11. Cómo superé la obstrucción y persecución de mi padre
Cuando era pequeña, mis padres creían en Dios. Por curiosidad, yo también leí algunos libros de las palabras de Dios y aprendí que los cielos, la tierra y todas las cosas fueron creados por Dios, y que Él gobierna nuestro porvenir, nuestra vida y nuestra muerte. En 2012, mis padres dejaron de creer, pero mi abuela siguió creyendo y leía las palabras de Dios conmigo. En mayo de 2021, acepté formalmente la obra de Dios de los últimos días. Cuando estaba ocupada con el trabajo, usaba mi tiempo libre para ir a las reuniones. Mi padre no se opuso en ese momento porque yo trabajaba de peluquera y ganaba entre ocho mil y diez mil yuanes al mes. Nuestros parientes y amigos decían que me iba muy bien y mi padre se ponía muy contento y orgulloso al oírlo. Más tarde, a través de las reuniones y de leer las palabras de Dios, llegué a entender que, como ser creado, debía realizar mi deber para corresponder al amor de Dios. Sin embargo, por mi trabajo, no tenía tiempo para hacer mi deber. Pero luego, pensé en cómo reunirme con los hermanos y hermanas durante el último año había hecho que mi corazón se sintiera pleno y no tan vacío como antes. Así que quise realizar mi deber a tiempo completo. Sobre todo cuando pensé en las palabras de Dios: “Todo tipo de desastres sucederán, uno tras otro; todos los países y todos los lugares experimentarán desastres: la plaga, el hambre, las inundaciones, la sequía y los terremotos están por todas partes. Estos desastres no ocurren solo en uno o dos lugares, ni terminarán dentro de un día o dos, sino que se extenderán sobre un área cada vez mayor y serán cada vez más severos. Durante este tiempo, surgirán, sucesivamente, toda clase de plagas de insectos, y el fenómeno del canibalismo ocurrirá en todos los lugares. Este es Mi juicio sobre los innumerables países y pueblos” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 65). Me di cuenta de que la obra de Dios está llegando a su fin. Los desastres se han estado haciendo cada vez más graves, sobre todo en los dos últimos años, y solo presentándonos ante Dios podemos ser salvos y sobrevivir. Como el tiempo se acaba, me urge perseguir la verdad y realizar mi deber. Cuando pensé esto, elegí hacer mi deber a tiempo completo. Durante ese período, asistía a reuniones y leía las palabras de Dios todos los días, y sentía una alegría en mi corazón que nunca antes había conocido. Dos meses después, dejé mi trabajo. Cuando mi padre vio que no estaba trabajando, no le gustó nada. Me dijo: “Está bien que tengas fe, pero no puedes simplemente dejar el trabajo. Puedes volver a como era antes, cuando trabajabas parte del tiempo, y asistías a las reuniones en otros momentos. Si no trabajas, ¿de qué vas a vivir? Este es el mejor momento de tu vida para dedicarte a una carrera. Solo te lo digo por tu bien. Si no me haces caso, ¡un día te arrepentirás!”. Me sentí fatal después de oír lo que dijo, pues le había hecho caso en todo toda mi vida, desde pequeña. ¿No se sentiría destrozado si no le hiciera caso esta vez? Pero luego pensé en lo vacío que se había sentido mi corazón cuando trabajaba, y lo increíblemente plena que me sentía ahora que estaba haciendo mi deber. Ahora entendía qué era significativo y valioso perseguir en la vida. Además, la obra de Dios está llegando a su fin, así que tengo que aprovechar el poco tiempo que me queda para perseguir la verdad. Ganar la verdad y vida, eso es lo más importante. Con esto en mente, le dije a mi padre: “El mundo laboral está lleno de intrigas y luchas internas. Al realizar mi deber ahora, estoy caminando por la senda correcta en la vida”. Pero él siguió intentando que dejara de creer en Dios.
