44. Reflexiones después de una reunión
En noviembre de 2024, seleccionaba artículos de testimonios vivenciales en la iglesia. Un día, nuestra supervisora vino a la reunión del equipo y dijo que, basándose en los artículos que habíamos enviado últimamente, veía que no habíamos captado del todo algunos principios. Quería seleccionar algunos artículos con nosotras para que todas pudiéramos dominar los principios juntas. Eligió unos cuantos artículos y nos pidió a cada una que, después de revisarlos, compartiéramos nuestra opinión basándonos en los principios. En cuanto oí que teníamos que dar nuestra opinión una por una, me puse nerviosa. Pensé: “Varios de los artículos que he seleccionado últimamente tenían problemas evidentes. ¿Estará usando esto para ver si he captado los principios, para saber si soy apta para este deber? Si descubre que no he captado los principios, seguro hará que me destituyan”. Después de eso, no conseguía tranquilizarme para leer los artículos. No dejaba de pensar en cómo dar una respuesta más completa y qué decir para no exponer mis propias deficiencias. Después de leer el primer artículo, Zhang Yan compartió primero su perspectiva. Señaló un problema del que yo no me había percatado. Al ver a la supervisora asentir, pensé: “Parece que el punto de vista de Zhang Yan es correcto. Cuando me toque a mí, añadiré también ese aspecto para que mi respuesta parezca más completa. Así, la supervisora no pensará que soy tan incompetente”. Luego, la supervisora me pidió a mí que hablara. Expuse los problemas que había detectado y me aseguré de añadir el punto que Zhang Yan había mencionado. Cuando al final la supervisora evaluó este artículo conforme a los principios, dijo que la perspectiva de Zhang Yan era acertada. Sentí un poco de alivio, pero a la vez estaba muy inquieta. Tenía la conciencia intranquila. Entonces, la supervisora mencionó otros problemas que yo no había detectado. De inmediato, me puse a pensar: “No fui capaz de ver siquiera problemas tan sencillos. La supervisora debe de pensar que mi calibre es realmente bajo como para pasar por alto problemas tan obvios después de tantos años de hacer el deber relacionado con textos. Debo tener más cuidado la próxima vez que dé mi opinión”. Cuando empezamos con el siguiente artículo, mi corazón tardó mucho en calmarse; no podía dejar de darle vueltas a lo mal que había respondido antes. Al poco tiempo, me empezó a dar sueño y realmente no comprendí lo que quedaba del artículo. Durante el debate, cuando la supervisora me pidió mi opinión, solo dije unas pocas cosas. Cuando llegó el momento de hablar de los problemas en el entendimiento del autor, me limité a tartamudear y, por lo que pareció una eternidad, no pude articular palabra. Al principio, iba a decir que me había adormilado y no lo había comprendido, pero me preocupó que, si la supervisora me veía dormitar incluso en una situación así, podría pensar que mi estado era malo y que no tenía la obra del Espíritu Santo. Si eso pasaba, seguro que me destituirían. Así que intenté disimular rápidamente, diciendo: “Un momento, estoy buscando dónde anoté el problema que encontré”. Recorrí el artículo con el ratón, revisándolo rápidamente, mientras mi cerebro iba a toda velocidad tratando de encontrar algún problema clave para responderle a la supervisora. Al final, la supervisora se impacientó y dijo: “Solo di lo que viste. ¿Por qué te está costando tanto responder?”. Sin más remedio, terminé confesando: “Me distraje y me dio un poco de sueño. No lo comprendí bien”. La supervisora entonces le pidió a otra hermana que compartiera su punto de vista. En ese momento, me sentí terriblemente avergonzada. Tenía el corazón en un puño, preocupada por que la supervisora me destituiría por mi desempeño reciente. Tras apenas unas horas, estaba mentalmente agotada. Ya ni siquiera quería seguir seleccionando artículos y estudiando las habilidades profesionales con la supervisora.
