, y cómo solo Dios es mi sustento. Cuando entendí esto, ya no me angustiaba ni me preocupaba no tener a nadie que cuidara de mí en mi vejez y me acompañara hasta el final, y mi corazón se sintió mucho más liberado. Me dediqué a predicar el evangelio y, poco a poco, logré algunos resultados. ¡Gracias a Dios por Su guía!

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