Un día, mi padre me envió un mensaje: “No me decepciones”. Rompí a llorar de inmediato. Pensé para mí: “Todos estos años, mi padre ha querido que yo destaque sobre los demás. Ha pagado un gran precio por cultivarme. Ahora que ya no trabajo, sus esperanzas están destrozadas. ¡Debe de estar sufriendo mucho! Ya soy mayor, pero sigo haciendo que se preocupe por mí. ¿No es eso ser una mala hija? Desde niña, mi padre me compraba todo lo que yo quería; siempre me mimó. Si no vuelvo a trabajar en el futuro, lo estaré decepcionando después de todo el esfuerzo y el gasto que ha invertido en mí. ¿Qué pensarán de mí nuestros parientes y amigos?”. En medio de ese estado negativo, recordé un pasaje de las palabras de Dios, así que lo busqué para leerlo. Dios Todopoderoso dice: “Dime, ¿de quién procede todo lo relacionado con la gente? ¿Quién lleva la mayor carga por la vida humana? (Dios). Solo Dios ama a la gente más que nadie. Los padres y familiares de las personas, ¿las aman de veras? ¿El amor que dan es verdadero? ¿Puede salvar a la gente de la influencia de Satanás? No. La gente es insensible y torpe, incapaz de descubrir estas cosas, y siempre dice: ‘¿De qué forma me ama Dios? Yo no lo noto. De todos modos, mis padres son los que más me aman. Me pagan los estudios y me hacen adquirir una preparación técnica para que de mayor pueda lograr algo en la vida, tener éxito, convertirme en una estrella, en alguien famoso. Mis padres se gastan mucho dinero en capacitarme y darme una formación, escatiman y ahorran en comida. ¡Cuán grande es ese amor! ¡Nunca podré pagárselo!’. ¿Os parece amor eso? ¿Qué consecuencias tiene que tus padres te hagan triunfar, convertirte en una celebridad mundial, tener un buen trabajo y asimilarte al mundo? Te obligan sin cesar a afanarte por el éxito, a honrar a tu familia y a integrarte a las malvadas tendencias del mundo, para que al final caigas en la vorágine del pecado, sufras la perdición y perezcas, devorado por Satanás. ¿Eso es amor? Eso no es amarte, sino perjudicarte, destruirte. Algún día, caerás tan profundamente que no serás capaz de arrepentirte, tan bajo que no podrás salir, y descenderás hasta el infierno. Solo entonces te darás cuenta: ‘Oh, el amor parental es el amor de la carne, no ofrece ninguna ventaja a la hora de creer en Dios u obtener la verdad, ¡no es amor verdadero!’. Puede que no os hayáis dado cuenta aún. Algunas personas dicen: ‘No siento que Dios me ame. Me sigue pareciendo que mi madre es quien más me ama. Ella es la persona más cercana a mí en el mundo. Hay una canción que se llama “Mamá es la mejor del mundo”. Esa canción se ajusta a la realidad. ¡Es totalmente cierto!’. Algún día, cuando realmente tengas entrada en la vida y hayas obtenido la verdad, dirás: ‘Mi madre no es quien más me ama, ni tampoco mi padre. Dios es quien más me ama. Él es mi ser más querido, porque me dio la vida y siempre me guía, me provee y me salva de la influencia de Satanás. Dios es el Único que puede proveer de vida a las personas, que puede guiarlas y que tiene soberanía sobre todas las cosas’. Solo cuando entiendas la verdad y la hayas obtenido por completo, serás capaz de apreciar a fondo estas palabras” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para ganar la verdad, uno debe aprender lecciones de las personas, los acontecimientos y las cosas cercanos). Solía pensar que toda la energía y el dinero que mi padre invirtió en cultivarme era amor. Pero, después de leer las palabras de Dios, entendí que lo que mi padre sentía por mí no era amor verdadero. Su objetivo era que yo me entregara en cuerpo y alma a perseguir una carrera, y que ganara más dinero y destacara sobre los demás, para poder ganarme la admiración y la envidia de nuestros parientes y amigos y hacerlo quedar bien. Pensé en que, cuando trabajaba, solo podía ir a una reunión a la semana y no tenía nada de tiempo para hacer mi deber. Todo mi tiempo y energía los gastaba en trabajar, ganar dinero y compararme con mis amigos y colegas. Mi mente solo pensaba en cómo ganar dinero y, para ganar más, intrigaba contra mis colegas y engañaba a los clientes. Mi mente estaba completamente ocupada por la fama y el provecho, y mi corazón se sentía cada vez más vacío y dolido. Fue solo gracias al amor y la salvación de Dios que tuve la suerte de aceptar Su obra de los últimos días, venir a la iglesia y empezar a realizar