Más tarde, me puse a reflexionar: “La supervisora está seleccionando artículos y compartiendo los principios con nosotras. ¿No es esta una gran oportunidad para suplir mis carencias? ¿Por qué estoy tan nerviosa y tan agotada?”. Justo en ese momento, se publicaron las palabras de Dios más recientes. Durante mis prácticas devocionales, leí un pasaje de las palabras de Dios: “Cuando charlo con la gente, a veces haciendo algunas preguntas, ciertas personas con una mente complicada reflexionan: ‘Tu pregunta es bastante directa. No sé qué quieres decir con ella. ¡Debo tener cuidado con mi respuesta!’. Yo digo que te equivocas. No importa con quién charle o qué preguntas haga, el objetivo final es siempre descubrir y resolver problemas, asistirte y guiarte, y ayudarte a resolver problemas. Primero, no es para dejarte en evidencia y hacerte quedar como un necio. Segundo, no es para verificar si dices la verdad o si eres una persona ingenua. Tercero, no es para engañarte a fin de que reveles tu verdadera situación. Cuarto, menos aún es para verificar si eres competente para el trabajo o si puedes hacer trabajo real. De hecho, no importa cómo charle contigo, todo es para ayudarte y guiarte a cumplir tu deber, hacer bien el trabajo y resolver problemas. Algunas personas piensan demasiado en Mis simples preguntas, con mucho miedo de que haya algún significado oculto. Algunos incluso sospechan que estoy urdiendo intrigas contra ellos. Claramente quiero ayudarte a resolver problemas, pero tú piensas erróneamente que estoy urdiendo intrigas contra ti. ¿No es esto agraviarme? (Sí). Entonces, ¿cuál es el problema aquí? ¡El corazón humano es falso! Aunque la gente pueda decir en voz alta: ‘Tú eres Dios, debo decirte la verdad y ser franco Contigo. ¡Te sigo, creo en Ti!’, en el fondo no piensan así. Por muy corrientes y simples que sean Mis preguntas, la gente a menudo las interpreta de una manera demasiado susceptible. A través de sus conjeturas y luego de su escrutinio, les dan muchas vueltas y parece que encuentran la respuesta final, pero en realidad, está muy lejos de la intención original de Mis palabras. Es claramente una pregunta muy simple, pero ellos le dan demasiadas vueltas. ¿No son esas personas demasiado susceptibles? No importa lo que pregunte, el corazón se les agita después de oírlo: ‘¿Por qué preguntas eso? ¿Cómo puedo responder de una manera que te satisfaga y no revele ningún defecto? ¿Qué debo decir primero y qué después?’. En tres o cinco segundos, les salen las palabras, sin demora alguna. Su mente es más rápida que una computadora. ¿Por qué es tan rápida? De hecho, este proceso ya es un hábito para ellas; es su truco y estilo habitual al tratar con la gente y manejar los asuntos. Urden intrigas contra todo el mundo. Por eso, por muy simples que sean Mis preguntas, ellas les dan demasiadas vueltas, creyendo que tengo algún motivo u objetivo. Reflexionan en su corazón: ‘Si respondo con sinceridad, ¿no dejaré en evidencia mi verdadera situación? Eso equivale a venderme. No puedo dejar que conozcas mi verdadera situación. Entonces, ¿cómo debo responder apropiadamente? ¿Cómo puedo hacer que estés contento y satisfecho, que tengas una buena impresión de mí y que sigas usándome?’. ¡Mirad qué falsas son estas personas! Su mente es demasiado complicada. No importa cómo les hable, dudarán y escrutarán. ¿Pueden tales personas practicar la verdad? ¿Pueden ser aptas para que Dios las use? En absoluto. Esto se debe a que la mente de tales personas es demasiado compleja y nada simple; cualquiera que esté en contacto con ellas durante mucho tiempo puede verlo” (La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (26)). Al leer las palabras de Dios, sentí que describían mi estado exacto. Aunque Dios estaba desenmascarando los pensamientos e ideas que la gente revela al interactuar con Cristo, me di cuenta de que yo a menudo revelaba la misma mentalidad al interactuar con los demás. Pensé que la supervisora nos había dicho desde el principio que estaba revisando los artículos con nosotras para ayudarnos a aprender los principios, y que pedirnos nuestra opinión era una forma de entender nuestras deficiencias y desviaciones para así poder darnos una charla y ayuda más específicas. Pero mi mente era muy complicada. No dejaba de desconfiar de ella, suponiendo que nos estaba poniendo a prueba para ver si captábamos los principios y para determinar si éramos aptas para el deber. Estaba convencida de que, si descubría que tenía demasiadas deficiencias, haría que me destituyan. Para no dejar en evidencia mis fallas, al dar mi opinión, no dije la verdad sobre la cantidad de problemas que había detectado. Al contrario, hice todo lo