mi deber. Ya no vivía según las tendencias malvadas del mundo, persiguiendo la fama y el provecho. Si no hubiera estado realizando mi deber, seguiría atrapada en el torbellino de la fama y el provecho; me habría vuelto cada vez más perversa y habría perdido por completo mi oportunidad de ser salva. Al darme cuenta de esto, resolví en mi corazón: “Debo realizar adecuadamente mi deber en la iglesia”. Pensé en las palabras de Dios: “Si tus padres son de escasa humanidad, si te impiden constantemente creer en Dios y hacer tu deber, y si incluso te odian y te maldicen porque crees en Dios, ¿qué deberías hacer? ¿Qué verdad deberías practicar? (El rechazo). En ese momento, debes rechazarlos. Ya no tienes ninguna obligación de mostrarles respeto filial. Si creen en Dios, entonces tus padres son familia. Si no creen en Dios e incluso se resisten a Él, entonces camináis por sendas diferentes. Creen en Satanás y adoran al rey diablo, y caminan por su senda; recorren una senda distinta a la tuya. Ya no sois una familia. Consideran adversarios y enemigos a los creyentes en Dios. Por tanto, eso te exime de la obligación de cuidarlos y debes cortar los lazos con ellos por completo” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. ¿Cuál es la realidad-verdad?). Después de leer las palabras de Dios, entendí que mi padre y yo seguíamos dos sendas distintas: mi padre trabajaba duro para ganar dinero y perseguía la fama y el provecho para que los demás lo admiraran; él estaba en la senda de Satanás. En cambio, yo creía en Dios y estaba haciendo mi deber; iba por la senda de perseguir la verdad y ser salva. Antes, había estado viviendo según mis sentimientos carnales, pensando que, al dejar el trabajo, estaba hiriendo y decepcionando a mi padre, y que siempre le fallaba. Pero hoy, después de leer las palabras de Dios, logré tener algo de discernimiento sobre mi padre. Él no creía en Dios e incluso intentaba impedir que yo creyera. No seguíamos la misma senda, así que ya no podía verlo desde la perspectiva de un pariente carnal. Cuando me di cuenta de esto, ya no me sentí constreñida por mis sentimientos.
En diciembre de 2022, tuve que irme de casa porque estaba muy ocupada con mi deber y solo regresaba una vez por semana. Una vez que volví, mi padre me dijo con severidad: “¿Cuándo vas a buscar trabajo? Si no vas a trabajar, no te quedes aquí. ¡Vuelve a nuestro pueblo en el campo!”. Empecé a preocuparme: “Si no le hago caso, ¿de verdad me enviará de vuelta a nuestro pueblo? ¿Podré seguir haciendo mi deber allí?”. Después de eso, siempre me escapaba para realizar mi deber. Una vez, cuando estaba a punto de irme a hacer mi deber, mi padre me vio. Me dijo con dureza: “Si te vuelves a escapar, no vuelvas. ¡Y si vuelves, te romperé las piernas! No bromeo. ¡A ver si te atreves!”. Me asusté un poco y pensé: “Si me voy y luego vuelvo, ¿de verdad me romperá las piernas? ¿Debo seguir haciendo mi deber o no?”. Me sentía muy dividida, y me preguntaba: “Pero, si no voy, ¿qué pasará con mi deber? El trabajo de la iglesia es muy intenso y no volver a tiempo retrasará la obra”. Oré a Dios y busqué. Entonces, pensé en las palabras de Dios: “Sin importar qué te suceda, ya sea un examen o una prueba, o si te podan, y más allá de cómo te trate la gente, primero deberías dejar esas cosas de lado y presentarte ante Dios en diligente oración, para buscar la verdad y corregir tu estado. Esto debería resolverse en primer lugar. Deberías decir: ‘Por muy grande que sea este asunto, aunque el mismo cielo se venga abajo, debo cumplir bien mi deber. Mientras tenga aliento, no renunciaré a él’. Así pues, ¿cómo cumples bien tu deber? No puedes simplemente actuar por inercia, o estar físicamente presente pero dejar que tu mente divague; debes enfocar tu corazón y tu mente en el deber” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La entrada en la vida comienza con la ejecución del deber). Las palabras de Dios me dieron fe. Pasara lo que pasara, aunque mi padre de verdad me rompiera las piernas, tenía que cumplir con mi responsabilidad y no podía abandonar mi deber. Al pensar eso, sentí de inmediato una oleada de fuerza y me fui de casa para hacer mi deber. Cuando volví a casa más tarde, mi padre no me pegó, pero siguió intentando convencerme de que me buscara un trabajo. Sin embargo, no me dejé constreñir por él y seguí realizando mi deber.
En febrero de 2023, no volví a casa durante un mes porque estaba muy ocupada con mi deber y el gran dragón rojo estaba persiguiendo y arrestando a los creyentes duramente. Mi padre dijo enfadado: “¡Esta vez, te voy a encadenar para que no puedas irte!”. Desde pequeña, mi padre nunca me había hablado así, con la cara roja y el cuello hinchado de la rabia. Estaba aterrorizada. Esa noche, mi hermana pequeña me dijo llorando: “Hermana, no te vayas. Papá no para de hablar en cuanto te vas. No piensas ni en mamá ni en mí”. Al día siguiente, cuando iba a salir para hacer mi deber, mi madre me detuvo y me dijo: “¡Hazle caso a tu padre y búscate un trabajo por ahora! ¿Por qué eres tan terca?”. Mi corazón estaba muy débil. Pensé: “Mamá y mi hermana nunca se opusieron a mi fe o a mi deber antes, pero ahora están del lado de papá. Si sigo haciendo mi deber, mi padre discutirá con mi madre todos los días. ¿Y si su relación se rompe y se divorcian? Si no le hago caso a mi padre, ¿podré siquiera seguir en esta casa?”. Estaba un poco preocupada y asustada, y pensé en buscar un trabajo y abandonar mi deber. Pero al realizar mi deber durante los últimos meses, había sentido paz y alegría en mi corazón. Ahora están cayendo todo tipo de desastres y la obra de Dios está llegando a su fin. No quería perder la oportunidad de recibir la salvación de Dios. Así que oré a Dios: “Oh, Dios, me siento débil y dolida. Tengo miedo de que esta familia se rompa de verdad, pero no quiero que me limiten. Por favor, dame la fe para mantenerme firme en mi testimonio”. Después de eso, busqué las palabras de Dios para leerlas. Dios dice: “Debes soportarlo todo; por Mí, debes estar preparado para renunciar a todo y seguirme con todas tus fuerzas, y debes estar preparado para pagar cualquier precio. Este es el momento en que te probaré, ¿me ofrecerás tu lealtad? ¿Puedes seguirme hasta el final del camino con lealtad? No tengas miedo; con Mi apoyo, ¿quién podría bloquear el camino? ¡Recuerda esto! ¡Recuerda! Todo contiene Mis buenas intenciones y está bajo Mi escrutinio. ¿Puedes seguir Mi palabra en todo lo que dices y haces? Cuando las pruebas de fuego vengan sobre ti, ¿te arrodillarás y clamarás? ¿O te acobardarás, incapaz de seguir adelante?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 10). “Debes poseer Mi valentía dentro de ti y debes tener principios cuando te enfrentes a parientes no creyentes. Sin embargo, por Mi bien, tampoco debes ceder ante ninguna fuerza de la oscuridad. Confía en Mi sabiduría para seguir el camino perfecto; no permitas que triunfe ninguna de las tramas de Satanás. Haz todo lo que puedas para poner tu corazón ante Mí y Yo te consolaré y te traeré paz y alegría. No te esfuerces por ser de cierta manera delante de otras personas; ¿acaso no tiene más valor y peso satisfacerme a Mí? Al hacerlo, ¿no estarás aún más lleno de paz y felicidad eternas y duraderas?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 10). Las palabras de Dios me dieron fe. No debía tener miedo de esto o aquello; tenía que tener fe en Dios. No podía abandonar mi deber solo por miedo a que mi familia se deshiciera. Vi que mi apego emocional a mi familia era demasiado fuerte. No le había entregado mi corazón por completo a Dios y no tenía la determinación para renunciar a todo y seguirlo. ¿Cómo podía tener algo de lealtad a Dios? Por muy difícil que fuera, tenía que confiar en Dios y dar testimonio por Él. Dios tiene soberanía sobre los matrimonios y el porvenir de las personas; cada uno tiene su propio porvenir. Lo que pase con el matrimonio de mis padres y si esta familia se romperá o no, depende de Dios. Mi porvenir también está en las manos de Dios; mi padre no tiene la última palabra. Tengo que aferrarme a mi deber y satisfacer a Dios. Si le hiciera caso a mi padre y dejara de hacer mi deber, no tendría que sufrir la persecución de mi familia, pero traicionaría a Dios, ¡y eso sería un dolor eterno!