posible para que la supervisora creyera que yo captaba bien los principios y que tenía una visión global de cualquier problema. Incluso llegué a plagiar la opinión de Zhang Yan. Cuando estábamos revisando el segundo artículo, era evidente que me había adormilado y no había identificado ningún problema; solo debería haber sido sincera al respecto. Pero temía que, si decía la verdad, la supervisora tendría una impresión aún peor de mí, así que mentí y dije que había olvidado dónde había anotado el problema que había encontrado. Hasta fingí que lo buscaba, haciendo que todo el mundo perdiera el tiempo. En realidad, cuando la supervisora me pidió mi opinión, lo único que tenía que hacer era responder con sinceridad. Si me equivocaba, solo tenía que analizar mi desviación y corregirla. Pero mi mente era demasiado complicada: siempre estaba intentando adivinar las intenciones de la supervisora. Tenía que darle mil vueltas en la cabeza a cada frase antes de hablar. Al reflexionar, me di cuenta de que esto ya lo había manifestado antes. Cuando empecé a hacer este deber, cada vez que la líder me preguntaba qué pensaba de ciertos asuntos, me ponía muy nerviosa. Subconscientemente, intentaba adivinar si estaba evaluando mi calibre y mi capacidad para contemplar las cosas, y así saber si yo era adecuada para el deber. Rápidamente, me ponía a pensar cómo hablar para que la líder no me calara. Tenía que pensar demasiado cada palabra, y vivir así era agotador. Vi que no se trataba de una simple revelación momentánea de un carácter falso, sino que vivía constantemente en un estado de cálculo. Mi propia naturaleza era falsa. Pensé en las palabras del Señor Jesús: “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). Dios Todopoderoso también dijo: “Si eres muy falso, entonces te protegerás y sospecharás de todas las personas y asuntos y por esta razón, tu fe en Mí estará edificada sobre un cimiento de sospecha. Esta clase de fe es una que jamás podría reconocer” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cómo conocer realmente a Dios en la tierra). La esencia de Dios es fiel; a Él le gusta la gente honesta y aborrece a la gente falsa. Una persona falsa no puede ser salva ni entrar en el reino de los cielos. Me di cuenta de que, si no daba marcha atrás y cambiaba, y no podía llegar a ser una persona honesta, entonces, por mucho que renunciara a cosas o me gastara, al final Dios me descartaría y desdeñaría. Al pensar esto, mi corazón se apesadumbró, y oré a Dios: “Oh, Dios, soy muy falsa. Todas mis palabras y actos son calculados. No soy una persona honesta. Si sigo así, sin duda me descartarás. Quiero despojarme de mi carácter falso y convertirme en una persona honesta. Te pido que me guíes”. Después, me abrí y sinceré mi estado con la supervisora. Ella no me reprendió en absoluto; al contrario, compartió sobre la verdad para ayudarme y me animó a practicar la verdad y a ser una persona honesta.
Más tarde, me puse a pensar: ¿por qué siempre me preocupaba tanto dejar en evidencia mis deficiencias? Recordé haber oído que algunos hermanos y hermanas habían sido destituidos hacía poco porque sistemáticamente no lograban captar los principios en sus deberes, lo que causaba trastornos y perturbaciones en el trabajo. Y como los artículos que yo había enviado últimamente tenían algunos problemas, supuse que la supervisora estaba allí para observarme y evaluarme, y que, si descubría que yo no captaba los principios, haría que me destituyeran. Para abordar este estado, busqué las palabras de Dios. Dios Todopoderoso dice: “Existen principios sobre a qué tipo de personas asciende y utiliza la casa de Dios y a cuáles no, y sobre a quiénes cultiva y a quiénes no; todo se basa en las necesidades del trabajo de la casa de Dios. No importa a quién se ascienda y utilice, el objetivo es cultivarlas para que puedan hacer bien su deber y sepan cómo experimentar la obra de Dios, y para que sean capaces de asumir el trabajo y actuar conforme a los principios-verdad. No importa qué problema se esté resolviendo, el objetivo es permitirles entender más de la verdad y aprender a extraer lecciones y obtener discernimiento de las diversas personas, acontecimientos y cosas con los que se encuentren. De esta manera, les es más fácil entrar en la realidad-verdad en todos los aspectos. No se trata de aprovecharse de ti para que rindas servicio, y mucho menos de hacerlo para cubrir un puesto vacante porque no pueda encontrarse a nadie adecuado, solo para echarte cuando aparezca alguien que sí lo sea. No es así. De hecho, ese trata de darte la oportunidad de formarte. Si persigues la verdad, te mantendrás firme; si no la persigues, seguirás sin poder