Pasó otro día. Temprano por la mañana, me estaba preparando para salir a realizar mi deber. Para mi sorpresa, mi padre se había levantado a las cuatro o cinco de la mañana para vigilarme. Poco después de las seis, entró en mi habitación y puso un video de los rumores infundados del PCCh que calumniaban a la Iglesia de Dios Todopoderoso. Yo sabía que las noticias no eran ciertas, sobre todo porque había llegado a entender algunas verdades después de hacer mi deber durante tanto tiempo, así que los rumores infundados no me afectaron. Al ver que mi actitud no había cambiado, mi padre intentó convencerme, diciendo: “Últimamente he estado muy preocupado y ansioso por ti. Te crie con mis propias manos. Solo hago esto por tu bien, ¿acaso te haría daño? Si te pones a trabajar ahora, te compraré un teléfono nuevo de más de diez mil yuanes. Cuando tu hermana pequeña esté de vacaciones, te daré dinero para que las dos se vayan de viaje a Sanya”. Al oír a mi padre decir esto, sentí que, si no le hacía caso esta vez, de verdad le estaría fallando. Pero también sabía que creer en Dios y hacer mi deber es la senda correcta en la vida, y no podía renunciar a ello. Estaba dividida. Me di cuenta de que mi estado no era el correcto, así que oré a Dios en mi interior, pidiéndole que guardara mi corazón para no dejarme influir por las palabras de mi padre. Mi padre vio que no decía nada y volvió al salón.
Después de eso, leí las palabras de Dios y comprendí que el hecho de que mi padre obstaculizara mi fe en Dios era una perturbación de Satanás. Dios Todopoderoso dice: “Cuando las personas aún no se han salvado, Satanás perturba a menudo sus vidas y hasta las controla. En otras palabras, los que no son salvos son prisioneros de Satanás, no tienen libertad; él no ha renunciado a ellos, no son aptos ni tienen derecho a adorar a Dios, y Satanás los persigue de cerca y los ataca despiadadamente. Esas personas no tienen felicidad ni derecho a una existencia normal, ni tampoco dignidad de los que hablar” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II). “Él tiene muchos medios y vías para someterlo a examen, pero cada uno de ellos requiere la ‘cooperación’ del enemigo de Dios: Satanás. Es decir, habiéndole dado las armas con las que luchar contra Satanás, Dios entrega al hombre a este y le permite ‘someter a examen’ su estatura. Si el hombre puede romper las formaciones de batalla de Satanás, escapar de su cerco y seguir viviendo, habrá superado el examen. Pero si es incapaz de hacerlo, y se rinde a Satanás, no habrá superado el examen. Cualquiera que sea el aspecto del hombre que Dios examine, el criterio de Su examen consiste en ver si se mantiene o no firme en su testimonio cuando Satanás le ataque, o si abandona o no a Dios, capitula y se rinde a él cuando este lo tiene atrapado. Puede decirse que, si el hombre puede salvarse o no, depende de que pueda superar y derrotar a Satanás; y si puede ganar o no la libertad, depende de que sea capaz de levantar, por sí mismo, las armas que Dios le ha dado para superar la esclavitud de Satanás, haciendo que este abandone por completo la esperanza y lo deje en paz. Si Satanás pierde la esperanza y renuncia a alguien, quiere decir que nunca más intentará quitarle esa persona a Dios, nunca más la acusará ni la perturbará, no la torturará ni atacará más deliberadamente; solo alguien así habrá sido verdaderamente ganado por Dios. Este es todo el proceso por el cual Dios gana a las personas” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II). Después de leer las palabras de Dios, entendí que aún no había salido por completo de las formaciones de batalla de Satanás. Satanás seguía usando a mi padre para perturbarme constantemente, inculcándome a la fuerza los rumores inventados por el PCCh. Cuando vio que no escuchaba, usó el afecto familiar y palabras suaves, probando todas las tácticas, tanto duras como blandas, en un intento de hacerme traicionar a Dios. ¡Qué detestable! Pensé en cuando Job se enfrentó a las tentaciones de Satanás. Había perdido todos sus rebaños y manadas que cubrían las colinas, estaba cubierto de úlceras purulentas, y su mujer le instó a renunciar a Dios. Pero Job dijo: “Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová” (Job 1:21).* “¿Aceptaremos el bien de la mano de Dios y no aceptaremos la adversidad?” (Job 2:10).* Cuando Job se enfrentó a su prueba, no renunció a Dios y se mantuvo firme en su testimonio por Él. Tenía que seguir el ejemplo de Job, vencer a Satanás empuñando el arma de las palabras de Dios en medio de su asedio y mantenerme firme en mi testimonio por Dios. Oré a Dios y tomé una determinación, y le pedí que me diera la fe para mantenerme firme en mi testimonio.