mantenerte firme. No es en absoluto que, porque a la casa de Dios le resultes desagradable, vaya a buscar un asidero contra ti y una oportunidad para descartarte. Cuando la casa de Dios dice que te cultivará y te ascenderá, es que te cultivará de verdad. Lo que importa es cómo te esfuerces por la verdad. Si no aceptas la verdad en lo más mínimo, entonces la casa de Dios renunciará a ti y ya no te cultivará. Algunas personas, tras un período de cultivo, son destituidas porque su calibre es escaso y no pueden hacer un trabajo real. Algunas, durante su período de cultivo, no aceptan la verdad en lo más mínimo, actúan a su antojo y trastornan y perturban el trabajo de la casa de Dios, y son destituidas. Otras no persiguen la verdad en absoluto, recorren la senda de los anticristos, siempre trabajan por la fama, el provecho y el estatus, y son destituidas y descartadas. Todas estas situaciones se gestionan de acuerdo con los principios de la casa de Dios para utilizar a las personas. La casa de Dios seguirá cultivando a aquellos que pueden aceptar la verdad y esforzarse por ella, incluso si cometen transgresiones al equivocarse en algo. Si no se trata de alguien que pueda aceptar la verdad y no la acepta cuando le sobreviene la poda, entonces se le debe destituir y descartar directamente. […] Sea cual sea la situación, cuando la casa de Dios asciende a estas personas, siempre lo hace para cultivarlas y guiarlas a la realidad-verdad, con la esperanza de que puedan hacer bien el trabajo de la iglesia y cumplir con los deberes que les corresponden. Aun cuando no sepas cómo hacer algún trabajo por ser necio y carecer de perspectiva o porque tu calibre es escaso, mientras te esfuerces por los principios-verdad, tengas ese sentido de la responsabilidad, estés dispuesto a hacer bien ese trabajo y puedas salvaguardar el trabajo de la iglesia, la casa de Dios te seguirá cultivando aunque hayas hecho algunas tonterías en el pasado. […] No importa cuánto trabajo seas capaz de hacer o cómo sea tu calibre, ascenderte y utilizarte no es aprovecharse de ti. Más bien, la intención es usar esta oportunidad para permitirte formarte en la realización del trabajo y para perfeccionarte por medio de tu búsqueda de la verdad y a través del trabajo duro y la asunción de cargas pesadas. Por un lado, esto te perfecciona personalmente; por otro, también cumple con la obra de la casa de Dios. Has preparado buenas obras y, a la vez, has obtenido ganancias en tu entrada personal en la vida. ¡Qué bueno es eso! Son dos buenos resultados en una sola acción” (La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (26)). En las palabras de Dios vi que, cuando la casa de Dios promueve a alguien, lo cultiva de verdad. Los líderes y supervisores le ofrecerán guía y ayuda con sus deficiencias. Si esa persona puede aceptar la verdad, no solo progresará en su propia vida, sino que los resultados de su trabajo serán cada vez mejores. Además, la casa de Dios tiene principios para destituir a la gente; no es que destituya a alguien solo por unas pocas deficiencias o fallas. Algunas personas fueron destituidas o descartadas hacía poco solo porque su bajo calibre retrasaba el trabajo, y entonces la iglesia les asignó un deber más adecuado según su calibre; otras fueron destituidas por ser especialmente obstinadas, por negarse a aceptar cualquier charla sobre los principios y por causar trastornos y perturbaciones en el trabajo. Al recordar el tiempo que pasé en el deber relacionado con textos, cada vez que los líderes y supervisores veían que mi estado era malo o que los resultados de mi deber eran pobres, hablaban conmigo para ayudarme. Cuando veían que, pasado un tiempo, había progresado, me permitían seguir formándome en este deber. Esta vez, cuando la líder vio que teníamos problemas constantemente en nuestro deber, dispuso que la supervisora nos ayudara a estudiar los principios. Lo hizo con la esperanza de que pudiéramos captar los principios lo antes posible y cumplir nuestros deberes. Es justo como dicen las palabras de Dios: “Cuando la casa de Dios dice que te cultivará y te ascenderá, es que te cultivará de verdad. Lo que importa es cómo te esfuerces por la verdad”. Pensé en que mi calibre era regular y mi comprensión de algunos principios, limitada. Que la supervisora me señale las cosas y me ayude cuando surgen problemas, y que estudie los principios conmigo, puede ayudarme a hacer mejor mi deber. ¡Eso es una maravilla! Era Dios usando a personas, acontecimientos y cosas para cultivarme de verdad. Debería estar agradeciéndole a Dios, pero, en lugar de eso, abordé todo con cálculo y un corazón lleno de hostilidad. ¡Realmente carecía de conciencia y razón!
Después, la supervisora preparó un plan de estudio para todas basado en nuestras deficiencias y encontró palabras de Dios relevantes para hablar conmigo y ayudarme. Le di gracias a Dios desde el fondo de mi corazón. A partir de entonces, empecé a reflexionar seriamente sobre los principios pertinentes con mis hermanas. Tras un período de estudio, llegué a entender los principios con más claridad, y el número de problemas en los artículos que enviaba disminuyó considerablemente. A través de esta experiencia práctica, sentí aún más profundamente que cuando la casa de Dios promueve y cultiva a la gente, lo hace para ayudarnos a captar los principios y a cumplir nuestros deberes, y, al mismo tiempo, para ayudarnos a entender la verdad y a progresar en nuestras vidas. Un día, mientras seleccionaba artículos de testimonios vivenciales, leí un pasaje de las palabras de Dios y comprendí algo nuevo sobre mi problema. Dios Todopoderoso dice: “Algunas personas han creído en Dios durante varios años, sin embargo no comprenden lo más mínimo de la verdad. Su visión de las cosas sigue siendo la misma que la de los no creyentes. Cuando ven que un falso líder o anticristo es revelado y descartado, piensan: ‘Creer en Dios, seguir a Dios, vivir ante Dios, ¡es como estar en la cuerda floja! Es como vivir al filo de la navaja’. Otros alegan: ‘Ser líder y obrero y servir a Dios es arriesgado. Como la gente dice: “Estar cerca de un rey es igual de peligroso que yacer junto a un tigre”. Si haces o dices algo equivocado, habrás ofendido el carácter de Dios ¡y serás descartado y castigado!’. ¿Son correctas estas observaciones? ¿Qué significan las palabras ‘estar en la cuerda floja’ y ‘vivir al filo de la navaja’? Con estas palabras se quiere decir que existe un gran peligro, que este existe a cada instante y que el menor descuido te hará pisar en falso. ‘Estar cerca de un rey es igual de peligroso que yacer junto a un tigre’ es un dicho común entre los no creyentes. Significa que es muy peligroso acercarse a un rey diablo. Si uno aplica este dicho al servicio a Dios, ¿cuál es su error? Comparar a un rey diablo con Dios, con el Creador, ¿acaso no es una blasfemia contra Dios? Ese es un problema grave. Dios es un Dios justo y santo; es perfectamente natural y está justificado que el hombre deba ser castigado por resistirse o ser hostil a Dios. Satanás y los diablos no poseen ni pizca de la verdad; son inmundos y perversos, masacran a los inocentes y devoran a los buenos. ¿Cómo se los va a comparar con Dios? ¿Por qué la gente distorsiona la realidad y calumnia a Dios? ¡Es una blasfemia tremenda contra Él!” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando las actitudes corruptas). Mi estado era exactamente lo que las palabras de Dios dejaban en evidencia. Aunque llevaba muchos años creyendo en Dios, era incapaz de contemplar las cosas desde la perspectiva de la verdad. En cambio, me aferraba a las perspectivas de los no creyentes y vivía según la filosofía satánica de: “Nunca pretendas hacer daño a otros, pero protégete siempre del daño que otros puedan hacerte”. Siempre estaba a la defensiva al interactuar con la gente, preocupada constantemente de que me hicieran alguna jugarreta si bajaba la guardia por un momento. Fue justo lo que pasó esta vez. Cuando la supervisora vio que en nuestro deber aparecían problemas y desviaciones, quiso revisar artículos con nosotras para ayudarnos a captar los principios. Sin embargo, yo supuse que quería averiguar mi verdadera situación para usarla como prueba para hacer que me destituyeran. Como resultado, mi corazón se llenó de hostilidad hacia ella. Estaba a la defensiva en todo momento, como si me enfrentara a un enemigo temible, preocupada por que, si me descuidaba incluso un segundo, podría responder algo mal, y ella se aprovecharía de mi deficiencia para hacer que me destituyeran. En los lugares donde Satanás tiene el poder, las relaciones interpersonales están llenas de luchas y cálculos. El más mínimo descuido podría hacer que te hagan una jugarreta y pierdas tu puesto oficial, e incluso podría poner tu vida en peligro. Y aquí estaba yo, haciendo mi deber en la casa de Dios, y sin embargo me defendía como si enfrentara a los poderes que gobiernan el mundo. No creía en absoluto que en la casa de Dios reina la verdad, ni que Dios es auténtico y sincero con cada uno de nosotros. ¡Esto era calumniar y blasfemar a Dios! ¡La naturaleza de esto era aterradora! Oré a Dios: “Oh, Dios, durante todos los años que he estado haciendo mi deber en Tu casa, he disfrutado de Tu riego y sustento, he llegado a entender muchas verdades y he aprendido algunos principios sobre cómo comportarme. Todo esto es Tu amor y salvación. Pero sigo a la defensiva contigo, y la barrera entre Tú y yo es muy profunda. Esto de verdad te entristece. Dios, estoy dispuesta a arrepentirme. Quiero buscar ser una persona honesta para consolar Tu corazón. Por favor, guíame”.