Leí algunos pasajes más de las palabras de Dios y gané algo de entendimiento sobre mí misma. Dios Todopoderoso dice: “Debes sufrir adversidades por la verdad, debes sacrificarte por la verdad, debes soportar humillación por la verdad y debes padecer más sufrimiento para obtener más de la verdad. Esto es lo que debes hacer. No debes desechar la verdad en beneficio de disfrutar de armonía familiar y no debes perder toda una vida de dignidad e integridad por el bien de un disfrute temporario. Debes buscar todo lo que es hermoso y bueno, y debes buscar un camino en la vida que sea de mayor significado. Si llevas una vida tan terrenal y mundana y no tienes ningún objetivo que perseguir, ¿no es eso malgastar tu vida? ¿Qué puedes obtener de una vida así? Debes abandonar todos los placeres de la carne en aras de una verdad y no debes desechar todas las verdades en aras de un pequeño placer. Las personas así no tienen integridad ni dignidad; ¡su existencia no tiene sentido!” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio). “Me habéis seguido todos estos años; sin embargo, nunca me habéis dado ni un ápice de lealtad. Más bien, habéis estado girando en torno a las personas que amáis y las cosas que os gustan, hasta tal punto que, en todo momento y dondequiera que vais, las mantenéis cerca de vuestro corazón y nunca las habéis abandonado. Cuando sentís fervor o pasión respecto a cualquier cosa que amáis, es mientras me seguís o, incluso, mientras escucháis Mis palabras. Por eso digo que estáis utilizando la lealtad que os pido, más bien, para ser leales a vuestras ‘mascotas’ y para apreciarlas. Aunque quizá sacrifiquéis una o dos cosas por Mí, no representa la totalidad de lo que sois ni muestra que es a Mí a quien sois verdaderamente leales” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿A quién eres leal exactamente?). Después de leer las palabras de Dios, entendí que tenía que sufrir por la verdad y que no debía desechar la verdad solo para disfrutar de la armonía familiar. Durante todo el tiempo que había creído en Dios y realizado mi deber, había intentado mantener esta familia con cautela, por miedo a que mi relación con ellos se rompiera y no pudiera volver a casa. Ante la persuasión y las amenazas repetidas de mi padre, me sentí muy débil por dentro, me vi en un dilema y dudé en volver a salir a hacer mi deber. Vi que siempre había sido leal a esta familia, no a Dios, y ciertamente no había priorizado perseguir la verdad. Como mi apego emocional a mi familia era tan fuerte, había caído en las tentaciones de Satanás varias veces y casi había traicionado a Dios. Solo entonces vi que Satanás hace que la gente viva en los afectos familiares, disfrute de la carne y, finalmente, pierda su oportunidad de ser salva. La intención de Dios es que realicemos nuestro deber como seres creados, persigamos la verdad, vivamos una verdadera semejanza humana y alcancemos la salvación. Si esta vez le hubiera hecho caso a mi padre y me hubiera puesto a trabajar solo para proteger mis intereses carnales, podría haber disfrutado de la armonía familiar, pero habría perdido mi oportunidad de ganar la verdad. ¿Qué sería eso sino vacío y dolor? Tenía que elegir la senda correcta. Una mañana, mi padre tuvo que salir de repente por un asunto. Aproveché la oportunidad para irme y realizar mi deber de nuevo.
Dos meses después, recibí una carta de la iglesia diciendo que mi padre me había denunciado a la policía, y que también había denunciado a mi abuela y a los hermanos y hermanas de nuestro pueblo, lo que provocó que todos fueran arrestados. Mi padre había estado usando todo tipo de métodos para perseguirme y obstaculizar frenéticamente que hiciera mi deber. Cuando vio que no le hacía caso, se volvió completamente en mi contra y alertó a la policía, incluso entregando a mi abuela. ¡Su esencia es la de un diablo! Una vez que vi claramente su esencia, ya no me sentí constreñida por mis sentimientos. Desde ese día, no volví más a casa. He estado haciendo mi deber a tiempo completo desde entonces. ¡Gracias a Dios por guiarme para tomar la decisión correcta!