En otra ocasión, una supervisora distinta estaba estudiando las habilidades profesionales con nosotras y nos pidió que compartiéramos nuestra opinión una por una. Al principio, seguía un poco nerviosa, preocupada por no responder bien o tener algunas desviaciones y que la supervisora me calara. En ese momento, recordé las palabras de Dios: “Para lograr una comunicación con los demás sin intrigas, debes aprender a comunicarte dentro del ámbito de la conciencia y la racionalidad de la humanidad normal. El propósito de la comunicación es ayudar a los demás y también recibir ayuda y beneficios de ellos. En eso consiste la comunicación normal y de esa manera puedes lograr una comunicación sin intrigas” (La Palabra, Vol. VII. Sobre la búsqueda de la verdad. Cómo perseguir la verdad (26)). “Para ser sincero, antes debes dejar de lado tus deseos personales. En vez de centrarte en la forma en que Dios te trata, debes descubrirte ante Dios y decir lo que sea que tengas en el corazón. No medites ni tengas en cuenta las consecuencias de tus palabras; di lo que estés pensando, deja de lado tus motivaciones y no digas cosas solo para lograr algún objetivo. Tienes demasiadas intenciones y adulteraciones personales, siempre calculas la manera en la que hablas, considerando: ‘Debo hablar de esto y no de aquello, debo tener cuidado con lo que digo. Lo expresaré de manera que me beneficie, que cubra mis defectos y deje una buena impresión en dios’. ¿No es esto albergar motivos? Antes de abrir la boca, vuestra mente se llena de pensamientos tortuosos, modificáis varias veces lo que queréis decir, de modo que cuando las palabras salen de vuestra boca ya no son tan puras y no son en absoluto auténticas, pues contienen vuestras propias motivaciones y las artimañas de Satanás. Esto no es ser sincero, sino tener motivos siniestros y albergar malas intenciones” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 10 (II)). En las palabras de Dios vi que, para dejar de hacer cálculos, debes practicar hablar con los demás desde el interior de la conciencia y la racionalidad de la humanidad normal, sin tus propios motivos y objetivos, y sin analizar o procesar tus palabras. Solo tienes que decir lo que piensas. El objetivo es ayudarse mutuamente y que todos se beneficien. Me di cuenta de que estudiar las habilidades profesionales junto con la supervisora hoy era una oportunidad para que nosotras aprendiéramos de las fortalezas de las demás y supliéramos nuestras deficiencias discutiendo los principios, para poder captarlos mejor. Debería abordarlo con una actitud sincera, decir todo lo que entendiera y, si decía algo mal, simplemente aceptar la guía y la ayuda de mis hermanos y hermanas. Era una gran oportunidad de aprendizaje e intercambio; no tenía por qué preocuparme tanto. Así que oré en mi corazón: “Oh, Dios, por favor, mantén mi corazón en calma ante Ti, y que pueda aceptar Tu escrutinio mientras comparto mis puntos de vista”. Después de orar, pude calmarme y reflexionar sobre los principios. Incluso tuve algunas nuevas percepciones sobre varios de ellos y sentí que los entendía con más claridad que antes. A través de la charla de la supervisora, también descubrí algunas de mis propias deficiencias. Me sentí bastante liberada durante esa sesión de estudio y obtuve algunos logros. Después de eso, cada vez que la supervisora se unía a nosotras para revisar artículos o me hacía preguntas, yo practicaba conscientemente ser una persona honesta de acuerdo con las palabras de Dios. Mi corazón se sentía cada vez más libre y probé un poco la alegría de ser una persona honesta. ¡Gracias a Dios!